Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 31 de diciembre de 2014

Adquisición de libros

Pues nada, que yendo este domingo pasado 28 de diciembre por San Cugat del Vallés (sic aunque también podría ser San Cucufate) con la intención de comprar algo sustantivo para Reyes, di con una tienda que se pretendía librería outlet, sí, esa palabra que está de moda y, como tal, no sé bien si significa de segunda mano o saldos y taras. Total, que voy y entro: un libro, 3 euros; 2, 5 euros; 5, 10 euros. Le doy un repaso general decidido a comprar 5 libros sólo si encuentro 5 que valgan la pena. Y resulta que los encuentro. He aquí lo que me llevé:
García Pavón, Francisco, Voces de Ruidera (Destino, Barcelona: 1973).
Forma parte, con otros que he leído, de la serie dedicada a Plinio, el policía municipal de Tomelloso que, ayudado de su amigo, el veterinario don Lotario, resuelve los más variados casos policíacos con un sabor completamente rural. Impresionantes son siempre en este autor tanto el dominio de un lenguaje manchego que suponemos desaparecido ya a causa de la televisión como las descripciones de los espacios naturales.

Pombo, Álvaro, El metro de platino iridiado (RBA, Barcelona: 1993)
Lo escogí porque no he leído nada del autor y le suponía un buen castellano santanderino; y, claro, porque siempre me había sorprendido el título. He empezado a leerlo y no veo qué tiene que ver el título aunque no creo que necesite justificación. Y, por decir algo, me recuerda de lejos Entre visillos de Carmen Martín Gaite.

Bernanos, Georges, Journal d'un curé de campagne (Plon, París: 1968)
Una novela cuya lectura tenía ya programada en una edición traducida que tengo. Pero al ver ésta la leeré en francés. La miré por encima en la librería y observé que tiene bastantes palabras subrayadas de algún lector anterior. Y siempre es curioso intentar vislumbrar a ese lector a partir de sus subrayados.


Alonso, Dámaso y Blecua, José Manuel, Antología de la poesía española. Lírica de tipo tradicional (Gredos, Madrid: 1978)
Aún recuerdo cuando uno de los dos autores, José Manuel Blecua, padre del que luego fue -según creo- director de la R.A.E., entraba en el aula de la facultad de Filología de la Universidad Central de Barcelona acompañado de un alumno que le ayudaba a cargar desde su despacho, una cantidad de ejemplares de esta obra que rondaría los treinta. Aunque haya otras, es por supuesto una buena antología de lírica de tipo tradicional.

Umbral, Francisco, Las ninfas (Destino, Barcelona: 1976)
Quizá fue el libro que escogí menos convencido pero estaba cansado de mirar y había de elegir algo más si quería que cada libro me saliera a 2 euros. Lo cierto es que del autor sólo he leído una novela, El Giocondo, y hace tanto tiempo que no recuerdo absolutamente nada.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Waidi Mouawad, Anima

Mouawad, Waidi, Anima (Babel, Montréal: 2012)
Una novela que propone para discusión el club de lectura de la librería VaDllibres de Ciudadela a causa -sospechamos- de no sé qué premio recibido en Cataluña a causa -seguimos sospechando- de que, aunque canadiense, está escrita en francés, esto es, en una lengua minoritaria, oprimida, prohibida durante el franquismo... va savoir...
Temáticamente... bueno, la deriva temática es tal que lo que comienza siendo un thriller continúa por un roadmovie y culmina con el reencuentro y muerte del padre al estilo freudiano. De momento. Y todo ello en un ambiente que comienza siendo indio, aunque nadie aparezca hablando lenguas indígenas -seguramente a causa de su desaparición por la colonización francesa y/o inglesa- y termina siendo libanés.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Minidesafío 2014

Diremos que a la altura de hoy, 29 de diciembre, hemos culminado el desafío que, tal como explicamos más abajo, aceptamos en enero.

