Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 27 de abril de 2014

Miguel Delibes, La mortaja

Delibes, Miguel, La mortaja (Alianza, Madrid: 1995)
Un relato corto que contiene algunos de los ingredientes que solía transitar Delibes: la naturalez, la infancia, la muerte...
Y, en tanto relato corto, algo próximo al cuento, el ritmo ternario o lo que en algún lugar -y recuerdo dónde- he oído llamar la ley indoeuropea del tres. En efecto, el relato parte de la muerte de Trino. Y, como muere desnudo, el desarrollo consiste en el problema de su hijo, el Senderines, para vestirlo: de ahí, el título.
Observaciones:
  • Partimos pues, de un número 3 en el nombre del padre, realmente llamado Trinidad: mis amigos me llaman Trino para evitar confusiones (7).
  • Se da una oposición entre la naturaleza y la civilización. Ésta está representada por varios elementos que amenazan a aquélla a los ojos del protagonista masculino, el niño Senderines, alrededor del cual está focalizado el relato: la C.E.S.A. que montó una fábrica río arriba. El Senderines sólo había ido allá una vez... y cuando observó cómo la máquina aquella trituraba entre sus feroces mandíbulas troncos de hasta un metro de diámetro,... empezó a temblar (13); la central eléctrica en la que trabaja su padre y sus amigos, y que también visita el Senderines: se encontró con unos torvos cilindros negros adornados de calaveras por todas partes y experimentó un imponente pavor y rompió a llorar (17). Y, en el lado contrario, la naturaleza: Del ribazo llegó el golpeteo de la codorniz dominando el sordo estruendo de la Central (37). Uno de los rasgos cruciales del Senderines será el vivir del lado de la naturaleza gracias a su padre: todos los padres que él conocía habían truncado la libertad de sus hijos enviándolos al taller o a la escuela. El suyo no le privó de su libertad (28).
  • El intento de tránsito de la infancia a la edad adulta reprentado por el duro trance que para el niño supone estar ante su padre muerto y el trámite de vestirlo. Al principio siente miedo: evitaba pasar la mirada por el cuerpo desnudo. Acababa de descubrir que metiéndose de un golpe en el miedo, cerrando los ojos y apretando la boca, el miedo huía como un perro acobardado (24); pero poco más tarde lo ha superado: introdujo el pie por la pernera y repitió la operación con la otra pierna... Ya no experimentaba temor alguno (26).
  • El ritmo ternario del relato se desarrollará a partir de los tres intentos del niño por vestir al padre. Acudirá primero a dos amigos: Goyo no quiere acudir porque esa misma tarde ha discutido con Trino por una cuestión en una partida de cartas: Me he jurado no dar un paso por él y esto es sagrado, ¿comprendes? (35). Es significativa también la opinión de la Ovi, su mujer, que, frente a la superación del temor a los muertos por parte del niño, afirma: Cuando hay muertos en las casas suceden cosas muy raras y a mí me da miedo (37). Conrado, el segundo amigo de Trino, se niega también porque está trabajando: estaba amarrado al servicio como un perro, puesto que de todo lo que ocurriese en su ausencia era él el único responsable (39). Por supuesto será la tercera persona a la que acuda, el Pernales, alguien que sólo acude a la zona una vez al año a fabricar piedras para los trillos (41), quien le ayude. Será, eso sí, a cambio de ropas de su padre y otros utensilios. Y tiene una buena reflexión: La vida es eso. Unos viven para enterrar a los otros que se mueren. Lo malo será para el que muera el último (44).
  • Y es curiosa una anécdota que enmarca el camino del niño en busca de los amigos de su padre: cuando acude hacia casa de Goyo y la Ovi encuentra una luciérnaga y la guarda en una caja: "Oh, una luciérnaga" -se dijo con una alegría desproporcionada (30). Y poco después, al volver de ver a Conrado, su preocupación, a pesar de no haber conseguido ayuda para vestir a su padre, sigue siendo la luciérnaga: arrancó unas briznas de hierba y las metió en la caja. "Este bicho tiene que comer -pensó-, si no se morirá también (40). Y ello no deja de ser una apuesta por la vida frente a la muerte.

