Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 28 de diciembre de 2015

Antonia, XVII: Mi dolor de espalda

Ya he contado otras veces que soy una mujer muy normalita, de las de llevar la casa y cuidar a mi marido. Más adelante ya tendremos niños, aunque aún no me imagino pariendo, y entonces me tendré que organizar de otra manera: que si despertarnos a media noche, que si dar el pecho... Y todo esto lo cuento porque a mí, de momento, me gusta la vida que llevo: arreglar la casa, salir a la compra, mi ratito de ordenador, hacer la comida, esperar a mi marido… Pero hace días que me he salido de la rutina. No tanto como si hubiéramos tenido un niño, ni mucho menos, pero a mí me tocan mis costumbres fijas y es como lo que dicen de un elefante en una cacharrería, que me siento como si yo no fuera yo.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Amaral, Como hablar




Por sacar algo en el blog, ahí dejo Amaral. Parece que algo de letras sabe la nena o quien sea el letrista...
Por lo demás haber (sic, y no lo pienso rectificar) si pasa la navidad de una vez; y año nuevo; y reyes.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Juan Rulfo, Pedro Páramo

Rulfo, Juan, Pedro Páramo y El llano en llamas (Planeta, Barcelona: 1980)
Leimos Pedro Páramo para comentarla en la sesión del club de lectura que se celebró en la Biblioteca Pública de Mahón el 16/12/15. Es una obra de difícil lectura que trataremos de entender a base de destacar aquellos aspectos que nos han llamado la atención:

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Dacia Maraini, La lunga vita di Marianna Ucrìa

Dacia Maraini
Maraini, Dacia, La lunga vita di Marianna Ucrìa (Rizzoli, Milán: 2013)
La he leído por recomendación del intelectual de mi pueblo. Y por chulo, por haberla querido leer en italiano, me he quedado a medias; quiero decir que nivel de comprensión no ha sido total; quiero decir, por fin, que no sé tanto italiano como creía que sabía y que, en cambio, me había servido para comprender casi completamente otras muchas obras. Pero, enfín, algo comentaremos:
  • Está ambientada en una Sicilia del XVIII donde los valores imperantes son los contrarios a la Ilustración que recorre Europa; y centrada en la figura de Marianna Ucría, cuya vida expone desde la niñez.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Antonia, XVI: La gata

Aquí gustan mucho las historias de terror. Y a mí me gustaría escribir una: que si vampiros, que si monstruos, que si aliens, aunque creo que los aliens ya se han pasado de moda, que era una exageración lo de que a uno le saliera por sorpresa un monstruito de la barriga. Además, ni sé inventarme historias de terror ni historias de nada, que yo sólo cuento lo que me pasa. Y a eso voy, a que una vez me pasó algo que no es exactamente de terror pero sí de miedo. De mucho miedo. O no, que como el miedo sólo lo tenía yo... Y eso es, que si no lo sé explicar bien, en vez de dar miedo daré risa.
El caso es que la gata de una vecina tuvo gatitos y, como no podía con todos, me preguntó si quería uno. Y había una gatita tan mona... Pero primero lo consulté con mi marido, por supuesto, y, como no sabe negarme ningún capricho, me dijo que sí. Total, que me hice cargo de ella y, al principio, como era tan pequeña, le tenía que dar leche metiéndosela en la boca con una jeringuilla. Luego, en cuanto ya estuvo un poco crecida, le compraba latas y galletas de esas que vienen en sacos de papel. Ah, y le puse en el patio su recipiente con arena para que hiciera sus necesidades, que aprendió en seguida.
Hasta aquí todo bien, que no parece que de lo que cuento pueda salir una historia de miedo. Pero un buen día, a media mañana, que yo había acabado con las faenas de la casa y estaba a lo mío con el ordenador en el cuartito, salgo un momento al salón y me veo a la gata en esa postura en que se ponen los gatos y que parecen una esfinge egipcia. Lo curioso es que estaba mirando fijamente al techo y, por más que yo le dijera, no apartaba la vista de allí. Yo miré también a ver si había algún bichito o alguna telaraña que le llamara la atención pero no vi nada. Intenté, incluso, distraerla abriéndole una lata de comida de las que más le gustan pero nada, ni caso. Y así se estuvo hasta casi la hora de comer que, cuando llegó mi marido, se fue hacia él, se metió entre sus piernas y luego se fue directa a comer la lata que le había abierto antes. Y por la tarde, que mi marido no salió de casa, la gata se comportó de forma normal: su ratito de sofá, su otro ratito encima de nuestra cama de matrimonio...
Pero a la mañana siguiente, que yo ya ni me acordaba, cuando me doy cuenta me la vuelvo a ver en la misma postura del día anterior y con la mirada fija hacia el mismo punto del techo. Toda la mañana hasta que llegó mi marido y volvió a comportarse de manera normal. Entonces, a la hora de comer y con mucho tiento para que no se pensara que me había vuelto loca, decido explicárselo a mi marido. ¿Y qué me contesta? Pues nada más y nada menos que es lógico porque, por no sé qué de la longitud de onda o los rayos qué sé yo, los animales ven cosas que las personas no podemos ver. Y me lo dice tan tranquilo. Y cuando le pregunto que por qué se queda mirando sólo cuando él no está en casa me dice que, como es una hembra, le gusta que él esté en casa y entonces está por él y no por lo del techo. Y lo bueno fue eso, que mi marido casi lo vio normal y yo me lo creí a pies juntillas.
Pero una cosa es creérselo y otra... Porque, claro, si la gata veía algo ahí es, como decía mi marido, porque lo había. Entonces me acordé de no sé qué película de terror en que a uno no se le ocurre otra cosa que construir una casa encima de un cementerio indio y, claro... que no sé si es aquella misma película en que una niña se queda presa dentro de la tele. Y de ahí a pensar que lo que veía la gata era un fantasma... Como que llamé a mi padre para preguntarle qué había aquí antes de que edificaran nuestra casa. Porque vivimos en una zona nueva del pueblo. Y mi padre, haciendo memoria, me dijo que en esta zona había eras para trillar después de la siega; pero al aparecer las cosechadoras dejaron de usarse y el ayuntamiento acabó por comprar los terrenos.
Me quedé algo más tranquila pero sólo hasta que volví a ver a la gata mirando al techo. Porque una cosa es que hubiera una era debajo de nuestra casa y otra cosa es saber qué había antes de esa era: ¿no podía haber habido un cementerio en tiempo de los visigodos, o los romanos, o los celtas o los que fueran?; ¿y no podía haber un fantasma o un alma perdida de ese cementerio agarrada al techo del salón esperando qué sé yo para irse de una vez al reino de los muertos?; ¿y no sería eso lo que miraba la gata?
Así que acabé por coger miedo. Cuando estaba mi marido en casa, yo tranquila porque la gata se comportaba de modo normal, pero en cuanto se iba a trabajar por la mañana ya estaba yo muertecita de miedo. Como que hacía las faenas de la casa... que días estuve sin barrer ni fregar ni quitar el polvo del salón por no ver a la gata mirando al techo. Y cuando iba a la compra procuraba ponerme a hablar con las vecinas o las conocidas en la carnicería o la verdulería con tal de estar el máximo tiempo posible fuera de casa. Y lo de que estaba más tranquila con mi marido en casa sí, pero en cuanto nos acostábamos y él, al acabar su ratito de lectura, apagaba la luz, yo me agarraba muy fuerte y procuraba no pensar en las almas de esos visigodos o celtas que seguro que me esperaban en el techo del salón.
Hasta que pasó lo que tenía que pasar. Ya he dicho que del miedo que me daba procuraba evitar al máximo el salón y hasta lo cruzaba casi corriendo. Pero un día volvió mi marido de trabajar especialmente cariñoso y, tal como le di el besito en el recibidor, me cogió en brazos, me llevó hasta el salón, me tumbó en el sofá y empezó a desnudarme. Yo me dejé hacer, por supuesto, pero mientras me desnudaba yo miraba de reojo la esquina de la pared con mi fantasma visigodo invisible y me empezó a entrar miedo. Mi marido se desnudó también, se me vino encima muy preparado ya, empezó a darme besitos y mordisquitos y, cuando se me quiso venir dentro, notó que yo no estaba húmeda. Se extrañó, claro, porque yo, cuando él me requiere, enseguida estoy dispuesta. Y se lo tuve que decir: que nos fuéramos a la habitación, que me daba mucho miedo estar en el salón porque me sentía observada por el fantasma del techo.
Luego ya, mientras descansábamos, yo puse la mejilla en el pecho de mi marido y él, mientras me acariciaba, propuso la solución: deshacernos de la gata. Y eso hicimos, que puse un papelito en un tablón de anuncios que hay junto a la puerta del mercado y, al cabo de unos diez días, llamó una señora que después, hablando y hablando, resultó ser prima segunda de mi madre, y se llevó la gatita.
Pero digo yo que aunque ya no esté la gatita mirando fijamente al techo, el fantasma visigodo sigue ahí, ¿o no?

