Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 30 de marzo de 2014

A. S. Byatt, El libro negro de los cuentos

Byatt, A.S. El libro negro de los cuentos (Alfaguara, Madrid: 2007)
Leemos el libro a propuesta del grupo de lectura del Ateneo de Mahón, que lo propone para discusión el sábado 22 de marzo aunque, por circunstancias, ese día estoy en la península.
El libro es un conjunto de cinco relatos con un rasgo, a primera vista, en común: son inquietantes. Nos limitaremos a analizar el primero de ellos, "La cosa del bosque". En él, dos niñas que, con otros niños, viven refugiadas en una casa rural, se adentran en un bosque y ven lo que el título denomina cosa. Aspectos dignos de ser destacados:
  1. Niñas y bosque nos llevan, por supuesto, a terreno folclórico y en el texto se alude explícitamente a Hansel y Grettel (p. 15). El comienzo, incluso, es el típico del folclore: Había una vez dos niñitas... (13).
  2. No obstante lo anterior, en seguida nos apartamos de ese terreno con una nota discordante: ...niñitas que vieron -o creyeron ver- una cosa en el bosque (13). Se abren así dos posibilidades, que haya sido o no real lo que se va a contar, es decir, lo que por su propia naturaleza ficticia ya no es real. Es recurso conocido. Dos ejemplos en Cervantes: A lo largo del Quijote se repite una y otra vez que su narrador, el historiador Cide Hamete Benengeli, es árabe y, como tal, mentiroso; se niega así toda la historia de don Quijote; en el Coloquio de los perros el alférez Campuzano cuenta cómo, en el hospital en Valladolid, oyó hablar a dos perros abriendo la posibilidad de que ello fuera alucinación producida por la fiebre.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Ovidio, Las metamorfosis, Libro I