miércoles, 23 de abril de 2014

Sinn Sage y Aiden Ashley: quiquis y quiquis

Por fin he encontrado un par de fotos decentes de mi admirada Sinn Sage. Esta primera nos la envió la criaturita a todos sus seguidores en twitter el día 14 de marzo. Y digo que es decente por múltiples razones: 1ª) Porque no contiene ninguna de las cochinadas a que nos tiene acostumbrados. 2º) Porque está ella solita y no con otra mujer haciendo sus tortillitas o esos masoquismos que tanto le gustan: así su cuerpo no queda solapado por el de la otra y podemos dedicarle toda nuestra atención: piernas correctas, vientre liso, pechos de tamaño satisfactorio... y el pelo tal cual sin haberse preocupado por arreglárselo. 3º) Porque -y eso es el detalle que más me convence- cuando quiere es de las clásicas y ahí la tienes con su quiqui sin afeitar como Dios manda. Lo de menos es la pose: ¿puede caminar, como parece estar haciendo, con las bragas tal como las lleva? Tampoco importa el entorno pero, la verdad, la foto ganaría sin el florero.

Una segunda foto que -nótese la flor de la izquierda- parece tomada instantes antes de la anterior y aún con sostenes o con ellos a medio quitar como las bragas en la foto anterior. Bastante completa y limpia también la foto. Lo bonito es la mirada. ¿Qué es lo que mira exactamente?: ¿se acaba de descubrir el quiqui?; ¿se sorprende de llevarlo sin afeitar?; ¿se lo está mirando y pensando en afeitárselo para decepción mía? Un buen detalle comparando ambas fotos es la firmeza de los pechos. Aquí parece como si la función de los sostenes a medio caer fuera ésa, la de sostener; y mantener los pezones en alto. Pero si se mira la foto anterior se ve cómo pechos y pezones están firmes también libres de sostenes.

Y mi Aiden Ashley no puede faltar cuando se habla seriamente de mujeres. Para mí sigue siendo la primera a pesar de la foto de la izquierda, que también envió a sus seguidores en twitter a principios de marzo. Bien, el cuerpo bonito al que nos tiene acostumbrados, esa piel tan blanca, el afeitado que siempre le hemos tolerado por ser quien es... pero, ¿no tiene un quiqui si no raro, rarísimo? Si no fuera por cuestiones de fidelidad diría que prefiero el quiqui de Sinn Sage a éste que se le ve aquí a Aiden Ashley, que parece tener inserto en medio algo de estructura minifaliforme. No sé, quizá lo compense el sabor pero a primera vista... La mirada, eso sí, de emperatriz: mirando hacia abajo como desde un trono y empequeñeciendo a quienes la contemplemos.

sábado, 19 de abril de 2014

Gabriel García Márquez

Hace cuatro días dediqué una necrológica a Junior y eso casi me obliga a hacérsela a García Márquez máxime cuando me ha pillado en pleno proceso de relectura de El coronel no tiene quien le escriba. Pero, la verdad, no me apetece siquiera sacar aquí una foto para vacilar de que tengo la primera edición de Cien años de soledad en la editorial Sudamericana, edición conocida por tener una E invertida.
Y no me apetece porque no me caía simpático. La causa, el traje que llevó a la ceremonia de los Nobel.

martes, 15 de abril de 2014

Juan y Junior, Anduriña

Pues nada, que hoy 15 de abril ha muerto Junior (1943-2014). La trayectoria artística fue rica al menos en su época con el conjunto instrumental Los Pekenikes y Los Brincos allás por los tiempos en que los grupos musicales, por una cuestión de obviedad, se llamaban Los...  Dejo aquí en su memoria el impresionante Anduriña con Juan Pardo.
Ah, y si alguien cree que Junior y Camilo Sesto eran la misma persona, yo lo niego.


viernes, 11 de abril de 2014

Aristóteles, Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de historia natural

