Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 25 de mayo de 2014

James Joyce, Ulises (2: el capítulo 1)

Ya hace más de un año que andaba detrás de dedicar varias entradas a reseñar el Ulises pero hasta ahora sólo había dedicado una a recopilar sus frases célebres. Ahora, ya de forma algo más metódica, me pongo en la labor. Para ello utilizo dos ediciones, una en inglés y otra en castellano y a sus páginas van referidas las citas según aparezcan en una u otra lengua.
Joyce, James, Ulysses (Penguin, Harmondsworth: 1971)
Joyce, James, Ulises (2 vols. traducción de José María Valverde; Bruguera, Barcelona: 1980)

Aquí sólo hablaré de ciertos aspectos del capítulo 1. Porque son reflexiones que se me ocurrieron con motivo de mi asistencia a una charla-tertulia impartida por Josep Masanés en el Ateneo de Mahón este pasado jueves 22 de mayo.

Observaré en primer lugar cómo la obra, ya desde el inicio, intenta anclarse en muy diversas tradiciones:
  • La anglosajona: La frase primera, por ejemplo, contiene una aliteración: Stately, plump Buck Mulligan came from the stairhead (9). Y sobre el uso de la aliteración en literatura anglosajona, las apreciaciones de Borges en Literaturas germánicas medievales o dos ejemplos de la música pop: Whispering words of wisdom (The Beatles, Let it be); A deep and dark december (Simon & Garfunkel, I am a rock). Hay un personaje, Haines, que puede encarnar esa tradición: un pesado de sajón... Porque viene de Oxford (77). Ahí también las alusiones al Calibán de Shakespeare o a Óscar Wilde (80); o el sueño de Stephan con su madre muerta (78), que pueden apuntar hacia Hamlet, citado después (92, 94) y con referencias en varias direcciones: la comparación de la torre en que viven, asociada al ómphalos, con Elsinore (94); el Hijo esforzándose en reconciliarse con el Padre (95) en fusión con la Santísima Trinidad.
  • La celta: De ahí las alusiones a los bardos: El moquero del bardo. Un nuevo color artístico para nuestros poetas irlandeses: verdemoco (77); bardo asqueroso (79); los bardos deben beber (91) O a los druídicos druidas (85). O la cita de los Mabinogion (87). O Haines, precisamente inglés, hablando gaélico y reivindicándolo (89-90) frente a la anciana, que responde: es una lengua de mucha grandeza.
  • La católica, de tanto peso en Irlanda, y que es eje de varios relatos de Dublineses: De ahí la primera frase de Buck Mulligan: Introibo ad altare Dei (75). Y no es sólo el saludo del personaje sino el del autor introduciéndonos a su obra y sugiriendo su lectura como algo sagrado. En la misma dirección católica en tono de burla hay que entender la bendición de la mesa previa al desayuno también por boca de Mulligan: Bendecidnos, Señor, y bendecid estos dones (86)... In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti (87, y luego matizadas por Haynes: Por Júpiter). Hay que añadir a ello las constantes alusiones: cobarde jesuita..., oh amados carísimos,... bendiciendo tres veces la torre... (75); no le dejes caer en la tentación (80); vena jesuítica (82); Loyola (83); bromas lúgubres de jesuita (92). Cómica es la respuesta de Mulligan a la anciana que trae la leche tras saludar ésta con un Bendito sea Dios: ¿Quién?... Ah, claro (88). O la alusión a la pasión en el momento de vestirse: Mulligan es despojado de sus vestiduras (92).
  • La clásica: está no sólo en el título, Ulises, aludiendo al periplo del protagonista por el Mediterráneo, comparable al que van a desarrollar los personajes por Dublín, sino en el del personaje Stephen Dedalus con alusión a Dédalo: es quien construye el laberinto de Creta y apunta de nuevo al movimiento laberíntico por Dublín. La alusión se vuelve explícita: ¡Ese absurdo nombre tuyo, un griego antiguo! (76). Se insistirá sobre la Odisea con la cita de uno de los epítetos épicos homéricos: epi oinopa pontos (77-78: el vinoso ponto). Nueva alusión a periplo es la cita de la Anábasis de Jenofonte: Thalatta!, Thalatta! (78: el grito ¡el mar! cuando, tras cruzar Anatolia, Jenofonte y los suyos alcanzan el Ponto Euxino). Otras alusiones dispersas: Chrysóstomos (76); las aspiraciones de Mulligan junto a Dedalus: haríamos algo por la isla. Helenizarla (80); ómphalos (81); otro epíteto épico con referencia a Apolo: Fergus rige los broncíneos carros (83); o aladas manos (96);  la alusión a las Parcas (86); otra vez un epíteto épico en medio de un párrafo que imita el estilo y en alusión paródica a la vieja que trae la leche relacionándola con la aurora: mensajera de la secreta mañana (89; y diría que la anciana, al traer la leche y, en cierto modo, amamantar al grupo, se va a relacionar por su carácter nutricio con el aya de Ulises, una de las primeras que lo reconoce al regresar a Ítaca).
  • La judía: con el nombre de Málachi Mulligan. Pero el personaje lo quiere helenizar: dos dáctilos... tiene son helénico (76); del mismo modo, canta con acento cockney (85) apuntando hacia el tipo del inglés castizo. Aun así utiliza la expresión Siervo de los siervos (85), genitivo superlativo hebraico al modo de cantar de los cantares. Y alguna otra cita siempre en boca de Mulligan: el recaudador de prepucios (88: puede ser alusión al rey David llevándole a Saúl prepucios de filisteos como prueba para casarse con su hija); Jafet en busca de padre (94); Mi madre era judía... con José el ebanista (95 en la Balada del jovial Jesús)... 
Tras ello noto cómo los tres personajes son híbridos: Mulligan, judío helenizante y celtizante que acaba el capítulo comparándose con el Übermensch y citando el Zaratrustra de Nietzsche (100). Haines, inglés que habla gaélico. Stephen Dedalus, siervo de dos amos... uno inglés y una italiana (97), que resultarán ser el imperio británico y la iglesia católica.
Y dejo de lado otros aspectos como que, que yo haya notado, no hay marca precisa de tiempo: estamos de mañana temprano pero, de momento, podrían ser tan las seis como las ocho. Y en cuanto al espacio, transcurre en su mayoría en una torre en la costa, espacio cerrado que se opondrá al espacio abierto del Dublín al que acuden al final del capítulo.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Mecano, Una rosa es una rosa