martes, 8 de diciembre de 2015

F. Scott Fitzgerald, El gran Gatsby

Scott Fitzgerald, F. Scott, El gran Gatsby (Orbis, Barcelona: 1983)
Hace muchísimos años leí esta novela e incluso creo haber visto una película basada en ella protagonizada por Robert Redford; creo, incluso, que hay otra posterior con Leonardo di Caprio. La releo porque es la propuesta para la reunión del club de lectura de Ciudadela el 12 de diciembre.
Destaco:
  • La narración en primera persona por parte de un personaje lateral, Nick Carraway, un primo segundo de Daisy Buchanan, la mujer de la que está enamorado Jay Gatsby: Gatsby [...] plasmaba todo aquello hacia lo que siento un irrefrenable desprecio (8-9). Pero parece que se producirá un cambio de opinión en el narrador: Gatsby resultó ser un hombre de una pieza (9). Y los hechos narrados durarán poco más de tres meses: Me acordé de la noche en que, por vez primera, hacía tres meses, acudí a su ancestral mansión (217).

viernes, 4 de diciembre de 2015

Antonia, XV: Mi admirador secreto

Me pasa cada cosa...
Vuelvo ayer de la compra y, al mirar en el buzón, ¿qué me encuentro? Bueno, sí, una carta del banco, pero ¿qué más?: un sobre a mi nombre. Y mi nombre escrito con letra caligráfica, de esa que parece antigua. Sin remitente y con el matasellos de aquí mismo, del pueblo.
Guardé la compra, cada cosa en su sitio, cogí el sobre y me senté en el sofá. Y como tenemos abrecartas, pues eso, lo abrí como se debe y me encontré una hoja tamaño folio bien dobladita. La desplegué y me vi -¿queda alguien que escriba a mano?- todo el folio escrito con esa misma letra tan bonita; con su fecha y todo arriba en el ángulo derecho. Pero lo primero, mirar la firma, por supuesto: Tu admirador secreto. Como que no sé si de la risa o del susto fui al mueble-bar y me pusé un dedito de whisky antes de seguir. Volví al sofá:
Apreciadísima Antonia:
He pensado mucho antes de dirigirme a ti y, por fin, me he decidido. No puedo contenerme más y por eso te confieso mi amor.
(Traguito de whisky)
Y al hablarte de amor me refiero al de verdad, al de pensar constantemente en ti, desde antes de abrir los ojos por las mañanas hasta después de cerrarlos al acostarme. Pero no quiero que te preocupes. Sé que eres una mujer felizmente casada y, como mi amor -ya te lo he dicho- es sincero y verdadero, no espero nada de ti, sólo esa emoción y ese vuelco en el corazón al cruzarme contigo por la calle.
(Otro traguito de whisky. ¿Quién será ese señor?... Y que nadie se piense que soy un pibón: ni guapa ni fea, del montón. Además, con gustarle a mi marido...)
Soy un hombre mayor, de la edad de tu padre -q.e.p.d.- y, como lo conocía, te respeto también como a una hija. Por eso me extraña que el amor haya llamado así, contigo, a mi corazón pero, ya lo dicen, el amor es ciego. Y, además, qué quieres que te diga, Antonia, prefiero amarte a ti en silencio que liarme con alguna otra de esas que, en el baile de los martes en el Centro de Jubilados, lo primero que te preguntan es cuánto cobras de pensión.
(Otro traguito de whisky. Y que me empezó a gustar cómo se explicaba y lo bien que escribe)
Y hay también algo que, aunque me dé vergüenza, te voy a confesar. Soy viudo y no cato mujer desde hace... hasta el punto de que, o por eso o por la edad, ya me creía muerta... bueno, ya sabes, eso que tenemos los hombres.
(Aquí viene cuando me acabé el whisky de golpe y me puse otro)
Pues te confieso que me lo has hecho revivir. Hay veces que estoy pensando en ti y noto como si... en fin, como si volviera toda mi virilidad. Y así, sin tú proponértelo ni siquiera saberlo, me haces feliz. Sin embargo, como no quiero terminar hablándote de bajas pasiones te diré que mi amor por ti es total: te amo virilmente, te amo de todo corazón y te amo con este cerebro mío que ni puede ni quiere dejar de pensar en ti.
(Traguito largo de whisky)
Nada más, Antonia. Sólo que te da las gracias por haberle leído
Tu admirador secreto

Y ya está, que aún no me he recuperado.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Antonia, XIV: Sola en casa