Volvemos a aceptar un desafío sencillo que viene de esta página y que, en su variante máxima, consiste en leer 30 libros de 30 autores diferentes durante este año 2014 que ahora comienza. He aquí la relación:
1. Krauss, Nicole, La historia del amor (Salamandra, Barcelona: 2013). Terminado de leer el 13/1/14.
2. Cocteau, Jean, Oda a Picasso (José J. de Olañeta, Barcelona: 1981). Terminado de leer el 19/1/14. Aquí hay un brevísimo comentario.
3. Aristóteles, Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de historia natural (Gredos, Madrid: 1998). Terminado de leer el 25/1/14.  Aquí hay una reseña.
4. Monsó, Imma, La dona veloç (Planeta, Barcelona: 2013). Terminado de leer el 31/1/14. Aquí hay una reseña
5. Verne, Julio, La isla misteriosa (Molino, Barcelona: 1959). Terminado de leer el 10/2/14. Aquí hay una reseña.
6Priapeos, Grafitos amatorios pompeyanos, La velada de la fiesta de Venus, Reposiano, El concúbito de Marte y Venus, Ausonio, Centón nupcial (Gredos, Madrid: 1981). Terminado de leer el 11/2/14. Aquí hay un pequeño comentario.
7. Lluís, Juan-Lluís, Les cròniques del déu coix (Proa, Barcelona: 2013). Terminado de leer el 12/2/14. Aquí hay una reseña.
8. Carpentier, Alejo, Los pasos perdidos (Bruguera, Barcelona: 1980).Terminado de leer el 20/2/14. Aquí hay una reseña.
9. Foenkinos, Davis, La délicatesse (Gallimard, s.l.: 2009). Terminado de leer el 25/2/14. Hay una reseña aquí.
10. Nietzsche, Friedrich, Aurora (José J. de Olañeta, Barcelona, 1978). Terminado de leer el 14/3/14.
11. Orwell, George, 1984 (Debolsillo, Barcelona: 2013). Terminado de leer el 15/3/14.
12. Byatt, A. S. El libro negro de los cuentos (Alfaguara, Madrid: 2007). Terminado de leer el 17/3/14. Aquí hay una reseña de uno de los cuentos.
13. Mérimée, Prosper, Colomba (Librio, París: 1997). Terminado de leer el 26/3/14. Aquí hay una reseña.
14. Delibes, Miguel, La mortaja (Alianza, Madrid: 1995). Terminado de leer el 28/3/14. Aquí hay una reseña.
15.  Fowles, John, La mujer del teniente francés (Argos Vergara, Barcelona: 1982). Terminado de leer el 11/4/14. Aquí hay una reseña.
16. García Márquez, Gabriel, El coronel no tiene quien le escriba (Alianza, Madrid: 1993). Terminado de leer el 27/4/14.  Aquí hay una reseña.
17. Truyol, Tomeu, Llibre d'amorg (Arrela, Maó: 2014). Terminado de leer el 1/5/14. Aquí hay una reseña.
18. Woolf, Virginia, Orlando (Edhasa, Barcelona: 1999). Terminado de leer el 12/5/14. Aquí hay una reseña.
19. Márai, Sándor, La mujer justa (Salamandra, Barcelona: 2005). Terminado de leer el 17/5/14. Aquí hay una reseña.
20. López Casasnovas, Joan F. Caragols dels jorns (Eliteprint, Ciutadella de Menorca: 2014). Terminado de leer el 1/7/14. Aquí hay una reseña.
21. Benet i Jornet, Josep M. E.R. (Edicions 62, Barcelona: 2011). Terminado de leer el 20/7/14. Aquí hay una reseña.
22. Proust, Marcel, Du côté de chez Swann (Gallimard, s.l.: 1975). Terminado de leer el 31/7/14. Aquí hay una extensa reseña.
23. Haffner, Sebastian, Historia de un alemán (Destino, Barcelona: 2005). Terminado de leer el 24/8/14)
24. Salord, Maite, L'alè de les cendres (Arrela, Maó: 2014). Terminado de leer el 25/8/14. Aquí se remite a una extensísima reseña.
25. Luca, Erri de, Il peso della farfalla (Feltrinelli, Milán: 2009) Terminado de leer el 3/10/14.
26. Clarín, Leopoldo Alas, La Regenta (Espasa-Calpe, Madrid: 1984). Terminado de leer el 10/10/14.
27. Flaubert, Gustave, Madame Bovary (Gallimard, s.l.: 2001). Terminado de leer el 16/10/14.
28. Munro, Alice, Mi vida querida (Lumen, Barcelona: 2013). Terminado de leer el 25/10/14. Aquí hay una reseña.
29. Conrad, Joseph, El corazón de las tinieblas (519, s.l.: 2012). Terminado de leer el 10/11/14.
30. Mouawad, Wajdi, Anima (Babel, Montréal: 2012). Terminado de leer el 25/11/14. Aquí hau una reseña.