Pues nada, hoy toca Mecano con el detalle de que, con los años que lleva en órbita Ana Torroja, nunca he acabado de decidir si está buena o no.

sábado, 17 de mayo de 2014

Miguel Ríos, Bienvenidos

Este  jueves pasado, 15 de mayo, estuve en el Ateneo de Mahón con motivo de la presentación, por parte de Miguel Ríos, de sus memorias. No pienso leerlas porque cosas más importantes tengo pendientes de lectura. Sin embargo no dudo por un instante de que es capaz de explicarse muy bien. En cuanto a la presentación... Bueno, intervinieron tres personas, entre ellas la presidenta del Ateneo, con unos discursitos muy preparados a los que luego Miguel Ríos les dio veinte vueltas improvisando. Muy diferente de la única vez que lo vi, en Barcelona, allá a finaes de los 70 donde se lio en un discurso en que lo que vino a decir que los Reyes Católicos destruyeron una cultura andaluza que él pretendía recuperar. Incluso alguien del público le gritó: 'Venga, Miguel, canta el Himno de la alegría y vámonos a dormir'.
En cambio en Mahón, muy bien, que dicen que ahora se cuida, ¡qué remedio con la edad a la que vamos llegando! Y un discurso que transmitía, como se dice de los toreros. Bien en general a pesar de liarse con esas ultracorrecciones andaluzas en las que ya caía Felipe González.cuando decía cosas como zosialihmo; o  pesar de situar a Mozart en el Renacimiento. Un músico está para componer y le basta con saber que hubo otro antes que él llamado Mozart, no como Messi que ignora que antes de él existió, por ejemplo, Kubala. Y esas pequeñas lagunas de su discurso las salvó de mucho, para mi gusto, sabiendo situar palabras como silente o salvífico en un discurso espontáneo.
Dejo, pues, su Bienvenidos hijos del rock and roll:

