Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 13 de enero de 2014

Julio Cortázar, Rayuela, II (La búsqueda)



Es increíble lo que te cuesta captar las nociones abstractas. Unidad, pluralidad… (19)

(Esta entrada es continuación de otra publicada aquí y dedicada sólo a comentar las notas a la edición de Andrés Amorós en Cátedra.)

Como toda novela, y si no, no pasa a la historia, se sitúa en la encrucijada entre tradición y novedad. Del lado de la novedad contiene desde episodios que beben de lo más caótico del surrealismo hasta esa guía de lectura que lo que en realidad nos propone es que creemos nuestras propias guías y descubramos otras y otras Rayuelas. De lado de la tradición, en cambio, está Rayuela como búsqueda: Ulises busca Ítaca, los israelitas la Tierra Prometida, don Quijote aventuras... Y puesto que se mueve en ambiente francés, podemos decir que esa búsqueda engloba los sentidos con que la narrativa francesa se expresa cuando de buscar se trata: desde la quête para el Santo Grial hasta la recherche para el tiempo perdido. Búsqueda física, búsqueda metafísica, búsqueda sin saber:  Vos buscás algo que no sabés lo que es. Yo también y tampoco sé lo que es. Pero son dos cosas diferentes (19).
  • El reto se plantea ya en el primer capítulo: Buscar era mi signo (1). Y siendo con total seguridad el tema central va penetrando -permeando o permeabilizando dicho a lo pedante- la novela hasta los niveles mínimos, hasta esa rue du Cherche-Midi donde Oliveira encuentra a la Maga (2) o donde se sitúa una librería (93) en la que sin duda se expone la misma Rayuela al modo como hay libros de Cervantes en la biblioteca de don Quijote.
  • Objetos de búsqueda en narrativa hay muchos y ya se han dicho algunos. ¿Qué busca el ejército griego en Troya si no es la encarnación de la belleza en forma de Helena?; ¿y Mío Çid en tierra de moros si no es honor y riquezas?; ¿y la Regenta, Madame Bovary, Ana Karenina y todas las adúlteras del XIX si no un galán que las saque del tedio? Sin embargo, aquí a veces no importa el objeto de la búsqueda ni siquiera si lo que se busca ya se ha encontrado: vamos piano piano, a ver qué es eso de la búsqueda. Bueno, la búsqueda no es. Sutil, eh. No es búsqueda porque ya se ha encontrado. Solamente que el encuentro no cuaja (125). Ni importa la búsqueda de imposibles: ¿Qué es en el fondo esa historia de encontrar un reino milenario, un edén, otro mundo? (71).
  • Otras veces sí que importa el objeto de la búsqueda y, entonces, ¡qué mejor que buscar a la Maga, que se convierte en mujer inasible!: la Maga dejaría de ser un objeto perdido para volverse la imagen de una posible reunión (48); se habían encontrado en pleno laberinto de calles, siempre acababan por encontrarse (6). Y la Maga no sólo es destino sino camino: salir de la encrucijada y meterse por cualquiera de los caminos de la circunstancia, proclamándolo el necesario o el único. La Maga era uno de esos caminos, la literatura era otro (48): el narrador, como tantos personajes literarios, se sitúa en la encrucijada, en el dilema, pero en vez de decidirse por el camino fácil en vez del difícil como en el Evangelio o por el camino de Tebas en lugar del de Corinto como Edipo, opta por las dos posibilidades, la Maga y la literatura, quizá porque son sinónimas; Rayuela se convierte así, nada más pero nada menos, en la búsqueda de las palabras que posibiliten atrapar a la Maga.
  • Y todos buscan: 1) Horacio: -¿Horacio no va a volver? -No, se va a ir por ahí, buscando cosas (24); no tiene conciencia de que busca la llave ni de que la llave existe (26); No podía ser que (…) Horacio se interesara y a la vez no se interesara. De la combinación de las dos cosas debía salir una tercera (…), algo que estaba del lado de la caza, de la búsqueda (47). 2) La Maga: anda (…) mirando aplicadamente el suelo hasta encontrar un pedazo de género rojo. Si no lo encuentra seguirá así toda la noche (…) convencida de que algo horrible le va a ocurrir si no encuentra esa prenda de rescate, la señal del perdón o del aplazamiento (1); Nunca me explicaste bien qué andabas buscando por el Quai de Jemmapes. -Oh, no buscaba nada (20). 3) Rocamadour, el hijo de la Maga: tengo que estar sola con Horacio (…) ayudándolo a buscar lo que él busca y que también tú buscarás, Rocamadour, porque serás un hombre y también buscarás como un gran tonto (32). 4) Gregorovius a quien exasperaba la presencia de Oliveira en el mismo momento en que se lo encontraba, después de haberlo estado buscando sin confesárselo (12).
Y de momento Rayuela se nos ha convertido en una novela cuyos personajes se cruzan buscando y buscándose. El paso siguiente y necesario en toda búsqueda es el viaje. Y a Rayuela como viaje dedicaremos nuestra próxima entrada dedicada a la novela.

2 comentarios:

  1. Me ha encantado leer esta entrada, pero estoy segura de que ya te lo imaginabas. En realidad, nos pasamos la vida buscando ¿Encontraría a La Maga?.. Abrazucu apretadín desde Villa de Rayuela!

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  2. Abrazo y beso largo, mediterráneo, desde Menorca. Ya te dije, hace océanos de tiempo, que haría una reseña de Rayuela que, en cierto modo, o en modo total, tú me descubriste.
    Otro beso y les das recuerdos a esos mares vuestros con mareas.

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