Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 29 de noviembre de 2014

Minidesafío 2014

Diremos que a la altura de hoy, 29 de noviembre, hemos culminado el desafío que, tal como explicamos más abajo, aceptamos en enero.

Volvemos a aceptar un desafío sencillo que viene de esta página y que, en su variante máxima, consiste en leer 30 libros de 30 autores diferentes durante este año 2014 que ahora comienza. He aquí la relación:
1. Krauss, Nicole, La historia del amor (Salamandra, Barcelona: 2013). Terminado de leer el 13/1/14.
2. Cocteau, Jean, Oda a Picasso (José J. de Olañeta, Barcelona: 1981). Terminado de leer el 19/1/14. Aquí hay un brevísimo comentario.
3. Aristóteles, Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de historia natural (Gredos, Madrid: 1998). Terminado de leer el 25/1/14.  Aquí hay una reseña.
4. Monsó, Imma, La dona veloç (Planeta, Barcelona: 2013). Terminado de leer el 31/1/14. Aquí hay una reseña
5. Verne, Julio, La isla misteriosa (Molino, Barcelona: 1959). Terminado de leer el 10/2/14. Aquí hay una reseña.
6Priapeos, Grafitos amatorios pompeyanos, La velada de la fiesta de Venus, Reposiano, El concúbito de Marte y Venus, Ausonio, Centón nupcial (Gredos, Madrid: 1981). Terminado de leer el 11/2/14. Aquí hay un pequeño comentario.
7. Lluís, Juan-Lluís, Les cròniques del déu coix (Proa, Barcelona: 2013). Terminado de leer el 12/2/14. Aquí hay una reseña.
8. Carpentier, Alejo, Los pasos perdidos (Bruguera, Barcelona: 1980).Terminado de leer el 20/2/14. Aquí hay una reseña.
9. Foenkinos, Davis, La délicatesse (Gallimard, s.l.: 2009). Terminado de leer el 25/2/14. Hay una reseña aquí.
10. Nietzsche, Friedrich, Aurora (José J. de Olañeta, Barcelona, 1978). Terminado de leer el 14/3/14.
11. Orwell, George, 1984 (Debolsillo, Barcelona: 2013). Terminado de leer el 15/3/14.
12. Byatt, A. S. El libro negro de los cuentos (Alfaguara, Madrid: 2007). Terminado de leer el 17/3/14. Aquí hay una reseña de uno de los cuentos.
13. Mérimée, Prosper, Colomba (Librio, París: 1997). Terminado de leer el 26/3/14. Aquí hay una reseña.
14. Delibes, Miguel, La mortaja (Alianza, Madrid: 1995). Terminado de leer el 28/3/14. Aquí hay una reseña.
15.  Fowles, John, La mujer del teniente francés (Argos Vergara, Barcelona: 1982). Terminado de leer el 11/4/14. Aquí hay una reseña.
16. García Márquez, Gabriel, El coronel no tiene quien le escriba (Alianza, Madrid: 1993). Terminado de leer el 27/4/14.  Aquí hay una reseña.
17. Truyol, Tomeu, Llibre d'amorg (Arrela, Maó: 2014). Terminado de leer el 1/5/14. Aquí hay una reseña.
18. Woolf, Virginia, Orlando (Edhasa, Barcelona: 1999). Terminado de leer el 12/5/14. Aquí hay una reseña.
19. Márai, Sándor, La mujer justa (Salamandra, Barcelona: 2005). Terminado de leer el 17/5/14. Aquí hay una reseña.
20. López Casasnovas, Joan F. Caragols dels jorns (Eliteprint, Ciutadella de Menorca: 2014). Terminado de leer el 1/7/14. Aquí hay una reseña.
21. Benet i Jornet, Josep M. E.R. (Edicions 62, Barcelona: 2011). Terminado de leer el 20/7/14. Aquí hay una reseña.
22. Proust, Marcel, Du côté de chez Swann (Gallimard, s.l.: 1975). Terminado de leer el 31/7/14. Aquí hay una extensa reseña.
23. Haffner, Sebastian, Historia de un alemán (Destino, Barcelona: 2005). Terminado de leer el 24/8/14)
24. Salord, Maite, L'alè de les cendres (Arrela, Maó: 2014). Terminado de leer el 25/8/14. Aquí se remite a una extensísima reseña.
25. Luca, Erri de, Il peso della farfalla (Feltrinelli, Milán: 2009) Terminado de leer el 3/10/14.
26. Clarín, Leopoldo Alas, La Regenta (Espasa-Calpe, Madrid: 1984). Terminado de leer el 10/10/14.
27. Flaubert, Gustave, Madame Bovary (Gallimard, s.l.: 2001). Terminado de leer el 16/10/14.
28. Munro, Alice, Mi vida querida (Lumen, Barcelona: 2013). Terminado de leer el 25/10/14. Aquí hay una reseña.
29. Conrad, Joseph, El corazón de las tinieblas (519, s.l.: 2012). Terminado de leer el 10/11/14.
30. Mouawad, Wajdi, Anima (Babel, Montréal: 2012). Terminado de leer el 25/11/14. Aquí hay una reseña.