martes, 13 de mayo de 2014

Tomeu Truyol, Llibre de amorg

Truyol, Tomeu, Llibre de amorg (Arrela, Maó: 2014)
Estamos ante un libro de poemas que leemos por el mero hecho de pertenecer a un autor insular, de Ferreries si no entiendo mal, y que salió este pasado mes de abril. Bien en general a medida que avanza. Con sus peros.
El pero más importante, sin embargo, para el prólogo a cargo de Guillem Alfocea. Si amor y desamor son temas centrales del poemario dice que éstos se tratan d'una manera directa i planera i desinhibida i terrenal, oposada al grans tòpics poètics i als referents ensucrats dels poemaris d'amor clàssics... (7). Vamos a decir que a estas alturas nadie se puede salir de la tópica poética que pasa por Petrarca o por los trovadores o por Catulo... Véanse dos versos del primer poema, 'Eròtica': Jo cec d'amor / ... / Frisós envit amb gest de foc: ¿acaso ceguera y fuego no suenan a tópica poética? Y en 'Hàbit': amb la dolça follia del foc, / fatigosos adéus de glaç: los contrastes entre fuego y hielo, ¿no están en los versos más conocidos del Arcipreste de Hita?, ¿no es Petrarca quien juega con nieve ardiente, fuego helado y similares? O el mismo juego de palabras con el amorg del título, ¿no recuerda al Dúo Dinámico cantando amor amargo tú me das? Ya no digamos cuando el prologuista acusa prácticamente a los clásicos de no haber llepat mai un mugró o resseguit un entrecuix o xisclat un orgasme: casi supone desconocer toda la vena erótica que viniendo del fondo de los tiempos, pasa por los priapeos latinos o por la lírica erótica de un siglo tan poco poético como el XVIII con Moratín incluido que, por cierto, llevaba un diario donde anotaba sus impresiones cada vez que iba de putas.
Dicho esto en detrimento del prologuista, no del autor, pasamos a apreciar algunos de los poemas:

  • 'Eròtica': Contiene conseguidas imágenes: Els mugrons en cim extàtic mucho mejor que penis de foc, de nuevo tópico. Logrado desequilibrio entre forma y fondo, significante y significado, cuando se describen dos cuerpos en sexo oral con pells eixelebrades: y lo que he querido decir es que la urgencia de la acción que se describe nunca me hubiera llevado a un adjetivo tan complejo. Bien también, para mi gusto, la elección de l'entrecuix de pèls hirsuts porque podría haberse tratado de un coño rasurado y, entonces, soso. Y muy bien la culminación del poema: lo que era instante erótico y puro nervio en la primera estrofa (M'embriac... Frisós envit... nyam en joc) parece relajarse y generalizarse en la última que, de modo significativo, culmina en eternament.
  • 'Com tendres ànimes en pèl': El mismo efecto se consigue en este poema cuando, tras un desnudarse con toda la premura, los amantes van más allá, se arrancan els cors, els pulmons, els cervells, els ronyons... y parecen así trascender la anécdota sexual para quedarse com tendres ànimes en pèl
  • 'Naufràgil': dejando de lado la oportunidad del término, el poema parece generado a partir de la paronomasia naufràgil / nafrat. Quiero decir que la palabra naufràgil sugiere el nafrat que abre la primera y última estrofas y genera toda la red de significados asociados. La idea última será la fragilidad del náufrago en tierra: memòria silenciosa, l'adéu, rastres perduts, estèril record, enyor... Son hermosas las imágenes salinas: el náufrago leyendo con sus dits nafrats.../ l'adust contorn dels cocons buits; crostims aspres de sal; mots fets de salobre...
  • 'En una habitació qualsevol': encontramos alguna imagen parecida a la del poema anterior como un enyor entre els meus dits. Y alguna otra imagen lograda como Tenc a les mans líquids records o en jo amarat aquest no-res, que quizá muestran cómo el autor se mueve mejor en el terreno puramente amoroso que en el erótico.
  • 'Nocturn': lo que en 'Naufràgil' era universo marino se vuelve aquí telúrico. Ahí la cama como planúria blanca; tras ello, carn petrificada... erosionant-se, xaragalls per on corre l'absència, el meu cos mineral, temps geològicament vulgar... Para acabar en ausencia: Cap accident orogràfic m'acompanya, cap terratrèmol que desperti la carn. Cap orogènia d'amor rejovenint-me. Y si hiciéramos una lectura más detenida y comparando poemas empezaríamos a observar otros aspectos: cómo éste complementa 'Naufràgil' en el sentido de expresar la ausencia amorosa en un sentido que busca lo cósmico: mar, tierra...; cómo algún otro verso anterior como Els mugrons en cim extàtic (Eròtica) ya está anunciando éste poema al sugerir a la mujer como criatura telúrica; cómo manos y dedos, como en los dos poemas anteriores, se van convirtiendo en motivo recurrente: entre els dits hi ha xaragalls. Quizá se trata ahora de la imposibilidad de aprehender al ser amado, muy lejos de una de las imágenes iniciales con afalacs entre les mans ('Eròtica').
  • 'La memòria de les taques', 'Pansiment', 'Natura morta', 'Com sempre' forman un pequeño ciclo pajillero que adquiere sentido en relación con los anteriores poemas: tras amor y eros, ausencia y desamor; después, soledad. Otra cosa es lo afortunado de la expresión: el llençol... enlairant-se; la llet fermentada / en el gland arrugat; l'extremunció d'una hemorràgia blanca... Quizá el más logrado de estos poemas sea 'La memòria de les taques' al presentarse todo a partir de un sueño con la amada; en la expresión les teves mans... s'han confós amb les meves se da la clave: lo sepa o no el autor, confondre no es sólo 'confundir' sino también 'fundir con': son así las manos de ella fundidas en las de él las que provocan el placer.
  • 'D'amants i marors': de nuevo juego paronomásico: mars, amors, amants, marors yendo a desembocar otra vez al naufragio.
  • En el resto del poemario se puede detectar algún otro destello: ara em sé deshabitat en aquesta solitud ('Lisboa'); la comparación exótica del amor que se va con la entropía ('Estimada distància') o con la segunda ley de la termodinámica ('Adéu'), que no sé si es la de los dos cuerpos a diferente temperatura...
Y ya fuera del texto propiamente poético: me empiezo a cansar de esas tonterías que empiezan a abundar en la última página de los libros. Ya es el tercero este año que pretende justificarme respetos al medio ambiente con certificados ecológicos o qué se yo. No pienso volver a comprar un libro con tales topicazos. Con lo fácil que es un Acabose de imprimir...

viernes, 9 de mayo de 2014

The Rollings Stones, Angie (1973)

No hace falta mucho comentario:
Angie, Angie, ...
With no loving in our souls and no money in our coats
You can't say we're satisfied 

