Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 27 de abril de 2014

Platón, Diálogos, I (Prólogo)

Platón, Diálogos, I (Madrid, Gredos: 2008)
Impresionante, aunque por momentos densa, la cumplida introducción de Emilio Lledó a los diálogos de Platón. Con muchísimas ideas sugerentes como las siguientes, que presentamos de modo algo disperso:
  • El diálogo supone la eliminación del lenguaje dogmático: La verdad se desvelaba no en el imperio del sacerdote o del rey, sino en la coincidencia de los hombres, en el enfrentamiento de sus opiniones (14). Visto así, se llega a una democratización del lógos. Y entiendo que todo ello es otra manera de ver el paso del mito al lógos.
  • Como se ha dicho repetidamente, la filosofía europea no ha sido otra cosa que notas a pie de página a los diálogos de Platón (30), pero de ahí la necesidad de entenderlo bien.
  • La democracia ateniense, entorno de Platón, consiste en una isegoría, o igualdad de palabra en el ágora, y también en una isonomía, o igualdad ante la ley, el nómos. Y de nómos en tanto relación política, nómisma, la moneda, base de la relación económica. Sigo así que el origen remoto de numismática está en nómos (62ss.).
  • La base de la teoría de las ideas platónica está en la unidad del ser de Parménides como ya suponía. Creo entender, de la lectura de las pp. 83-85, que Platón acudirá también al pensamiento de Heráclito sobre el flujo y la mutabilidad para establecer que las ideas son inmutables al modo de Parménides mientras las sensaciones son mutables al modo de Heráclito.
  • Dado el peso de la polis en la cultura griega, la felicidad consiste en la correspondencia entre el hombre y la ciudad; y viceversa, la infelicidad consiste en la ruptura de ese vínculo y, de ahí, por ejemplo, la aniquilación de Edipo alcanza su más honda dimensión cuando éste abandona Tebas (91-92). Ello será importante -entiendo- a la hora de analizar la condena a muerte de Sócrates por parte de la ciudad de Atenas (Apología) e incluso su negativa a fugarse de prisión (Critón).
  • Frente a la relatividad de los valores en la sofística a partir del lenguaje, Sócrates pretende encontrar los principios éticos que subyacen en ese lenguaje: es la aletheia en el logos y entrando también en el demos (98).
(La presente entrada continúa aquí)

miércoles, 23 de abril de 2014

The Rollings Stones, Angie (1973)

No hace falta mucho comentario:
Angie, Angie, ...
With no loving in our souls and no money in our coats
You can't say we're satisfied 

sábado, 19 de abril de 2014

Gabriel García Márquez

Hace cuatro días dediqué una necrológica a Junior y eso casi me obliga a hacérsela a García Márquez máxime cuando me ha pillado en pleno proceso de relectura de El coronel no tiene quien le escriba. Pero, la verdad, no me apetece siquiera sacar aquí una foto para vacilar de que tengo la primera edición de Cien años de soledad en la editorial Sudamericana, edición conocida por tener una E invertida.
Y no me apetece porque no me caía simpático. La causa, el traje que llevó a la ceremonia de los Nobel.

martes, 15 de abril de 2014

Juan y Junior, Anduriña

Pues nada, que hoy 15 de abril ha muerto Junior (1943-2014). La trayectoria artística fue rica al menos en su época con el conjunto instrumental Los Pekenikes y Los Brincos allás por los tiempos en que los grupos musicales, por una cuestión de obviedad, se llamaban Los...  Dejo aquí en su memoria el impresionante Anduriña con Juan Pardo.
Ah, y si alguien cree que Junior y Camilo Sesto eran la misma persona, yo lo niego.


viernes, 11 de abril de 2014

Sinn Sage y Aiden Ashley: quiquis y quiquis

Por fin he encontrado un par de fotos decentes de mi admirada Sinn Sage. Esta primera nos la envió la criaturita a todos sus seguidores en twitter el día 14 de marzo. Y digo que es decente por múltiples razones: 1ª) Porque no contiene ninguna de las cochinadas a que nos tiene acostumbrados. 2º) Porque está ella solita y no con otra mujer haciendo sus tortillitas o esos masoquismos que tanto le gustan: así su cuerpo no queda solapado por el de la otra y podemos dedicarle toda nuestra atención: piernas correctas, vientre liso, pechos de tamaño satisfactorio... y el pelo tal cual sin haberse preocupado por arreglárselo. 3º) Porque -y eso es el detalle que más me convence- cuando quiere es de las clásicas y ahí la tienes con su quiqui sin afeitar como Dios manda. Lo de menos es la pose: ¿puede caminar, como parece estar haciendo, con las bragas tal como las lleva? Tampoco importa el entorno pero, la verdad, la foto ganaría sin el florero.

