Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 16 de octubre de 2014

Maite Salord, L'alè de les cendres, X: temas generales, la lengua

El Atlante
(La presente entrada es continuación de esta otra)
4. Temas generales:
Amor, guerra y sus derivados -dolor, recuerdo, añoranza- son los temas predominantes de la novela. Ya hemos insinuado cómo amor y guerra alternan equilibradamente: por ejemplo, al encuadrar la muerte de Marià entre las escenas de entrega y recogida de ropa entre Pepa y Joan (segundo capítulo de 1936); o al presentar a continuación del capítulo centrado en el odio de Salom (el último de 1936) otro dedicado al amor familiar como queriendo absorber ese odio (1937). Por lo demás, como ya se han ido repartiendo de forma dispersa apreciaciones de todo tipo, ahora nos centraremos sólo en aspectos puntuales:

4.1 El amor:
Sólo dos notas:
1ª) Es impresionante la escena, personalmente de lo mejor de la novela, en la que Pepa ama a Joan a través de la ropa de éste que le dan a lavar. Primero se da una idea de su suciedad: la brutor s'anava fent insoportable. Encara duien la mateixa roba de la nit que els van anar a treure de casa (142). Luego se expone la reacción de Pepa al recibirla: Na Pepa s'abraçava al bolic que duia entre el braços [...] li van retornar la roba que havia tocat la pell de l'home. Un feix que, en ser a casa, va abraçar entre llàgrimes [...] El revivia a través del tacte i l'olor de camises i calçons [...] Na Pepa esperava el darrer dia per posar-ho en remull [...] Sabia que, al cap d'uns instants, ja no quedaria res del marit [...] Enyorava en Joan amb desesperació i s'havia de conformar a tenir-lo entre la roba mastegada (161). Más tarde vendrá la reacción semejante de Joan al recibir la ropa limpia: Va ensumar profundament l'olor de la roba neta, com si així pogués omplir-se de les presències que tant enyorava. Es va atracar una camisa a la cara. Va tancar els ulls. Hi va enfonyar el rostre. Durant uns segons que no el deixaren respirar. Les mans de na Pepa que l'havien rentada, estesa i plegada, li acariciaven els ulls, el nas, la boca (173). Ya se ha dicho antes que ambos momentos conforman un sucedáneo de acto sexual. Aunque no creemos necesario justificarlo, diremos que en el cancionero popular castellano abundan hasta la saciedad muchachas lavando camisas y pañuelos de sus novios, e interpretaciones amorosas y sexuales, a partir del proceso de sinécdoque o metonimia, en el sentido de que actuar sobre la ropa es actuar sobre el novio que ha estado en contacto con la camisa o abrigado en ella; un ejemplo: Un día llegará / en que tu ropita y la mía / vayan juntas a lavar. Ahora bien, en el caso que nos ocupa la lectura va más allá de lo sexual o del amor conyugal para alcanzar el filial. En efecto, Dèlia, que emite sus Vibracions instalada en los sentidos, no puede sino evocar el olor de la ropa de su padre: La roba estesa. Al pati. La roba del pare. Com si fos a casa. [...] Amagar el rostre dins la camisa humida. Jugar amb els camals gastats del calçons. Olor de net. De vida[1] (215). Y lo mismo ocurre cuando Pepa ve el abrigo de su padre, del que no se tienen noticias: Al penjador de l’entrada, l’abric de n’Antonio. La filla el va acariciar amb la punta dels dits (251). Y volviendo a Pepa con su marido hay que notar que repite el gesto incluso la noche que muere de celos: va enfonsar el cap dins el coixí d’ell. El va respirar fins que gairebé es va ofegar (311); y, de forma parecida, cuando él vuelve a estar preso: passava la mà per la bata d’en Joan (332). Por fin, también Dèlia repite un gesto de valor simbólico parecido cuando, en el tranvía, acaricia el papel que envuelve su vestido de novia: vaig acariciant, una vegada i un altre, el paper sedós que el cobreix (66).
2ª) A nuestro parecer se da un exceso de armonía familiar sobre todo alrededor del matrimonio entre Antonio e Isabel, cuyas figuras parecen idealizadas: l’avi tenia sempre l’emoció als ulls. Quan sentía les rialles dels néts. […] O quan l’avia Isabel l’abraçava. Em sembla, amic meu, que mai no el vaig veure enfadat. Mai una paraula més alta que l’altra (179). Bien es cierto que la cita se corresponde a un recuerdo de infancia de Dèlia y puede haberse dado un proceso de deformación. Pero hay otros detalles como la sonrisa ya citada de Isabel al morir; o la visión de Antonio como un home temerós de Déu[2], que els havia ensenyat a estimar i a respectar la seva paraula (282) que, si bien no tiene nada que objetar, no nos acaba de cuadrar con su formación militar por más que su ingreso en el ejército fuera por su afición a la música. Sea como fuere, a mayor armonía y felicidad familiar mayor efecto producirá en el lector su quiebra al irrumpir la guerra y, de este modo, tal lector vendrá a confluir, en última instancia, con la impresión que una y otra vez nos comunica Dèlia desde sus once años. Más aún: esta visión nos sugiere una nueva lectura de la novela en términos de anticlímax / clímax / anticlímax o, mejor aún, orden inicial / desorden producido por la guerra / reordenación del mundo interior de Dèlia.