martes, 25 de noviembre de 2014

Stefan Zweig, Las hermanas

Zweig, Stefan, Las hermanas (Quaderns Crema, Barcelona: 2011)
Un relato corto de Stefan Zweig, autor de otra obra de la que ya publicamos aquí una reseña.
El argumento es sencillo: es la historia de dos hermanas gemelas, Helena y Sophia, de caracteres opuestos y heredados respectivamente de sus padres: Helena es desmesurada como su padre y Sophia, virtuosa como su madre.
Destacaremos varias notas:
  • La historia se presenta a partir de dos narradores internos. Mejor explicado: un narrador interno de resonancias cervantinas (En algún lugar en una ciudad meridional, cuyo nombre preferiría no mencionar, me sorprendió [5]) topa con un edificio coronado por dos torres gemelas y, curioso, interroga al respecto a un ciudadano de rojas mejillas que en aquel preciso instante tomaba un vaso de vino del color de la paja en la terraza de un pequeño café (5). Éste último será quien cuente la historia de las dos hermanas. Véase  la frase final del relato: el pueblo... no quería olvidar la indecorosa leyenda de las dos hermanas iguales-desiguales que me contó aquel honrado ciudadano a la luz de la luna de medianoche, puede que un poco animado por el vino (61). Dos notas al respecto: 1ª) Los dos narradores están insertos uno en otro o, más bien, el segundo dentro del primero en una estructura como de muñecas rusas. 2ª) El motivo del vino, pesente simétricamente al principio y al final del relato e incluso como palabra última sugiere que parte o todo el contenido del relato puede haber sido mera invención del segundo narrador.
  • Las dos hermanas gemelas, Helena y Sophia -¿por qué no Sofía si el autor se llama Stefan y no Stephan?- se caracterizan opuestamente a partir de sus nombres: Helena en referencia a la de Troya  y su belleza, que la lleva a la perdición; Sophia, desde un rasgo interior, la sabiduría que, en este caso, se traduce en sensatez. Se emparentan así con pares de hermanos opuestos, gemelos o no: Caín y Abel, Jacob y Esaú, Eteocles y Polinices, Rómulo y Remo...
  • El comportamiento de una y otra es opuesto: Helena vende su cuerpo por dinero, regalos, lujo; Sophia se dedica a la caridad. Aparte de dar juego para la confusión y que quienes gozan a la primera quieran también gozar a la segunda, tal oposición lleva quizá al tema del Doppelgänger, del doble, del desdoblamiento. En tanto gemelas se les puede puede atribuir una misma personalidad desdoblada como la del doctor Jekyll y Mr. Hyde, o Superman y el tímido periodista Clark Kent...
  • Es significativa la prueba a que se somete Sophia en exceso confiada en su castidad y cuyo resultado es el que espera Helena: sustituye a ésta segura de no caer en brazos de un galán y, sin embargo, cae. La idea que subyace es la fragilidad de todo pero por fin va a darse un final en doble dirección: en primer lugar, con esa victoria del vicio; en un segundo tiempo, con una vuelta de tuerca a base del arrepentimiento de las dos hermanas y la victoria de la virtud; de ahí ese edificio del principio con las dos torres y en el que las dos hermanas se gastan todo lo que habían ganado.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Julio Cortázar, Rayuela, IV (El viaje, II)