lunes, 20 de octubre de 2014

Maite Salord, L'alè de les cendres, y XI: conclusión

(La presente entrada es continuación de esta otra)
6. Conclusión:
Vamos a acabar el comentario por pura convención. Queremos decir que lo acabamos porque en algún momento lo hemos de acabar. Queremos también decir que tenemos la seguridad de que si abriéramos la obra por cualquier página al azar encontraríamos algo que añadir. Y eso es literatura, el sugerir y seguir sugiriendo.
Por supuesto, eso implica que también tenemos la convicción de que hemos olvidado detalles, de que hay aspectos que hemos pasado por alto por falta de atención o por lo que sea. Un ejemplo: sólo a última hora hemos caído en la conseguida elaboración de un episodio de la Vibració VIII relacionado con su título, Pluja de agost. Es el momento en que Dèlia siente haberse liberado de parte de su dolor y lo expresa con la lluvia deslizándose sobre las lápidas del cementerio. En primer lugar descripción: La pluja cau damunt les làpides […] el cementeri sota la pluja […] Només el renou prim de les gotes d’aigua. Alliberador (238). Luego insistencia sobre la lluvia: El cel és gris […] La pluja es només un parèntesi (242); I la pluja que cau. Sense defallir (243). Por fin, la integración del paisaje en el personaje trascendiendo la lluvia y yendo también al viento y el sol: El pes és cada vegada més lleuger. Es desfa entre els rierols d’aigua de pluja. Se l’endú el vent. L’evapora el sol. El meu record també s’alleugereix. Ho puc percebre. Pluja. Llàgrimes d’enyor (245)[1].
De otro lado, para analizar la novela habíamos partido del presupuesto metodológico de separar los capítulos narrativos de los líricos y luego tratar el conjunto pero, a partir de un cierto momento del análisis, no hemos podido seguir sosteniendo tal principio y nos hemos visto en la necesidad de ir intercalando y comentando detalles de las Vibracions en apartados dedicados a la zona narrativa. Ello, ese invalidar nuestro presupuesto inicial, es una mera demostración práctica de que la novela está bien ensamblada, de que no se puede separar la narración general de la voz de Dèlia.
En cuanto la interpretación de la novela ya se han ido dando sobradas lecturas: vuelve a ser lo de sugerir y seguir sugiriendo. Y todas esas lecturas superpuestas, que intentaremos resumir a continuación, nos llevan al axioma inicial de la literatura, la plurisignificación. Ello quiere decir, trivializando, que, leído un prospecto de un electrodoméstico sólo entendemos que nos está dando instrucciones para su uso, pero al leer L’alè de les cendres vamos pasando desde una interpretación inmediata de la mera trama hacia otras más profundas; y ello, sobre todo, mediante el uso de uno de los recursos básicos del lenguaje literario, el símbolo, y de ahí otra vez la sugerencia. Ilustrado lo que acabamos de decir con un ejemplo sencillo, Menorca empieza siendo un simple espacio geográfico; luego puede entenderse como prisión de la que no puede salir Ramon para reunirse con su familia en Mallorca, y más tarde en espacio-refugio para Dèlia.
Retomando, resumiendo o reorganizando todo lo que se ha dicho, entendemos que en la novela son posibles, al menos, las siguientes lecturas:
1ª) La saga en el sentido clásico no hollywoodiano del término: la historia de varias generaciones de una familia. Tal historia aboca en la guerra y tiene sus puntos críticos en cómo la viven o, mejor, sufren, los diferentes personajes. Dos de ellos destacan: Joan Escandell y su hija Dèlia, personaje que adquirirá la categoría de conclusión, de punto donde todo va a converger. Incluso adquiere cierta categoría, como enseguida se dirá, de prolongación de su padre.
2ª) La recuperación de la palabra: si la guerra supone acallar a los vencidos, en la novela eso va a traducirse en un tratamiento simbólico de ese silencio y son esos dos personajes, Joan y Dèlia, derrotados, quienes mejor lo van a encarnar. Se da una doble trayectoria entre palabra y silencio que, ordenada temporalmente, se puede esquematizar así: Joan Escandell pasa de la palabra al silencio, un silencio físico y, luego, con la muerte, total; confluye así con el silencio de su hija Dèlia que recorrerá a partir de ahí la trayectoria inversa del silencio a la palabra. Sin embargo, textualmente el efecto será diferente porque mediante la superposición de los episodios narrativos a los líricos –o viceversa- se consigue una visión en contraste: al mismo tiempo que Joan Escandell avanza de la palabra al silencio, su hija Dèlia avanza del silencio a la palabra. Y eso es sólo una pequeña muestra de lo que decíamos acerca de la solidaridad entre episodios narrativos y episodios líricos. Por cierto: esta interpretación nos lleva a decir que la novela es un comentario o perífrasis de un texto tan corto como crucial: En el principio fue la palabra (Jn I,1). Lo decimos positivamente, claro está, porque la novela añade la coletilla y al final también fue la palabra. Si observamos, además, que el texto original, griego, utiliza, para palabra, el término Λóγος y sabemos que entre los muchos sentidos de Λóγος está el de orden –de donde lógica- frente a caos, la conclusión es más rica: Dèlia queda libre cuando recupera la palabra y reordena su mundo interno.