Mi marido se ha ido de viaje por trabajo. Tres días que serán tres eternidades. Si cuando se ha cerrado la puerta del garaje ya lo estaba echando de menos... Ahora que se ha ido contento y me ha dejado contenta. Echándole de menos pero contenta.
El caso es que me he despertado con él, muy pronto como siempre que se va de viaje, y he preparado el desayuno mientras él se duchaba. Hemos desayunado y le he acompañado al garaje porque nos damos besos muy ricos cuando se va. Y cuando vuelve, claro, pero entonces lo de menos es el beso. Pues eso, que voy con él al garaje, nos buscamos los labios, me da un achuchón y... Que no he dicho que yo iba en bata y sin nada debajo. Porque mientras me besaba, me pasa la mano bajo la bata y empieza a pellizcarme suave el culito. Y entre eso y que el beso era de lengua no sé cómo he acabado desnuda y tumbada en el capó del coche diciéndole que no me había duchado y él contestando que le daba lo mismo mientras me daba meneítos suaves, que me recorría toda muy despacio. Y que luego no me he fijado pero a lo mejor le he dejado bien marcado el culo en la carrocería; porque al final los meneítos ya no eran tan suaves.
Y me ha dejado tan tierna que después, cuando me he puesto con la casa y he entrado en la alcoba para barrer, al ver su libro en la mesita de noche me he sentado en la cama y he empezado a acariciarlo con las manos. Como si fuera un símbolo de mi marido, que lo es. Y no sé cómo habrá sido que en un momento he pasado de acariciar un simbolito a imaginar que acariciaba a mi marido de verdad. Bueno, no exactamente a mi marido sino esa parte de él que a mí me gusta llamar mi Paquito.
A todo esto, la escoba y el recogedor apoyados en la pared y muertos de asco. Que se han quedado así un ratito más porque he acabado por quitarme la bata, tumbarme boca abajo en la cama, por supuesto en el lado de mi marido, que buscaba su olor, y, después de alzar un poquito el culo, pasarme la mano entre las piernas y buscarme yo solita. Hasta que he acabado mordiendo la almohada.
Luego ya, cuando he recuperado el aliento, me he vuelto a poner la bata, he cogido la escoba y a barrer.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Antonia, XIII: Que mi marido dice que...

Un chico de aquí me pidió el otro día que escribiera algo diferente y me preguntó si me atrevía con asuntos de terror, que a él le gustan mucho. Al principio pensé que no, que como yo sólo cuento cosas mías de verdad... pero luego, dándole vueltas y vueltas, me acordé de algo que me pasó hace algunos años y que no era de terror del que se te aparece un zombi pero sí de miedo, que yo pasé mucho miedo. El caso es que empecé a escribir para explicarlo pero, como luego me escogieron para un concurso, que me hizo mucho ilusión, y a lo mejor tengo que escribir sobre terror, me lo voy a guardar por si acaso y explicaré otras cosas mías.
Explicaré que ayer mi marido me riñó. Pero sólo un poco, que si primero me da un beso, luego me riñe a su modo y acaba dándome un montón de besos, ya ves qué problema. Porque si me riñe mucho, con desabrocharme otro botoncito de la blusa lo arreglo. Ahora, que ayer me riñó con razón. Todo fue porque yo siempre le cuento todo y, además, ¿qué puedo esconderle si él mismo dice que soy muy transparente? Pero eso no se lo había contado porque no le daba la más mínima importancia. ¿Y qué es lo que no le había contado? Pues precisamente esto, que estoy en esta página de internet escribiendo mis cosas:
-¿Y qué cosas escribes?
-Pues, ¿qué va a ser?: mis cosas, que si podo las plantas del jardín, que si voy de paseo...
Mentira, claro, porque si le digo que cuento lo que hacemos él y yo en la cama... Pero era una mentirijilla tonta.
Estábamos en el sofá del comedor, me cogió de la mano, me llevó a la alcoba, me señaló el libro que había sobre su mesita de noche y me preguntó si sabía cuál era:
-Claro, la Ilíada de Homero.
Que eso lo conté al principio de estar aquí. Conté que mi marido tiene un conjunto de libros, siempre lee los mismos dependiendo del mes y, cuando llega enero, siempre lee la Ilíada porque dice que es el libro más antiguo.
-Pues tú no puedes escribir porque un buen escritor ha de empezar por leer a los clásicos. Y tú no los has leído.
-Pero si yo no quiero ser una gran escritora, sólo lo hago porque, porque... además, que cuando tú lees en voz alta yo te escucho atentamente hasta quedarme dormida y, con las veces que has leído la Ilíada, ya me voy enterando de que los griegos se pelean con los troyanos por una mujer que se llama Helena, que si el mejor guerrero griego se llama Aquiles, que si mata al pobre Héctor, que si... Además, que he visto la peli y sé que se acaba con lo del caballo... Además, si tú lees a los clásicos y yo duermo tan arrimadita a ti, algo se me pegará, ¿o no?
Entonces, como yo me había sentado en la cama, le empecé a desabotonar la camisa y, claro,...

domingo, 22 de noviembre de 2015

Pedro J. Bosch, La extraña desaparición de Paco Lázaro

Bosch, Pedro J., La extraña desaparición de Paco Lázaro (Menorca: 2015)
Leemos a toda prisa esta novela, de un médico y novelista mahonés cuyo padre, si no yerro, jugaba con el mío a fútbol de niño en la Miranda.. Y la leemos a toda prisa para comentarla el 23 de noviembre con el mismo autor y el grupo de lectura de la Biblioteca Municipal de Mahón. Y anotamos:
  • Los personajes: diremos algo así como que se van presentando personajes continuamente y se nos ha hecho algo difícil ir asimilándolos y entender la relación entre ellos:

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Antonia, XII: Mi marido dentro de mí