Ovidio, Las metamorfosis (edición, introducción y notas de Juan Francisco Alcina. Planeta, Barcelona: 1990)
Ovid, Metamorphoses (2 vols. edición bilingüe con traducción al inglés de F.J. Miller, William Heinemann, Londres: 1984)
Pues nada, que me ha dado por un paseo por los clásicos, en concreto por las Metamorfosis de Ovidio, como se debe, es decir, leyendo el texto original y luego comprenderlo por sí mismo o por las traducciones. Bien sea la inglesa en la edición bilingüe de F.J. Miller, bien sea la española de fines del XVI debida al humanista Pedro Sánchez de Viana, en verso endecasílabo organizado en tercetos o en octavas y en un estilo que ya anuncia a Góngora, y amplificando el original. Ni que decir tiene la importancia de Las metamorfosis para la comprensión de la lírica occidental: aquí están comprendidos todos los mitos de los que se nutrirán los poetas empezando por los renacentistas. Por cierto que para aclarar algunas zonas del texto echamos mano del conocido Diccionario de mitología griega y romana de Pierre Grimal (Paidós, Barcelona: 1991).
Quizá la forma más útil de acceder al texto sea mediante la exposición de la estructura de este libro I:
  • Invocación, como es habitual, a los dioses en busca de inspiración: di... / adspirate... / ...deducite... carmen (2-4).
  • Exposición del comienzo del mundo en modo paralelo a la Teogonía de Hesíodo o al Génesis bíblico. En principio es todo una unidad primordial, el caos: unus erat... vultus in orbe / quem dixere caos (6-7 y cf. Teogonía o las concepciones físicas de los presocráticos luego sometidas por Aristóteles al estado de la cuestión).
  • Presentación de las cuatro cualidades que, también desde los presocráticos, vienen asociadas a los cuatro elementos, mezcladas en el caos: frigida pugnabant calidis, humentia siccis, / mollia cum duris, sine pondere, habentia pondus (19-20). Y, por obra de un dios identificado con la naturaleza, de ese caos se pasa al orden: Hanc deus et melior litem natura diremit (21).
  • Separación de agua, tierra y aire de modo muy semejante a como ocurre al comienzo del Génesis: nam caelo terras et terris abscidit undas (22). Y, por ese camino, se va a dar en los cuatro elementos: et liquidum spisso secrevit ab aere caelum (23); ignea... sine pondere (26), aer (28), densior... tellus (29), circumfluus umor (30).
  • Cuatro serán también los vientos: Eurus... Zephyro... Boreas... Austro (61-66) en relación con los cuatro puntos cardinales.
  • Tras ello, y también intentando mantener el ritmo cuaternario, se reparten las criaturas por los cuatro elementos. Para poder guardar la simetría se sitúan los planetas en la zona alta del cielo relacionada con el fuego (astra tenent caeleste solum [73]) y a partir de ahí los diferentes animales según su hábitat: piscibus undae, / terra feras cepit, volucres agitabilis aer (74-75). Volvemos, pues, a estar en terreno próximo al Génesis máxime cuando, como culminación, aparece el hombre: sanctius... capacius... natus homo est... divino semine (76-78).
  • Acto seguido pasamos a terreno ya transitado por Hesíodo con la cuatro edades:
La edad de oro, de Lucas Cranach el viejo
  1. Aurea prima sata est aetas (89): caracterizada a partir de la no necesidad de leyes: sine lege... poena metusque aberant, nec verba minantia (91). Por la ausencia de navegación sin que in liquidas pinus descenderat undas (95): en algún otro autor se pone en paralelo la navegación con la agricultura observando que, de igual modo que un barco viola el mar, el arado viola la tierra. Sin guerra ni todo lo asociado a ella: nondum praecipites cingebant oppida fossae; / non tuba... / non galeae, non ensis erat (97-99). Tampoco era necesaria la agricultura porque la tierra lo ofrecía todo: dabat omnia tellus... / arbuteos fetus montanaque fraga legebat / cornaque et in duris haerentia mora rubetis / et quae deciderant patula Iovis arbore glandes (102-6). Y, por supuesto, la primavera eterna que pasará a toda la literatura pastoril del XVI: ver erat aeternum (106). Otro paralelo con la Biblia: si la Tierra prometida abunda en leche y miel, aquí flumina iam lactis, iam flumina nectaris ibant (111). Y, cómo no, también estamos ante el discurso sobre la edad de oro de don Quijote a los cabreros.
  2. La edad de plata, con raza degenerada de la anterior: subiit argentea proles, / auro deterior (115). Ahora llega la división en cuatro estaciones: hiemes aestusque et inaequalis autumnos / et breve ver spatiis exegit quattuor annum (117-118); y, en consecuencia, la necesidad del hombre de buscar cobijo: domus antra fuerunt (121). Aparece también la agricultura con la violación de la tierra mediante el arado y la sujeción de los animales en la yunta: longis Cerealia sulcis / obruta sunt, pressique iugo gemuere iuvenci (123-124).
  3. La edad de cobre, nueva degeneración: Terti post illam successit aenea proles (125). La caracteriza sólo por la predisposición a de las armas: promptior arma (126).
  4. La edad de hierro, la última: de duro est ultima ferro (127). Entonces huyen el pudor y la confianza y aparece toda maldad y codicia: fugere pudor verumque fidesque; / in quorum subiere locum fraudesque dolusque / insidiaeque et vis et amor sceleratus (129-131). Aparece también la navegación: vela dabat ventis (132). Los campos, antes comunes, se dividen con lindes, se cultivan e incluso se buscan metales en sus entrañas: nec tantum segetes alimentaque debita dives / poscebatur humus, sed itum est in viscera terrae (137-138). Llega también la guerra (prodit bellum [142]), la rapiña (vivitur ex rapto [144]), la desconfianza (non hospes ab hospite tutus, non socer a genero, fratrum quoque gratia rara est [144-145]).