3º) A medida que avanzábamos en el comentario íbamos detectando una relación entre Joan Escandell y su hija Dèlia que iba más allá de lo paterno-filial. Lo decíamos primero tímidamente y luego, a medida que íbamos encontrando y ahondando en episodios que nos parecían sustentar nuestra lectura, lo íbamos diciendo de forma más clara. En rigor los tres episodios básicos son el olvido del dibujo por parte de Pepa, el rasgado del vestido de novia por parte de Joan y -ahora lo comentaremos- la marginación final de la madre. Podemos seguir añadiendo argumentos: uno mínimo, la frase No vam parlar del pare. Ni una paraula (98) referida al momento en que Pepa y Dèlia se reencuentran en Menorca con motivo del embarazo de la segunda y en la que parece que Joan se ha convertido en zona tabú entre ellas. Y uno máximo detectado a partir de diversos episodios dispersos en el texto que, a nuestro juicio, reproducen el mito de dos amantes, Orfeo y Eurídice, con inversión de sexos. Véase: Dèlia desciende a los infiernos / se pone a trabajar para rescatar a su padre (a partir de su relación con l’encarregada del menjador de Santa Catalina [279] que intercede por él). Se impone a Joan la prohibición, so pena de volver a los infiernos, de mirar atrás: Vés viu, Joan […] Hauries de ser més prudent. Pensa en la família (283); t’arrisques massa i si et passàs res, jo… (302). Joan no cumple la prohibición y vuelve a los infiernos / celda de la comisaría.
En última instancia, tal lectura sólo llevaría a matizar el grado de fusión entre Dèlia y Joan con el que culmina la novela en la Vibració XII: desde la mera recuperación del padre añorado hasta el nivel que se quiera o permita la interpretación simbólica. Por ejemplo, se insiste en la mano –Agafats de la mà […] La teva mà. Pare. Dins la meva (341)- y la mano es símbolo asociado al matrimonio desde la expresión pedir la mano hasta algún texto como la escena final de Don Juan Tenorio de Zorrilla en que doña Inés tiende la mano a don Juan en un gesto que marca a la vez la salvación de éste y el matrimonio de ambos tras la muerte. Y si a ello se añade que aquí la mano de Dèlia es la que contiene a la del padre y no al revés como sería de esperar… Y, como hemos anunciado, habrá también que tener en cuenta la marginación explícita de la madre: La mare ens veu partir […] Només tu i jo (341). En todo caso se reestablece también algo que había quedado pendiente: por fin Dèlia entrega el dibujo a su padre. Y otra lectura de la novela muy sugerente desde otro desorden a otro orden: desde el dibujo tirado y roto por Pepa hasta la reconstrucción del mismo por Dèlia en la Vibració final.
4º) Nos queda cierta conciencia de no haber hablado suficientemente del papel de las flores en la obra máxime cuando ya en una prelectura nos fijamos en su presencia en la Obertura. Para compensarlo vamos a intentar utilizarlas para llegar a nuevas lecturas de tipo más bien lúdico pero que ilustrarán a las claras lo que hemos dicho sobre la capacidad sugeridora de los símbolos. La primera la centraremos en los crisantemos. Véase la apreciación inicial de Dèlia de un conjunto de flores: Roses vermelles i clavells blancs. També hi havia un gessamí. No vull crisantems quan em mori. No m’agradan, són tristos i fan olor de mort (13). Rosas y claveles quedan resueltos con un adjetivo cromático frente a los crisantemos, que se presentan por negación - No vull […] No m’agradan–, con un adjetivo, tristos, que supone una valoración negativa, y con otra asociación olfativa negativa - fan olor de mort -. Saltemos ahora a la Vibració XI: Tot és plé de flors. Encara. De crisantems damunt les tombes […] Em cobreixen roses i clavells i gessamins. Festejar els morts (315). Aunque Dèlia no se acabe de cubrir con crisantemos como con el resto de flores, ahora ha desaparecido la valoración negativa y los cuatro tipos de flores han sido convocados para Festejar els morts. ¿Y qué ocurre en esa Vibració XI?: lo que entendemos como el paso previo e inmediato a la apoteosis final de la unión con su padre, su fusión con el resto de seres queridos y consecuente serenidad de cara a la marcha definitiva con éste, a ese continuar el camino: Em sé dins els pensaments dels meus estimats. Cada vegada més còmoda . Amb cada alè seu. Em vaig transformant. Lentament. La lleugeresa del que ja no m’habita. Tot ha canviat […] Ja no som una. M’he multiplicat en tots aquells que em pensen. Sense esforç. Serenament. Y ¿qué hemos querido decir?: que la simple apreciación de los crisantemos por parte de Dèlia desde esa aprensión inicial hasta esa visión neutra final marca los puntos inicial y último de su trayectoria liberadora.
5º) Ahora, rosas y claveles. Sólo iniciar la lectura subrayamos ese conjunto floral recién citado de Roses vermelles i clavells blancs (13) convencidos de que de algo serviría. Y sirve, al menos esa oposición rojo / blanco, porque nos invita a una nueva lectura de tipo estructural[2]. Ya dijimos a propósito de la Obertura que ésta sirve como núcleo que se abre y se bifurca en los capítulos narrativos y los líricos. Lo mismo podríamos decir del rojo y el blanco: el rojo impregna todas las Vibracions en tanto emitidas desde el corazón de Dèlia mientras el blanco adquiere forma de racionalidad cerebral en manos del narrador que construye calculadamente los capítulos narrativos. De igual modo, y también se ha insinuado, las mujeres se decantan hacia el rojo: esa virgen dolorosa que desde Sevilla va desplazándose, encarnada en Isabel, Pepa y Dèlia, hasta Menorca, siempre se ha representado con sus cuchillos en el corazón, esto es, sangrando: ahí están las mujeres sufriendo y también amando; los hombres, por su parte, se mueven en discursos políticos que no dejan de ser cerebrales aunque luego desemboquen en sangre. Por fin, también podría remitirse esa oposición, a partir de esa sangre, a la oposición guerra / paz entendiendo paz no como ausencia de conflicto bélico sino como la paz interior que busca Dèlia.

