Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 28 de enero de 2015

Sergio Gaspar, Viento de tramontana

Gaspar, Sergio, Viento de tramontana (Edhasa, Barcelona: 2014)
Pues no sé qué decir de esta obra. Ni siquiera sobre el género literario. ¿El argumento?: algo así como que el gobierno catalán decide dar por muerto a Josep Plà cuando éste sigue vivo; pero Plà mata a una turista en la Costa Brava y se descubre el pastel. O sea... Intentaré decir algo más por apartados:
  • Tiene una cierta desorganización estructural no sé si conscientemente buscada. En todo caso, la sensación es la de estar ante una serie de materiales diversos acumulados por el autor y sin mucha relación unos con otros: un comienzo en la Costa Brava en términos de novela negra, paseos nocturnos por Barcelona con ciertos toques de Luces de bohemia, obra que aparece explícitamente citada (256), excursos sobre el Ampurdán o sobre geografía urbana o historia de Barcelona, una pequeña pieza teatral final con los últimos presidentes de la Generalitat como personajes... Ya digo: el material no parece perfectamente ensamblado.
  • La ironía preside toda la obra ya desde la dedicatoria a la entidad, de perfil nazionalsocialista, Òmnium Cultural, per la seva defensa lloable i imprescindible de la llengua, la cultura i la identitat d'aproximadament la meitat dels catalans (11). O con Josep Plà a lomos de un burro que, a su vez, luce la pegatina de otro asno más pequeñito cuyo cuerpo lucía las barras verticales, rojas y gualdas, de la señera catalana (22: y obsérvese el adjetivo gualdas). O el gitano lorquiano convertido en un Antonio Torres Heredia, capitán de la Guardia Civil (102). O lo de comprar un libro en un top manta de l'Estartit (71). O l'Escala como cap y casal de la anchoa catalana (74). O el punto G de las mujeres se encuentra al final de la palabra shoppinG (110). Y así, hasta caer en la iconoclastia al llamar poeta paleto (72) a Mossèn Cinto Verdaguer, cuyo centenario -me da que- no llegó a celebrarse y por algo será. 
  • Se trazan paralelos entre el fascismo clásico español y el nazionalismo catalán: Franco, ese dictador asesino... guardó los uniformes de la guerra..., que desmpolvaría para las grandes efemérides de propaganda y de reafirmación de la raza -cosas así como las Jornadas del Once de Septiembre, pero a lo fascista y español- (66). Véase lo que se dice de un taxista paquistaní: nada más llegar, lo habían encarcelado en un Aula d'Acollida per a Nouvinguts, es decir, un Campo de Catalanización para Inmigrantes y Extranjeros (119).
  • Se da una versión crítico-humorística del independentismo como la siguiente burla del concepto mismo de identidad: En una Cataluña independiente, el Ampurdán debería separarse de Cataluña y construir un estado propio con el que recuperar su identidad, usurpada por los señoritos barceloneses (73). Asimismo se toca el problema psicológico de la necesidad de un enemigo para alimentar el nazionalismo: en una Cataluña independiente, sustituiremos el viejo odio hacia el resto de los españoles por uno nuevo y antiguo: el odio entre nosotros, los catalanes (155).
  • En lo que se refiere a la presencia de Luces de bohemia, asistimos a un paseo nocturno por Barcelona de Josep Plà acompañando a Franco y en el que se cruzan con toreros como Diego Puerta, Paco Camino y el Viti (124) o con Alfredo Landa (125) o con Ignacio Agustí en la terraza del Sándor (141). O más adelante con Cervantes como interlocutor.
  • De ahí un cierto -por llamarlo de alguna manera- toque metaliterario como el de sugerir que Cervantes y Fernández de Avellaneda intercambiaron sus personalidades (204ss) y, más aún, uno de ellos está enterrado no en el convento de las Trinitarias de Madrid sino -¡oh sacrilegio!- en el Fossar de les Moreres (214-215). Más aún: discuten sobre geografía urbana de Barcelona, que si el Ensanche, el plan Cerdá, la Diagonal... (166ss.)
  • Contiene alguna idea con intención de épater como la de que el Destape fue el comienzo verdadero de la Transición Democrática. No la trajeron los comunistas, ni Carrillo, ni Suárez... ni los curas obreros, ni los frailes nacionalistas, todos unos reprimidos que sólo buscaban follar y predicar en vasco o catalán (126). O la siguiente frase: la democracia, el nombre que adoptará el posfranquismo (179).
  • Aún habría que añadir algún diálogo sobre premios literarios y la breve pieza dramática final con los presidentes de la Generalitat para llegar a la conclusión de que la obra, a partir de un breve hilo argumental, se convierte en una sucesión de excursos e ideas ocurrentes sin ensamblar.
  • No se entiende, por fin, por qué si el autor opta en el título por el nombre español correcto de Ampurdán o, más adelante, por Rosas (208), hace oscilar el Ensanche (236, 237, 239) con el Eixample (167).

