Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 21 de agosto de 2014

Leopoldo Alas "Clarín", La Regenta, I



"Clarín", Alas, Leopoldo, La Regenta (Espasa-Calpe, Madrid: 1984, edición e introducción de Mariano Baquero Goyanes)
Releemos la novela de cara a la discusión que sobre ella, en relación a Madame Bovary, se llevará a cabo en el club de lectura de Ciudadela el próximo 18 de octubre. Y nos limitaremos a tomar notas de lo que consideramos más destacado dando por supuestos los rasgos generales de la obra. Exponemos en primer lugar las ideas que nos sugiere el prólogo de Mariano Baquero:
  • Vale la pena, sin embargo, detenerse en un rasgo general: la novela está concebida a partir del vaivén de Ana Ozores, entendido éste como oscilación entre la religiosidad que siente al verse influida por el Magistral y la atracción física por Álvaro Mesía. Visto así, la novela tiene un cierto diseño triangular que se puede apreciar, por ejemplo, a partir del espacio: la catedral, o ámbito de don Fermín;  el casino, o ámbito de Álvaro Mesía; y el palacio de los marqueses de Vegallana donde don Fermín y Mesía acosan a su presa, Ana Ozores.
  • Anota el editor (p. 16) que tanto la Regenta como Emma Bovary sufren influencia de sus lecturas. Santa Teresa, Chateaubriand, San Agustín en el caso de Ana Ozores: esos autores afectan a su sensibilidad en tanto hacen patente el desajuste sus ideales y su entorno. Y ello hace que el personaje remonte a don Quijote.
  • Es digno de comentario el motivo del sapo, asociado siempre al asco: la primera vez aparece durante el paseo de Ana Ozores con Petra; Petra, al ver ensimismada a la Regenta, ha acudido un momento a visitar a un primo suyo con el que tiene amores: Un sapo en cuclillas miraba a la Regenta encaramado a una raíz gruesa... Lo tenía a un palmo de su vestido. Ana dio un grito. Tuvo miedo... /-¡Petra! ¡Petra! / La doncella no respondía. El sapo la miraba con una impertinencia que daba y un pavor tonto. / Llegó Petra. Venía sudando, muy encarnada, con la respiración fatigosa... Como había visto tan ensimismada a la señora, se había llegado al molino de su primo Antonio... / Su primo Antonio, el molinero, estaba enamorado de la doncella; el ama lo sabía... "¿Cómo serían aquellos amores de Petra y el molinero?... la manera de mirar a Petra, estudiando los pormenores de su traje, algo descompuesto, la fatiga que no podía ocultar, el sudor, el color de sus mejillas, revelaba una curiosidad que quería ocultar en vano la Regenta. "¿Qué habría hecho en el molino aquella mujer?".../ Si no te hubieras detenido en la fragua de tu primo.../ -¿Qué fragua? Es un molino, señora. / A Petra le supo a malicia lo que era una equivocación (272). Más tarde aparece con motivo de la asistencia a la representación de Don Juan Tenorio en el teatro: Don Juan, don Juan, yo lo imploro / de tu hidalga condición.../  Estos versos, que ha querido hacer ridísulos y vulgares, manchándolos con su baba, la necedad prosaica, pasándolos mil y mil veces por sus labios viscosos como vientre de sapo, sonaron en los oídos de Ana aquella noche como frase sublime de un amor inocente y puro que se entrega con la fe en el objeto amado (439). Luego surge en una comparación del Magistral con su enemigo Glocester: ¡Aquel sapo, aquel pedazo de sotana podrida...! (600); pero en ese mismo capítulo, al saberse Ana deseada por el Magistral, se estremeció como al contacto de un cuerpo viscoso y frío... sintió asco (605). Y por fin, en la escena final con el beso de Celedonio: Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo (743). Y es de notar, sin embargo, que cuando Ana pasea del brazo de Frígilis, el único que la apoyará al final, los sapos no se aprecian negativamente: Los sapos cantaban en los prados... y Ana, apoyándose tranquila en el brazo fuerte del mejor amigo... (492).
  • Los paralelismos entre el comienzo y el final en estructura circular de octubre a octubre como dando a entender que el conflicto de la Regenta poco importa o no ha provocado variación en la indiferente Vetusta: El viento Sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas (121); Llegó octubre, y una tarde en que soplaba el viento Sur, perezoso y caliente... (740). Parecida función cumple la presencia de Celedonio abriendo la novela (Celedonio, ceñida al cuerpo la sotana negra, sucia y raída [122]) y luego cerrándola con el beso a la Regenta. Incluso se prepara su caracterización para producir mayor asco en relación con el sapo: Celedonio... pasaba del feo tolerable al feo asqueroso... se podía adivinar futura y próxima perversión de instintos naturales provocada ya por aberraciones de una educación torcida... gesticulaba como hembra desfachatada (125); a ello se vuelve en la escena final: Celedonio sintió un deseo miserable, una perversión de la perversión de su lascivia:... inclinó su rostro asqueroso sobre el de la Regenta y le besó los labios (743).


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