Nada más. O sí, que agradecemos a la autora no sólo la novela sino la invitación a comentarla, que nos ha sido de gran estímulo intelectual. Dicho en llano: si un día nos atrapa el Alzheimer, este comentario nos habrá obligado a mover las suficientes neuronas como para retrasarlo. Ese es ya motivo suficiente para que, queriéndolo retrasar aún más, invitemos a la autora a que escriba su próxima novela prometiéndole ya que si, cómo ésta, incluye su foto, la har


[1] Ese asociación última entre pluja y llàgrimes nos recuerda un conocido poema de Verlaine que, jugando con el efecto de aliteración y paronomasia que se da en francés entre los verbos pleurer y pleuvoir, empieza así: Il pleure dans mon coeur / comme il pleut dans la ville. Y, ya que estamos, la asociación lluvia, lágrimas, muerte nos lleva a una de las escenas finales de Blade Runner cuando el último replicante dice aquello de He visto cosas que jamás creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.
[2] Hemos de confesar que tal interpretación está sugerida por otras lecturas que suelen hacerse de al menos dos textos clásicos españoles. El soneto XXIII de Garcilaso comienza En tanto que de rosa y d’azucena; a partir de esas dos flores que en principio sirven para describir el rostro de la amada, el texto irá generando oposiciones: pasión / contención amorosa, primavera / invierno, juventud / vejez; y culminará en carpe diem. Algo más compleja es la interpretación de la Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández, a la luz también del contraste de rojos y blancos en versos como Tu corazón, ya terciopelo ajado / llama a un campo de almendras…A las aladas almas de las rosas / del almendro de nata… pero apunta en la dirección dolor / contención del dolor.

