Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 12 de octubre de 2014

Maite Salord, L'alè de les cendres, IX: los capítulos líricos

(La presente entrada es continuación de esta otra)
3. Los capítulos líricos:
Ya se ha dicho a propósito de la Obertura que las Vibracions tienen a su cargo el complemento lírico de la historia. Partimos de clasificaciones al uso de géneros literarios y, así, por lírico queremos decir: 1º) Que sin llegar al extremo de presentarse el texto en forma de verso, se da un predominio de la función estética del lenguaje sobre la función representativa, predominante en los capítulos narrativos; simple botón de muestra sería el subtítulo de la Vibració I, La remor de la mar, de tipo aliterativo aun sin pronunciar, al modo balear, las vibrantes simples fínales: véase que no contiene ni una sola consonante fricativa, oclusiva ni africada[1]. 2º) Que, también de modo predominante, expone el mundo interno de Dèlia, sus sensaciones y sentimientos, y de ahí el uso de la primera persona.
Ello nos exige otro tipo de análisis de esta zona del texto. En concreto lo centraremos en sólo dos aspectos: esas sensaciones que expone Dèlia; y el tratamiento del tiempo porque es peculiar al no depender del mismo narrador responsable de los capítulos narrativos.

3.1. Las sensaciones:
Ha quedado dicho que la Obertura era una expansión de sensaciones, de alusiones a los cinco sentidos. Así penetrarán en las Vibracions dando cuenta de los subtítulos: sensaciones auditivas (I: La remor de la mar; VI: La música dels arbres); olfativas (III: L’olor de la primavera; XI: Perfum de tombes blanques); cromáticas (V: Cel color de sang; IX: Blau de tardor); y táctiles a partir de la temperatura (II: Nit gélida de febrer; VII: La cremor de l’estiu).

3.1.1. Silencios y sonidos:
Ha quedado también dicho que uno de los motivos recurrentes de la novela es el silencio y que uno de sus temas centrales es su superación; y que eran Dèlia y su padre quienes encarnaban ese tema. Ahora, en este apartado y con relación a las sensaciones auditivas, podemos ampliar el enfoque y decir que la novela no es sólo un recuperar la palabra sino: bien un llenarse de sonidos, y de ahí el papel de la música; bien una tensión entre silencio y sonido; bien una tensión entre órdenes diferentes de sonidos, y con ello nos referimos, por ejemplo, al contraste entre la veu maravellosa del fills i la petita Dèlia, que ja havia començat amb les lliçons de piano (117) y la frase, sólo dos páginas más allá, Nuestro espíritu tiene que ser servido por la acción (119): voces infantiles y sonido de piano aplastados por retórica falangista de clara inspiración joseantoniana[2].
De hecho Dèlia enlaza con su padre a partir del silencio en el sentido de que, al llegar a Menorca casada, su estado inicial es el estado final de su padre. Se contenta con su vida cotidiana pero aún así ésta se tiñe de rasgos negativos –El temps buit […] La soledat (95)- y, entre ellos, ese silencio que sólo se romperá mediante conversaciones con la anciana Taltavull: Venia cada dia […] a parlar del temps i de les plantes del pati. De mi. Va ser l’única persona que, en aquell temps, va saber de la meva vida. Notava que m’entenia els silencis (96). Esa mujer, a la que la familia considera només una boja y a la que, a su vez, había enterrado Sota feixugues capes de silenci, adquiere valor en varias direcciones: encarna el tópico del loco lúcido al estilo de don Quijote o del borracho que vaticina el destino a Edipo en Edipo rey; como confidente, enlaza explícitamente con la abuela Isabel: Enyorava l’àvia Isabel. Amb els mateixos cabells blancs; y, a través de ese rasgo de confidente, al hablar y escuchar a Dèlia rompiendo su silencio, la dota de palabra y prefigura al enterrador, ese confident inesperat al final del temps (121).
Ya se ha insinuado el papel de la música en relación con el silencio. Diremos que, lateralmente, son el abuelo Antonio y su hijo Mateu quienes sostienen el tema a lo largo de la novela. Y es por medio del abuelo como pasa a Dèlia por ejemplo cuando ésta evoca, a partir del cant dels ocells que habiten els arbres espessos del cementeri (180), la música de la harmónica de vint forats (179) que aquél le había entregado: Té, vull que me la guardis mentre jo no hi sigui (180). Ya se ve cómo más que un regalo la entrega de la armónica adquiere para el abuelo un carácter de prenda, algo que marca su intención de volver: se trata de volver para rescatar la prenda no por ella en sí sino por lo que conlleva encadenado, a Dèlia y al resto de la familia. Sin embargo no volverá y Dèlia se queda con la armónica: la vaig cuidar fins a la mort (180); y, en cierto modo, también se queda con el abuelo junto a sí hasta la muerte. Y como ya vamos de cara al final del comentario diremos que estamos en otro de esos momentos en que se van atando cabos, anudando hilos que corrían dispersos por la novela: si en el capítulo referido a 1932 su abuela materna quedaba marcada como dolorosa y su abuelo entraba como educand de música voluntari a l’exèrcit (78) y luego se le presentaba como aficionado a la zarzuela, Dèlia hereda esa combinación de dolor y música. No otra cosa son estas Vibracions y si estamos hablando de ellas en tanto lírica también es porque lo son desde el punto de vista etimológico, desde la lira como origen de la lírica. Y las cuerdas de la lira vibran como vibra la voz de Dèlia. Ya que estamos: se invita a cualquier lector al poco habitual ejercicio de leer las Vibracions en voz alta.
Dos notas más: 1ª) Diremos que hay un momento de tono mágico en el que Dèlia traspasa a las flores su capacidad de hablar: El meu gessamí va florir i em va parlar. Molts anys després. Belles paraules blanques que van saber vèncer el temps (126). 2ª) Hay otro momento, que marcamos como hito anunciando la liberación de Dèlia, en el que ésta consigue llegar a una idea positiva del silencio: Un silenci diferent del que ens envolta ara. Aquí. Calma i reflexió. Aquell silenci feia por (270).

