Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 22 de marzo de 2014

Aiden Ashley por enésima vez

Hace ya tiempo que no trato de cosas serias en el blog y, por eso, vuelvo a lo más serio, a mi tan admirada Aiden Ashley, aquella por la que el llorado Jim Morrison cantaba, adelantándose a su tiempo, lo de L.A. woman. He perdido la cuenta de cuántas veces he prometido no volver sobre ella pero como soy seguidor suyo en Twitter y no me pierdo ni una foto de las que envía... ¿O no merece compartirse este claroscuro de arriba a la izquierda que sabe resaltarle el pecho derecho y la pierna izquierda? Desnudez artística, escultura móvil, ¡qué sé yo lo que es o lo que tiene esta mujer! O es simplemente eso, una mujer, feminidad pura, hembra en estado prístino...
Es capaz hasta de dejar a uno encantado enseñando nada o casi nada como en esta otra foto de la derecha. Apenas el perfil de un pecho. Pero ahí queda el pelo alborotado y la demostración de lo que es un culo más allá de toda perfección que se pueda imaginar.
Aquí a la izquierda, algo muy, bastante sugerente: piel blanca y todo el resto, todos los complementos, negros. Zapatos de tacón innecesarios en posición yacente: pero ahí están, a juego con los guantes, también innecesarios, pero también con las bragas, ya no innecesarias: ¿o no se aprecia que la misma postura sin bragas sería la mayor ordinariez y así es casi castidad? ¿No sugiere, con los ojos cerrados, una de aquellas ninfas de la mitología griega dormidas en medio de un prado a la que están acechando faunos y sátiros sin atraverse a saltar sobre ella?
Otra foto, a la derecha, digna de comentario: medio culo le basta para sugerir, para insinuar, para expresarse. Y nos mira por si le queremos llevar la contraria. La postura, ideal: ocupando en diagonal la cama y sin sugerencias ya: anunciándonos claramente que no tenemos cabida en ella, que la va a ocupar solita. Para dormir o para ponerse intelectual y leer esos libros que parece haber junto a la lámpara de la mesita de noche. Porque una mujer como ésta ha de ser necesariamente lesbiana: un cuerpo pluscuamperfecto como el suyo se deforma sólo que la toque un varón. Limitémonos, pues, a sólo mirarla.
Y por último, en esta otra foto, aquí a la izquierda, convertida en una señora con alto nivel de sugerencia. Sentada, con el pelo recogido, y mirando al frente segura de sí misma. Otra vez en contraste de blancos y negros: el fondo de la composición y su piel rotos por el negro del taburete, de los zapatos, de los guantes estratégicamente situados como guardianes de todo su centro de gravedad, ese colgante y esas transparencias que mal celan sus pechos. Así debían imaginarse los caballeros del XIX, en sus fantasías, a madame Bovary, a la Regenta, a Ana Karenina y a cuantas señoras estuvieran deseando convertirse en adúlteras, cuando las vieran en los salones, en las iglesias, en los bulevares.
Y acabo, para que no se me acuse de infiel, con el segundo de mis mitos personales, Sinn Sage. Sé que no tiene clase, sé que no tiene tipo para competir con Aiden Ashley, pero -¡qué le voy a hacer!- me gusta sin remedio. No es de sus mejores fotos: reconozco que parece una golfa de extrarradio, que con esa pose no provoca por más que lo intente, que da lo mismo que se presente con bragas o sin ellas, que le faltan las gafas, quizá lo más sugerente porque provoca el deseo de movérselas arriba y abajo a base de vaivenes... Da igual: para mí Sinn Sage es cuerpo de refugio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario