Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 14 de febrero de 2014

Julio Verne, La isla misteriosa

Verne, Julio, La isla misteriosa (Molino, Barcelona: 1959)
Bien por la capacidad del autor de combinar narración de aventuras con conocimientos científicos que, aquí, servirán para que el ingeniero Ciro Smith sea capaz de aprovechar los recursos naturales de la isla para hacer más confortable la vida de los náufragos. En efecto, junto a explicaciones de tipo físico o químico se crea una intriga -hechos inexplicables que sugieren la presencia de alguna figura misteriosa que les está ayudando, ataque de piratas- que acaba resolviéndose con la intervención de personajes salidos de otras novelas de Verne como el capitán Nemo, que era quien velaba a escondidas por los náufragos, o uno de los hijos del capitán Grant, que acaba salvándolos in extremis ante la destrucción de la isla debida a la erupción del volcán.
De ello no se sigue, sin embargo, que no haya momentos en que el autor no esté, ni de lejos, a la altura:
  1. Se lía, al intentar hablar de Oceanía como continente, entre lo que es una isla y lo que es un continente: -Es muy singular -observó Gedeon Spilett- que esta isla, relativamente pequeña presente un suelo tan variado. Esta diversidad de aspecto no pertenece lógicamente más que a los continentes de cierta extensión (...) -Tiene usted razón, mi querido Spilett -respondió Ciro Smith- (...) Encuentro muy extraña esta isla, tanto en su forma como en su naturaleza; parece un resumen de todos los aspectos que presenta un continente, y no me sorprendería que hubiese sido continente en tiempos antiguos (...) ¿Por qué Australia, Nueva Irlanda, todo lo que los geógrafos ingleses llaman la Australasia, reunidas a los archipiélagos del Pacífico no habrían formado en otro tiempo una sexta parte del mundo (...)? Mi entendimiento no se niega a admitir que todas las islas que sobresalen de este vasto océano no sean sino cimas de un Continente sumergido (120-1). Espero se vea el error en la argumentación: se parte de que la diversidad de clima de la isla es propia de un continente extenso y se concluye con la hipótesis, seguramente cierta, de que la isla formaba parte de un continente. Pero ni de la diversidad de clima se sigue que la isla formara parte de un continente ni lo contrario, que la isla formara parte de un continente no explica la diversidad de clima.
  2. Los náufragos cazan en una trampa un animal llamado pecari, de tres meses, y, al ir a comerlo, le encuentran un perdigón que no han disparado ellos. La conclusión será que hay alguien más en la isla pero del siguiente modo: De este incidente debemos deducir las siguientes consecuencias: o la isla estaba habitada antes de que nosotros llegásemos o ha habido un desembarco de uno o más hombres hace a lo sumo tres meses (131). Es parecido al punto anterior en lo que se refiere a las deducciones: 1º) Porque las conclusiones son opuestas puesto que lo que se dice es que ya había gente en la isla, la que ha disparado al pecari, o que esa gente lleva como mucho tres meses en la isla, el tiempo máximo que el perdigón lleva alojado en el pecari. 2º) Porque no se contempla la posibilidad de que quien haya disparado haya llegado a la isla en el tramo de tiempo comprendido entre la llegada de los náufragos y el nacimiento del pecari. En rigor, un perdigón en un animal sólo demuestra algo de perogrullo: que se ha disparado sobre ese animal después de su nacimiento. A mayor abundamiento se vuelve sobre la cuestión páginas después para insistir sobre la misma conclusión: Hace tres meses, a lo más, que un buque, voluntaria o involuntariamente ha venido a estos sitios (158). Y sigue sin caerse en que un buque puede llegar a la isla cuatro meses atrás, dejar a alguien y que ese alguien, dos meses después, dispare sobre un pecari de un mes.
  3. Un error flagrante se da con la confusión entre los hemisferios austral y boreal. La isla está en el primero de ellos y el narrador insiste varias veces en que la sucesión de estaciones es diferente y que, por ejemplo, el marzo austral equivale al noviembre boreal y viceversa. Pues bien, léase: Los colonos (...) pudieron esperar sin temor el invierno de 1866 a 1867. Los grandes fríos comenzaron verdaderamente a sentirse hacia el 20 de junio (194). Si el frío empieza a finales de junio por estar en el hemisferio austral, el invierno no podrá estar encabalgado, como en el boreal, entre dos años; es decir que el invierno acaba el mismo año que comienza.
  4. Siempre se ha dicho, a propósito sobre todo de Viaje a la luna, que Verne es un visionario. Véase, sin embargo, la siguiente predicción en relación con el cambio climático: Los lapones y los samoyedos encontrarán las condiciones climatéricas del mar Polar en las orillas del Mediterráneo (122).

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