3.1.2. Olores:
Pero no es sólo el sonido el que se recupera. Hay cierto correlato con el campo del olfato desde esa olor desconeguda (94) inicial que percibe Dèlia al entrar por vez primera en su casa menorquina hasta el olor de primavera con el que titula el mismo capítulo emitido desde la muerte (93); o el contraste entre l’olor agre de les medecines y l’olor tendra de la colònia infantil (124); o las flores de su cementerio –Roses, clavells i gessamins (13)-; o el olor de terra humida provocado por aquesta pluja de finals d’agost (236)… Y así, hasta invitar al enterrador a compartir los aromas de la infancia: Segur que tu, amic meu, també pots olorar el perfum de la terra mesclada amb el d’aquella figuera de brancam tortuós. Tanca els ulls i respira profundament. És l’olor dels darrers dies de la meva infantesa (152). Y observamos cómo ese percibir aromas lo mantiene más allá de la muerte.

3.1.3. Otros sentidos:
Baste con lo dicho para los sentidos del oído y del olfato aunque quizá quede algo pendiente a próposito de las flores. Podríamos continuar con el resto de sentidos pero lo que haríamos sería un mero catálogo de citas. Las limitaremos a dos semejantes de tipo negativo para el estado inicial de Dèlia:  Amb onze anys la vida havia tornat, de cop, d’una negror insuportable[3] (13); I jo tenia el meu futur traçat en una línia negra i fosca (39). Y otras tantas positivas para estados posteriores: La dolçor a la boca (153), la fresca del pati (179).

3.2 El tiempo:
Observaremos cómo la disposición temporal de estos capítulos es completamente diferente a la de los narrativos en dos aspectos:
1º) Contienen exteriormente un tramo reducido de tiempo, un año. Del número de los capítulos se sigue su disposición como un ciclo anual que se desarrolla según el año natural y, así, la Vibració II se refiere a febrero (Nit gélida de febrer) o la VIII a agosto (Pluja d’agost). Empieza, pues, en enero, y acaba en diciembre. En el terreno simbólico, en ese comenzar y acabar en invierno, se está sugiriendo un puente desde un lado de la muerte al otro, desde la muerte y entierro de Dèlia el primer vespre d’hivern (15) hasta el tránsito definitivo en diciembre: desde la muerte del cuerpo hasta la muerte del alma si se prefiere; desde su entierro hasta que emprende el camino definitivo en términos de la novela. O hasta que deja de vibrar. Y la asociación entre el invierno y la muerte es de sobra conocida en literatura: es el frío del hielo o del mármol, es el concebir la vida como ciclo asociado a las estaciones al modo de las Sonatas de Valle-Inclán, es el asociar la vejez al otoño como cualquier poeta simbolista o modernista que se precie…