Hoy estoy contenta. Aunque yo suelo estar siempre contenta. Pero hoy más porque mi marido y yo hemos empezado el año muy bien. Como siempre.
Y dudaba si contarlo porque el otro día un chico me dijo aquí que no sabía si una cosa que yo había explicado era erótica o no. Y yo no quiero escribir cosas eróticas, quiero explicar cosas curiosas que me pasan. Y si lo que me pasa es erótico, como no tengo nadie a quien explicárselo porque ni lo comento con mis cuñadas ni con las cajeras del supermercado, pues vengo aquí y, como no me da vergüenza porque no me conoce nadie, voy y lo explico.
El caso es que ya conté cómo la Nochebuena la pasamos en familia en casa de mi suegra: que si cuñadas y cuñados diciendo tonterías a partir de la segunda copa, que si los niños correteando, que si a las tantas tener que recogerlo todo… Pero el día de Nochevieja no, ese día es sólo para mi marido y para mí. ¿Y qué hacemos? Pues tampoco me da vergüenza explicar que se me ocurrió a mí el último año de novios: y desde entonces siempre hemos recibido el año con mi marido dentro de mí.
Lo primero después de cenar es llevarnos la tele a la alcoba para oír las campanadas desde la cama; y dejamos las uvas en la mesita de noche. Y eso hicimos ayer que, cuando quedaba poco, nos pusimos cariñosos y… bueno, que me subí y me puse. Ah, y es la única vez que lo hacemos sin mirarnos a la cara, que yo me pongo de espaldas para poder mirar la tele y estar atenta a las doce campanadas. Y a cada campanada, una uvita y un meneíto, que yo subía y bajaba despacio. Hasta que se acabaron las campanadas y, como no me pude contener, empecé a moverme rápido y más rápido aún cuando mi marido empezó con sus suspiritos.
Y por eso estoy hoy tan contenta.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Antonia, XI: ¿Y si no fuéramos más que personajes de una novela que Dios ha escrito?

Ya he venido hablando de mi marido y de mí y he contado cómo lo mío son las plantas y lo de mi marido los libros. Esas son, como si dijéramos, nuestras aficiones. Porque, por lo demás, mi marido trae el dinero y yo llevo la casa.
También expliqué un día cómo mi marido lee un libro diferente cada mes y este mes le toca Ana Karenina, un libro que trata de una señora rusa muy adúltera.
Y a eso iba, a que esa señora no existió nunca porque se la inventó un novelista que se llama Tolstoi. Y mi marido me contó que por la misma época había otras novelas parecidas con otras señoras inventadas y también adúlteras, que si una de Oviedo que se llamaba Ana Ozores, y que si otra francesa, la más adúltera de todas, que se llamaba Emma Bovary… Bueno, y luego hay libros que hablan de señoras y de otras personas que sí existieron, como aquella Ana Bolena que cité un día porque su marido era un rey de Inglaterra que mandó cortarle la cabeza; o nuestra reina Sofía, que me parece que una periodista le escribió una biografía.

Pues eso pensaba el otro día: que nadie va a escribir nunca un libro que trate de mí porque yo no soy importante pero… Nosotros, mi marido y yo, no vamos a misa, claro, pero… ¿y si Dios sí que está ahí arriba mirándonos?, ¿y si sabe todo lo que hacemos?, ¿y si sabe también todo lo que haremos? Eso pensaba hasta que acabé imaginándome que Dios era como un novelista que tenía escritas millones de novelas cada una con la vida de cada uno. Y las tenía ordenadas como mi marido pero en muchísimas más estanterías. Y en una de esas novelas la protagonista era yo y salía también mi marido, mi suegra, el pueblo…; en otra el protagonista era mi marido y salía yo; en otra la vecina, en otra… en fin, cada uno era el protagonista de su propia novela ordenada en las estanterías de Dios. Y en cada novela Dios había escrito todo lo que había hecho cada uno y tenía ya escrito lo que iba a hacer en el futuro. Había escrito, incluso, que yo iba a escribir esto. Bueno, y no sigo porque acabaré liándome.

martes, 10 de noviembre de 2015

Antonia, X: ¿Y si no somos más que juguetes?

Ayer expliqué que, después de la sesión de cama que nos dimos mi marido y yo la víspera de Navidad, fui a casa de mi suegra a ayudarla con la cena de Nochebuena. Cada año lo solemos hacer así, que mis dos cuñadas y yo vamos a media tarde, nos metemos en la cocina, que casi no cabemos, y ya luego, a partir de las nueve, vienen los maridos con los niños. Ah, y hasta ahora no me había acordado de decirlo, pero nosotros no tenemos hijos,  que aún somos jóvenes. Pero ya los tendremos.
Bueno, pero a donde quería ir a parar es a otra cosa: que al llegar ya estaba allí mi cuñada Manoli, la hermana menor de mi marido, y se había traído a sus dos niños, que son gemelos. Y fui a darles cuatro besos, que estaban en el comedor jugando a la PlayStation. Y ya me fijé, ya, en que la caja del juego decía que era para mayores de 18 años pero yo, calladita, que ya sabrán mi cuñada y su marido cómo educan a sus niños. Pero por eso me quedé unos minutos allí mirándolos a los dos, que parecían dos salvajes con sus mandos moviéndose por una ciudad en ruinas y disparando a unos zombis.
Total, que fui ya a la cocina y me puse con las demás a la faena. Pero mientras estaba en lo mío que si distribuir los langostinos para que quedaran bien en la bandeja, que si los entremeses, que si un viaje al supermercado porque faltaban piñones para el relleno del pavo, no podía quitarme de la cabeza a mis sobrinos con sus mandos dirigiendo a los soldaditos para que fueran matando zombis. Y luego, con las cuatro mujeres moviéndonos por la cocina y casi chocando las unas con las otras como tontas, me imaginé lo mismo: que a lo mejor nosotras estábamos también metiditas en un juego de la PlayStation pero para niñas grandes, muy grandes, inmensas, que jugaban a sus cocinitas.

Y a ver si no puede ser. Con lo desarrollado que está el mundo y con los inventos que salen cada día, ¿no podríamos ser todos nosotros un invento de ésos y la tierra entera una pantalla de alta resolución, o como se llame, para que jueguen niños de otras dimensiones?

viernes, 6 de noviembre de 2015

Fiódor Dostoievski, Crimen y castigo

Dostoievski, Fiódor, Crimen y castigo (Cátedra, Madrid: 2016)
Una de esas novelas que uno tendría que haber leído en otros tiempos pero, claro, uno no puede haberlo leído todo. La comentaremos de manera diferente a como hemos venido haciendo hasta aquí porque me produce la impresión de que, más que comentarios lo que hago son resúmenes. Pero mantendré la estructura de puntos:
  • La obra es de 1866 y, entonces, contemporánea de autores como Zola, Flaubert, Galdós, Dickens... Se puede adscribir, así, al realismo. Y con sus toques de naturalismo en lo que se refiere a espacios, ambientes o personajes.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Camí de cavalls, XIII (11/8, cala Blanca)