Ya en la anterior entrada tratamos de la rayuela entre otros motivos en relación con el viaje y apuntábamos cómo la novela podía leerse como un viaje en dirección a la Maga. Ahora intentaremos mostrar cómo también se puede entender como viaje por dentro de la rayuela e incluso como viaje hacia la rayuela. En efecto, el mismo hecho de la segunda lectura de Rayuela dando saltos da idea del juego, de un moverse por una inmensa rayuela: saltos laterales, saltos hacia atrás... Pero además, el objetivo es llegar precisamente a esa rayuela que está en el capítulo 56 o último. Dicho de otra manera: se viaja por la rayuela para llegar a la rayuela.
¿Cuándo aparece citada por primera vez la rayuela?: habían empezado a andar por un París fabuloso... deteniéndose en las placitas confidenciales para... mirar las rayuelas, los ritos infantiles del guijarro y el salto sobre un pie para entrar en el Cielo (4). La cuestión es si ése, el viaje al Cielo, será el mismo viaje de Oliveira. Más bien será al contrario. Dos notas al respecto:
  • Se conoce como nekya el descenso a los infiernos. Es abundante en mitología y literatura: bajan a los infiernos Orfeo para rescatar a Eurídice, Ulises para hablar con sus compañeros, Jesucristo antes de resucitar, Dante acompañado de Virgilio, don Quijote en la cueva de Montesinos... Y Oliveira en el capítulo 36, que contiene el episodio con la clocharde Emmanuelle, ya anunciado por su paseo nocturno con Berthe Trépat en el capítulo 23. Se puede entender como nekya porque: a) bajo el puente: A
  • En el capítulo 54 hay una comparación explícita con la nekya de Orfeo: (Oliveira) estaba en su pequeño, cómodo Hades refrigerado, pero no había ninguna Eurídice que buscar (54).
Dejamos en la anterior entrada algunas notas dispersas para la presente:
  • A veces Oliveira y la Maga viajan: nos íbamos en bicicleta a Montparnasse, a cualquier hotel, a cualquier almohada (1) sin que de ello se siga que la posesión física de la Maga sea, como ya dijimos en la anterior entrada, alcanzar el último destino, su posesión total.
PARÍS:
NEKYA
BUENOS AIRES
París, Maga,

Viaje a París que no acaba cuando se ha llegado: París es un centro, entendés, un mandala que hay que recorrer sin dialéctica, un laberinto donde las fórmulas pragmáticas no sirven más que para perderse. Entonces un cogito que sea como respirar París, entrar en él dejándolo entrar, neuma y no logos (93).



 de ahí el juego con el nombre de su doble Traveler (37) y sus implicaciones irónicas: Traveler gruñía y hacía un elogio insincero del patio con geranios, el catre y el no te salgás del rincón donde empezó tu existencia (37)
Traveler Traveler está triste y piensa que nunca ha viajado (37)