sábado, 24 de enero de 2015

Marta y Ester

A partir de ahora, la primera parte de la historia de Ester y Marta, es decir, sus aventuras en el tren, ha sido enviada a otro blog, en concreto aquí y en forma de página, es decir, con un texto continuado; y sin ilustraciones. Sin embargo, he mantenido en este blog aquellas entradas que merecieron comentario. Y ello por respeto a los comentaristas.
Ello supone que hay una segunda parte correspondiente a las aventuras ya fuera del tren y de la que ya están elaboradas unas 400 secuencias. Seguramente, aparecerá también en ese otro blog.

martes, 20 de enero de 2015

Patrick Modiano, Rue des Boutiques Obscures

Modiano, Patrick, Rue des Boutiques Obscures (Gallimard, s.l.: 1978)
Leemos esta novela, como otras, a propuesta del club de lectura de Ciudadela para la tertulia del 24/1/2015 y, de paso, nos enteramos, del modo que se aprecia en la foto, de que su autor recibió el último premio Nóbel.
El argumento es complejo por no decir enrevesado: alguien que parece haber olvidado su identidad y, por tanto, su pasado, trata de recuperarlos. De ahí la frase inicial desde un narrador en primera persona: Je ne suis rien (11). La analizamos, como solemos, por ejes de interés:
  • La obra se convertirá en una sucesión de hipótesis, es decir, de posibilidades de que el narrador se identifique con esta o aquella persona: 1º) Howard de Luz. Il y avait une chance por que ce fût mon nom. Howard de Luz. Oui, ces syllabes réveillaient quelque chose en moi, quelque chose d'aussi fugitif qu'un reflet de lune sur un object (65); y de ese modo, su ocupación anterior habrá sido una u otra: parmi tant de métiers plus honorables..., j'avais choisi celui d'être "le confident de John Gilbert" (65). 2º) Hutte me citait-il en exemple un homme qu'il appelait l' "homme des plages". Cet homme avait passé quarante ans de sa vie sur des plages ou au bor de piscines, à deviser aimablement avec des estivants et de riches oisifs... Je n'osais pas le dire a Hutte mais j'ai cru que l' "homme des plages" c'était moi (72). 3º) ...je ne m'appelais pas Freddie Howard de Luz... Je ... étais un Américain du Sud dont il serait plus difficile de retrouver les traces (92); son prénom était Pedro (97) cuyo número de teléfono se va repitiendo a lo largo de la obra: Pedro : ANJou 15-28 (101, 102, 103, 104, 107, 108; y otro teléfono que también se repite es AUTeil 54-73: 156, 228, 239); ese Pedro podría ser el mismo que se casa con Denise Yvette Coudreuse: Mariée le 3 avril 1939 à Paris (XVIIe), a Jimmy Pedro Stern (118). 4º) Tirando del hilo del anterior número telefónico cae en otra identidad: -Mais... vous êtes... monsieur... Mc Evoy? / -Oui, lui dis-je à tout hasard (108); y conoce alguna anécdota que luego se revelará útil: -Vous êtes parti à Megève avec elle (Denise) (111) y cree recordar a esa Denise: Ainsi, j'avais vécu là avec cette Denise Coudreuse (125).
  • El narrador-protagonista, en los diferentes pasos -que compara al fil d'Ariadne (208)- a los que le llevan sus indagaciones, va acumulando objetos y colecciones de fotos en las que cree reconocerse: Il me désignait la boîte. / -Ce sont des souvenirs de Freddie (95); je vous donne aussi deux ou trois photos de lui.../ J'eus envie de lui demander de me tirer quelques photos de Denis Coudreuse (148). Se hace también con informes de diferentes personas: Gay Orlow (53-54), Howard de Luz (74-75, 236), Denise Coudreuse (118 y 177-178), Alexandre Scouffi (155-157), Oleg de Wrédé (175), Jimmy Pedro Stern (179-180) -que vive en la Rue des Boutiques Obscures, 2. Rome (180) la que da título a la novela, y que desaparece en 1940-, Pedro Mc Evoy (181) -que, al aparecer en 1940, parece identificarse con el anterior y luego desaparece durante la guerra-. Va también saltando de dirección en dirección a partir de los indicios que encuentra: 97, rue de Rome, Paris, XVIIe arrondissement (141) a donde acude tras la pista de Denise Coudreuse y otras muchas que ni vale la pena detallar.