El día 25 de octubre, con cielo nublado y buena temperatura, proseguimos el recorrido. Vamos en coche hasta el llamado Mirador des cap de sa Paret en la confluencia entre las avingudes de Llevant y de Ponent de cala Blanca. Ahí tomamos la foto de la izquierda con esa gran roca emergiendo del mar y una lancha detrás; con un poco de imaginación, además, se ve la línea de las montañas mallorquinas recortando el horizonte por la izquierda.
Desde ese punto, por la avinguda de Llevant y bordeando el mar, vamos en dirección a cala Blanca por terreno asfaltado. Desde ahí tomamos la foto de la derecha con esa lengua de mar que se mete hacia dentro para formar cala Blanca.
Siguiendo, y siempre por zona urbanizada, avanzamos hasta enlazar en el punto donde dejamos el camino el día 16 y observamos que, a pesar de las nubes, aún queda algún valiente en la playa aunque más aún en el chiringuito. Y también con algo de imaginación se verán en la foto de la izquierda.
Emprendemos desde allí la vuelta y nos damos cuenta de que las marcas del camí de Cavalls no dirigían por el camino que hemos tomado a la ida sino que atravesaban la misma playa. Recortamos por ahí para volver hacia la avinguda de Llevant y tomamos la última foto de camino hacia el coche.
En total hemos hecho 1,4 quilómetros entre la ida y la vuelta y ello nos lleva a un promedio global de 4,16 kms./hora. Como observamos que el promedio es muy bajo en relación a otros tiempos en los que alcanzábamos hasta los 6 kms./hora, nos proponemos elevarlo.

jueves, 29 de octubre de 2015

Miguel Delibes, El camino

Delibes, Miguel, El camino (Destino, Barcelona: 1997)
Leemos la obra a propuesta de la Biblioteca Pública de Mahón para discutirla mañana, 28 de octubre pasado. Y diremos que de Miguel Delibes ya reseñamos aquí el relato La mortaja. En cuanto a ésta, de 1950, La presentamos por centros de interés:
  • En lo que al título se refiere diremos que es paradójico en tanto anuncia una novela itinerante que, sin embargo, transcurrirá en su totalidad en un pueblo cerrado en un valle del norte. Ahora bien: 1º) Uno de los temas de la obra serán las vivencias del protagonista Daniel, el Mochuelo, en ese pueblo antes de iniciar un camino nuevo, esto es, antes de salir por vez primera del pueblo para ir a estudiar a la ciudad. 2º) Otro de los temas serán las dudas de Daniel frente a ese camino teniendo en cuenta las fuerzas que le empujan a emprenderlo: de un lado el cura don José: todos tenemos un camino marcado en la vida. Debemos seguir siempre nuestro camino, sin renegar de él -decía don José- [...]. La felicidad [...] está en acomodar nuestros pasos al camino que el Señor nos ha señalado en la Tierra (177-179; y luego, en el último capítulo: Don José, el cura, dijo entonces que cada cual tenía un camino marcado en la vida [219]); de otro lado, su padre: que su padre aspirara a hacer de él algo más que un quesero era un hecho que honraba a su padre. Pero por lo que a él afectaba... (7). Y a Daniel no le queda otra que conformarse y aceptar aun a su pesar: Daniel, el Mochuelo, pensó que él renegaba de su camino por la ambición de su padre [219]; y en la frase final: le invadió una sensación muy vívida y clara de que tomaba un camino distinto del que el Señor le había marcado [221]); de ahí la frase inicial de la novela, que abre la posibilidad de otros muchos caminos: Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así (7). 3º) En un tercer sentido la novela es camino en tanto marca en cierto modo un recorrido iniciático por el que Daniel descubre los misterios del amor con la Mica o la Uca-uca y la muerte con la de su amigo Germán, el Tiñoso; o alcanza una cierta madurez como cuando se molesta porque su amigo Roque se burla de él porque lo escogen para el coro por su voz infantil -¡Niñas, maricas! (176)- y, acto seguido, decide hacer algo propio de mozos como es el subirse a la cucaña y conseguirlo a base de repetirse Subo porque no me importa caerme (182).

domingo, 25 de octubre de 2015

Camí de cavalls, XII, (11/7, de Santandria hasta cala Blanca)

El día 16 de octubre, con sol tras algunos días de nubes y lluvia, y muy buena temperatura, 21º según el termómetro del coche, proseguimos el camino desde es clot de sa Cera que, por sus plataformas en las rocas, nos planteamos como posible lugar para bañarnos el año que viene. Quedan a la izquierda de esta primera foto en la que, aparte de la barca, se distingue, aguzando la vista, el barco de Balearia dirigiéndose hacia Alcudia justo en la línea del horizonte. Para evitar el calor que pasamos en la última etapa, decidimos ir en mangas de camisa.
Las indicaciones del camino nos llevan hacia zona urbanizada y, en un momento, salimos a la calle que circunvala la parte norte de las urbanizaciones de cala Blanca. La seguimos dejando a la izquierda pequeños chalets y bloques bajos -que esto no es Salou ni Lloret- de apartamentos y a la izquierda el mar detrás de ese mismo tipo de terreno pedregoso que habíamos visto en el camino de son Blanc a sa Caleta y que aparece en la foto de la derecha. Proseguimos la calle proponiéndonos llegar hasta la misma cala Blanca que da nombre a la zona y así lo hacemos.
A lo largo del trayecto hemos visto bastante gente en relación a la época del año: muchos chalets y apartamentos abiertos, mucha gente paseando y tomando fotos, circulación..., señal todo ello, quizás, de que la temporada se alarga.
Y al llegar, pues, a la misma cala Blanca, nos aproximamos para tomar un par de fotos y comprobamos que, como se ve en esta última, aún quedan bañistas que se atreven. Tras ello desandamos lo andado y comprobamos que hemos dedicado 46 minutos para un recorrido de 3,4 quilómetros entre la ida y la vuelta y ello nos lleva a un promedio de 4,2 kms./hora.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Molière, Candide

Molière, Candide (Le livre de poche, París: 1995)
Es ésta una obra por la que sentimos un cariño especial porque su autor la escribió junto a Ginebra, en Ferney-Voltaire, que por eso lleva su nombre. Allí se retiró como hará el protagonista al final de la obra para vivir, como él mismo dice Sans rois, sans intendant, sans jésuites (7). Y, como el protagonista, se dedica a cultivar allí su jardín en tanto espacio de paz interior según el modelo horaciano del hortus conclusus en el Beatus ille o en el Qué descansada vida de fray Luis. Además el jardín le permite, al decir del prologuista, dejar une trace sur la nature ordonée et organisée selon sa propre volonté (9). Así, la vida de Candide, con su retiro final al jardín en Turquía, será metáfora de la del propio Voltaire.

sábado, 17 de octubre de 2015

Leonardo Sciascia, Candido

Sciascia, Candido (Einaudi, Turín, 1977)
Releemos el libro, comprado hace bastantes años en Italia, como refuerzo al del Candide de Voltaire, del que es homenaje y que reseñamos aquí, para la tertulia del club de lectura de Ciudadela de hoy, 17 de octubre. Diremos de esta obra:

martes, 13 de octubre de 2015

Camí de cavalls, XI, (11/6, de Santandria hacia cala Blanca)