lunes, 17 de noviembre de 2014

Aiden Ashley: otro paseo por su cuerpo

Hace ya casi dos años que prometí no volver a Aiden Ashley. Y desde entonces he vuelto a ella otras tres veces: bien comparándola con otras, bien junto a mi también admiradísima Sinn Sage, bien hablando de la mitad inferior de su cuerpo comparado a la mitad inferior de esta última.
Vuelvo, pues, a Aiden Ashley, que anda ya - o aún, por los veinticinco años. ¿A que tiene una cara angelical? Véasela en la foto de la izquierda: niña buena, natural, y ese cutis tan blanco...
Bueno, pero se le puede ver un poquito más. Aún da más de si antes de entrar en sus desnudeces totales. Ahora, a la izquierda una foto decente de su mitad superior en actitud de quitarse la blusa. Perfecta: lisa de vientre, cuerpo bien presentado para el posado, pechos de tamaño suficiente... Y se le disculpa el color Cuaresma de los sostenes porque, al parecer, le hacen juego con la blusa. La conclusión provisional no puede ser otra: cara perfecta y perfecta de cadera hacia arriba. Permite, incluso, plantear la hipótesis de que todo lo demás que le encontremos seguirá siendo perfecto.
Avancemos: se cumple la expectativa. Coloración de la piel uniformemente blanca. Pies bonitos. Brazos y piernas bien contorneados. Pechos bonitos. Y, sobre todo, culo pluscuamperfecto en el sentido etimológico del término: mejor acabado no podría estar. Como que alguien que tuviera el privilegio de observarla así dudaría si situarse debajo de ella y agarrarla o encima y montarla. Y en ese segundo caso se repetiría la duda: si penetrarla por el conducto correcto o ensayarle lo que las Glosas Silenses llaman sodomitico more.
Y ahí vamos a dar a la principal virtud de la muchacha, a su rechazo de todo varón. Así se sitúa a la altura de la donna angelicata de la lírica renacentista italiana; y doblemente: por su cara angelical y por inalcanzable. Y es inalcanzable, ya lo hemos insinuado, porque es lesbiana: apréciese en la foto de la derecha cómo, mientras con una mano se acaricia el pecho, con la otra se mantiene abierta la flor para la chupada correspondiente.
Luego está su otra vertiente, la de exhibicionista, que gusta de abrir las piernas con la sola intención de mostrar todo el puturrú en plan niña traviesa como en la foto de la izquierda. Y la de pajillera, aunque, en los vídeos, le sale mucho mejor cuando lo hace al natural que cuando lo hace con esquema. Por fin diremos que tiene un solo fallo y es el afeitado del pubis, porque esta hembra adornada con una mata de pelo negro contrastándole sobre la piel del vientre...

jueves, 13 de noviembre de 2014

Camilo José Cela, Viaje a la Alcarria

Cela, Camilo José, Viaje a la Alcarria (Espasa-Calpe, Madrid: 1967)
Curiosa la versatilidad del autor que sabe tocar, y bien, palos tan dispares como esa novela tremendista con toques picarescos que es La familia de Pascual Duarte en 1942 para, pasando por el cuaderno de viajes que nos ocupa en 1948 ir a parar a una obra de signo rupturista como La Colmena en 1951 y a otros muchos lugares después. Quizá sea así como se trabaja un premio Nobel.
En cuanto al Viaje a la Alcarria es exactamente eso, la descripción del recorrido, casi siempre a pie y después de haberse apeado del tren en Guadalajara, desde ahí hasta Pastrana. Curiosidades en el texto las hay a montones:
  • Que el autor, a imitación de César, hable de sí mismo en tercera persona: El viajero sigue, con su morral a costillas, carretera adelante (45). Con lo cual estamos ante una narración autobiográfica en tercera persona. Y nótese la curiosidad de que La familia de Pascual Duarte, en cierto modo, había estado en el punto opuesto, esto es, era una pseudoautobiografía en primera persona.