lunes, 5 de mayo de 2014

Gabriel García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba

García Márquez, Gabriel, El coronel no tiene quien le escriba (Alianza, Madrid: 1993)
Acabamos de releer esta novelita aunque más bien diremos que la he leído por vez primera porque de la vez anterior, allá por los setenta, no guardaba recuerdo alguno.
La comento por aspectos dignos de ser destacados:
-Es la historia de una larga espera: Durante cincuenta y seis años -desde cuando terminó la última guerra civil- el coronel no había hecho nada distinto de esperar (5). Por supuesto es una espera que va desnudando al matrimonio -el coronel y su mujer- de toda esperanza. Lo único que llega es, siguiendo el orden natural, un mes detrás del anterior: Octubre era de las pocas cosas que llegaban (5); o lo inexorable: -Lo único que llega con seguridad es la muerte, coronel (58). Pero la carta que  ha de llegar en la lancha del correo anunciándole al coronel la concesión de su pensión no llega. Dice el administrador de correos: Nada para el coronel. Y responde éste: Yo no tengo quien me escriba (18), en frase que da título a la obra y que la recorre como un estribillo (32). A ello abunda el estar pendiente de un escalafón que parece interminable: -Hay que esperar el turno -dijo-. Nuestro número es el mil ochocientos veintitrés (33); o las largas que le da el abogado: el gobierno ha tenido que hacer remiendos en el presupuesto (36).
-El relato se abre con un doblar de campanas: El coronel se había olvidado del entierro (6). Puede ser premonitorio porque la muerte pesa sobre toda esa zona inicial: el recuerdo del hijo Agustín muerto: la mujer seguía pensando en el muerto: -Ya debe haberse encontrado con Agustín -dijo-. Puede ser que no le cuente la situación en que quedamos después de su muerte (8): o la propia muerte en vida que están padeciendo: "Nos estamos pudriendo vivos" (9).
-Otro de los temas es la pobreza del matrimonio, que alcanza los límites, por ejemplo, de un Galdós en Misericordia: Después de afeitarse al tacto -pues carecía de espejo desde hacía mucho tiempo- el coronel se vistió en silencio (9). A ello hay que añadir los objetos que se venden, empeñan, devuelven una vez comprados...
-El relato enlaza con Cien años de soledad a partir del espacio, Macondo (38), o las referencias al coronel Aureliano Buendía (21, 59).
-Algún personaje lateral parece haber progresado muy por encima de lo que ha hecho el coronel: Era don Sabas, el padrino de su hijo muerto, el único dirigente de su partido que escapó a la persecución política (12).
-El gallo de pelea es, por decirlo de alguna manera, el único sostén de la vida desesperanzada del coronel: El coronel se ocupó del gallo a pesar de que el jueves habría preferido permanecer en la hamaca (15). Y ello aunque el gallo había sido la causa de la muerte de su hijo: -Vale como cincuenta pesos. / Tuvo la certeza de que ese argumento justificaba su determinación de conservar el gallo, herencia del hijo acribillado nueve meses antes en la gallera, por distribuir información clandestina (15-16). En realidad el gallo va a ser lo único a lo que se aferre el coronel incluso contra su mujer, que se lo reprocha: Es pecado quitarnos el pan de la boca para echárselo a un gallo (46); o bien: Una inyección para un gallo como si fuera un ser humano -gritó-. Eso es un sacrilegio (56). Y cuando el coronel salga de casa con la intención de vender el reloj (47) lo que intenta, y consigue, es que los amigos de su hijo se hagan cargo del gallo: Los muchachos se encargarán de alimentar al gallo (51). De ahí su firme resolución, que va a actuar como conclusión de la obra, de que a pesar de su mujer y de toda la situación, El gallo no se vende (88). Claro que la consecuencia inmediata va a ser la palabra que cierra la obra y que se refiere a lo que van a comer hasta que el gallo gane la próxima pelea: Mierda (95).

