Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 9 de agosto de 2014

Fosquet literari musical. Paisatges

Este pasado jueves 8 de agosto se celebró la velada con ese título en The Golden Farm en el predio de Sant Antoni en s'altra banda del puerto de Mahón y organizada por el Ateneo de la ciudad. Aunque lo de marco incomparable está, casi por definición, mal dicho, aquí algo se aproxima según se deduce de las fotos. De ellas se sigue, asimismo, que se podía combinar la atención al acto con la contemplación de los barcos entrando y saliendo del puerto.
En realidad la sesión consistió en una exaltación del novelista local, Josep Maria Quintana, que nos obsequió con la lectura de fragmentos de cuatro novelas suyas: Els Nikolaidis, Els herois de la nit -ambas reseñadas aquí según se ve pinchando sobre el título-, Ningú no pot enganyar el morts y Els Clark. Al oír -y escuchar, que yo sé emplear bien el verbo- caí en un par de detalles: que a veces notaba aquello de que no es necesario poner adjetivos a cada sustantivo, pero fue sólo una impresión que me vino con la lectura de Els Nikolaidis pero que no tuve cuando yo la leí en su momento; que es un ejercicio no sé si de soberbia o de falta de pudor el ponerse uno a leer textos propios.
La velada, en general, estuvo bien o muy bien. Porque la lectura de los textos en prosa estuvo combinada con la audición de música clásica adaptada a las circunstancias. Fueron dos hermanos violoncelistas los responsables, Álvaro y Pau Cardona y resultó muy aplaudida su interpretación de Tornada a Menorca. Y además se leyeron también poemas del libro Cartes a Lady Hamilton del poeta mallorquín A. Vidal Ferrando; fue Llucia Palliser, compañera del grupo de lectura del Ateneo mahonés quien, bajo el título de rapsoda los recitó bien recitados. Sin comentarios una definición de Menorca, entre esos versos, como inmanència tribal.
Comentario aparte merece también el público asistente. Señoras tan mahonesas, tan peripuestas, repeticiones de mi abuela Catalina, de las hermanas y primas de mi padre... Como si todas estuvieran dispuestas a atender los requerimientos de un dandy de ochenta años.

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