jueves, 16 de octubre de 2014

Maite Salord, L'alè de les cendres, X: temas generales, la lengua

El Atlante
(La presente entrada es continuación de esta otra)
4. Temas generales:
Amor, guerra y sus derivados -dolor, recuerdo, añoranza- son los temas predominantes de la novela. Ya hemos insinuado cómo amor y guerra alternan equilibradamente: por ejemplo, al encuadrar la muerte de Marià entre las escenas de entrega y recogida de ropa entre Pepa y Joan (segundo capítulo de 1936); o al presentar a continuación del capítulo centrado en el odio de Salom (el último de 1936) otro dedicado al amor familiar como queriendo absorber ese odio (1937). Por lo demás, como ya se han ido repartiendo de forma dispersa apreciaciones de todo tipo, ahora nos centraremos sólo en aspectos puntuales:

4.1 El amor:
Sólo dos notas:
1ª) Es impresionante la escena, personalmente de lo mejor de la novela, en la que Pepa ama a Joan a través de la ropa de éste que le dan a lavar. Primero se da una idea de su suciedad: la brutor s'anava fent insoportable. Encara duien la mateixa roba de la nit que els van anar a treure de casa (142). Luego se expone la reacción de Pepa al recibirla: Na Pepa s'abraçava al bolic que duia entre el braços [...] li van retornar la roba que havia tocat la pell de l'home. Un feix que, en ser a casa, va abraçar entre llàgrimes [...] El revivia a través del tacte i l'olor de camises i calçons [...] Na Pepa esperava el darrer dia per posar-ho en remull [...] Sabia que, al cap d'uns instants, ja no quedaria res del marit [...] Enyorava en Joan amb desesperació i s'havia de conformar a tenir-lo entre la roba mastegada (161). Más tarde vendrá la reacción semejante de Joan al recibir la ropa limpia: Va ensumar profundament l'olor de la roba neta, com si així pogués omplir-se de les presències que tant enyorava. Es va atracar una camisa a la cara. Va tancar els ulls. Hi va enfonyar el rostre. Durant uns segons que no el deixaren respirar. Les mans de na Pepa que l'havien rentada, estesa i plegada, li acariciaven els ulls, el nas, la boca (173). Ya se ha dicho antes que ambos momentos conforman un sucedáneo de acto sexual. Aunque no creemos necesario justificarlo, diremos que en el cancionero popular castellano abundan hasta la saciedad muchachas lavando camisas y pañuelos de sus novios, e interpretaciones amorosas y sexuales, a partir del proceso de sinécdoque o metonimia, en el sentido de que actuar sobre la ropa es actuar sobre el novio que ha estado en contacto con la camisa o abrigado en ella; un ejemplo: Un día llegará / en que tu ropita y la mía / vayan juntas a lavar. Ahora bien, en el caso que nos ocupa la lectura va más allá de lo sexual o del amor conyugal para alcanzar el filial. En efecto, Dèlia, que emite sus Vibracions instalada en los sentidos, no puede sino evocar el olor de la ropa de su padre: La roba estesa. Al pati. La roba del pare. Com si fos a casa. [...] Amagar el rostre dins la camisa humida. Jugar amb els camals gastats del calçons. Olor de net. De vida[1] (215). Y lo mismo ocurre cuando Pepa ve el abrigo de su padre, del que no se tienen noticias: Al penjador de l’entrada, l’abric de n’Antonio. La filla el va acariciar amb la punta dels dits (251). Y volviendo a Pepa con su marido hay que notar que repite el gesto incluso la noche que muere de celos: va enfonsar el cap dins el coixí d’ell. El va respirar fins que gairebé es va ofegar (311); y, de forma parecida, cuando él vuelve a estar preso: passava la mà per la bata d’en Joan (332). Por fin, también Dèlia repite un gesto de valor simbólico parecido cuando, en el tranvía, acaricia el papel que envuelve su vestido de novia: vaig acariciant, una vegada i un altre, el paper sedós que el cobreix (66).
2ª) A nuestro parecer se da un exceso de armonía familiar sobre todo alrededor del matrimonio entre Antonio e Isabel, cuyas figuras parecen idealizadas: l’avi tenia sempre l’emoció als ulls. Quan sentía les rialles dels néts. […] O quan l’avia Isabel l’abraçava. Em sembla, amic meu, que mai no el vaig veure enfadat. Mai una paraula més alta que l’altra (179). Bien es cierto que la cita se corresponde a un recuerdo de infancia de Dèlia y puede haberse dado un proceso de deformación. Pero hay otros detalles como la sonrisa ya citada de Isabel al morir; o la visión de Antonio como un home temerós de Déu[2], que els havia ensenyat a estimar i a respectar la seva paraula (282) que, si bien no tiene nada que objetar, no nos acaba de cuadrar con su formación militar por más que su ingreso en el ejército fuera por su afición a la música. Sea como fuere, a mayor armonía y felicidad familiar mayor efecto producirá en el lector su quiebra al irrumpir la guerra y, de este modo, tal lector vendrá a confluir, en última instancia, con la impresión que una y otra vez nos comunica Dèlia desde sus once años. Más aún: esta visión nos sugiere una nueva lectura de la novela en términos de anticlímax / clímax / anticlímax o, mejor aún, orden inicial / desorden producido por la guerra / reordenación del mundo interior de Dèlia.

