Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 9 de mayo de 2014

Francisco García Pavón, Voces de Ruidera

García Pavón, Francisco, Voces de Ruidera (Destino, Barcelona: 1973)
La novela forma parte, con otras que he leído, de la serie dedicada a Plinio, el policía municipal de Tomelloso que, ayudado de su amigo, el veterinario don Lotario, resuelve los más variados casos policíacos con un sabor completamente rural. Y de eso de trata, de combinar el costumbrismo con un relato policíaco que, en ningún caso, cabría adscribir a la novela negra.
Aspectos dignos de ser destacados:
  • El dominio de un lenguaje manchego que, aunque se nos antoja trabajado, suponemos de base real pero desaparecido ya a causa de la televisión: estas tierras... alteran el alucinatorio y se siente uno prójimo de los que inquilinan en el más allá (126); a solespones regresaron al hotel (96); sonllorando (100). Encontramos metáforas con cierta gracia: Quedó unos segundos contemplándole el entrecejo del culo (89). O el nombre escogido para un personaje: don Circunciso (46).
  • Las descripciones de los espacios naturales: los lagos parecen pedir un contorno blandorro y lírico; o tremebundo e infernario (40).
  • Las anécdotas intercaladas de tipo humorístico. Tal es la carta dirigida al alcalde por la que Menandro Almortas, en su lecho de muerte, dimite de manera irrevocable... como ciudadano de Tomelloso (24).
  • Toda una sólida teoría sobre el culo femenino que parece ignorar aquella glosa silense que reza qui cum uxore sua iaceat sodomitico more..; léase lo dicho en el contexto del casino de Tomelloso: todos los hombres tenemos algo de maricas, y por conservar las formas ojeamos el culo de las hembras en vez del de los prójimos... Porque ellas, que yo sepa, no se engalgan con las posaderas de los machos (18); y se vuelve sobre la cuestión comparando el culo de la hija de Plinio con el de una prostituta: La hija de Manuel pensaba que su tras era más liso que el de la gala, menos sexípero, menos aglutinante de los ojos y lascivia... No cabe duda que el culo, que no vale pa na, es un gran aliguí de las mujeres para engalgar tíos. Y eso que ahora con los pantalones se estilan más bien los culos escurríos, pero siempre con su poquito de peralte, de gracia salidera (98-99).
  • Es divertida la historia del Ignacio y su problema la noche de bodas: va a hacer mañana quince días que me casé con la María Retoca, y aunque no lo crean, todavía no me he puesto en condiciones (90). Por supuesto, lo soluciona con la ayuda de Plinio y don Lotario, y acaban celebrándolo: Venga, beban un trago a la salud de mi porra. ¡Fenómeoooo! (106).
  • Alrededor de ese episodio diría que el autor se organiza todo un lío en lo que se refiere a la sucesión del tiempo en el sentido de que en un mismo día los protagonistas comen dos veces. Se deduce a partir de la lectura de varias frases: Apenas comieron llevaron a las mujeres con el coche... Merendaron en la aldea y ya a solespones regresaron al hotel... Tomaron el aperitivo... Cuando salieron del comedor a tomar café... (96-97). Se ve que comen dos veces sin que medie noche entre tanto; y no puede mediar porque poco antes (94) han quedado para esa noche con Ignacio y con él acuden después (106).
  • Inserta algún personaje que parece tener tintes reales como la turista extranjera que, al ver cómo en la inscripción de un castillo han confundido el romance de la Rocafrida con el de Fonte Frida dice que acudirá a quejarse a don Dámaso, Uno de la Academia (120). O el pintor López Torres (158), tío del Antonio López, de Tomelloso, que pintó el retrato real.
  • En el apartado costumbrista incluye una receta, los galianos, que parecen ser un plato de caza (122ss.).
  • Deja caer alguna reflexión curiosa como la siguiente: la televisión... tiene bastante culpa de las emigraciones. Ven otra vida y se van (154).
  • Hay un pequeño sabor a Agatha Christie desde el momento en que Plinio y compañía se instalan en un hotel de las lagunas de Ruidera para investigar, y resultan sospechosos todos los huéspedes del mismo.
  • Choca, en un relato tan ingenuo como éste, un incesto entre madre e hijo (219) por más que tenga relación con el asunto central del crimen que se está investigando.

2 comentarios:

  1. Lo siento por García Pavón, pero no ha conseguido despertar mi interés por el libro.

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  2. Pues me sabe mal. García Pavón es un autor muy apegado al terruño manchego.
    Ah, y que entré hace días en tu blog y vi que lo habías abandonado.
    Un saludo,
    Santiago

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