Aristóteles, Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de historia natural (Gredos, Madrid: 1998)
Otros de los muchos tratados de Aristóteles dedicados a la naturaleza en los que da un repaso, a modo de estado de la cuestión, a los conocimientos anteriores, los somete a crítica y, tras ello, expone su propia visión. Y siempre según un orden: presentando aquello de lo que va a tratar, desarrollándolo y recapitulando para cerrar la cuestión
Curiosidades, notas, comentarios presentados no globalmente sino según el orden en que aparecen en el texto:
  • Demócrito... afirma que el color no existe en realidad (316a). Al leerlo y entender que, en realidad el color es mero accidente, no podemos sino recordar algo muy parecido del Tractatus de Wittgenstein: Dicho sea de paso, las cosas carecen de color, que interpretamos en el sentido de que color y cosa son diferentes.
  • Hay un motor que para mover necesita ser él mismo movido, mientras que hay otro que es inmóvil (323a). Tal idea va a parar directamente al motor primero de Santo Tomás de Aquino en su demostración racional de la existencia de Dios.
  • Presenta la idea de los cuatro elementos y de las cualidades asociadas a ellos: ...los cuerpos de apariencia simple: fuego, aire, agua y tierra. En efecto, el fuego es caliente y seco, el aire seco y húmedo..., el agua fría y húmeda, la tierra fría y seca (320b).
  • Tiene alguna intervención genial como ésta: nadie tiene jamás frío en los párpados (438b). Recuerda aquella otra afirmación en la Historia de los animales de que los animales pueden tener patas o no; pero si las tienen, las tienen pares.
  • Se le desliza alguna idea que más tiene que ver con la magia: cuando las mujeres se miran en un espejo durante la menstruación, se produce en su superficie algo así como una nube sanguinolenta (459b).
  • Se detiene en la observación de que el hombre, por su posición erguida tiene la parte superior dirigida hacia la parte superior del universo (468a). De ahí derivará a que el sentido común está ubicado en el corazón por su situación hacia el centro del cuerpo pero, en desarrollos ulteriores y medievales, eso llevará a pensar que las zonas superiores del cuerpo tienden hacia Dios mientras que las inferiores, hacia el infierno.

lunes, 7 de abril de 2014

Julio Cortázar, Rayuela, III (El viaje, I)


Imagínate que al llegar a Marte un tipo te pide que le describas la ceniza. (122)
Cortázar en sus tiempos, cuando fumar no era pecado
Tratamos en la entrada anterior de Rayuela como búsqueda. Intentaremos ahora tratarla como viaje desde el presupuesto de que uno y otra, viaje y búsqueda, se implican entre sí: ejemplo sencillo es Lázaro de Tormes que busca salir del hambre y por ello viaja de Salamanca a Toledo; o el Julien Sorel de Stendhal, que viaja de un lado a otro de Francia buscando indeciso entre las bragas de Madame Rênal o de mademoiselle de la Mole para acabar encontrando la guillotina.
¿Que Rayuela no es una novela de viaje o que, a lo sumo, se da el salto de París a Buenos Aires?, ¿que es una novela urbana y el único viaje es el caótico por París? Quizá. Pero véase la frecuencia con que aparecen en la novela puentes, ríos, la misma rayuela... y piénsese si tienen relación con el camino y, en última instancia, con el viaje:

EL PUENTE:
  • Volvamos a la idea de búsqueda y, con ella, a la primera frase de la novela: ¿Encontraría a la Maga? La encuentra, efectivamente: su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado para otro, a veces detenida en el pretil de hierro (1); poco más adelante, lo mismo y casi repetición literal, búsqueda de la Maga y puente: por qué no había de buscar a la Maga... ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts (21). El puente, por supuesto, es lugar de tránsito, de movimiento, de viaje de un lado al otro. Pero en muchas ocaciones, como las anteriores, el personaje está quieto en él bien por indecisión, bien por indolencia, bien sin causa ninguna: -Despertémonos -decía Oliveira alguna que otra vez. /-Para qué -contestaba la Maga mirando correr las péniches desde el Pont Neuf- (4); Como (Oliveira) no era de los que se tiran, buscó un puente para meterse debajo y pensar un rato (36). Tambien Talita, personaje paralelo a la Maga (se parecían tanto y mucho más de noche [56]), aparece por un momento parada en un puente, aunque sea de tablones y haya de servir, en un capítulo de orden surrealista, para pasar clavos y mate desde una ventana a otra con el vacío de por medio: Talita esperó, con el paquete apoyado en el puente (41). O, también personaje ligado a la Maga, la clocharde instalada en el puente inicial, el Pont des Arts: su simpatía por la clocharde del Pont des Arts se arraigó... Sobre todo en esos días en que habían descubierto que la clocharde estaba enamorada, la simpatía y el deseo de que todo terminara bien era para la Maga algo así como el arco de los puentes (108). Y más adelante: -Está maravillosa -dijo Oliveira. Viene a seducir a los del puente (108).
  • El puente, vemos, no cumple la función esperada de lugar de paso. Incluso, paradójicamente, puede ser destino de la Maga o de Oliveira: (La Maga y yo) no nos buscaríámos en nuestras casas. Preferíamos encontrarnos en el puente (1); ¿Qué venía yo a hacer al Pont des Arts? Me parece que ese jueves de diciembre tenía pensado cruzar a la orilla derecha (1). Y un intento de explicación de qué hace la Maga en ese puente lo da madame Léonie: su puente (el de la Maga es) el Pont des Arts (1); (La Maga) era de las que rompen los puentes con sólo cruzarlos (1). Así, casi podemos decir que se intenta construir una paradoja: Horacio viaja una y otra vez en busca de la Maga y, a pesar de encontrarla siempre en su puente, no acaba de encontrarla (o aprehenderla).
  • Por fin, hay otras ocasiones en que el puente no es real sino metafórico: Me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado (93).
EL RÍO:
  • Debajo del puente, el río. Sólo que el río de Rayuela no es el Sena sino esos ríos metafísicos que también sirven para construir una oposición básica entre Oliveira y la Maga, la que va de la reflexión a la acción (y de nuevo búsqueda y detención en el puente): Hay ríos metafísicos, ella los nada... Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada (21). También Oliveira intenta nadarlos: luchaba en vano... para refugiarse en algún río metafísico (23).Y se convierten en leit motiv de la novela: Tantos ríos metafísicos... ríos metafísicos mezclados con algodones (23). El río metafísico, suponemos, es el de Heráclito, que aparecerá más tarde citado primero por alusión (el diamante estremecedor del panta rei [36: todo fluye]) y luego directamente (¿Cómo era aquello de Heráclito? [48]): si es así, es ese río en el que no te puedes bañar dos veces.
LA RAYUELA:
  • La rayuela como símbolo -otro será el circo- del mundo. Pero rayuela implica recorrido de abajo a arriba. ¿Y qué encontramos en ella?:  Por qué no había de amar a la Maga y poseerla... si en esa vertiginosa rayuela... yo me reconocía (21). Y más adelante: Talita estaba parada sin darse cuenta en la casilla tres, y Traveler tenía un pie metido en la seis, de modo que lo único que él podía hacer era... quedarse mirando a la Maga (56). Si volvemos a lo dicho antes sobre la asociación entre Talita y la Maga, la conclusión es que en ambas citas se ubica a la Maga en la rayuela al modo como antes se la ubicaba en el puente donde la encuentra Oliveira. Y de nuevo, la dificultad de atraparla porque a ella (la Maga) también le ocurría... verse metida en casillas que no eran las de la gente (1); o porque no acaba de entrar en la rayuela: el juego de volver la cabeza y... mirar a la Maga parada ahí al borde de la rayuela... no se podía hacer otra cosa que mirar a la Maga tan hermosa al borde de la rayuela (56). Empieza a vislumbrarse, así, una conclusión última: el destino del viaje no es otro que la Maga. Y aún otra: la Maga es inasible.
  • El capítulo 56, el último de entre los imprescindibles, recoge, aparte de los personajes, abundantes elementos -las medias lunas, el Doppelgänger, los piolines...- tratados antes de modo disperso. Ello le otorga carácter de conclusión. Pero más aún su último párrafo, que resume prácticamente todo lo dicho hasta aquí. En él Oliveira está mirando por una ventana y abajo hay una rayuela: lo único que él podía hacer era mover un poco la mano derecha en un saludo tímido y quedarse mirando a la Maga, a Manú, diciéndose que al fin y al cabo algún encuentro había, aunque no pudiera durar más que ese instante terriblemente dulce en el que lo mejor sin lugar a dudas hubiera sido inclinarse apenas hacia afuera y dejarse ir, paf se acabó (56). ¿Tirarse abajo y llegar al final de la búsqueda y del viaje?, ¿encontrar a la Maga en la muerte? La respuesta la encontramos en una cita por la que hemos pasado hace unos párrafos: (Oliveira) no era de los que se tiran (36).