4.2 La guerra:
Otros dos detalles:
1º) Asistimos al peor aspecto de la guerra. En efecto, salvo la presencia de Lluís en la batalla del Ebro, la novela trata de la guerra oculta, de retaguardia. Nos referimos a que, en el frente, el enemigo es visible y está situado. Aquí, en cambio, el enemigo está al acecho, se sabe quién es -y no siempre como en el caso de los cuatro muchachos refugiados en la zapatería- pero de ningún modo se sabe cuándo, dónde, cómo y ni siquiera por qué, en el caso de Marià o incluso Mateu, se va a presentar. De ahí el miedo, la inseguridad, la angustia de no ser dueño de su propio destino… y lo que, más bien por impresión personal, se nos antoja una separación de los personajes por sexos: mientras los hombres –Joan, Antoni, Ramon, Lluís- tienden más bien a anclarse en convicciones ideológicas, las mujeres –Isabel, Pepa, Lola, Dèlia- quedan sometidas a una fuerte tensión interior entre su capacidad para amar y su capacidad para sufrir.
2º) La acción principal transcurre en una de las dos zonas en conflicto, Mallorca. Sin embargo, se intenta contrapesar mediante la visión de la otra zona con la presencia de Ramon Guerrero en Menorca, hacia donde ya hemos dicho que tiende a bascular la novela. Allí tiene conocimiento de la misma violencia en una página donde de lo que se trata no es de bandos sino de la guerra como horror: en Ramon també va viure la tragèdia, des de una perspectiva inversa però igualment dolorosa (197); por eso se presenta el conocido episodio del metrallament massiu de presos al pati de la fortalesa de la Mola (197) y se cita El vaixell Atlante [...] utilitzat, també, com a presó (197) en paralelo, respectivamente a las matanzas  en Mallorca y al uso allí del barco Jaime I como prisión en la que está Antoni.

5. La lengua:
Un tópico tal como que si la riqueza de la lengua o similar no sabemos decirlo y, además, para justificarlo necesitaríamos hacer un análisis de frecuencias por ordenador. Así, nos limitaremos a un par de apreciaciones sobre recursos retóricos aunque… para que no se diga, sí, vamos a decir algo de la lengua y, además, lo vamos a decir a la ligera y desde un cierto desconocimiento de la dialectología del catalán. Vayamos a la p. 127 con Dèlia hablando en su Vibració IV: El bòtil verdós […] es barregen. Vamos ahora a p. 158, esta vez con Dèlia en su Vibració V: no us hi mescleu. Es una apreciación parecida a otra que ya le hicimos a la autora acerca de la alternancia És clar / Esclar en La mort de l’ànima. No es una cuestión de normativa sino de idiolecto: si Dèlia se instala lingüísticamente en el menorquín (bòtil) por qué usa el verbo barrejar si tiene mesclar?
Poco importa si lo que en este apartado queríamos es detenernos en el que nos parece uno de los momentos más logrados de obra. El siguiente: Enyor el pare. Enyor la meva vida. Plàcida. D’anar i venir de la barberia a casa dels avis. A casa de les cosinas. D’aigua de mar i llibretes de cal·ligrafia. De la música del avi. De les històries de l’àvia. On és. On és tot allò que han fet desaparèixer de cop (127). Una recreación explícita - On és. On és- del tópico del Ubi sunt. Y mucho más: véanse las repeticiones en anáfora (Enyor / Enyor) o en epifora (avi / àvia). O la cópula caótica aigua de mar i llibretes de cal·ligrafia
Podríamos, claro, rastrear recursos retóricos aquí o allá y ya antes nos hemos detenido en la aliteración remor de la mar que, además, es una aliteración motivada en el sentido de que quiere sugerir el rumor del mar. Y lo dicho: no vamos a presentar un catálogo de recursos retóricos sino sólo a detenernos en una antítetis tal como vestida de blanc. Nua de blanc (94): antítesis semántica superpuesta a simetría sintáctica. Y sirve para ilustrar un principio básico del comentario de textos: si un recurso retórico no sirve para nada, no es un recurso retórico. Y aquí sirve: como que llega a ser un eufemismo, en un sentido positivo del término, porque sabe concentrar en sólo seis palabras toda la noche de bodas de Josep y Dèlia.
(Por último, recordamos al autora lo poco adecuado del eucaliptus en el cementerio: Llorers i eucaliptus ombregen les tombes (129 cf.: Només llorers i xiprers [153])
(Continúa aquí)