domingo, 9 de noviembre de 2014

John le Carré, El topo

le Carré, John, El topo (Bruguera, Barcelona: 1981)
En algún lugar de mi blog se dice que esta novela es una de mis cuatro lecturas preferidas. Porque, efectivamente, lo es. Y es un buen recurso para lo que, a lo cursi, llamo momentos de tribulación. ¿Qué hacer si el cerebro se le aleja a uno de sus derroteros?: quizá lo más útil sea jugar al dominó y, a base de calcular y recalcular fichas, volver a poner el cerebro en orden. Pero ¿qué hacer si, además, uno no tiene ganas de ver a nadie ni, por tanto, de jugar a dominó? Puede leer y traducir a los clásicos, y así lo empecé a hacer traduciendo el principio de la Apología de Sócrates, la de Platón, hasta acabar harto de ver participios o de oír a Sócrates llorar sobre que si él no habla bien sino que se limita a decir la verdad: lo que se reiría Nietzsche al leer tanta mariconada. Y el recurso final, para esos momentos de tribulación, digo, es volver a Le Carré, sobre todo al ciclo de Smiley y Karla. Y ya que estoy: apreciable la labor de la editorial Bruguera, en su tiempo, para la difusión de absolutamente todo.
Hablaba de volver a Le Carré. Y al ir leyéndolo, que llegue un momento en que uno se dé cuenta de que no sólo está pendiente de la intriga sino que está actuando como si se tratara -y ello no es falta de respeto- del mismísimo Quijote e ir buscando paralelismos y recurrencias en la arquitectura de la novela. Así por ejemplo, el comienzo lateral con la llegada de Jim Prideaux al colegio Thursgood sirve para introducir, de forma casi subrepticia, el tema de la infidelidad: Seis años atrás, poco antes de que súbitamente el padre de Thursgood se fugara con una recepcionista del hotel Castle... (15). Esa infidelidad anuncia el eje central de la novela, la infidelidad de Bill Haydon que, en tanto topo, pasa los secretos ingleses a los rusos. Pero infidelidad parecida la hay en el plano conyugal del protagonista George Smiley cuya mujer, coleccionista de amantes (5) en resumen de Carlos Pujol en la breve introducción, mantiene también una relación con el topo. Y a la inversa: cuando Jim Prideaux, que es quien sufre en sus propias carnes el doble juego del topo, llega a Thursgood, establece una estrecha relación con el alumno más aislado, Bill Roach, que se mantiene hasta el párrafo final de la novela cuando éste ayuda a Jim en sus ocupaciones. Fidelidad, pues, entre ambos, opuesta a la infidelidad anterior. Y no creo casual que tanto el traidor como este niño se llamen Bill: mismo nombre para opuesta caracterización. Ni casual es tampoco que en la última página el niño crea que Jim Prideaux ocupe su tiempo en cosas sin importancia (408) como remendar las redes de las porterías de fútbol (409); es metáfora de la labor de George Smiley tras el descubrimiento del topo: remendar las redes de espionaje que han quedado deshechas. Y fidelidad la hay también cuando Smiley, a pesar de que han prescindido de sus servicios en el servicio secreto, sigue siendo fiel a éste y se hace cargo de toda la investigación que llevará a desenmascarar al topo.
Y la intriga... No es una novela de espionaje a lo James Bond o Frederick Forsyth con acción y cambios continuos de espacio para deslumbrar al lector: a lo sumo, los episodios que hacen saltar las alarmas sobre la existencia de un topo, la estancia de Tarr en Hong Kong y la misión frustrada de Jim Prideaux en Checolovaquia. Lo demás, labor de despacho, de lectura de expedientes o interrogatorio para ir tirando del hilo. Y sin que se haga pesado, manteniendo constante la tensión.
Karla: ése va a ser el antagonista, más que el enemigo, de George Smiley en Moscú. Y aquí se produce su primer encuentro en forma de flash back: es en la prisión de Delhi. Smiley acude a ofrecerle cambiar de bando porque lo más seguro es que, si vuelve a Rusia, lo fusilen y Karla no le contesta una sola palabra. Pero hay un detalle: Smiley le ofrece tabaco, Karla no lo acepta pero cuando se marcha se lleva el mechero de Smiley, que era un regalo de su esposa: En circunstancias normales jamás le hubiera permitido que se llevara mi encendedor. Pero aquéllas, no eran circunstancias normales (238). Y el mechero actuará como prenda, como lazo de unión entre ambos porque volverá a aparecer en la última de las novelas de la serie, La gente de Smiley.
Y otros detalles curiosos como la forma en que Smiley se limpia las gafas con la corbata cuando está interrogando a alguien. O el robo de la correspondencia en Thursgood: primero el niño ve a su admirado Jim robar una carta dirigida a otra persona en la sala de profesores y mucho más tarde el narrador nos hace saber que es un procedimiento de Jim para verificar si su correspondencia está vigilada: éste echa a un buzón dos cartas simultáneamente, la una dirigida a sí mismo y la otra a otro profesor; si llegan al mismo tiempo es que su correspondencia no está vigilada.
En resumen, es una buena novela y espero que Le Carré ocupe ya un buen puesto en la historia de la literatura inglesa.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

