Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 10 de septiembre de 2014

Maite Salord, L'alè de les cendres, IV: el tratamiento del tiempo; retrospecciones, II

(La presente entrada es continuación de esta otra)
Modelo b)
Según él se construye el capítulo referido a 1925, enmarcado en el bar Triana: Feia un any, just després de casar-se, que en Joan regentava el bar Triana (49). Se presenta a Joan Escandell en una nueva situación para, en seguida, saltar hacia atrás y dar cuenta de cómo ha llegado hasta ahí: tras pasar a Mallorca (32) va trobar feina de picapedrer (52); y se aportan en cascada toda una serie de datos nuevos: el traslado de su familia de Ibiza a Mallorca (54) y con ella la superación de un cierto pasado traumático (En fer saber a la mare i al germà com havia canviat la seva vida, en Joan va prendre consciència que havia tornat al present [58]) provocado por un episodio que merecerá comentario aparte; la amistad con los hermanos Guerrero (54) y, de ahí, el noviazgo y el matrimonio con Pepa (57-59); el primer contacto con el sindicato anarquista (55) y, paralelamente, la toma de conciencia social[1]: s'adonava que ho desconeixia gairebé tot, de la realitat social que l'envoltava. Fins llavors, n'havia viscut al marge (56). Y el capítulo se cierra circularmente volviendo al bar Triana (58) donde, según se nos había anunciado (53), estaba esperando el parto de su mujer: Es dirà Dèlia, va dir, en veu alta. I na Pepa va assentir (60). Y este final feliz desvela el sentido de un episodio a primera vista gratuito a principio del capítulo, el de Joan Escandell acudiendo a un burdel con su tío sacerdote: després d’un sopar ben carregat de vi, tots dos acabaren a casa Esperança (51) Y así se puede apreciar a partir de un elemento común, el alcohol: alcohol previo al sexo venal de un lado y, del otro, alcohol como manifestación de alegría tras el resultado del sexo dentro del ámbito familiar: Van brindar per la salut de la mare i de la criatura (61). Podríamos también decir: Joan ha recorrido el camino desde el desarraigo (prostituta) hasta el arraigo (esposa).
Lo mismo ocurrirá luego en los dos primeros capítulos dedicados a 1936 y cuyo denominador común es el castillo de Bellver: el primero de ellos se abre y se cierra con descripciones contrastadas del castillo: el narrador inicia el capítulo con una descripción exterior del castillo (El Castell de Bellver va néixer esculpit en el marés del Puig que coronava) para ir a dar enseguida a la perspectiva limitada que de él tienen los presos (Una galería d’arcs baixos de mig punt […] Aquesta era l’única imatge que els presos veien [133]). Y lo mismo ocurre al final: en el exterior, La lluna havia crescut […] En uns dies seria plena; pero al interior sólo llega La seva claror metàl·lica (144). Y entre ambos momentos, ha vuelto la acción atrás para dar cuenta de cómo Joan Escandell ha llegado ahí.
El capítulo siguiente se abre con Pepa en ese castillo recogiendo y oliendo la ropa sucia de Joan preso (161) y se cierra con Joan oliendo la ropa que Pepa le ha enviado limpia (173), episodios que también merecerán comentario aparte[2]. Pero también lo merecen desde el punto de vista del tiempo: uno y otro acto, por su propia naturaleza -ropa sucia que se devuelve limpia- están distanciados en el tiempo; sin embargo, el hecho de que una y otro la huelan supone, como se intuye, un sucedáneo de acto sexual que, trágicamente, no puede ser simultáneo. Y más trágico es aún que ambos momentos de amor enmarquen episodios como el asesinato de Marià Escandell (163) o la prisión de Antoni en el barco Jaume I (165) o la angustia alrededor de los cuatro refugiados en la alpargatería (169-171).
Igual tratamiento encontramos en el último de los capítulos dedicados a 1936 pero ahora no es el amor sino el odio el que lo abre y lo cierra: comienza el capítulo con Salom vanagloriándose de haber matado a Mateu Guerrero: Ja n'hem mort un altre, avui. Un altre mort. Guerrero, Guerrero, ja he mort el teu fill. Li he donat vint-i-quatre ganivetades [...]. Em sents, vella (217). Y se cierra el capítulo con Isabel contestándole en tonos que, por lo que luego se sugerirá, se acercan a una maldición gitana: Déu et castigarà [...] Que et castigui amb la mort més cruel. [...] Jo et maleesc per sempre (229). Y el capítulo se concebirá como una retrospección desde la afirmación de Salom y, además, presentada en forma de alternancia entre clímax y anticlímax: primero era una lletania d’insults i d’amenaces (218), cuyo origen era un problema laboral, luego es la preocupación familiar por las amenazas y aún más cuando la madre pretende solventar el problema ante el Jefe de Falange. Pero de ahí al anticlímax: acude y consigue un salvoconducto para que su hijo pueda viajar y reunirse con la familia: En Zayas ho ha posat ben clar damunt el paper: no li poden fer res, a en Mateu Guerrero (225). Inútilmente porque en seguida la acción salta hacia adelante y acompañamos a las mujeres al cementerio; enmarcado a su vez entre la preocupación de los enterradores por que la madre no vea el cadáver (-Feis via que ve sa mare, feis via… [226 y 227]) se nos hace saber que Mateu ha sido asesinado por una cuadrilla de falangistas entre los que no se encontraba Salom. Así sabemos que su afirmación inicial, por lo demás repetida como un estribillo -Guerrero, Guerrero, ja he mort el teu fill. Li he donat vint-i-quatre ganivetades [3](217, 219, 227)-, es falsa aunque su actuación ha sido muchísimo peor: hores després, había arribat en Salom i s’havia abraonat al cos fret amb un ganivet a la mà. […] Li va tallar el penis i li va posar dins la boca (228)[4].
(Continúa aquí)