  • A la maldad de los hombres se une la de los gigantes, que pretenden asaltar el cielo: Neve foret terris securior arduus aether / adfectasse ferunt regnum caeleste gigantas (151-152); y caen fulminados por el rayo de Júpiter: pater omnipotens misso perfregit Olympum / fulmine (154-155).
  • Tras ello Júpiter castiga, como ejemplo de la maldad humana, a Licaón, que intenta matarlo (nocte gravem somno necopina perdere morte / comparat [224-225]) y, además, le ofrece para comer carne humana tras hacerse traer un rehén de gente Molossa (226). El castigo será la transformación de Licaón en lobo: fit lupus et veteris servat vestigia formae (237).
  • Como continuación del castigo a la raza humana llega -de nuevo la Biblia, pero es mito universal- el diluvio con la muerte de los hombres: quibus unda pepercit, / illos longa domant inopi ieiunia victo (311-312). Sólo se salva un hombre justo, Deucalión, hijo de Prometeo, con su mujer, Pirra, hija de Epimeteo, refugiados en el monte Parnaso: mons... / nomine Parnasos... / hic ubi Deucalion... / cum consorte (316-319).
  • Aparecerá una nueva raza de hombres. Deucalión y Pirra ruegan a Temis que les conceda compañeros y ésta les aconseja buscar a su madre y arrojar sus huesos. Una vez interpretan la orden en el sentido de que, como su madre es la tierra, deben arrojar piedras, de las que lanza Deucalión aparecen hombres y de las de Pirra, mujeres: saxa / missa viri manibus faciem traxere virorum / et de femineo reparata est femina iactu (411-413). Así pues, asistimos a la transformación de piedras en hombres y mujeres. El resto de criaturas aparecerá a partir de la combinación de calor y humedad en términos que recuerdan a los físicos griegos y a Aristóteles: umorque calorque, / concipiunt, et ab his oriuntur cuncta duobus, / cumque sit ignis aquae pugnax, vapor humidus omnes / res creat, et discors concordia fetibus apta est (430-433).
  • Entre esas nuevas criaturas aparece la serpiente Pitón, que ha de ser muerta por Febo y en conmemoración de ello se establecen los juegos píticos: instituit sacros celebri certamine ludos / Pythia de domitae serpentis nomine dictos (446-447).
  • Apolo persiguiendo a Dafne, Cornelis de Vos
  • Se enlaza así con los amores de Febo para ir a dar a uno de los mitos más socorridos por la lírica amorosa, el de Dafne, Primus amor Phoebi (452). Todo comienza con una discusión entre Febo y Cupido por la que el primero recrimina al segundo el uso de armas semejantes a las suyas: quid... tibi, lascivi puer, cum fortibus armis? (456). Como represalia, Cupido decide tomar dos flechas de diferente material -auratum... plumbum (470-471)- y de efecto opuesto pues la primera, que envía a Febo. provoca amor y la segunda, que recibe Dafne, desdén. El resultado es sabido: Febo, loco de amor por Dafne, la persigue y ésta ruega a su padre, el río Peneo, que la transforme. Así ocurre: in frondem crines, in ramos bracchia crescunt / pes modo tam velox, pigris radicibus haeret, / ora cacumen habet (550-552). Asistimos, pues, a la transformación de Dafne en laurel. Y a la explicación de la corona de laurel como atributo de Apolo. En efecto, al lamentarse éste del cambio: quoniam coiunx mea non potest esse / arboris eris certe 'dixit' mea! semper habebunt / te coma te citharae, te nostrae, laure, pharetrae (557-559).
  • Se pasa seguidamente a la historia de Ío. Los dioses-río están reunidos en casa de Peneo, en un bosque de Tesalia y no saben si congratularse o consolar al padre de Dafne: gratentur consoleturne parentem (578). De los ríos falta uno, Ínaco, que llora la pérdida de su hija Ío. En realidad, ha sido raptada y violada por Júpiter: tenuitque fugam rapuitque pudorem (600); tras ello asistimos a la transformación de Ío en vaca para sustraerla a los celos de Juno: Inachidos vultus mutaverat ille iuvencam (611). Aun así, es descubierta por Juno, que exige su entrega para luego llevarla a Argos para que la vigile con sus cien ojos: centum luminibus cinctum caput Argus habebat (625).
  • Pan y Siringa, François Boucher
  • Insertada en la anterior se cuenta la historia de Siringa. Júpiter decide eliminar a Argos para liberar a Ío de su custodia. Para ello envía a Mercurio, que se pone a tocar la siringa junto a Argos; éste pregunta el origen del instrumento y Mercurio responde: Siringa es una ninfa arcadia a la que pretende y persigue Pan hasta el río Ladón donde suplica a sus hermanas que la transformen. Así ocurre y Pan acaba abrazando unas cañas que, con el viento, producen música: Panaque cum prensam sibi iam Syringa putaret, / corpore pro nymphae calamos tenuisse palustres, / dumque ibi suspirat, motos in harundine ventos / effecisse sonum tenuem similemque querenti (705-708). Pan decide, en consecuencia, fabricarse un instrumento musical con lo que culmina la transformación de Siringa en una siringa o zampoña.
  • Se vuelve así al hilo de Mercurio y Argos: como éste se ha dormido oyendo lo anterior, aquel le corta la cabeza. Juno, recoge los ojos y los deposita en la cola de su ave, es decir, el pavo real: Excipit hos volucrisque suae Saturnia pennis / collocat et gemmis caudam stellantibus implet (722-723).
  • Como en estructura de muñecas rusas o historias insertadas unas en otras, al cerrarse la anterior se vuelve a Ío, que recupera su forma humana y da a luz, de la semilla de Júpiter, a Épafo: genitus de semine tandem / creditur esse Iovis (748-749). Éste será luego compañero de Faetón y sirve ello de excusa para narrar la historia de éste último. Épafo, cansado de oír a Faetón presumir de ser hijo de Febo, le dice que su verdadero padre no es ése. Faetón le pregunta a su madre y ésta no sólo jura que sí es Febo su verdadero padre sino que lo invita a acudir junto a él para preguntárselo directamente. Acaba así el libro I con Faetón viajando a oriente: transit patriosque adit inpiger ortus (779).