jueves, 1 de mayo de 2014

John Fowles, La mujer del teniente francés

Fowles, John, La mujer del teniente francés (Argos Vergara, Barcelona: 1982)
No es una gran novela. La leemos por ir cumpliendo esos desafíos que explicamos en otra parte del blog, es decir, por puro trámite; y aprovechamos para decir que da la sensación de que en algunos de esos catálogos de novelas que hay que leer antes de morirse -o peor- algunas están incluidas sólo porque han pasado al cine.
La presente tiene su intriga amorosa no sé si bien resuelta del todo y con su final negativo según establecía mi semipaisano Denis de Rougemont en su clásico L'Amour et l'Occident en el que venía a decir, a propósito de Tristán e Isolda, que una historia de amor con final feliz no merece ser vivida. Analizo como suelo a base de puntitos dignos de ser destacados:
  • Paso por alto el topicazo de si la obra es o no una crítica del convencionalismo o puritanismo de la Inglaterra victoriana -¡a buenas horas si la novela es de 1969!- que impide una historia de amor plena entre dos personas de diferente clase social.
  • En realidad la historia consiste en un triángulo amoroso: joven aristócrata comprometido con muchacha de su clase se enamora de otra de clase inferior. La caracterización de los personajes es, en principio, tópica: él, Charles, hombre de mundo, viajado con su estancia en París (78), sus lecturas de Darwin y su afición por los fósiles tal que, tras encontrar una buena muestra, decidió regalarla a Ernestina pero porque no tardaría en recobrarla, cuando se casaran (56-57); ésta es una joven convencional, mimada por la familia y sin experiencia. Y la tercera, Sara, la mujer que distorsionará la armonía de los anteriores, presentada en principio con un halo de misterio y rasgos negativos: ha sido abandonada por un marinero francés, que la poseyó y le prometió matrimonio; la descriptio puellae es un dechado por parte del autor de no se sabe bien qué porque intenta apartarla a la fuerza de los cánones tradicionales de belleza: Entonces estaban de moda las cejas finas y arqueadas, pero las de Sara eran recias... No es que tuviera uno de aquellos hermosos rostros... Era una cara bien modelada y muy femenina... Su boca era grande y tampoco correspondía a los cánones de belleza de la época (126).
  • La evolución del enamoramiento entre Charles y Sara está perfectamente escalonada:
  1. Charles la encuentra casualmente dormida en el bosque y se ve invadido por un sentimiento extraño, -no era sensual, sino fraternal, incluso paternal-, que le hacía estar seguro de la inocencia de aquella criatura (78). Son curiosas, por lo intempestivas, algunas intervenciones del narrador. Tras la escena anterior, Sara se despierta, Charles le pide perdón por estar mirándola, sigue andando y se detiene a esperarla porque no conoce el camino de vuelta. Dice el narrador: en aquellos breves segundos de espera... se perdió toda la Era victoriana. Y no quiero decir que Charles se equivocara de camino (79). ¿Qué sentido tiene eso?: ¿Charles se enamora y ello supondrá que para él se rompen las convenciones victorianas? De eso a que se pierda la era victoriana...
  2. Un segundo encuentro, también en el bosque, se produce inmediatamente después de que Ernestina haya leído a Charles, en una escena típica de las veladas hogareñas de la época victoriana (122), un burdo poema en el que una mujer queda inválida tras sufrir una caída. De modo parecido Sara resbala pero sin mayores consecuencias: -Miss Woodruff, me asusta pensar lo que ocurriría si llegara a torcerse un tobillo en estos parajes (125).
  3. A partir de entonces Charles acude al bosque con la sola intención de buscarla. Y la encuentra en otra escena forzada porque Charles compara el encuentro con el caso de aquel campesino de los Pirineos, que afirmaba haber visto a la Virgen (145). Se da, eso sí, un hecho curioso, y es que Sara le regala dos fósiles, dos testas micraster (145), es decir, lo mismo que Charles había regalado a su novia; y ya sabemos el valor de los regalos entre personas que se aman. Es en ese encuentro cuando prácticamente Charles acepta convertirse en confidente de Sara: Lo único que le pido es que venga a verme otra vez. Yo vendré aquí todas las tardes... No sé a quién acudir (151).
