Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 3 de abril de 2014

Gabriel García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba

García Márquez, Gabriel, El coronel no tiene quien le escriba (Alianza, Madrid: 1993)
Acabamos de releer esta novelita aunque más bien diremos que la he leído por vez primera porque de la vez anterior, allá por los setenta, no guardaba recuerdo alguno.
La comento por aspectos dignos de ser destacados:
-Es la historia de una larga espera: Durante cincuenta y seis años -desde cuando terminó la última guerra civil- el coronel no había hecho nada distinto de esperar (5). Por supuesto es una espera que va desnudando al matrimonio -el coronel y su mujer- de toda esperanza. Lo único que llega es, siguiendo el orden natural, un mes detrás del anterior: Octubre era de las pocas cosas que llegaban (5); o lo inexorable: -Lo único que llega con seguridad es la muerte, coronel (58). Pero la carta que  ha de llegar en la lancha del correo anunciándole al coronel la concesión de su pensión no llega. Dice el administrador de correos: Nada para el coronel. Y responde éste: Yo no tengo quien me escriba (18), en frase que da título a la obra y que la recorre como un estribillo (32). A ello abunda el estar pendiente de un escalafón que parece interminable: -Hay que esperar el turno -dijo-. Nuestro número es el mil ochocientos veintitrés (33); o las largas que le da el abogado: el gobierno ha tenido que hacer remiendos en el presupuesto (36).
-El relato se abre con un doblar de campanas: El coronel se había olvidado del entierro (6). Puede ser premonitorio porque la muerte pesa sobre toda esa zona inicial: el recuerdo del hijo Agustín muerto: la mujer seguía pensando en el muerto: -Ya debe haberse encontrado con Agustín -dijo-. Puede ser que no le cuente la situación en que quedamos después de su muerte (8): o la propia muerte en vida que están padeciendo: "Nos estamos pudriendo vivos" (9).
-Otro de los temas es la pobreza del matrimonio, que alcanza los límites, por ejemplo, de un Galdós en Misericordia: Después de afeitarse al tacto -pues carecía de espejo desde hacía mucho tiempo- el coronel se vistió en silencio (9). A ello hay que añadir los objetos que se venden, empeñan, devuelven una vez comprados...
-El relato enlaza con Cien años de soledad a partir del espacio, Macondo (38), o las referencias al coronel Aureliano Buendía (21, 59).
-Algún personaje lateral parece haber progresado muy por encima de lo que ha hecho el coronel: Era don Sabas, el padrino de su hijo muerto, el único dirigente de su partido que escapó a la persecución política (12).
-El gallo de pelea es, por decirlo de alguna manera, el único sostén de la vida desesperanzada del coronel: El coronel se ocupó del gallo a pesar de que el jueves habría preferido permanecer en la hamaca (15). Y ello aunque el gallo había sido la causa de la muerte de su hijo: -Vale como cincuenta pesos. / Tuvo la certeza de que ese argumento justificaba su determinación de conservar el gallo, herencia del hijo acribillado nueve meses antes en la gallera, por distribuir información clandestina (15-16). En realidad el gallo va a ser lo único a lo que se aferre el coronel incluso contra su mujer, que se lo reprocha: Es pecado quitarnos el pan de la boca para echárselo a un gallo (46); o bien: Una inyección para un gallo como si fuera un ser humano -gritó-. Eso es un sacrilegio (56). Y cuando el coronel salga de casa con la intención de vender el reloj (47) lo que intenta, y consigue, es que los amigos de su hijo se hagan cargo del gallo: Los muchachos se encargarán de alimentar al gallo (51). De ahí su firme resolución, que va a actuar como conclusión de la obra, de que a pesar de su mujer y de toda la situación, El gallo no se vende (88). Claro que la consecuencia inmediata va a ser la palabra que cierra la obra y que se refiere a lo que van a comer hasta que el gallo gane la próxima pelea: Mierda (95).

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