Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 22 de febrero de 2014

Juan-Lluís Lluís, Les cròniques del déu coix

Joan-Lluís Lluís
Lluís, Juan-Lluís, Les cròniques del déu coix (Proa, Barcelona: 2013)
Hacía tiempo que no leía nada legible -apreciése la paradoja- en catalán y supongo que si esta novela me lo parece es porque su autor no es español sino francés. De todas maneras, tendiendo a cero mi interés por la cultura catalana no insular, tampoco la he leído por decisión propia sino porque era la prevista por el club de lectura de Ciudadela para el sábado 15 de febrero de 2014.

El argumento, al menos, es original: la supervivencia de un dios griego, Hefaisto, y su tránsito por el tiempo. Narrada en primera persona, Hefaisto se sitúa en el siglo XXI (cap. 1) y cuenta que, como última concesión a los humanos, he acabat aprenent l'art de llegir i d'escriure per poder contar com ho vaig fer per a no morir amb els altres (16; y la lecto-escritura podría ser también la culminación de su dominio del fuego en cuanto dios técnico). Se justifica así internamente su capacidad para narrar su vida y, a partir de ahí, va trazando calas en el tiempo para narrar sus propias vicisitudes a la vez que lanzar alguna crítica mordaz al mundo de los humanos.
Trataremos la obra, como solemos, a partir de puntitos:
  1. Si la trama es, por supuesto, pura invención del autor, se ancla, sin embargo, sobre los dos episodios más conocidos sobre Hefaisto: el lanzamiento desde los cielos, que le produce la cojera, a la isla de Lemnos donde lo recoge Tetis (cap. 3; de ahí la amistad con ésta y que fabrique las armas de Aquiles) y el adulterio de su esposa, Afrodita, con Ares (cap. 7, con un gran logro lingüístico para la fornicación: eren tan cenyits l'una contra l'altre que no podien moure ni per acabar el vaivé de l'un dintre l'altra [102]).
  2. Ya desde el principio aparece caracterizado como lo que es, el señor del fuego y los metales: Estic construint un vaixell de plata i or cuirassat de bronze (...) Les meves fargues llancen flames (17-8). Pero en seguida lanza una afirmación impropia de un dios (Em dic Hefest i no vull morir [20]) paralela a la soledad en que se siente: Arribo al Olimp, i el palau (...) es buit (20-22).
  3. Por ello va corriendo por el tiempo y deteniéndose sobre todo en momentos donde el fuego o los metales juegan algún papel fundamental: así ocurre en el capítulo 10, situado en 1657, donde la Inquisición lo condena a la hoguera, sale indemne y provoca el suicidio del Inquisidor. O en el capítulo 12 en que prácticamente cabalga una locomotora.
  4. Por otro lado esos jalones en el tiempo se presentan con cierta gradación al menos en cuanto a los sacrificios que el protagonista dice necesitar para su subsistencia: desde el modesto escarabajo que recibe en el siglo VII (45) pasando por el perro entre los siglos X-XII (120) hasta culminar en el toro con que obsequia a Ártemis con motivo de su visita en 1928 (182).
  5. Sabido es que uno de los principales rasgos de Hefaisto es la cojera y de ahí, y porque habita el mundo subterráneo, su relación con el diablo cojuelo.
  6. Las relaciones con las mujeres son significativas: la primera con la que se topa, la niña Magdalena, comparte con él un rasgo (veig que coixeja de la cama dreta [35]) y es la primera en ofrecerle un sacrificio: escarbat més suau que el cony d'Afrodita (45). Tiene un hijo de Zineb, una esclava comprada en Siracusa que le da la excusa para cuestionar, desde la óptica divina, las diferencias sociales: la diferència de rang entre l'última de les esclaves i la reina més pulcra és una diferència espessa com l'ombra d'un gra de pols (103).
  7. También sus relaciones sexuales son curiosas: Tetis le provoca la primera eyaculación quan després d'empresonar-me la verga entre les seves mans (...) i va prendre-la amb la boca (57) y luego, ya casado con Afrodita, la echa de la habitación preferint divagar amb el cos de Tetis cap el qual ejaculava tot dormint (98). De la niña Magdalena piensa que d'aquí un parell d'anys la podré penetrar (64). Y con Ártemis, divinidad virgen y opuesta a Afrodita, se limita a sufrir una erección (187).
  8. Presenta una cierta lectura del cristianismo en relación a la diferente concepción de la divinidad entre la mitología y la religión: com pot un déu deixar-se matar? Aquesta gent ha de ser ben imprudent per retre homenatge a un ésser tan impotent (38). O una crítica al monoteísmo: Cristians i mahometans, i també els jueus, em semblen igual de folls en pretendre saber què vol un déu que mai no es manifesta (104).
  9. Alguna originalidad como que por qué los mortales se entristecen por la muerte si tenen tota una vida per saber que la vida s'acabarà (85).
Un último detalle: se supone que, siendo el autor de Perpiñán, por algún lado habrá de aparecer el catalán del norte. Creo que su uso se limita a la forma sem para 1ª pers. pl. del indicativo de ser (comencem a intuir allò que sem [13], ja sem a l'endemà [35]), que suponemos procedente del subjuntivo de sum (simus) como el español vulgar semos.


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