sábado, 22 de marzo de 2014

Aiden Ashley por enésima vez

Hace ya tiempo que no trato de cosas serias en el blog y, por eso, vuelvo a lo más serio, a mi tan admirada Aiden Ashley, aquella por la que el llorado Jim Morrison cantaba, adelantándose a su tiempo, lo de L.A. woman. He perdido la cuenta de cuántas veces he prometido no volver sobre ella pero como soy seguidor suyo en Twitter y no me pierdo ni una foto de las que envía... ¿O no merece compartirse este claroscuro de arriba a la izquierda que sabe resaltarle el pecho derecho y la pierna izquierda? Desnudez artística, escultura móvil, ¡qué sé yo lo que es o lo que tiene esta mujer! O es simplemente eso, una mujer, feminidad pura, hembra en estado prístino...
Es capaz hasta de dejar a uno encantado enseñando nada o casi nada como en esta otra foto de la derecha. Apenas el perfil de un pecho. Pero ahí queda el pelo alborotado y la demostración de lo que es un culo más allá de toda perfección que se pueda imaginar.
Aquí a la izquierda, algo muy, bastante sugerente: piel blanca y todo el resto, todos los complementos, negros. Zapatos de tacón innecesarios en posición yacente: pero ahí están, a juego con los guantes, también innecesarios, pero también con las bragas, ya no innecesarias: ¿o no se aprecia que la misma postura sin bragas sería la mayor ordinariez y así es casi castidad? ¿No sugiere, con los ojos cerrados, una de aquellas ninfas de la mitología griega dormidas en medio de un prado a la que están acechando faunos y sátiros sin atraverse a saltar sobre ella?
Otra foto, a la derecha, digna de comentario: medio culo le basta para sugerir, para insinuar, para expresarse. Y nos mira por si le queremos llevar la contraria. La postura, ideal: ocupando en diagonal la cama y sin sugerencias ya: anunciándonos claramente que no tenemos cabida en ella, que la va a ocupar solita. Para dormir o para ponerse intelectual y leer esos libros que parece haber junto a la lámpara de la mesita de noche. Porque una mujer como ésta ha de ser necesariamente lesbiana: un cuerpo pluscuamperfecto como el suyo se deforma sólo que la toque un varón. Limitémonos, pues, a sólo mirarla.
Y por último, en esta otra foto, aquí a la izquierda, convertida en una señora con alto nivel de sugerencia. Sentada, con el pelo recogido, y mirando al frente segura de sí misma. Otra vez en contraste de blancos y negros: el fondo de la composición y su piel rotos por el negro del taburete, de los zapatos, de los guantes estratégicamente situados como guardianes de todo su centro de gravedad, ese colgante y esas transparencias que mal celan sus pechos. Así debían imaginarse los caballeros del XIX, en sus fantasías, a madame Bovary, a la Regenta, a Ana Karenina y a cuantas señoras estuvieran deseando convertirse en adúlteras, cuando las vieran en los salones, en las iglesias, en los bulevares.
Y acabo, para que no se me acuse de infiel, con el segundo de mis mitos personales, Sinn Sage. Sé que no tiene clase, sé que no tiene tipo para competir con Aiden Ashley, pero -¡qué le voy a hacer!- me gusta sin remedio. No es de sus mejores fotos: reconozco que parece una golfa de extrarradio, que con esa pose no provoca por más que lo intente, que da lo mismo que se presente con bragas o sin ellas, que le faltan las gafas, quizá lo más sugerente porque provoca el deseo de movérselas arriba y abajo a base de vaivenes... Da igual: para mí Sinn Sage es cuerpo de refugio.

