Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 22 de septiembre de 2014

Alice Munro, Mi vida querida

Munro, Alice, Mi vida querida (Lumen, Barcelona: 2013)
Un conjunto de relatos de la premio Nobel de 2013 que leemos a propuesta del grupo de lectura del Ateneo de Mahón.
Nos detendremos sobre todo en un relato, "Tren", por ser el que nos parece más curioso. Y citaremos por encima algún otro. En general, todos ellos muestran trozos de vida cotidiana salpicados de alguna anécdota curiosa en un escenario casi siempre rural canadiense.

En el relato "Tren", pues, un soldado, Jackson, regresa de la Segunda Guerra Mundial, presente en otros varios relatos aunque vista -ya se ha dicho- desde el Canadá rural. Podemos dividir la narración en varios tramos:

1º) Jackson va en tren y, antes de llegar a su destino, salta sin que quede clara la causa y, andando, va a dar a una granja en la que vive una mujer sola, Belle, con su vaca Margarita. Belle le da leche y comida y él, a cambio, se ofrece a arreglarle el abrevadero del caballo pero va encadenando trabajos y ayuda también en labores agrícolas a unas familias menonitas de los alrededores. Así, parece que se va a quedar definitivamente con Belle aunque sin establecer una relación de pareja: Y por supuesto con Belle no hubo que hablar nada. Jackson había averiguado que era dieciséis años mayor que él. Mencionarlo, incluso bromear con el tema, lo estropearía todo (199). Así van viviendo hasta 1962 en que, tras comprarse un coche, van a Toronto para que a Belle la visite un médico por un bulto que le ha salido. La ingresan en el hospital, la operan y Jackson la visita regularmente. Hasta aquí todo ha transcurrido según un orden bastante lógico.
2º) A pesar de haberse despedido de Belle una noche en el hospital con un Hasta mañana (210), al día siguiente Jackson se va a pasear y se encuentra casualmente con gente apelotonada en un portal: resulta que ha muerto el portero de una casa de vecinos y el propietario le pregunta si quiere ocupar su lugar temporalmente: Jackson se oyó decir, sí, por él perfecto (214). Tiempo después, el 18 de julio de 1965 se entera por el periódico de que Belle ha muerto de cáncer y no le da mayor importancia: han pasado, pues, veinte años desde que volvió de la guerra y tres desde que llegó a Toronto. Un buen día aparece una mujer, Ileane, que pregunta al propietario del edificio por una hija suya que había vivido ahí y se había ido sin pagar el alquiler. Jackson, escondido, la reconoce: era su novia del instituto. Se produce un flash-back por el que sabemos que incluso lo esperaba en la estación el día que volvía de la guerra y que se estaba haciendo un vestido de verano nuevo, para celebrar su regreso, un vestido de rayón verde lima (224). Y poco después sabemos la causa de que Jackson no hubiera vuelto a su pueblo: Una cosa que no le gustaba era que las mujeres o las chicas se emperifollaran... Entonces se le ocurrió, sin proponérselo, no aparecer (226). Y hay que notar cómo abandona a Ileane del mismo modo que luego abandonará a Belle.
3º) Temiendo que Eliane se quede en Toronto, decide marcharse para no encontrársela. Toma el tren y A la mañana siguiente se bajó en Kapuskasing. Le llegó el olor de los aserraderos, y el aire frío le dio ánimos. Trabajo habría, seguro que habría trabajo en un pueblo maderero (228). Y así, al apearse de modo imprevisto, el relato vuelve al inicio dando idea de circularidad.

Algún dato destacable hay en otros relatos. En el titulado "Grava" una niña, de una familia que vive en una caravana y cuya hermana acabará ahogándose, narra las vicisitudes de su familia: su madre queda embarazada de otro hombre y marcha con éste a vivir a la caravana. Afirma la niña acerca de su madre: Quizá por primera vez en su vida, se sintió viva de verdad. Abandonó la cubertería de plata y la porcelana y sus proyectos de decoración y su jardín de flores y hasta los libros de su biblioteca. En adelante iba a vivir, no a leer (102). Es, ni más ni menos, el proyecto de don Quijote (I,1) de dejar de leer, de dejar de lado incluso su intención de acabar la novela incompleta de Feliciano de Silva, y vivir su propia novela de caballerías.

O en el relato "Orgullo" en el que dos amigos, Oneida, coja, y el narrador se cuidan el uno al otro. Oneida propone vivir juntos en casa de él porque en su apartamento no era feliz (157) y él miente diciendo que ha puesto su casa en venta. Como consecuencia, ha de venderla efectivamente y buscar luego un lugar donde vivir, pero sólo encuentra un apartamento cerca de ella: No en el ático con las vistas, donde estaba ella, sino más abajo (159). Por fin nos enteramos de forma sutil que también él tiene un problema serio cuando rememora una conversación que había tenido con una amiga: Aquella chica me dijo un día que hoy con mi cara harían filigranas (161).

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