4.2 La guerra:
Otros dos detalles:
1º) Asistimos al peor aspecto de la guerra. En efecto, salvo la presencia de Lluís en la batalla del Ebro, la novela trata de la guerra oculta, de retaguardia. Nos referimos a que, en el frente, el enemigo es visible y está situado. Aquí, en cambio, el enemigo está al acecho, se sabe quién es -y no siempre como en el caso de los cuatro muchachos refugiados en la zapatería- pero de ningún modo se sabe cuándo, dónde, cómo y ni siquiera por qué, en el caso de Marià o incluso Mateu, se va a presentar. De ahí el miedo, la inseguridad, la angustia de no ser dueño de su propio destino… y lo que, más bien por impresión personal, se nos antoja una separación de los personajes por sexos: mientras los hombres –Joan, Antoni, Ramon, Lluís- tienden más bien a anclarse en convicciones ideológicas, las mujeres –Isabel, Pepa, Lola, Dèlia- quedan sometidas a una fuerte tensión interior entre su capacidad para amar y su capacidad para sufrir.
2º) La acción principal transcurre en una de las dos zonas en conflicto, Mallorca. Sin embargo, se intenta contrapesar mediante la visión de la otra zona con la presencia de Ramon Guerrero en Menorca, hacia donde ya hemos dicho que tiende a bascular la novela. Allí tiene conocimiento de la misma violencia en una página donde de lo que se trata no es de bandos sino de la guerra como horror: en Ramon també va viure la tragèdia, des de una perspectiva inversa però igualment dolorosa (197); por eso se presenta el conocido episodio del metrallament massiu de presos al pati de la fortalesa de la Mola (197) y se cita El vaixell Atlante [...] utilitzat, també, com a presó (197) en paralelo, respectivamente a las matanzas  en Mallorca y al uso allí del barco Jaime I como prisión en la que está Antoni.

5. La lengua:
Un tópico tal como que si la riqueza de la lengua o similar no sabemos decirlo y, además, para justificarlo necesitaríamos hacer un análisis de frecuencias por ordenador. Así, nos limitaremos a un par de apreciaciones sobre recursos retóricos aunque… para que no se diga, sí, vamos a decir algo de la lengua y, además, lo vamos a decir a la ligera y desde un cierto desconocimiento de la dialectología del catalán. Vayamos a la p. 127 con Dèlia hablando en su Vibració IV: El bòtil verdós […] es barregen. Vamos ahora a p. 158, esta vez con Dèlia en su Vibració V: no us hi mescleu. Es una apreciación parecida a otra que ya le hicimos a la autora acerca de la alternancia És clar / Esclar en La mort de l’ànima. No es una cuestión de normativa sino de idiolecto: si Dèlia se instala lingüísticamente en el menorquín (bòtil) por qué usa el verbo barrejar si tiene mesclar?
Poco importa si lo que en este apartado queríamos es detenernos en el que nos parece uno de los momentos más logrados de obra. El siguiente: Enyor el pare. Enyor la meva vida. Plàcida. D’anar i venir de la barberia a casa dels avis. A casa de les cosinas. D’aigua de mar i llibretes de cal·ligrafia. De la música del avi. De les històries de l’àvia. On és. On és tot allò que han fet desaparèixer de cop (127). Una recreación explícita - On és. On és- del tópico del Ubi sunt. Y mucho más: véanse las repeticiones en anáfora (Enyor / Enyor) o en epifora (avi / àvia). O la cópula caótica aigua de mar i llibretes de cal·ligrafia
Podríamos, claro, rastrear recursos retóricos aquí o allá y ya antes nos hemos detenido en la aliteración remor de la mar que, además, es una aliteración motivada en el sentido de que quiere sugerir el rumor del mar. Y lo dicho: no vamos a presentar un catálogo de recursos retóricos sino sólo a detenernos en una antítetis tal como vestida de blanc. Nua de blanc (94): antítesis semántica superpuesta a simetría sintáctica. Y sirve para ilustrar un principio básico del comentario de textos: si un recurso retórico no sirve para nada, no es un recurso retórico. Y aquí sirve: como que llega a ser un eufemismo, en un sentido positivo del término, porque sabe concentrar en sólo seis palabras toda la noche de bodas de Josep y Dèlia.
(Por último, recordamos al autora lo poco adecuado del eucaliptus en el cementerio: Llorers i eucaliptus ombregen les tombes (129 cf.: Només llorers i xiprers [153])
(Continúa aquí)




[1] Una segunda lectura con detención en detalles como hundir la cara en la camisa o jugar con las perneras de los pantalones lleva a la lectura en clave de incesto que llevamos rato sugiriendo. Además, compárese, en relación con ese hundir la cara en la camisa, la expresión referida al padre (enfonyar el rostre) y a la hija (amagar el rostre).
[2] Hay una errata en el acento de Déu.

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