  • En ciertos momentos, el narrador parece recordar su vida anterior: Alors, une sorte de déclic s'est produit en moi. La vue qui s'offrait de cette chambre me causait un sentiment d'inquiétude... j'étais sûr que, souvent, à la même heure, je m'étais tenu là (122); cette sorte de déclic que j'avais éprouvé en regardant par la fenêtre de la chambre s'est produit de nouveau (123); Pourquoi  certaines choses du passé surgissent-elles avec une précission photografique ?... Il suffirait de trouver le nom du cocktail... pour réveiller d'autres souvenirs, mais comment ? (161); Cela réveillait quelque chose chez moi: je me suis vu éteindre la lumière d'une pièce qui était de la dimension de celle-ci, à une époque que je ne pourrais pas déterminer. Et ce geste, je le répétais chaque soir, à la même heure (165).  Aunque también se da el efecto contrario de desmemoria: Et je ne me souviens plus si ce soir-là je m'appelais Jimmy ou Pedro, Stern ou Mc Evoy (182).
  • Por fin, hacia el final de la obra parece producirse la esperada anagnórisis cuando alguien, en un bar, reconoce en el narrador al llamado Pedro McEvoy: -Excusez-moi, dit-il. Vous n'êtes-pas Pedro McEvoy ? (187); le da alguna pista sobre su historia: -Pedro... Qu'est-qui s'est passé (...) Quand vous avez essayé de passer la frintière suisse avec Denise ? (188); también indicaciones sobre algunos personajes que habían ido apareciendo a lo largo de sus indagaciones: -Tu te souviens du mariage de Freddie... avec Gay... Orlow ? (189); y, por fin, de un espacio que le produce alguna evocación: -Quans je vous ai accompagné à Megève, toi, Denise, Freddie et Gay... / Mon coeur a battu un peu plus fort quand il a prononcé le mot : Megève (194). Y de ese lugar debían pasar a Suiza durante la guerra. Es así como reconstruye el episodio de su pretendida huida a Suiza hasta que el guía los abandona y él queda tirado en la nieve: Et puis, j'ai fini par me coucher dans la neige (231). Tras esa reconstrucción de los hechos, vuelve al lugar sin ningún resultado y, al tener noticias de que ese Freddie que le acompañaba está en la Polinesia, acude allí a su encuentro para tener más noticias y se entera de que tuvo un percance en la mar por el que su barco était revenu s'échouer contre les récifs de corail de l'île et Freddie n'était plus à bord (250). Decide por su cuenta que Freddie no ha muerto sino que il avait décidé, sans doute, de couper les dernières amarres et devait se cacher dans un atoll. Je finirais bien par le trouver (251). Y concluye la obra con el propósito de una ulterior investigación: il me fallait tenter une dernière demarche : me rendre à mon ancienne adresse à Rome, rue des Boutiques Obscures, 2 (251). Pero según todos los indicios (179-181) esa dirección es falsa y sólo la había utilizado como domicilio para registrarse en un hotel.
Tengo conciencia de haber convertido la reseña en una explicación de la obra con un catálogo de citas. Pero poco más se me ocurre decir: que la narración en primera persona de ese que busca su identidad se combina con informes objetivos de estilo oficial acerca de otras personas; que no acaba por resolverse el conflicto puesto que el protagonista alcanza sólo a recordar su huida hacia Suiza pero no lo ocurrido posteriormente hasta el momento en que decide ponerse a narrar; que, si la novela comienza con el cierre del despacho de detectives en el que trabaja el protagonista -Eh bien voilà, Guy... C'est fini... a dit Hutte dans un soupir (11)- no se entiende de dónde saca dinero para sus viajes  a Megève o a la Polinesia...
Y un último detalle: puesta en común la obra con el resto de lectores del club de lectura antes mencionado, coincidimos todos en que la novela no acaba de tener sustancia suficiente.