[1] Cabe anotar que este capítulo sucede al situado en 1918 y alterna temáticamente con él: si en el primero predomina la soledad de Joan Escandell, ahora está en compañía: de su familia ibicenca, de su familia política, del sindicato…
[2] La novela termina en la p. 345. Si la abrimos por la mitad, esto es, por la p. 172-173 estamos ahí, con Pepa llevando la ropa que Joan olerá limpia. No creemos que sea casual. Pero ya avanzamos que, como  escena de amor, nos parece lo mejor de la novela.
[3] ¿Por qué precisamente 24 navajazos?: ¿quizá porque, quitando los textos históricos, son también  24 los capítulos de la obra?, ¿actúan éstos como respuesta, como venganza, como navajazos inversos hacia Salom? De todas maneras más abajo se dirá que si la obra tiene 24 capítulos es porque las Vibracions son 12 ordenadas según los meses del año natural. Al alternar las Vibracions con los capítulos narrativos el total ha de ser 24. Pero ello no invalida la relación con los 24 navajazos.
[4] No hace falta añadir que apuñalar un cadáver es signo inequívoco de cobardía. El episodio no puede sino  recordarnos otro bastante conocido en novela española, en concreto de la picaresca del XVII. En la Vida y hechos de Estebanillo González (Castalia, Madrid: 1978) el protagonista, por no participar en la batalla de Nördlingen, en el contexto de la guerra de los Treinta Años, se esconde y, al acabar la batalla, para presumir ante sus compañeros, va clavando la espada en los cadáveres. Narrado en primera persona, él mismo confiesa su cobardía: Sucedióme (para que se conozca mi valor) que llegando a uno de los enemigos a darle media docena de morcilleras, juzgando su cuerpo por cadáver como los demás, a la primera que le tiré despidió un ¡ay! tan espantoso que  […] no teniendo ánimo para sacarle la espada […] le volví las espaldas, y a carrera abierta no paré hasta que llegué a la parte adonde estaba nuestro bagaje (294-295).

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