Una segunda foto que -nótese la flor de la izquierda- parece tomada instantes antes de la anterior y aún con sostenes o con ellos a medio quitar como las bragas en la foto anterior. Bastante completa y limpia también la foto. Lo bonito es la mirada. ¿Qué es lo que mira exactamente?: ¿se acaba de descubrir el quiqui?; ¿se sorprende de llevarlo sin afeitar?; ¿se lo está mirando y pensando en afeitárselo para decepción mía? Un buen detalle comparando ambas fotos es la firmeza de los pechos. Aquí parece como si la función de los sostenes a medio caer fuera ésa, la de sostener; y mantener los pezones en alto. Pero si se mira la foto anterior se ve cómo pechos y pezones están firmes también libres de sostenes.

Y mi Aiden Ashley no puede faltar cuando se habla seriamente de mujeres. Para mí sigue siendo la primera a pesar de la foto de la izquierda, que también envió a sus seguidores en twitter a principios de marzo. Bien, el cuerpo bonito al que nos tiene acostumbrados, esa piel tan blanca, el afeitado que siempre le hemos tolerado por ser quien es... pero, ¿no tiene un quiqui si no raro, rarísimo? Si no fuera por cuestiones de fidelidad diría que prefiero el quiqui de Sinn Sage a éste que se le ve aquí a Aiden Ashley, que parece tener inserto en medio algo de estructura minifaliforme. No sé, quizá lo compense el sabor pero a primera vista... La mirada, eso sí, de emperatriz: mirando hacia abajo como desde un trono y empequeñeciendo a quienes la contemplemos.

lunes, 7 de abril de 2014

Julio Cortázar, Rayuela, III (El viaje, I)


Imagínate que al llegar a Marte un tipo te pide que le describas la ceniza. (122)
Cortázar en sus tiempos, cuando fumar no era pecado
Tratamos en la entrada anterior de Rayuela como búsqueda. Intentaremos ahora tratarla como viaje desde el presupuesto de que uno y otra, viaje y búsqueda, se implican entre sí: ejemplo sencillo es Lázaro de Tormes que busca salir del hambre y por ello viaja de Salamanca a Toledo; o el Julien Sorel de Stendhal, que viaja de un lado a otro de Francia buscando indeciso entre las bragas de Madame Rênal o de mademoiselle de la Mole para acabar encontrando la guillotina.
¿Que Rayuela no es una novela de viaje o que, a lo sumo, se da el salto de París a Buenos Aires?, ¿que es una novela urbana y el único viaje es el caótico por París? Quizá. Pero véase la frecuencia con que aparecen en la novela puentes, ríos, la misma rayuela... y piénsese si tienen relación con el camino y, en última instancia, con el viaje:

EL PUENTE:
  • Volvamos a la idea de búsqueda y, con ella, a la primera frase de la novela: ¿Encontraría a la Maga? La encuentra, efectivamente: su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado para otro, a veces detenida en el pretil de hierro (1); poco más adelante, lo mismo y casi repetición literal, búsqueda de la Maga y puente: por qué no había de buscar a la Maga... ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts (21). El puente, por supuesto, es lugar de tránsito, de movimiento, de viaje de un lado al otro. Pero en muchas ocaciones, como las anteriores, el personaje está quieto en él bien por indecisión, bien por indolencia, bien sin causa ninguna: -Despertémonos -decía Oliveira alguna que otra vez. /-Para qué -contestaba la Maga mirando correr las péniches desde el Pont Neuf- (4); Como (Oliveira) no era de los que se tiran, buscó un puente para meterse debajo y pensar un rato (36). Tambien Talita, personaje paralelo a la Maga (se parecían tanto y mucho más de noche [56]), aparece por un momento parada en un puente, aunque sea de tablones y haya de servir, en un capítulo de orden surrealista, para pasar clavos y mate desde una ventana a otra con el vacío de por medio: Talita esperó, con el paquete apoyado en el puente (41). O, también personaje ligado a la Maga, la clocharde instalada en el puente inicial, el Pont des Arts: su simpatía por la clocharde del Pont des Arts se arraigó... Sobre todo en esos días en que habían descubierto que la clocharde estaba enamorada, la simpatía y el deseo de que todo terminara bien era para la Maga algo así como el arco de los puentes (108). Y más adelante: -Está maravillosa -dijo Oliveira. Viene a seducir a los del puente (108).
  • El puente, vemos, no cumple la función esperada de lugar de paso. Incluso, paradójicamente, puede ser destino de la Maga o de Oliveira: (La Maga y yo) no nos buscaríámos en nuestras casas. Preferíamos encontrarnos en el puente (1); ¿Qué venía yo a hacer al Pont des Arts? Me parece que ese jueves de diciembre tenía pensado cruzar a la orilla derecha (1). Y un intento de explicación de qué hace la Maga en ese puente lo da madame Léonie: su puente (el de la Maga es) el Pont des Arts (1); (La Maga) era de las que rompen los puentes con sólo cruzarlos (1). Así, casi podemos decir que se intenta construir una paradoja: Horacio viaja una y otra vez en busca de la Maga y, a pesar de encontrarla siempre en su puente, no acaba de encontrarla (o aprehenderla).
  • Por fin, hay otras ocasiones en que el puente no es real sino metafórico: Me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado (93).
EL RÍO:
  • Debajo del puente, el río. Sólo que el río de Rayuela no es el Sena sino esos ríos metafísicos que también sirven para construir una oposición básica entre Oliveira y la Maga, la que va de la reflexión a la acción (y de nuevo búsqueda y detención en el puente): Hay ríos metafísicos, ella los nada... Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada (21). También Oliveira intenta nadarlos: luchaba en vano... para refugiarse en algún río metafísico (23).Y se convierten en leit motiv de la novela: Tantos ríos metafísicos... ríos metafísicos mezclados con algodones (23). El río metafísico, suponemos, es el de Heráclito, que aparecerá más tarde citado primero por alusión (el diamante estremecedor del panta rei [36: todo fluye]) y luego directamente (¿Cómo era aquello de Heráclito? [48]): si es así, es ese río en el que no te puedes bañar dos veces.
LA RAYUELA:
  • La rayuela como símbolo -otro será el circo- del mundo. Pero rayuela implica recorrido de abajo a arriba. ¿Y qué encontramos en ella?:  Por qué no había de amar a la Maga y poseerla... si en esa vertiginosa rayuela... yo me reconocía (21). Y más adelante: Talita estaba parada sin darse cuenta en la casilla tres, y Traveler tenía un pie metido en la seis, de modo que lo único que él podía hacer era... quedarse mirando a la Maga (56). Si volvemos a lo dicho antes sobre la asociación entre Talita y la Maga, la conclusión es que en ambas citas se ubica a la Maga en la rayuela al modo como antes se la ubicaba en el puente donde la encuentra Oliveira. Y de nuevo, la dificultad de atraparla porque a ella (la Maga) también le ocurría... verse metida en casillas que no eran las de la gente (1); o porque no acaba de entrar en la rayuela: el juego de volver la cabeza y... mirar a la Maga parada ahí al borde de la rayuela... no se podía hacer otra cosa que mirar a la Maga tan hermosa al borde de la rayuela (56). Empieza a vislumbrarse, así, una conclusión última: el destino del viaje no es otro que la Maga. Y aún otra: la Maga es inasible.
  • El capítulo 56, el último de entre los imprescindibles, recoge, aparte de los personajes, abundantes elementos -las medias lunas, el Doppelgänger, los piolines...- tratados antes de modo disperso. Ello le otorga carácter de conclusión. Pero más aún su último párrafo, que resume prácticamente todo lo dicho hasta aquí. En él Oliveira está mirando por una ventana y abajo hay una rayuela: lo único que él podía hacer era mover un poco la mano derecha en un saludo tímido y quedarse mirando a la Maga, a Manú, diciéndose que al fin y al cabo algún encuentro había, aunque no pudiera durar más que ese instante terriblemente dulce en el que lo mejor sin lugar a dudas hubiera sido inclinarse apenas hacia afuera y dejarse ir, paf se acabó (56). ¿Tirarse abajo y llegar al final de la búsqueda y del viaje?, ¿encontrar a la Maga en la muerte? La respuesta la encontramos en una cita por la que hemos pasado hace unos párrafos: (Oliveira) no era de los que se tiran (36).