viernes, 16 de enero de 2015

Stefan Zweig, Las hermanas

Zweig, Stefan, Las hermanas (Quaderns Crema, Barcelona: 2011)
Un relato corto de Stefan Zweig, autor de otra obra de la que ya publicamos aquí una reseña.
El argumento es sencillo: es la historia de dos hermanas gemelas, Helena y Sophia, de caracteres opuestos y heredados respectivamente de sus padres: Helena es desmesurada como su padre y Sophia, virtuosa como su madre.
Destacaremos varias notas:
  • La historia se presenta a partir de dos narradores internos. Mejor explicado: un narrador interno de resonancias cervantinas (En algún lugar en una ciudad meridional, cuyo nombre preferiría no mencionar, me sorprendió [5]) topa con un edificio coronado por dos torres gemelas y, curioso, interroga al respecto a un ciudadano de rojas mejillas que en aquel preciso instante tomaba un vaso de vino del color de la paja en la terraza de un pequeño café (5). Éste último será quien cuente la historia de las dos hermanas. Véase  la frase final del relato: el pueblo... no quería olvidar la indecorosa leyenda de las dos hermanas iguales-desiguales que me contó aquel honrado ciudadano a la luz de la luna de medianoche, puede que un poco animado por el vino (61). Dos notas al respecto: 1ª) Los dos narradores están insertos uno en otro o, más bien, el segundo dentro del primero en una estructura como de muñecas rusas. 2ª) El motivo del vino, pesente simétricamente al principio y al final del relato e incluso como palabra última sugiere que parte o todo el contenido del relato puede haber sido mera invención del segundo narrador.
  • Las dos hermanas gemelas, Helena y Sophia -¿por qué no Sofía si el autor se llama Stefan y no Stephan?- se caracterizan opuestamente a partir de sus nombres: Helena en referencia a la de Troya  y su belleza, que la lleva a la perdición; Sophia, desde un rasgo interior, la sabiduría que, en este caso, se traduce en sensatez. Se emparentan así con pares de hermanos opuestos, gemelos o no: Caín y Abel, Jacob y Esaú, Eteocles y Polinices, Rómulo y Remo...
  • El comportamiento de una y otra es opuesto: Helena vende su cuerpo por dinero, regalos, lujo; Sophia se dedica a la caridad. Aparte de dar juego para la confusión y que quienes gozan a la primera quieran también gozar a la segunda, tal oposición lleva quizá al tema del Doppelgänger, del doble, del desdoblamiento. En tanto gemelas se les puede puede atribuir una misma personalidad desdoblada como la del doctor Jekyll y Mr. Hyde, o Superman y el tímido periodista Clark Kent...
  • Es significativa la prueba a que se somete Sophia en exceso confiada en su castidad y cuyo resultado es el que espera Helena: sustituye a ésta segura de no caer en brazos de un galán y, sin embargo, cae. La idea que subyace es la fragilidad de todo pero por fin va a darse un final en doble dirección: en primer lugar, con esa victoria del vicio; en un segundo tiempo, con una vuelta de tuerca a base del arrepentimiento de las dos hermanas y la victoria de la virtud; de ahí ese edificio del principio con las dos torres y en el que las dos hermanas se gastan todo lo que habían ganado.