jueves, 3 de abril de 2014

Prosper Mérimée, Colomba

Mérimée, Prosper, Colomba (Librio, París: 1997)
Una novelita publicada en Francia por Librio que, en los 90 y como hizo aquí Alianza, publicó clásicos de forma económica, diez francos en este caso.
Si situamos a Mérimée (1803-1870), sí el de Carmen, en su tiempo y leemos la obra desde paralelos españoles vamos a dar, sin mucho margen de error, en el costumbrismo, en novelas como La gaviota de Fernán Caballero o Peñas arriba de Pereda en las que parece como si la intriga amorosa sirviera de excusa para la exhibición de tipos o escenas regionales. En efecto, aquí asistimos a una historia de amor entre un heredero de una vieja familia corsa y una joven aristocrática irlandesa; todo ello salpicado de bandoleros y aderezado con una trama de viejas rencillas entre familias que van a dar en la venganza.
Notas:
  • Es patente la admiración del autor por el modo de vida de los bandoleros y sus códigos de honor. Dice uno de ellos: Il y a plus d'assassinats chez nous... que partout ailleurs ; mais jamais trouverez une cause ignoble á ses crimes. Nous avons, il est vrai, beaucoup de meurtriers, mais pas un voleur (23). Y más adelante: L'argent fait tout dans ce monde... mais dans le maquis on ne fait cas que d'un coeur brave et d'un fusil qui ne rate pas (149). Es terreno conocido: de un lado, y teniendo en cuenta el origen parisino del autor, estamos ante esa admiración romántica por el sur que afecta a Goethe, Hölderlin, Sthendal, Byron...; de otro -y véase la proximidad de los personajes con los siete niños de Écija, Diego Corrientes, Luis Candelas pero también con el Robin Hood de Ivanhoe (1820)- estamos también ante la admiración romántica por los aquellos que viven al margen de la ley y que incluye al corsario de Byron y su colega de Espronceda, al mismo don Juan, al jorobado de Víctor Hugo (1831).
  • No obstante lo anterior, la visión del autor es -digámoslo así- etnocéntrica al estilo típicamente francés en el sentido de que entiende entre la Francia peninsular y Córcega una oposición del tipo de la que se da entre civilización y barbarie. El protagonista masculino, Orso della Rebbia, encarna no muy convincentemente esa oposición puesto que, de un lado, ha estudiado en Pisa y ha servido en el ejército napoleónico, y, del otro, vuelve a Córcega donde el ambiente le exige que cumpla una venganza sobre una familia enemiga. La contradicción entre los dos mundos le lleva a un conflicto interior a la hora de llevar a cabo la venganza y acaba planeándola en términos incomprensibles en Córcega: Un seul espoir lui restait dans ce combat entre sa conscience et ses préjugés, c'était d'entamer, sous un prétexte quelconque, une querelle... et de se battre en duel... Le tuer d'une balle ou d'un coup d'épée conciliait ses idées corses et ses idées françaises (71).
  • En cuanto a la Colomba que da título a la obra es la hermana de Orso della Rebbia. Es ella quien mantiene, en ausencia de su hermano, el rencor hacia la familia enemiga y quien presiona a éste, cuando regresa, para que lleve a cabo la venganza. Está caracterizada también con rasgos que la inscriben del lado de la barbarie. Es una buena voceratrice que, según el texto, viene a ser -y volvemos al costumbrismo romántico- entre una plañidera y una improvisadora de cantos populares si bien éstos tienen como tema la venganza. Al final de la obra, sin embargo, y reforzando el final feliz, se decantará del lado de la civilización cambiando la navaja por el abanico: Adieu les stylets... ; maintenant j'ai un éventail (151); aún así, al encontrar casualmente al cabeza de la familia enemiga al que su hermano ha matado dos hijos, le canta: Il me faut la main qui a tiré, l'oeil qui a visé, le coeur qui a pensé (153).
  • La intriga amorosa central está encarnada por Orso della Rebbia y Miss Lidia, una joven irlandesa de formación aristocrática que viaja por placer acompañada por su padre. En algún momento se opone a Colomba en la relación antes citada: si ésta, que insta a su hermano a llevar a cabo la venganza y va siempre armada de navaja, encarna los valores corsos del lado de la barbarie, aquélla representa la civilización europea y opera en sentido contrario. Por lo demás, en algún momento, por el contexto de venganzas en que se desarrolla, parece como si la trama amorosa fuera a acabar trágicamente: Vous avez une amie qui será désolée... de... vous savoir pendu (50) dice lady Lidia a Orso della Rebbia en frase que a primera vista podría parecer anticipatoria. Sin embargo, la frase la pronuncia tras haberle entregado un anillo: Voyez-vous cette bague ? c'est un scarabée égiyptien (51). Por supuesto, el anillo adquiere carácter simbólico y poco después él lo besa: Il prit l'anneau égyptien...  et le porta à ses lèvres(53). A partir de ese momento, la relación avanza hacia el final feliz.
  • En resumen, la novelita está estructurada en dos historias paralelas, relativas, respectivamente, a la venganza y a amor. Cada figura femenina tiene a su cargo una de las acciones: Colomba, la relativa a la venganza, y lady Lidia, la del amor. Y entre las dos está Orso della Rebbia de modo que la estructura de personajes centrales queda simétrica.