Anteayer, 11 de octubre, continuamos el recorrido con una temperatura más que agradable, 24º, y, como llevamos una chaquetilla, pasamos algo de calor. De la temperatura da cierta idea que en cala Santandria hay gente bañándose según se puede apreciar en la foto de la izquierda. Comenzamos a andar, pues, en Santandría por la calle por la que salen los coches hacia la carretera y enseguida vemos un camino a la derecha con las señales que nos indican el camino.

viernes, 9 de octubre de 2015

Xavier Morató, Un peu gran els aixafa a tots

Morató, Xavier, Un peu gran els aixafa a tots (Arola, Tarragona: 2015)
Una obra de teatro que leemos por pura voluntad de... bueno por apoyar la buena intención del Círculo Artístico de Ciudadela, del que soy socio, a la hora de convocar un prestigioso premio de teatro a cuya entrega de premios o representación no asisto. Y esta fue la obra ganadora en la convocatoria de 2014. Por cierto que hace dos años y aquí ya comenté la obra ganadora en 2012. La cuestión estriba en que esa obra daba para comentario y ésta, en cambio, debe ser la primera en que me quedo mudo o casi. O quizá me estoy haciendo viejo y no conecto con modernidades. A ver qué podemos -o sabemos- decir:
  1. No entendemos bien las acotaciones. En la primera -y sólo hay tres- además de presentarse muy escuetamente el decorado una habitació d'hotel, la mateixa en les nou escenes (21), se dan claves interpretativas que deben correr, y más en un género que espera respuesta inmediata del público, de parte de éste: tal vegada són diferents habitacions d'hotel [...] semblar escampades arreu del món [...]. També poden semblar diferents habitacions i en canvi tractar-se del mateix espai, que ha patit modificacions al llarg del temps (21). Y lo mismo ocurrirá con los personajes, denominados con números del 1 al 18 y entendiendo que los pares son hombres y los impares, mujeres: Tal vegada són les mateixes persones en circumstàncies diferents [...] Tal vegada sí que són els mateixos, almenys alguns (21-22). Digo yo que ya el espectador tendrá juicio suficiente para deducir todo ello sin necesidad de ser guiado por el autor. Además, tales acotaciones no tienen sentido en tanto no tienen solución dramática, no se pueden representar. El mismo autor se da cuenta en la larguísima acotación final: Tal vegada no hi ha dos intèrprets sinó tres, i el tercer és un narrador que proclama en veu alta les acotacions (77).
  2. Las escenas se limitan al díalogo -o no, como la 5 en que no lo hay- entre un personaje femenino y otro masculino. Sí que se notan paralelos entre algunas: a) el regalo de ella a él aparece en la I -T'ho regalo ara (24)-, en la 3 -no és un regal per a mi! És per a ell (43)- y en la última, la 9 -I el regal? (75)-; b) la caja que puede contener ese regalo -Aquesta capsa pot contenir moltes coses (24)- o no -12 obre la capsa [...] hi ha una pistola  (58)-; c) la confidencia a modo de catarsis: -Explica'm alguna cosa que no li hagis explicat mai a ningú (26=50); -Hi ha una cosa que mai no t'he dit, i que necessito expressar (37);
  3. Hay otros paralelos en lo que se refiere al modo en que acaban ciertas escenas: dando idea de un final armónico ambos personajes van a dormir en la 3 -anem a dormir (49)- y en la 4 -Anem a dormir? (57)- aunque en este caso ella contesta que ya irá. Y esos finales armónicos contrastan con el suicidio del personaje masculino en la escena 5 tras sacar la pistola de la caja: Se la col·loca a dins de la boca. Dispara. Cau a terra, mort (58), O con el distanciamiento que alcanzan en la 6: No et conec (62; frase que según se verá enseguida, estaba ya en la escena 2).
  4. En cuanto a la relación entre los personajes es de todo tipo desde el punto en que el personaje masculino dice desconocer al femenino -No et conec (38)- hasta el de formar pareja -Quantes vegades hem recordat aquell primer dia amb tu? (35); M'estimes encara? (74)- pasando por la indefinición que se da entre los personajes de la escena 5. que no intercambian palabra.
  5. Hay un detalle que comenté al autor y le gustó: en la escena 2, a propósito de un niño que tira piedras su padre lo convence para que no lo haga porque les pedres tenien una família, i que no els agradava viure separades (41). De modo semejante, en la escena 3, se alude a monjes budistas del Tibet que construyen un mandala: Hi dediquen hores, dies, setmanes, treballen amb una meticulositat exemplar i amb un únic objectiu: que el diagrama sigui perfecte. I, tenint en compte que la matéria prima són diminuts grand d'arena... (44). Ambas imágenes son paralelas y remiten a un orden en el mundo mineral y se oponen a cierto desorden que en la obra impera en el ámbito humano.
  6. Tiene algún toque de humor como cuando él le pregunta a ella si la puede llamar puta mientras follan, a ella le parece bien y le va gustando hasta que, cuando él la llama PUTA DE MERDA FASTIGOSA (61) le pide que pare porque no le gusta.

lunes, 5 de octubre de 2015

Gustave Flaubert, L'Éducation sentimentale


Flaubert, Gustave, L'Éducation sentimentale (Flammarion, París: 2013)
Leemos la obra para una reunión de un club de lectura que se ha de celebrar en una librería de Ciudadela el próximo 17 de octubre y la comentamos por aspectos de interés:
  • A partir de las notas y apéndices que presenta la editora, Stéphanie Dord-Crouslé, la idea inicial de Flaubert era la de titular la novela de modo semejante a su otra obra maestra, Mme. Moreau, pero luego cambia de idea y dota de ese apellido al protagonista (586). También explica, a partir de borradores del autor, que otra de sus ideas era la de construir la novela a partir de dos mujeres, Mme. Arnoux y Rosanette (593), con lo que la obra se aproximaría a la Fortunata y Jacinta galdosiana.

jueves, 1 de octubre de 2015

Camí de cavalls, X, (11/5, de sa Caleta a Santandria)