jueves, 3 de abril de 2014

Gabriel García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba

García Márquez, Gabriel, El coronel no tiene quien le escriba (Alianza, Madrid: 1993)
Acabamos de releer esta novelita aunque más bien diremos que la he leído por vez primera porque de la vez anterior, allá por los setenta, no guardaba recuerdo alguno.
La comento por aspectos dignos de ser destacados:
-Es la historia de una larga espera: Durante cincuenta y seis años -desde cuando terminó la última guerra civil- el coronel no había hecho nada distinto de esperar (5). Por supuesto es una espera que va desnudando al matrimonio -el coronel y su mujer- de toda esperanza. Lo único que llega es, siguiendo el orden natural, un mes detrás del anterior: Octubre era de las pocas cosas que llegaban (5); o lo inexorable: -Lo único que llega con seguridad es la muerte, coronel (58). Pero la carta que  ha de llegar en la lancha del correo anunciándole al coronel la concesión de su pensión no llega. Dice el administrador de correos: Nada para el coronel. Y responde éste: Yo no tengo quien me escriba (18), en frase que da título a la obra y que la recorre como un estribillo (32). A ello abunda el estar pendiente de un escalafón que parece interminable: -Hay que esperar el turno -dijo-. Nuestro número es el mil ochocientos veintitrés (33); o las largas que le da el abogado: el gobierno ha tenido que hacer remiendos en el presupuesto (36).
-El relato se abre con un doblar de campanas: El coronel se había olvidado del entierro (6). Puede ser premonitorio porque la muerte pesa sobre toda esa zona inicial: el recuerdo del hijo Agustín muerto: la mujer seguía pensando en el muerto: -Ya debe haberse encontrado con Agustín -dijo-. Puede ser que no le cuente la situación en que quedamos después de su muerte (8): o la propia muerte en vida que están padeciendo: "Nos estamos pudriendo vivos" (9).
-Otro de los temas es la pobreza del matrimonio, que alcanza los límites, por ejemplo, de un Galdós en Misericordia: Después de afeitarse al tacto -pues carecía de espejo desde hacía mucho tiempo- el coronel se vistió en silencio (9). A ello hay que añadir los objetos que se venden, empeñan, devuelven una vez comprados...
-El relato enlaza con Cien años de soledad a partir del espacio, Macondo (38), o las referencias al coronel Aureliano Buendía (21, 59).
-Algún personaje lateral parece haber progresado muy por encima de lo que ha hecho el coronel: Era don Sabas, el padrino de su hijo muerto, el único dirigente de su partido que escapó a la persecución política (12).
-El gallo de pelea es, por decirlo de alguna manera, el único sostén de la vida desesperanzada del coronel: El coronel se ocupó del gallo a pesar de que el jueves habría preferido permanecer en la hamaca (15). Y ello aunque el gallo había sido la causa de la muerte de su hijo: -Vale como cincuenta pesos. / Tuvo la certeza de que ese argumento justificaba su determinación de conservar el gallo, herencia del hijo acribillado nueve meses antes en la gallera, por distribuir información clandestina (15-16). En realidad el gallo va a ser lo único a lo que se aferre el coronel incluso contra su mujer, que se lo reprocha: Es pecado quitarnos el pan de la boca para echárselo a un gallo (46); o bien: Una inyección para un gallo como si fuera un ser humano -gritó-. Eso es un sacrilegio (56). Y cuando el coronel salga de casa con la intención de vender el reloj (47) lo que intenta, y consigue, es que los amigos de su hijo se hagan cargo del gallo: Los muchachos se encargarán de alimentar al gallo (51). De ahí su firme resolución, que va a actuar como conclusión de la obra, de que a pesar de su mujer y de toda la situación, El gallo no se vende (88). Claro que la consecuencia inmediata va a ser la palabra que cierra la obra y que se refiere a lo que van a comer hasta que el gallo gane la próxima pelea: Mierda (95).