Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 7 de abril de 2014

Julio Cortázar, Rayuela, III (El viaje, I)


Imagínate que al llegar a Marte un tipo te pide que le describas la ceniza. (122)
Cortázar en sus tiempos, cuando fumar no era pecado
Tratamos en la entrada anterior de Rayuela como búsqueda. Intentaremos ahora tratarla como viaje desde el presupuesto de que uno y otra, viaje y búsqueda, se implican entre sí: ejemplo sencillo es Lázaro de Tormes que busca salir del hambre y por ello viaja de Salamanca a Toledo; o el Julien Sorel de Stendhal, que viaja de un lado a otro de Francia buscando indeciso entre las bragas de Madame Rênal o de mademoiselle de la Mole para acabar encontrando la guillotina.
¿Que Rayuela no es una novela de viaje o que, a lo sumo, se da el salto de París a Buenos Aires?, ¿que es una novela urbana y el único viaje es el caótico por París? Quizá. Pero véase la frecuencia con que aparecen en la novela puentes, ríos, la misma rayuela... y piénsese si tienen relación con el camino y, en última instancia, con el viaje:

EL PUENTE:
  • Volvamos a la idea de búsqueda y, con ella, a la primera frase de la novela: ¿Encontraría a la Maga? La encuentra, efectivamente: su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado para otro, a veces detenida en el pretil de hierro (1); poco más adelante, lo mismo y casi repetición literal, búsqueda de la Maga y puente: por qué no había de buscar a la Maga... ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts (21). El puente, por supuesto, es lugar de tránsito, de movimiento, de viaje de un lado al otro. Pero en muchas ocaciones, como las anteriores, el personaje está quieto en él bien por indecisión, bien por indolencia, bien sin causa ninguna: -Despertémonos -decía Oliveira alguna que otra vez. /-Para qué -contestaba la Maga mirando correr las péniches desde el Pont Neuf- (4); Como (Oliveira) no era de los que se tiran, buscó un puente para meterse debajo y pensar un rato (36). Tambien Talita, personaje paralelo a la Maga (se parecían tanto y mucho más de noche [56]), aparece por un momento parada en un puente, aunque sea de tablones y haya de servir, en un capítulo de orden surrealista, para pasar clavos y mate desde una ventana a otra con el vacío de por medio: Talita esperó, con el paquete apoyado en el puente (41). O, también personaje ligado a la Maga, la clocharde instalada en el puente inicial, el Pont des Arts: su simpatía por la clocharde del Pont des Arts se arraigó... Sobre todo en esos días en que habían descubierto que la clocharde estaba enamorada, la simpatía y el deseo de que todo terminara bien era para la Maga algo así como el arco de los puentes (108). Y más adelante: -Está maravillosa -dijo Oliveira. Viene a seducir a los del puente (108).
  • El puente, vemos, no cumple la función esperada de lugar de paso. Incluso, paradójicamente, puede ser destino de la Maga o de Oliveira: (La Maga y yo) no nos buscaríámos en nuestras casas. Preferíamos encontrarnos en el puente (1); ¿Qué venía yo a hacer al Pont des Arts? Me parece que ese jueves de diciembre tenía pensado cruzar a la orilla derecha (1). Y un intento de explicación de qué hace la Maga en ese puente lo da madame Léonie: su puente (el de la Maga es) el Pont des Arts (1); (La Maga) era de las que rompen los puentes con sólo cruzarlos (1). Así, casi podemos decir que se intenta construir una paradoja: Horacio viaja una y otra vez en busca de la Maga y, a pesar de encontrarla siempre en su puente, no acaba de encontrarla (o aprehenderla).
  • Por fin, hay otras ocasiones en que el puente no es real sino metafórico: Me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado (93).
EL RÍO:
  • Debajo del puente, el río. Sólo que el río de Rayuela no es el Sena sino esos ríos metafísicos que también sirven para construir una oposición básica entre Oliveira y la Maga, la que va de la reflexión a la acción (y de nuevo búsqueda y detención en el puente): Hay ríos metafísicos, ella los nada... Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada (21). También Oliveira intenta nadarlos: luchaba en vano... para refugiarse en algún río metafísico (23).Y se convierten en leit motiv de la novela: Tantos ríos metafísicos... ríos metafísicos mezclados con algodones (23). El río metafísico, suponemos, es el de Heráclito, que aparecerá más tarde citado primero por alusión (el diamante estremecedor del panta rei [36: todo fluye]) y luego directamente (¿Cómo era aquello de Heráclito? [48]): si es así, es ese río en el que no te puedes bañar dos veces.
LA RAYUELA:
  • La rayuela como símbolo -otro será el circo- del mundo. Pero rayuela implica recorrido de abajo a arriba. ¿Y qué encontramos en ella?:  Por qué no había de amar a la Maga y poseerla... si en esa vertiginosa rayuela... yo me reconocía (21). Y más adelante: Talita estaba parada sin darse cuenta en la casilla tres, y Traveler tenía un pie metido en la seis, de modo que lo único que él podía hacer era... quedarse mirando a la Maga (56). Si volvemos a lo dicho antes sobre la asociación entre Talita y la Maga, la conclusión es que en ambas citas se ubica a la Maga en la rayuela al modo como antes se la ubicaba en el puente donde la encuentra Oliveira. Y de nuevo, la dificultad de atraparla porque a ella (la Maga) también le ocurría... verse metida en casillas que no eran las de la gente (1); o porque no acaba de entrar en la rayuela: el juego de volver la cabeza y... mirar a la Maga parada ahí al borde de la rayuela... no se podía hacer otra cosa que mirar a la Maga tan hermosa al borde de la rayuela (56). Empieza a vislumbrarse, así, una conclusión última: el destino del viaje no es otro que la Maga. Y aún otra: la Maga es inasible.
  • El capítulo 56, el último de entre los imprescindibles, recoge, aparte de los personajes, abundantes elementos -las medias lunas, el Doppelgänger, los piolines...- tratados antes de modo disperso. Ello le otorga carácter de conclusión. Pero más aún su último párrafo, que resume prácticamente todo lo dicho hasta aquí. En él Oliveira está mirando por una ventana y abajo hay una rayuela: lo único que él podía hacer era mover un poco la mano derecha en un saludo tímido y quedarse mirando a la Maga, a Manú, diciéndose que al fin y al cabo algún encuentro había, aunque no pudiera durar más que ese instante terriblemente dulce en el que lo mejor sin lugar a dudas hubiera sido inclinarse apenas hacia afuera y dejarse ir, paf se acabó (56). ¿Tirarse abajo y llegar al final de la búsqueda y del viaje?, ¿encontrar a la Maga en la muerte? La respuesta la encontramos en una cita por la que hemos pasado hace unos párrafos: (Oliveira) no era de los que se tiran (36).

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