sábado, 1 de noviembre de 2014

Paul Auster, El palacio de la Luna


Auster, Paul, El Palacio de la Luna (Anagrama-RBA, Barcelona: 2009, 1ª de 1989 en inglés):
Bajo una historia que mezcla elementos de saga familiar, roadmovie, viaje iniciático... se notan diversos niveles de significación que, desde lo más formal, la palabra, hasta el plano del contenido o sentido de la novela, pueden ser los siguientes:
1º) Una línea nominalista que corre desde el Cratilo de Platón hasta El nombre de la rosa de Umberto Eco. Quizá un lector común capte el juego de palabras que se da en mi compañero de cuarto se llamaba Zimmer (p. 26) o incluso en una nota de derrota en las palabras de Víctor (p. 28), pero si ignora la letra pequeña del santoral no verá otra ironía, la de la frase me encontré a una prostituta delgada... que se llamaba Agnes (p. 30), porque Santa Inés es la adolescente romana obligada a vivir en un prostíbulo y, a pesar de ello, muere virgen. A veces el mismo autor explica el juego de palabras: el padre del protagonista es un calvo que se apellida Barber (p. 247) y, profesor de universidad, tiene como nombre de pila Solomon, el sabio rey de los hebreos, abreviado en Sol, palabra antigua que significaba sol... y que en francés [...] quería decir suelo. Le intrigaba pensar que él pudiera ser a la vez el sol y la tierra (256). Muchas veces el juego de palabras llega a tal complejidad que requiere la explicación del autor y así, el nombre del protagonista, Marco Stanley Fogg (pp. 16-17) alude a su capacidad viajera a partir de Marco Polo; Stanley, el que buscaba en África al doctor Livingstone; y Fogg, procediendo del alemán Vogel, pájaro, o aludiendo al Phileas Fogg que protagoniza La vuelta al mundo en ochenta días de Verne.
Queda claro que esos juegos de palabras no van a ser gratuitos y quedarse en lo meramente formal: alguna relación guardan con el nivel del contenido por el principio de la solidaridad entre las diversas partes del texto, no en vano texto es participio fuerte del verbo tejer y, en una buena novela, todo debe quedar bien entretejido, entrelazado. Así, el nombre de algún personaje como el del protagonista va a marcar su destino viajero igual que el del tío Víctor va a marcar por ironía el de su derrota vital. Además, en un nivel superior, el libro, en tanto conjunto de palabras, corre paralelo a la suerte del protagonista: éste tiene como único mobiliario en su apartamento las cajas de libros heredadas del tío Víctor y tendrá que desproveerse paulatinamente de ellos hasta tocar su punto más bajo al quedarse sin la biblioteca familiar (cap. I). Pero luego se recuperará al conseguir trabajo como lector de todos los libros del ciego Effing, que luego resultará ser su abuelo; de este modo recuperará, por así decirlo, la biblioteca familiar (cap. III).
2º) Un desarrollo del argumento consistente, a su vez, en el desarrollo de diversos temas entremezclados:
La trayectoria vital del protagonista consistente en constantes cambios de fortuna: de la ruina inicial en sus tiempos de estudiante, que le lleva a dormir en Central Park de Nueva York, pasa a recuperarse trabajando para Effing, a cuya muerte heredará un pequeño capital que gastará con su novia Kitty; tras ello pasará a buscar, por encargo de Effing, al hijo de éste que, resultando ser su padre, morirá dejándole otro capital que le robarán del coche.