domingo, 4 de enero de 2015

Francisco García Pavón, Voces de Ruidera

García Pavón, Francisco, Voces de Ruidera (Destino, Barcelona: 1973)
La novela forma parte, con otras que he leído, de la serie dedicada a Plinio, el policía municipal de Tomelloso que, ayudado de su amigo, el veterinario don Lotario, resuelve los más variados casos policíacos con un sabor completamente rural. Y de eso de trata, de combinar el costumbrismo con un relato policíaco que, en ningún caso, cabría adscribir a la novela negra.
Aspectos dignos de ser destacados:
  • El dominio de un lenguaje manchego que, aunque se nos antoja trabajado, suponemos de base real pero desaparecido ya a causa de la televisión: estas tierras... alteran el alucinatorio y se siente uno prójimo de los que inquilinan en el más allá (126); a solespones regresaron al hotel (96); sonllorando (100). Encontramos metáforas con cierta gracia: Quedó unos segundos contemplándole el entrecejo del culo (89). O el nombre escogido para un personaje: don Circunciso (46).
  • Las descripciones de los espacios naturales: los lagos parecen pedir un contorno blandorro y lírico; o tremebundo e infernario (40).
  • Las anécdotas intercaladas de tipo humorístico. Tal es la carta dirigida al alcalde por la que Menandro Almortas, en su lecho de muerte, dimite de manera irrevocable... como ciudadano de Tomelloso (24).
  • Toda una sólida teoría sobre el culo femenino que parece ignorar aquella glosa silense que reza qui cum uxore sua iaceat sodomitico more..; léase lo dicho en el contexto del casino de Tomelloso: todos los hombres tenemos algo de maricas, y por conservar las formas ojeamos el culo de las hembras en vez del de los prójimos... Porque ellas, que yo sepa, no se engalgan con las posaderas de los machos (18); y se vuelve sobre la cuestión comparando el culo de la hija de Plinio con el de una prostituta: La hija de Manuel pensaba que su tras era más liso que el de la gala, menos sexípero, menos aglutinante de los ojos y lascivia... No cabe duda que el culo, que no vale pa na, es un gran aliguí de las mujeres para engalgar tíos. Y eso que ahora con los pantalones se estilan más bien los culos escurríos, pero siempre con su poquito de peralte, de gracia salidera (98-99).
  • Es divertida la historia del Ignacio y su problema la noche de bodas: va a hacer mañana quince días que me casé con la María Retoca, y aunque no lo crean, todavía no me he puesto en condiciones (90). Por supuesto, lo soluciona con la ayuda de Plinio y don Lotario, y acaban celebrándolo: Venga, beban un trago a la salud de mi porra. ¡Fenómeoooo! (106).
  • Alrededor de ese episodio diría que el autor se organiza todo un lío en lo que se refiere a la sucesión del tiempo en el sentido de que en un mismo día los protagonistas comen dos veces. Se deduce a partir de la lectura de varias frases: Apenas comieron llevaron a las mujeres con el coche... Merendaron en la aldea y ya a solespones regresaron al hotel... Tomaron el aperitivo... Cuando salieron del comedor a tomar café... (96-97). Se ve que comen dos veces sin que medie noche entre tanto; y no puede mediar porque poco antes (94) han quedado para esa noche con Ignacio y con él acuden después (106).
  • Inserta algún personaje que parece tener tintes reales como la turista extranjera que, al ver cómo en la inscripción de un castillo han confundido el romance de la Rocafrida con el de Fonte Frida dice que acudirá a quejarse a don Dámaso, Uno de la Academia (120). O el pintor López Torres (158), tío del Antonio López, de Tomelloso, que pintó el retrato real.
  • En el apartado costumbrista incluye una receta, los galianos, que parecen ser un plato de caza (122ss.).
  • Deja caer alguna reflexión curiosa como la siguiente: la televisión... tiene bastante culpa de las emigraciones. Ven otra vida y se van (154).
  • Hay un pequeño sabor a Agatha Christie desde el momento en que Plinio y compañía se instalan en un hotel de las lagunas de Ruidera para investigar, y resultan sospechosos todos los huéspedes del mismo.
  • Choca, en un relato tan ingenuo como éste, un incesto entre madre e hijo (219) por más que tenga relación con el asunto central del crimen que se está investigando.