martes, 18 de marzo de 2014

John Fowles, La mujer del teniente francés

Fowles, John, La mujer del teniente francés (Argos Vergara, Barcelona: 1982)
No es una gran novela. La leemos por ir cumpliendo esos desafíos que explicamos en otra parte del blog, es decir, por puro trámite; y aprovechamos para decir que da la sensación de que en algunos de esos catálogos de novelas que hay que leer antes de morirse -o peor- algunas están incluidas sólo porque han pasado al cine.
La presente tiene su intriga amorosa no sé si bien resuelta del todo y con su final negativo según establecía mi semipaisano Denis de Rougemont en su clásico L'Amour et l'Occident en el que venía a decir, a propósito de Tristán e Isolda, que una historia de amor con final feliz no merece ser vivida. Analizo como suelo a base de puntitos dignos de ser destacados:
  • Paso por alto el topicazo de si la obra es o no una crítica del convencionalismo o puritanismo de la Inglaterra victoriana -¡a buenas horas si la novela es de 1969!- que impide una historia de amor plena entre dos personas de diferente clase social.
  • En realidad la historia consiste en un triángulo amoroso: joven aristócrata comprometido con muchacha de su clase se enamora de otra de clase inferior. La caracterización de los personajes es, en principio, tópica: él, Charles, hombre de mundo, viajado con su estancia en París (78), sus lecturas de Darwin y su afición por los fósiles tal que, tras encontrar una buena muestra, decidió regalarla a Ernestina pero porque no tardaría en recobrarla, cuando se casaran (56-57); ésta es una joven convencional, mimada por la familia y sin experiencia. Y la tercera, Sara, la mujer que distorsionará la armonía de los anteriores, presentada en principio con un halo de misterio y rasgos negativos: ha sido abandonada por un marinero francés, que la poseyó y le prometió matrimonio; la descriptio puellae es un dechado por parte del autor de no se sabe bien qué porque intenta apartarla a la fuerza de los cánones tradicionales de belleza: Entonces estaban de moda las cejas finas y arqueadas, pero las de Sara eran recias... No es que tuviera uno de aquellos hermosos rostros... Era una cara bien modelada y muy femenina... Su boca era grande y tampoco correspondía a los cánones de belleza de la época (126).
  • La evolución del enamoramiento entre Charles y Sara está perfectamente escalonada:
  1. Charles la encuentra casualmente dormida en el bosque y se ve invadido por un sentimiento extraño, -no era sensual, sino fraternal, incluso paternal-, que le hacía estar seguro de la inocencia de aquella criatura (78). Son curiosas, por lo intempestivas, algunas intervenciones del narrador. Tras la escena anterior, Sara se despierta, Charles le pide perdón por estar mirándola, sigue andando y se detiene a esperarla porque no conoce el camino de vuelta. Dice el narrador: en aquellos breves segundos de espera... se perdió toda la Era victoriana. Y no quiero decir que Charles se equivocara de camino (79). ¿Qué sentido tiene eso?: ¿Charles se enamora y ello supondrá que para él se rompen las convenciones victorianas? De eso a que se pierda la era victoriana...
  2. Un segundo encuentro, también en el bosque, se produce inmediatamente después de que Ernestina haya leído a Charles, en una escena típica de las veladas hogareñas de la época victoriana (122), un burdo poema en el que una mujer queda inválida tras sufrir una caída. De modo parecido Sara resbala pero sin mayores consecuencias: -Miss Woodruff, me asusta pensar lo que ocurriría si llegara a torcerse un tobillo en estos parajes (125).
  3. A partir de entonces Charles acude al bosque con la sola intención de buscarla. Y la encuentra en otra escena forzada porque Charles compara el encuentro con el caso de aquel campesino de los Pirineos, que afirmaba haber visto a la Virgen (145). Se da, eso sí, un hecho curioso, y es que Sara le regala dos fósiles, dos testas micraster (145), es decir, lo mismo que Charles había regalado a su novia; y ya sabemos el valor de los regalos entre personas que se aman. Es en ese encuentro cuando prácticamente Charles acepta convertirse en confidente de Sara: Lo único que le pido es que venga a verme otra vez. Yo vendré aquí todas las tardes... No sé a quién acudir (151).
  4. Los encuentros siguientes provocan la duda en Charles, que ya se siente enamorado: se encontró sonriendo, aunque sólo con los ojos, pero sonriendo. Y, además, excitado; excitado de un modo demasiado oscuro y general para que podamos considerarlo intrínsecamente sexual, pero excitado hasta la médula de su ser (194). Por eso Charles intenta, inútilmente, que cesen los encuentros: -No debemos volver a vernos a solas (195).
  5. Llega así, inevitablemente, el primer beso. Y en una escena cargada de tantos tópicos que se desarrolla, nada menos que en un granero: sintió alzarse en su interior, impetuosamente, el deseo de protegerla...; Charles se dio cuenta de que su primer impulso fue arrodillarse al lado de ella para consolarla; peor aún, pues la penumbra y el recogimiento del granero recordaban el ambiente de un dormitorio (257). La consecuencia cae por su propio peso: Sus ojos estaban prendidos en los de ella. Ambos parecían hipnotizados... La tomó en sus brazos y vio cerrarse sus ojos cuando ella entró en su abrazo; luego, él cerro los suyos y buscó los labios (261).
  6. Entre Charles y Ernestina se abre, lógicamente, una brecha: Charles no se sentía capaz de besarla en los labios. De modo que la cogió por los hombros y le dio un beso en cada sien (275). Tras ello, la ruptura del compromiso provoca a Charles problemas económicos y legales y le lleva a un paseo infernal por la noche londinense hasta acabar en casa de una prostituta. Otro detalle forzado: Charles pregunta a la prostituta cómo se llama y -¡oh casualidad!- se llama Sara; al oír ese nombre, a Charles le sacudió un espasmo intolerable. Volvió la cara y empezó a vomitar en la almohada (325).
  7. Lo de menos, ya, será el final: que si Charles posee a Sara y se da cuenta, por lo de la sangre, de que no era cierto que ya la hubiera poseído el teniente francés; que si la deja esperándole en Exeter pero ella no le espera por no sé qué intervención maliciosa del criado; que si Charles se desespera buscándola hasta encontrarla algunos años después, bajo la protección de un pintor conocido, Dante Gabriel Rosetti; que si el autor no acaba de dar una razón lógica para que no puedan unirse...
  • Alrededor de los principales se da toda una serie de personajes secundarios de  tipo plano y convencional que bien podrían estar sacados de Agata Christie, de Rebeca o de cualquier relato ambientado en la campiña inglesa. Ahora bien, hay una pareja, Sam y Mary, que parecen proceder de otra tradición. Sam es el criado de Charles y en algún momento parece sustentar el papel de gracioso como ocurre con el criado del galán en el teatro clásico español o, volviendo a ambiente inglés, con el Passepartout criado de Phileas Fogg en La vuelta al mundo en ochenta días de Verne. Y si vamos al Tenorio de Zorrilla y recordamos cómo don Juan conquista a doña Ana de Pantoja mientras la criada de ésta es conquistada por Ciutti, el criado de aquél, veremos que aquí ocurre algo parecido: Sam se enamora de Mary, sirvienta de la casa donde se aloja Ernestina. Con un detalle añadido, que mientras el compromiso entre Charles y Ernestina se rompe, Sam y Mary se casan, progresan económicamente y tienen hijos.
  • Se dan extensas intervenciones del narrador y algo extemporáneas: Este relato es pura imaginación. Estos personajes que estoy creando nunca existieron... De manera que me limitaré a narrar los hechos externos (102-105). O el capítulo 35, dedicado a la moral victoriana: ¿Con qué nos enfrentamos en el siglo XIX? Con una época en que la mujer era sagrada y en la que cualquiera podía comprar una niña de trece años... (277).
  • Tiene detallitos tópicamente ingleses como la atención por las flores. Así ocurre en el paseo de Charles previo a su encuentro casual con Sara (y no creo que el autor tenga suficiente nivel como para situarnos deliberadamente en un locus amoenus): Alrededor de él la tierra estaba cubierta de doradas celidonias y prímulas y festoneada por el blanco nupcial de las flores del endrino (75).
  • Deja caer alguna estupidez lingüística como la siguiente, difícilmente achacable al traductor: lanzó a Charles una rápida mirada de soslayo con aquellos ojos casi extraoftálmicos (125). ¡Qué lejos están de los ojos oceánicos que se le ocurren a Neruda!
Meryl Streep cuando estaba buena