La saga familiar frustrada: la novela se va a convertir en una historia de una familia de la que, cronológicamente, forman parte el ciego Effing, el abuelo; el padre Solomon Barber; el protagonista E.S. Fogg. Pero no se da ningún reconocimiento entre ellos: el abuelo muere ignorando que quien trabajaba para él era su nieto y éste sólo con la muerte de su padre Solomon sabrá que éste y Effing eran sus antepasados. Además, la descendencia del protagonista queda frustrada por el aborto de Kitty.
Un viaje constante: la luna actúa como emblema de la novela en tanto ésta comienza el verano en que el hombre pisó por primera vez la luna (p. 11) y termina con el protagonista mirando la luna en el Pacífico; hay otras muchas referencias a la luna como el restaurante chino el Palacio de la Luna donde tienen lugar sus encuentros con Kitty, la fijación con el viaje a la luna de Cyrano de Bergerac o el hecho de que venda su último libro el mismo día en que los astronautas llegan a la luna (p. 41). Pero siendo la luna un destino imposible, el protagonista viajará hacia el oeste repitiendo un viaje ya efectuado por su abuelo, que buscaba espacios para pintar, y por su padre, que había huido tras cometer estupro con una alumna.
3º) Una estructura mítica que recubre todo el argumento:
La nekya: la trayectoria descendente inicial del protagonista tras perder a su familia y los libros está concebida como una nekya o descenso a los infiernos como los de Ulises para ver a sus compañeros de armas, Orfeo para rescatar a Eurídice, Jesucristo antes de resucitar, Dante de la mano de Virgilio, don Quijote a la cueva de Montesinos... Queda explícito en el texto (mi regreso al mundo de los vivos [p.107]) y, tras salir de ese infierno de la mano de Kitty –en inversión del mito de Orfeo y Eurídice-, volverá a recuperar, aunque sin saberlo, a su familia. Si se nota además que el punto más bajo de la trayectoria se da en su época de homeless en Central Park, resultará que el infierno estará ubicado irónicamente en el locus amoenus de la literatura clásica (jardín de Alcínoo en la Odisea, Bucólicas de Virgilio, poesía pastoril de Sannazzaro o Garcilaso...). Además, tras esa resurrección, sufrirá un aprendizaje de la mano del ciego Effing, su abuelo, semejante al de Lázaro de la mano del ciego en el Lazarillo, no en vano citado en el texto (p. 71) y según la tópica del sabio ciego (Tiresias, Homero, Borges...).
La telemaquia y Edipo: tras la muerte de Effing, éste le encarga la búsqueda de su hijo Solomon; el protagonista parte para ello al oeste para encontrarlo del mismo modo que Telémaco parte en busca de Ulises. Reunidos, irán al encuentro de la madre, como en el mito, porque el protagonista propone visitar la tumba de su madre ignorando aún que Solomon es su padre. Ante la tumba y al ponerse a llorar el padre se produce la anagnórisis -o reconocimiento- por parte del hijo que, avergonzado de su padre, le empuja provocándole la muerte como en el mito de Edipo porque, en realidad, está celoso de que Solomon llore también a la madre.
El viaje al oeste: tras ello el protagonista prosigue viaje al oeste hasta llegar al Pacífico, su finis terrae, pero repitiendo tantos otros viajes míticos en esa dirección: a las islas de los bienaventurados en Hesíodo, a la isla de san Brandán en la mitología celta, a Avalon en el mundo artúrico, al lugar de retiro de los elfos en El señor de los anillos.