El sábado 26 de setiembre proseguimos nuestro recorrido por la zona de poniente de la isla enlazando en sa Caleta por donde lo habíamos dejado el día 14, frente a uno de los muchos hoteles de la zona. En realidad el trayecto ha sido excesivamente fácil y casi todo sobre asfalto. En un primer momento, tras rodear el hotel y seguir adelante desde el lado de su fachada que da al mar, hemos pasado por la parte superior del restaurante de la cova sa Nacra; y no sé si he leído en el periódico que se iba a abrir al público la cueva. Dejo a la izquierda una foto del restaurante extraída de Internet y que parece tomada desde Santandria.
Poco más adelante ya percibimos desde arriba la playa de Santandria y, antes de dirigirnos hacia ella, tomamos la foto de la derecha. Continuamos nuestro camino por las calles asfaltadas de las urbanizaciones y, siguiendo las indicaciones que marcan el recorrido del camí de Cavalls, damos con unas escaleras que bajan entre casas; leemos que son de uso público, las bajamos y vamos a parar a la carreterilla que baja desde la carretera que va de Ciudadela hacia cala'n Bosch.
Giramos a la derecha y un minuto después estamos frente a la playa de Santandria donde tomamos la foto de la izquierda en la que, por algún movimiento extraño del aparato, el farol ha salido torcido.
Y desde ahí desandamos lo andado hasta recuperar el coche en sa Caleta. Ha sido un recorrido corto de sólo 26 minutos entre la ida y la vuelta y de 2 quilómetros. Eso lleva el promedio global a 4,16 km./h.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Carmen Laforet, Nada

Primera edición: mayo de 1945
Laforet, Carmen, Nada (Destino, Barcelona: 1945)
Leemos a toda prisa la obra. La empezamos a leer a mediodía del 21 de setiembre con intención de asistir a la sesión del club de lectura que se celebró en la Biblioteca pública de Mahón la tarde del miércoles 23. Como anécdota diré que utilizamos una primera edición, de mayo de 1945, y que lleva la firma de mi madre bajo la fecha del 15 de agosto de ese 1945, es decir, que fue un regalo por su santo cuando tenía 18 años. Damos por sentado que es de sobra conocido que la novela fue el primer premio Nadal, de 1944, y pasamos ya a su comentario:
Fecha y firma de mi madre en Barcelona 15/8/1945 
  • Está presentada en forma pseudoautobiográfica, narrada en primera persona por una muchacha, Andrea, de dieciocho años, que accede a un mundo nuevo: llegué a Barcelona a medianoche (11). Es la asistencia a la universidad el motivo de su venida a Barcelona y de ahí que, en cuanto a la estructura general, la obra abarque un curso escolar: desde octubre hasta el próximo setiembre en que la protagonista marcha a Madrid; y todo ello con el tiempo muy marcado: Navidad (70), mayo (176), junio (202)... Y se divide en tres partes: la primera hasta Navidad; la segunda comenzará en enero y presentará ciertos paralelos con el comienzo de la primera sobre todo una noche en que Andrea llega a casa: El mismo vigilante del día de mi llegada a la ciudad, me abrió la puerta. Y la abuela, como entonces, salió a recibirme, helada de frío (122); y la tercera, a modo de epílogo, tras san Juan y acabado ya el curso escolar. 

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Camí de cavalls, IX (11/4, de son Blanc a sa Caleta)

El lunes 14 de setiembre vamos en coche hasta el punto donde habíamos dejado el camino en la Vorera dels Molls y continuamos. Es la misma hora en que solemos caminar, hacia las 10 de la mañana, y hace calor, quizá sus 27º. Así comenzamos el camino por zona asfaltada y, como antes, separados del mar por esa zona tan pedregosa que se ve en la foto.
Y cuando no hemos andado ni cinco minutos, un cartel y una flecha nos invitan a salir del asfalto y tomar un sendero a la derecha, es decir, del lado del mar. Un sendero poblado porque de repente vemos gente, sobre todo extranjeros, que van y vienen amén de bañistas como se aprecia en la foto de la derecha que recoge, además, esa torre circular de defensa. Pasamos por una cala minúscula y, al cabo de un rato, tras un estrechamiento de la senda en un tramo frondoso que parece la selva, vamos a dar al aparcamiento de sa Caleta.
Siguiendo siempre las indicaciones que marcan el sendero bajamos a sa Caleta en la que, según se aprecia en la foto de la izquierda, hay gente bañándose, cruzamos la playa y, pasando por delante del chiringuito, subimos las escaleras que nos llevan a territorio asfaltado al otro lado. Caminamos unos cinco minutos más y, encarados ya hacia Santandria, tomamos referencias para la próxima etapa.
Y deshacemos lo andado pero no por el mismo camino: porque, pensando que el recorrido iba a ser sobre asfalto, salimos de casa con calzado inapropiado -mocasines de Mascaró-. Por ello decidimos evitar la senda y buscamos calles asfaltadas hasta volver al inicio a través de las calles llenas de hoteles de sa Caleta y de la avenida de son Blanc. Y al llegar al coche decidimos hacer la foto de la derecha, otra vez con el terreno pedregoso junto al mar, porque vemos acercarse el barco de Iscomar procedente de Alcudia. En concreto es el puntito blanco que se aprecia - o no- en el horizonte..
En total, hemos estado 38 minutos entre la ida y la vuelta para un recorrido total de 2.600 metros también de ida y vuelta. Y ello lleva mi promedio a 4,12 kms./hora.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Camí de cavalls, VIII (11/3, por son Blanc)

El día 11 de setiembre seguimos nuestro recorrido desde donde lo habíamos dejado, es decir, en el extremo de son Oleo desde donde se podía ver amarrado el barco de la Balearia, y avanzamos en dirección a sa Caleta. Lo primero que topamos, por supuesto, es son Blanc y, como pasamos a la misma hora que en la etapa anterior, ahí vuelve a estar el barco: en la foto se pueden apreciar los camiones y resto de vehículos que se dirigen hacia la bodega.
Proseguimos el camino y, una vez rebasada la rotonda que da al puerto nuevo, avanzamos en dirección a sa Caleta por la Vorera dels Molls, una calle asfaltada que discurre casi al borde del mar; sólo nos separa de la orilla el terreno pedregoso que se aprecia en la foto de la derecha en la que, por lo demás, se aprecia al fondo la zona de cala'n Blanes.
Continuamos la marcha por la misma carretera y en esta otra foto de la izquierda, también con el terreno pedregoso, intentamos que se vea al fondo al menos la silueta de la costa mallorquina, pero no lo conseguimos. Y tras, ello, tomando referencias para la próxima etapa, damos la vuelta hasta el punto de partida: 27 minutos en total para un recorrido de 1.800 metros, 900 de ida y otros tantos de vuelta. Con ello, nuestro promedio global se sitúa en 4,12 kms./hora y nos proponemos subirlo.

martes, 15 de septiembre de 2015

Camí de cavalls, VII (11/2, por son Oleo)

