Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 25 de agosto de 2014

Maite Salord, L'alè de les cendres, II: los capítulos narrativos; tiempo y espacio

(La presente entrada es continuación de esta otra)
2. Los capítulos narrativos:
Ya hemos dicho cómo la novela está construida a partir, sobre todo, de dos planos superpuestos, el narrativo y el lírico. La diferencia penetra hasta el mismo modo de titular los capítulos de uno y otro plano. Para los capítulos líricos, un título sensual, apuntando a los sentidos, Vibració, bien en relación con el tema musical que subyace en toda la obra bien porque las cenizas de Dèlia vibran. Para los capítulos narrativos, en cambio, un título tomado de uno de los ingredientes básicos de toda narración, el tiempo, y así, con el número de año como mero título, se nos irá presentando la acción que en ese año sucede sin que ello sea obstáculo para continuas retrospecciones o anticipaciones. Un detalle aún: los capítulos líricos merecerán subtítulos que abunden en la sensualidad –L’olor de la primavera, Perfum de tombes blanques- y connoten significados a partir, como se ve, de la sinestesia. Los capítulos narrativos pretenden situarse en el extremo contrario a base de meros números; pero aún así conseguirán sugerir si observamos que hay cuatro de ellos referidos a 1936 y esa fecha está, en la mentalidad colectiva española, asociada al estallido de la última Guerra Civil.
Pasamos, pues, al análisis del elemento puramente narrativo dando por supuesto que, a todos los niveles, es inseparable del lírico. En efecto, los constantes trasvases entre uno y otro producirán, al acabar la novela, la sensación de haber leído un todo perfectamente ensamblado.

2.1. Tiempo y espacio. Primera aproximación
Centrándonos, pues, en los capítulos narrativos, observamos cómo son éstos los que condicionan la división de la novela en tres partes: queremos decir que si los capítulos se titulan según su año, luego se agrupan dependiendo de un hecho externo, la historia de España. Así tenemos una primera parte referida a los años anteriores a la guerra, una segunda parte dedicada a la guerra, y una tercera a la primera posguerra. No causa ninguna sorpresa observar que el ritmo es más lento en la parte central, es decir, en la zona correspondiente a los tres años de guerra: porque es la guerra la que actúa como hecho traumático que impide el normal devenir de un grupo familiar que, en principio, ha sentado las bases para vivir de modo si no feliz, tolerable; solidariamente, porque también es la guerra la que provoca el silencio que pesa sobre toda la novela; y, por fin, porque es alrededor de la guerra donde se acumulan todas las anécdotas que generarán el discurso intimista de Dèlia. Y cuando decimos que en la parte central el ritmo es más lento nos estamos refiriendo a algo apreciable objetivamente al poner en relación aritmética el número de páginas de texto con los años contenidos en ellas.
Esa división tripartita en la novela basada en el tiempo tiene su correspondencia con el tratamiento del espacio: tres partes, tres épocas y también tres espacios. No sé si decir que es una novela transbalear por si la palabra suena a compañía naviera, pero lo cierto es que la acción se desarrolla en tres espacios correspondientes con las tres baleares mayores, Ibiza, Mallorca y Menorca[1]. Y se da una cierta correlación entre las tres épocas y esos tres espacios: Ibiza en los años anteriores a la guerra, Mallorca en la guerra y Menorca en la posguerra. Con muchas salvedades, claro está, empezando por que la acción inicial se sitúa en Menorca con Joan Escandell trabajando en La Mola. Yendo más allá se podría sugerir una comparación entre la novela, su estructura, el tratamiento del tiempo y la situación de las tres islas sobre el mapa. En efecto, a medida que progresamos en la lectura de la novela -de izquierda a derecha-, nos vamos desplazando geográficamente desde Ibiza hacia levante, hacia Menorca; y el mismo tamaño de las islas tiene su proyección a dos niveles: el peso de la acción es mucho mayor en Mallorca que en Ibiza; y del modo que decíamos que el ritmo era lento en la parte situada en Mallorca, es rápido en la dedicada a Ibiza. En resumidas cuentas, hay un alto grado de correlación entre la novela y la geografía. Es cierto, no obstante, que ya desde el principio se están trazando hilos para situar a Menorca como punto de fuga, en el sentido pictórico, de la novela, y de ahí ese comienzo ya aludido en Mahón, pero ello corrobora aún más que de lo que se trata es de un viaje de poniente a levante. Quizá volvamos sobre ello.
(Continúa aquí)


[1] Incluso hay un personaje, Joan Escandell, que parece concebido entre dos islas: perquè et van fer durant la travessia entre dues illes (340).

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