  4. Los encuentros siguientes provocan la duda en Charles, que ya se siente enamorado: se encontró sonriendo, aunque sólo con los ojos, pero sonriendo. Y, además, excitado; excitado de un modo demasiado oscuro y general para que podamos considerarlo intrínsecamente sexual, pero excitado hasta la médula de su ser (194). Por eso Charles intenta, inútilmente, que cesen los encuentros: -No debemos volver a vernos a solas (195).
  5. Llega así, inevitablemente, el primer beso. Y en una escena cargada de tantos tópicos que se desarrolla, nada menos que en un granero: sintió alzarse en su interior, impetuosamente, el deseo de protegerla...; Charles se dio cuenta de que su primer impulso fue arrodillarse al lado de ella para consolarla; peor aún, pues la penumbra y el recogimiento del granero recordaban el ambiente de un dormitorio (257). La consecuencia cae por su propio peso: Sus ojos estaban prendidos en los de ella. Ambos parecían hipnotizados... La tomó en sus brazos y vio cerrarse sus ojos cuando ella entró en su abrazo; luego, él cerro los suyos y buscó los labios (261).
  6. Entre Charles y Ernestina se abre, lógicamente, una brecha: Charles no se sentía capaz de besarla en los labios. De modo que la cogió por los hombros y le dio un beso en cada sien (275). Tras ello, la ruptura del compromiso provoca a Charles problemas económicos y legales y le lleva a un paseo infernal por la noche londinense hasta acabar en casa de una prostituta. Otro detalle forzado: Charles pregunta a la prostituta cómo se llama y -¡oh casualidad!- se llama Sara; al oír ese nombre, a Charles le sacudió un espasmo intolerable. Volvió la cara y empezó a vomitar en la almohada (325).
  7. Lo de menos, ya, será el final: que si Charles posee a Sara y se da cuenta, por lo de la sangre, de que no era cierto que ya la hubiera poseído el teniente francés; que si la deja esperándole en Exeter pero ella no le espera por no sé qué intervención maliciosa del criado; que si Charles se desespera buscándola hasta encontrarla algunos años después, bajo la protección de un pintor conocido, Dante Gabriel Rosetti; que si el autor no acaba de dar una razón lógica para que no puedan unirse...
  • Alrededor de los principales se da toda una serie de personajes secundarios de  tipo plano y convencional que bien podrían estar sacados de Agata Christie, de Rebeca o de cualquier relato ambientado en la campiña inglesa. Ahora bien, hay una pareja, Sam y Mary, que parecen proceder de otra tradición. Sam es el criado de Charles y en algún momento parece sustentar el papel de gracioso como ocurre con el criado del galán en el teatro clásico español o, volviendo a ambiente inglés, con el Passepartout criado de Phileas Fogg en La vuelta al mundo en ochenta días de Verne. Y si vamos al Tenorio de Zorrilla y recordamos cómo don Juan conquista a doña Ana de Pantoja mientras la criada de ésta es conquistada por Ciutti, el criado de aquél, veremos que aquí ocurre algo parecido: Sam se enamora de Mary, sirvienta de la casa donde se aloja Ernestina. Con un detalle añadido, que mientras el compromiso entre Charles y Ernestina se rompe, Sam y Mary se casan, progresan económicamente y tienen hijos.
  • Se dan extensas intervenciones del narrador y algo extemporáneas: Este relato es pura imaginación. Estos personajes que estoy creando nunca existieron... De manera que me limitaré a narrar los hechos externos (102-105). O el capítulo 35, dedicado a la moral victoriana: ¿Con qué nos enfrentamos en el siglo XIX? Con una época en que la mujer era sagrada y en la que cualquiera podía comprar una niña de trece años... (277).
  • Tiene detallitos tópicamente ingleses como la atención por las flores. Así ocurre en el paseo de Charles previo a su encuentro casual con Sara (y no creo que el autor tenga suficiente nivel como para situarnos deliberadamente en un locus amoenus): Alrededor de él la tierra estaba cubierta de doradas celidonias y prímulas y festoneada por el blanco nupcial de las flores del endrino (75).
  • Deja caer alguna estupidez lingüística como la siguiente, difícilmente achacable al traductor: lanzó a Charles una rápida mirada de soslayo con aquellos ojos casi extraoftálmicos (125). ¡Qué lejos están de los ojos oceánicos que se le ocurren a Neruda!
Meryl Streep cuando estaba buena