viernes, 14 de marzo de 2014

David Foenkinos, La délicatesse

Foenkinos, David, La délicatesse (Gallimard, s.l.: 2009)
A propuesta del club de lectura del Ateneo de Mahón para el viernes 28 de febrero, nos encontramos ante un libro bonito de los que vienen a reafirmar mi xenofobia cultural: ¿por qué en cuanto me salgo de la novela catalana todo me parece legible?
Y no contiene más que una historia de amor, con otras laterales, tierna en referencia al título. Por algún lado recuerda la película Le fabuleux destin d'Amélie Poulain (2001) aunque quizá sólo fue ocurrencia mía al ver en la portada que adjunto a Audrey Tautou, mujer a la vez hermosa, tierna, dulce...; y es porque la novela fue llevada al cine con el mismo título en 2011 y ella interpretaba a la protagonista.
El argumento es simple: Nathalie, enamoradísima de François, se casa con él y viven en la felicidad hasta que éste muere en accidente. Ella se refugia en su trabajo y sólo más tarde accede a entablar una relación con Markus, el compañero de trabajo menos idóneo al parecer del común de la gente. Y vuelve a triunfar en el amor.
Aspectos dignos de ser tenidos en cuenta:
  • La alternancia de las secuencias propiamente narrativas con secuencias cortas y no narrativas que vienen a aclarar algún aspecto muy particular e intrascendente de las anteriores con un relámpago de humor. Por ejemplo: Markus, el segundo amor de Nathalie, llega a casa al final de la secuencia 38 y la 39 consiste sólo en: Code d'accès de l'immeuble de Markus / A9624. Igual ocurre con notas del autor a pie de página que aportan datos del todo intrascendentes como la referida a la promoción laboral de Nathalie: Depuis qu'elle avait pris ses nouvelles fonctions, elle s'était achété trois pairs de chaussures (65).
  • Se liquida rápidamente la intensa y feliz historia de amor inicial entre Nathalie y François porque lo que verdaderamente interesa es la historia de amor posterior. Incluso se anticipa repetidamente el final trágico: Ce dimanche-là, où tout arriva (31); Il portait ce short qu'elle trouvait un peu ridicule. Elle ne pouvait pas savoir qu'elle le voyait pour la dernière fois (...) Avant de partir, il se pencha vers sa femme, et lui dit quelque chose. Étrangement, elle ne se souviendrait pas de ces derniers mots. Leur dernier échange se volatiliserait (32).
  • La segunda historia de amor, entre Nathalie y Markus, se narra a partir de jalones curiosos: El beso inmotivado que ella le da. El silencio a la mañana siguiente de su primera cita cuando se encuentran en la oficina, lo que Certains apellent (...) le vide sidéral, y que justifica literariamente: Roméo et Juliette dans un couloir, au lendemain matin d'une belle soirée, c'est certain qu'ils n'ont rien à se dire (111). La segunda cita que él trata de proponer: il détestait le théatre (112), pero cuando es ella quien lo propone, contesta: J'adore le théatre (113). La premura amorosa: Nathalie souffla qu'elle voulait le retrouver ce soir, et voudrait même que le soir soit maintenant (159). Y la apoteosis final cuando huyen: empiezan por acudir a la tumba de François dando por concluido un passé qui n'en finit pas de ne pas finir (193); y luego acuden a casa de la abuela de Nathalie donde Markus accede, por fin, a le domaine de Nathalie (209) interpretado éste en cualquier sentido.
  • El constante juego entre causas y efectos: Jean-Michel y Charlotte tienen una floristería; un cliente quiere pedir a su novia en matrimonio mediante el envío de un ramo de flores; Charlotte coge la camioneta para entregar el ramo y atropella a François, el marido de Nathalie (44): la consecuencia es la ruptura de dos matrimonios, el de François y Nathalie pero también el del cliente con su novia porque il y voyait comme un signe (47). Más adelante Nathalie besa sin ninguna razón -Son acte n'avait aucun lien avec l'enchaînement des autres actes de sa vie (75)- a un empleado de su empresa de inferior categoría, Markus, y de ahí se seguirá otra historia de amor completamente plena. El jefe de Nathalie, que la pretendía previamente, consigue ascenderla en el trabajo y la invita a cenar: en constatant l'empressement de Charles pour organiser cette soirée, elle se demanda s'il n'avait pas accéléré son avancée profesionnelle uniquement dans le but d'obtenir un dîner (55); con ello no queda claro si la invita a cenar porque ella ha ascendido o,viceversa, si la ha ascendido para invitarla a cenar. De modo opuesto, cuando Markus la invita a cenar ella duda pero acaba aceptando porque elle avait tellement froid (100).
  • Personajes caracterizados por rasgos peculiares:

  1. Charles, el jefe de Nathalie y enamorado de ella, était plongé dans la lecture du Larousse. C'était sa lubie : il lisait une définition tous les matins y el día del retorno al trabajo de Nathalie lee precisamente la definición de Le mot "délicatesse". Ça ne m'étonne pas que sois apparue à ce moment-là (50). Precisamente será un personaje caracterizado a partir de ese sustantivo que da título a la novela pero de modo irónico : Il était exclu de la délicatesse (203) y, como ello se dice casi al final, refuerza la idea de que hay otros personajes como Nathalie o Markus que no quedan excluidos; efectivamente, poco después, Markus, antes de acostarse con Nathalie, acaricia su cabello, Il voulait partir en voyage dans ses cheveux y Nathalie se sentait bien avec la délicatesse de cet homme (205). Y, además de por la délicatesse, hay otro rasgo en el que Charles anuncia a Markus: se dice del primero que Il lui arrivait même de prendre du plaisir à ses leçons de suédois (54); pero el segundo será, efectivamente, sueco. Otro detalle: tras el fracaso de Charles con la cena con Nathalie, llega a casa y, como desquite, se le ocurre acudir a su mujer y la prendre même un peu brutalement (64).
  2. Chloé, una compañera de trabajo pendiente de la relación entre ambos. Es curioso que, en un bar con Nathalie, le diga a ésta a propósito de un hombre que las mira: À mon avis, c'est un Scorpion. Et comme vous êtes Poissons, c'est idéal (68). Y según sabremos en seguida (72), Markus será también Escorpión.
  3. Markus y Narhalie, la pareja central: A Markus le gusta leer en el RER -los trenes de cercanías de París-: il se décida pour Syllogismes de l'amertume de Cioran (79). Y ello da pie a una secuencia, la 43, con tres aforismos de Cioran que lee en el tren, uno de los cuales reza: Le spermatozoïde est un bandit à l'état pur (82). Markus había tenido una novia en Suecia llamada Brigitte cuyo padre tenía como modelo erótico a Brigitte Bardot: Passons sur le danger psycologique de dénommer sa fille en hommage à son rêve érotique (89); luego había tenido, ya en Francia, otra novia, Alice: Markus adorait Alice, mais ne l'aimait pas (92). De este modo acudimos al número folclórico en tanto Nathalie será su tercera y definitiva novia. Otro de sus rasgos peculiarísimos le llevará a inventarse una excusa, que luego desecha, para no acudir a su primera cita con Nathalie basada en la primera frase de L'étranger de Camus: c'est just qu'aujourd'hui maman est morte. Ah non, pas bon ça, trop violent. Et trop Camus (...) Sartre, bien mieux. Je ne peux pas ce soir, vous comprenez, l'enfer c'est les autres (101). Sin embargo, van a cenar y pide de postre Pez (105), algo de lo que ni Nathalie ni el camarero han oído hablar pero, cuando más tarde, Markus obsequia a Nathalie con una caja de Pez, ésta va corriendo a casa de su padre, se la enseña y, en una escena proustiana, le père eut la même émotion que sa fille. Ce petit objet les renvoyait au même été (135) y ella acaba llorando. Por lo demás, durante esa cena él comprende que il était éperdument amoureux d'elle (109).
  4. Nathalie se presenta como la encarnación de la feminidad: une sorte de feminité suisse (11); incarnation voluptueuse de la féminité tragique (61); Elle n'avait jamais vraiment cessé d'être feminine (73); Nathalie représentait cette sorte de féminité inaccessible (74-75). Por lo demás, se construye también una peculiar idea de Markus: Elle trouvait que Markus avait un petit côté " pays de l'Est " absolument charmant. Il y avait comme de la Roumanie ou de la Pologne dans sa Suède (108); aunque en algún momento aprecia en él attitude d'autiste (131). Y Markus aprecia en ella, entre otras cualidades, la façon qu'elle avait de prononcer les s parfois, surtout en fin de journée (172). Otro rasgo peculiar de Markus es que Il savait lire les larmes (193) de Nathalie. Y la abuela de Nathalie concuerda como personaje con ellos a partir de su caracterización y de la conversación cuando acuden a visitarla: Les grands-mères (...) ont toujours de quoi faire manger les petites filles qui débarquent en pleine soirée avec un Suédois. "J'ai fait de la soupe" -(...) À quoi ? demanda Markus. -C'est la soupe de vendredi, Je ne peux pas vous expliquer. Nous sommes vendredi, alors c'est la soupe de vendredi.
  • La insistencia en el dossier 114, que se convertirá en un símbolo de su relación: Markus acude a su despacho por ese motivo: Je viens vous voir pour le dossier 114 (74) y la consecuencia, inesperada, es que elle se mit à l'embrasser vigourousement. Un long baiser intense (75). Se insiste repetidamente en ese dossier: 86, 87, 97 -donde él le devuelve el beso: Il la pritsubitement par la taille, et l'embrassa avec une énergie que lui-même ne soupçonnait pas-, 99, 100 -donde se explica que ese dossier trata, y ello es también metafórico, d'une analyse comparée entre la France et la Suède de cuestiones rurales-, 101, 103, 150, 154, 159, 160... Hay que notar que todos esos besos espontáneos culminan en otro que solicita Markus: Est-ce que je peux vous embrasser? Y Nathalie entiende la pregunta como une forme de délicatesse (141). Y al final, entendemos que ese dossier 114 anuncia la secuencia 114 en la que Markus y Nathalie se unen: Elle était nue maintenant, collée contre lui (205). Y él voulait partir en voyage dans ses cheveux (205) en oposición a Charles que, a diferencia de antes cuando casi viola a su mujer (64 vid. supra) le propone Qu'on parte a Venise (204). Tras ello, el final simbólico jugando al escondite: ella dice que de pequeña contaba hasta 117 -número de secuencias de la novela-, él se esconde si heureux d'attendre qu'elle le découvre y, en la frase final y única de esa secuencia 117, Nathalie ouvre les yeux (210).
  • Bonitas comparaciones: tras atropellar a François Charlotte avait une ombre sur le visage. Une ou deux lettres de son prénom cachées dans la pénombre (46). Markus sale del despacho de Nathalie aussi discret qu'un point-virgule dans un roman de huit cents pages (86). Sobre Nathalie, elle était si belle... de cette beauté à mettre des points de suspension partout (102).
  • Frases geniales: ésta referida al origen sueco de Markus: Les enfances en Suède ressemblent à des viellesses en Suisse (77). Estas otras que parecen una argumentación falaz: Les soirées peuvent être extraordinaires, les nuits inoubliables, et pourtant elles aboutissent toujours à des matins comme les autres (142). Otra también con reminiscencias literarias: Elle roula de plus en plus vite, sur les petites routes, disant bonjour à la tristesse (189). Alguna en boca de Markus: Je veux bien vous voir, avait-il dit. Mais par téléphone (128).
  • Ideas exóticas como la referida a Alicia, una de las novias de Markus, ya en Francia, a la que conoce en un encuentro para encontrar pareja. El autor anota: C'est étrange de s'appeler Alice et de se retrouver dans ce type de soirées pour rencontrer un homme (91). Después dice que trabaja en una farmacia y anota: C'est étrange de s'appeler Alice et de travailler dans une pharmacie (92). Y, por fin, al decir que se encargaba de talleres de belleza, concluye anotando: À ce stade, on peut s'interroger : s'appelait-elle vraiment Alice ? (92). Idea semejante pasa a Markus cuando dice: les Nathalie ont une nette tendance à la nostalgie (104).
  • Y, en relación con lo anterior, se da una cierta fijación con los países y sus tópicos: Cuando Brigitte dedice salir con Markus, este piensa que C'est comme si les États-Unis invitaient le Liechtenstein à déjeneur (90). Nathalie, tras apreciar de él que Il y avait comme de la Roumanie ou de la Pologne dns sa Suède (108), le pregunta: -C'est si dur que ça d'être suèdois ? Y él responde: -Là-bas, être sinistre est une vocation (109). Más tarde, tratando de Markus se dice que Il souriait de son sourire le moins suèdois possible ; presque une sorte de sourire espagnol (118).
Audrey Tautou sin necesidad de comentarios