2º) A diferencia de los capítulos narrativos en los que, dado el presupuesto de una línea temporal que discurre desde 1925 hasta 1947, el narrador externo la quiebra calculadamente con retrospecciones y anticipaciones, aquí estamos ante una distribución del tiempo que, si a primera vista puede resultar caótica, responde, en realidad, al discurso emocional de Dèlia; y queda bien expresado con una imagen durante una confidencia al enterrador: Ja ho veus, amic meu, les històries que es poden remoure dins un poal d’aigua tèrbola (40). Dos muestras:
1ª) El comienzo de la Vibració I nos sitúa en el presente de Dèlia, muerta, con una marca temporal que lo lleva a un momento impreciso pero relativamente cercano[4]; son esos poals de plàstic gastat (37) que enlazan por detrás con el anorac (14) del enterrador y por delante con gerros i flors de plàstic (151) y otra vez con el anorac (65). Rápidamente, por asociación de ideas, se salta a la llegada de Dèlia a Menorca que, según la cronología interna de la obra, ocurre en 1940: Ciutadella. Una adolescent de quinze anys (38); y la asociación de ideas se puede justificar mediante la yuxtaposición de sintagmas como los siguientes: remor de la mar, l’aigua que tragines, abisme profund (37); al modo proustiano, el agua de los cubos evoca el mar que, cual abismo, ha atravesado para situarse a salvo en Menorca. Pero al poco, tras ir encadenando una impresión tras otra, nos vamos, a partir del dato de que Dèlia no puede seguir estudiando, a 1936: Mai més no vaig tornar a estudiar. Només tenia onze anys i aquell estiu va esclatar la guerra (38). Caemos así súbitamente en lo que podemos llamar el punto de inflexión de Dèlia, la guerra civil y, sobre todo, la irrupción de ésta en su entorno familiar con la prisión de su padre: de ahí que en algún momento esos onze anys se conviertan en estribillo (13, 125, 126, 128, 151, 182[5], 236).
2ª) En la Vibració III, con motivo del primer parto de Dèlia para el que su madre acude desde Mallorca, se evoca, por asociación simple, el nacimiento de Dèlia en 1925. Pero la responsable de tal asociación no es Dèlia, claro está, que no puede recordar su nacimiento, sino Pepa. Y con ese salto temporal se consiguen al menos dos objetivos: Primero, un efecto de pluriperspectivismo al presentarse aquí la misma acción que el narrador externo había presentado en el capítulo referido a 1925 pero vista a través de Pepa o, más aún, de lo que Dèlia, en tanto narradora, recuerda haber oído a Pepa. Y segundo, un efecto de contraste porque, dados dos momentos simétricos, Dèlia naciendo y Dèlia pariendo, la evocación se va a dirigir hacia quienes, presentes en el primer momento, ya han muerto: En Joan i na Lola van entrar a l’habitació […] Cap dels dos ja no hi era (98); muerte, de otro lado, frente a vida.
De paso diremos que ese modo de presentar el tiempo a partir de las emociones de Dèlia refuerza lo dicho acerca de la adscripción de esta zona de texto a la lírica. Se puede explicar, incluso, a partir de la clásica oposición cerebro / corazón: si en la parte narrativa el narrador externo actuaba con orden y cálculo, aquí el narrador interno, Dèlia, se deja llevar por lo que viene a ser tema de la lírica, el mundo interior, los sentimientos.

(Continúa aquí)


[1] Cf. Espronceda: arrullado por el mar (verso último de la Canción del pirata); o Unamuno: la tierra habla, la mar murmura, el cielo calla. Por cierto que la expresión se repite, como cerrando un círculo, a cinco líneas del final de la novela: Torn a sentir la remor de la mar (341).
[2] Algo más allá aparece una imagen, que ilustra ese contraste: Com una caixa  delicada amb la música espanyada (155).
[3] Confesando nuestro limitado conocimiento de la sintaxis catalana, sospechamos que esa frase no funciona. Aplicando por analogía sintaxis castellana y, en concreto, la posibilidad de la partícula se para provocar variación semántica en el verbo (acordar / acordarse) intuimos que el verbo tornar tiene, al menos, dos valores sin la partícula: movimiento (Tornar a casa) e introducción de perífrasis reiterativa (Tornarem a lluitar). Pero para conseguir el valor de variación de estado, como es el caso, precisa de la partícula: ?s’havia tornat d’una negror.
[4] Si no entendemos mal, por datos posteriores deducimos que estamos en 1992: Fa vint anys […] la vida em va concedir una treva. Tenia quaranta-set anys (121-122). El cálculo es: 1925 (nacimiento de Dèlia) + 47 (edad en que dice recibir una tregua) + 20 (tregua concedida) = 1992.
[5] En esta última cita queda aún más patente lo que hemos llamado punto de inflexión de Dèlia: Dos homes amb fusell es van venir a endur el pare. Amb ell s’en va anar tot el viscut fins els onze anys […] la perplexitat. La por. La pena. A partir de ahí, la pérdida prematura de la infancia: Un matí vaig començar a treballar […] No havia fet feina mai […] hauria hagut de tornar a l’escola […] me n’anava a treballar. Per ajudar a la família. Per poder menjar cada dia (235).

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