El día 9 de setiembre continuamos el recorrido del camí de cavalls en dirección al cabo Artrutx pero en pequeñas dosis. De ahí que nos limitemos a salir de la platja Gran como la etapa anterior pero en dirección contraria, hacia son Oleo. Antes echamos un café en el bar Mogambo desde donde tomamos la foto de la izquierda donde no sé si se llega a apreciar abajo en la playa un grupo de gente que lo que hace es practicar taichí.
Lo dicho, pues: nos dirigimos hacia son Oleo y tomamos la calle paralela al lado sur de la playa desde donde, en una pequeña zona verde con plataformas para tirarse al agua, tomamos la foto de la derecha donde se aprecia la zona del paseo marítimo por la parte del hotel Port Ciutadella.
Seguimos un poco más en dirección al puerto nuevo y aún podemos acercarnos otra vez a la orilla para hacer esta otra foto de la izquierda dirigida hacia la zona norte del puerto y donde, con mayor nitidez, se podría apreciar sa Farola e incluso el hotel Almirante Farragut de cala'n Blanes.
Y por fin llegamos hasta la vista del puerto nuevo con el barco de la Balearia, el Martín i Soler, en el muelle a punto de zarpar según se aprecia en la foto de la derecha. Tras ello, desandamos el camino para ir a buscar el coche donde lo teníamos aparcado. En total, hemos recorrido 900 metros de ida y otros tantos de vuelta en un tiempo, entreteniéndonos para hacer las fotos y mirar el paisaje, de 32 minutos. Y eso lleva a que nuestro promedio por todo el camino sea de 4,14 km./hora.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Camí de cavalls, VI (11/1: De sa platja Gran al puerto de Ciudadela)

Platja Gran desde la terraza del bar Mogambo
Proseguimos, el 8 de setiembre de 2015, con nuestro recorrido del camí de cavalls, que empezamos hace ya tiempo, y enlazamos, en el puerto de Ciudadela, con la etapa que describimos en esta entrada. A la vez, iniciamos así la etapa clasificada como 11, que va desde Ciudadela hasta el cabo Artrutx.
Y la empezamos al revés, desde sa platja Gran, de la que aportamos dos fotos personales sin pretensiones de calidad, hacia el lado norte del puerto.
Son Oleo desde el bar Mogambo
Tomamos, pues, la calle Mallorca y la recorremos toda en dirección al centro histórico. Llegamos así a sa plaça des Pins e, inmediatamente, estamos en es Born. Y aunque por algún lugar del blog ya hemos puesto alguna foto parecida, no está de más otra des Born con el obelisco conmemorativo del asalto turco y, a la vez, el edificio del ayuntamiento.
Plaça des Born
Luego, tomamos sa Muradeta y, por encima del pla de Sant Joan, vamos hasta Dalt es Penyals pasando por es Bastió y, precisamente, frente a la pizzería Oristano, que se ha hecho célebre últimamente porque un poeta mallorquín -que ya es grave que a alguien se le conozca como poeta- le puso una demanda por no sé qué de una camarera que no entendía catalán. Luego ya, por la calle santa Bárbara, venimos hacia sa Quintana, en la parte norte y alta del puerto y damos por terminada la etapa en el punto exacto donde empezamos la etapa I.
En total, hemos invertido 28 minutos en un trayecto de 2.200 metros y de ahí que el promedio global que llevamos sea de 4,24 kms./hora.
Ayuntamiento desde el lado norte del puerto

lunes, 7 de septiembre de 2015

Carlos Sahagún (1938-2015)

Mientras estaba esperando este pasado domingo, en el bar de Ca-lós de Ciudadela, a que llegara gente suficiente para organizar la partida de dominó me puse a leer los periódicos y di, en El País del sábado anterior 5 de setiembre, con una nota necrológica firmada por José Carlos Mainer y dedicada a Carlos Sahagún. Lo conocía; relativamente pero lo conocía: porque fue profesor mío de lengua española durante el curso -si la memoria no me falla- 1972/73 y en el instituto Narciso Monturiol de Barcelona, en Montbau, que si no yerro fue el primer instituto mixto de Barcelona.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Antonia, IX: La lengua de mi marido

Pues sí, me temo que voy a hablar de lo que sugiere el título, que no sabía cuál poner. Además, como ya conté aquí un día lo que le hice yo a mi marido una noche mientras leía las Rimas de Bécquer, ahora explico lo que me hizo él a mí anteayer y quedamos en paz.
Pero antes quiero decir que mi marido y yo, además de estar casados, nos queremos mucho. Y además de querernos mucho nos gusta… bueno lo del placer de nuestras carnes. Y como mi marido tiene vacaciones desde el día 24 hasta Año Nuevo, anda más relajado y…  Pero lo voy a contar despacito.
Ya he dicho que fue anteayer. Y después de comer, que recojo yo la mesa, él se pone a fregar los platos y yo, al cabo de un momento, me pongo a su lado a aclararlos. Pero como él acabó antes se situó detrás de mí y empezó a provocarme. Y yo a él, por supuesto, que mientras me desabrochaba los botones de la blusa yo eché el culito un poco hacia atrás y lo iba moviendo de un lado al otro mientras notaba… que para mí es uno de los grandes misterios de la naturaleza lo de que a los hombres les aumente el volumen pero, claro, si no fuera así cómo podría luego yo sentir a mi marido dentro. Y en eso estaba entretenida, que hasta me olvidé de los platos, cuando él, que ya me había desmontado el sujetador, me dice muy bajito al oído:
—Te lo quiero hacer con la lengua.
Ni que decir cómo me puse, que me doy la vuelta, le doy un beso estilo Hollywood y acaba cogiéndome en brazos. Y así me llevó hasta la alcoba y me dejó caer sobre la cama. Nos desnudamos y, al verlo con todo su volumen, le digo:
—Pero luego te quiero dentro.
—De momento ponte como te has de poner.
Y eso hice. Y no exagero si digo que se estuvo más de media hora hasta que llegó con la lengua donde tenía que llegar: que si mordisquitos en todos los dedos de los pies, que si besitos por las piernas y la cara interior de los muslos, que si pasa de largo y me arranca un par de pelillos con los dientes, que si el ombligo, que si sube hasta buscarme los pezones. Ya digo. Y sabe hacerlo muy bien. Lo de tenerme en tensión y excitarme hasta el límite, que cuando me alcanzó por fin me metí un pañuelo en la boca para morderlo y no gritar y formar un escándalo.
Y cuando yo ya había llegado e intentaba recuperar el aliento, se me vino encima sin más y sentí dentro de mí moviéndose todo su volumen. Me quité el pañuelo de la boca y le empecé a decir al oído cuánto le quería. Y sería que es un artista o que vamos muy compenetrados pero llegamos los dos juntitos y esa vez para no gritar le busqué los labios y lo besé.
—Me gusta mucho que levantes el culo cuando estás a punto.

Eso me dijo luego mientras descansábamos abrazados y dándonos besos suaves, que, después, solemos ponernos tiernos. Y en eso estuvimos hasta que me tuve que levantar para ir a casa de mi suegra a ayudarla con la cena de Nochebuena.