lunes, 10 de marzo de 2014

Leopoldo María Panero (1948-2014)

Este pasado 5 marzo ha muerto Leopoldo María Panero (1948-2014) ¿Que si era un poeta maldito? Véase, si se duda, la foto de la izquierda. Y luego calcúlese la cantidad de alcohol que ha debido de ingerir ese cuerpo o investíguese acerca de los manicomios en que ha estado recluido.
Hace ya muchos años vimos -y lamentamos- El desencanto, aquella película que tan bien expresa lo que en terminología freudiana -y también en lenguaje coloquial- se llama matar al padre. Hace menos años leímos su Poesía completa (1970-2000) editada por Túa Blesa en la colección Visor de poesía (2001).
¿Qué decir de Leopoldo María Panero fuera del tópico de que fue incluido por José María Castellet en su antología sobre los nueve novísimos supongo que por aquella moda que introdujo quizá Ortega y Gasset de explicar la lírica por generaciones y que suponía, por tanto, que a una generación de poetas sucede otra? Pues de momento diremos que si la foto de encima denuncia autodestrucción, también lo hace su poesía. En esa línea tiene cabida todo lo imaginable: La coprofagia:
...yo amo que me orines,
y tu pie sobre mi boca, besarlo...
(Descort)
El sexo duro:
Hay un falo en mi boca, dos, y otro
erecto en mi ano, otro
lo arrastran mis pies.
(Mancha azul sobre el papel)
Las drogas:
El jaco es una ramera
que susurra en la oscuridad
(Heroína)
Lo satánico:
la grandeza del lobo,
la grandeza de Satán
vencedor de la piedra desnuda.
(Himno a Satán)
De donde no se sigue que no sepa pasear por mundos normales:
Los clásicos:
...Huyeron ya las
vírgenes, y sobre todo aquella cuyo
cabello canté cuando el asedio
de Troya, la de los bucles
dorados...
(El mensajero llega con retraso)

La cultura pop:
Oh, Flash Gordon, en qué Galaxia tu nave ha encallado...
(Televisión anglo mejor que la realidad)

Por cierto: un cero patatero para la introducción de Túa Blesa al texto poético. O un diez si se trata de puntuar la pedantería: ¿qué es eso de hablar de poemas ápside o poemas óstracon (10)?

jueves, 6 de marzo de 2014

Memorial Bernat Pons: I campeonato insular de dominó en Alaior (y 3)

Primera partida del campeonato
Este sábado pasado 1 de marzo se celebró la fase final del I campeonato insular de dominó. Salió una clasificación por la que mi compañero y yo quedamos en la posición 13 y ello merece dos comentarios: que si hubiéramos quedado en la 12 habríamos tenido derecho a participar en la fase final y haber ascendido posiciones; que no es deshonrosa tal posición teniendo en cuenta que ello supone situarme entre los 26 mejores jugadores de dominó de todo Menorca.
El ambiente, impresionante. En las partidas finales llegué a contar hasta veinte mirones alrededor de una misma mesa. Y jugadas de nivel con cierres a partir del cálculo exacto de las fichas que tenía cada uno de los jugadores.
Fue también el momento de la entrega de premios. Con autoridades como debe ser: allí estaba la concejala de cultura con su discurso y otras personalidades. Tampoco es de desdeñar el obsequio de consolación: el llavero que se ve en la foto con la ficha 3/2 que era, según se dice, la preferida de Bernat Pons, el aficionado local fallecido y en cuya memoria de ha celebrado el campeonato. Por cierto que la pareja ganadora fue local y en nada se puede atribuir al árbitro.
Y lo mejor: el vino español. De nivel. Nada de olivas y patatas fritas: vino y cerveza a gogó, tortillas de patatas, champiñones con sobrasada y con queso al modo local, empanadas... Y las conversaciones en los corrillos de las que se desprendía el deseo de continuar con la tradición y, el año que viene, celebrar el segundo campeonato. La conclusión última es que el dominó no es sólo un juego sino un modo de ver la vida, algo así como la Weltanschauung de que habla algún intelectual.
Apréciese cómo ningún jugador toca ninguna ficha

domingo, 2 de marzo de 2014

Juan-Lluís Lluís, Les cròniques del déu coix

Joan-Lluís Lluís
Lluís, Juan-Lluís, Les cròniques del déu coix (Proa, Barcelona: 2013)
Hacía tiempo que no leía nada legible -apreciése la paradoja- en catalán y supongo que si esta novela me lo parece es porque su autor no es español sino francés. De todas maneras, tendiendo a cero mi interés por la cultura catalana no insular, tampoco la he leído por decisión propia sino porque era la prevista por el club de lectura de Ciudadela para el sábado 15 de febrero de 2014.