[1] Una segunda lectura con detención en detalles como hundir la cara en la camisa o jugar con las perneras de los pantalones lleva a la lectura en clave de incesto que llevamos rato sugiriendo. Además, compárese, en relación con ese hundir la cara en la camisa, la expresión referida al padre (enfonyar el rostre) y a la hija (amagar el rostre).
[2] Hay una errata en el acento de Déu.

domingo, 12 de octubre de 2014

Maite Salord, L'alè de les cendres, IX: los capítulos líricos

(La presente entrada es continuación de esta otra)
3. Los capítulos líricos:
Ya se ha dicho a propósito de la Obertura que las Vibracions tienen a su cargo el complemento lírico de la historia. Partimos de clasificaciones al uso de géneros literarios y, así, por lírico queremos decir: 1º) Que sin llegar al extremo de presentarse el texto en forma de verso, se da un predominio de la función estética del lenguaje sobre la función representativa, predominante en los capítulos narrativos; simple botón de muestra sería el subtítulo de la Vibració I, La remor de la mar, de tipo aliterativo aun sin pronunciar, al modo balear, las vibrantes simples fínales: véase que no contiene ni una sola consonante fricativa, oclusiva ni africada[1]. 2º) Que, también de modo predominante, expone el mundo interno de Dèlia, sus sensaciones y sentimientos, y de ahí el uso de la primera persona.
Ello nos exige otro tipo de análisis de esta zona del texto. En concreto lo centraremos en sólo dos aspectos: esas sensaciones que expone Dèlia; y el tratamiento del tiempo porque es peculiar al no depender del mismo narrador responsable de los capítulos narrativos.

3.1. Las sensaciones:
Ha quedado dicho que la Obertura era una expansión de sensaciones, de alusiones a los cinco sentidos. Así penetrarán en las Vibracions dando cuenta de los subtítulos: sensaciones auditivas (I: La remor de la mar; VI: La música dels arbres); olfativas (III: L’olor de la primavera; XI: Perfum de tombes blanques); cromáticas (V: Cel color de sang; IX: Blau de tardor); y táctiles a partir de la temperatura (II: Nit gélida de febrer; VII: La cremor de l’estiu).

3.1.1. Silencios y sonidos:
Ha quedado también dicho que uno de los motivos recurrentes de la novela es el silencio y que uno de sus temas centrales es su superación; y que eran Dèlia y su padre quienes encarnaban ese tema. Ahora, en este apartado y con relación a las sensaciones auditivas, podemos ampliar el enfoque y decir que la novela no es sólo un recuperar la palabra sino: bien un llenarse de sonidos, y de ahí el papel de la música; bien una tensión entre silencio y sonido; bien una tensión entre órdenes diferentes de sonidos, y con ello nos referimos, por ejemplo, al contraste entre la veu maravellosa del fills i la petita Dèlia, que ja havia començat amb les lliçons de piano (117) y la frase, sólo dos páginas más allá, Nuestro espíritu tiene que ser servido por la acción (119): voces infantiles y sonido de piano aplastados por retórica falangista de clara inspiración joseantoniana[2].
De hecho Dèlia enlaza con su padre a partir del silencio en el sentido de que, al llegar a Menorca casada, su estado inicial es el estado final de su padre. Se contenta con su vida cotidiana pero aún así ésta se tiñe de rasgos negativos –El temps buit […] La soledat (95)- y, entre ellos, ese silencio que sólo se romperá mediante conversaciones con la anciana Taltavull: Venia cada dia […] a parlar del temps i de les plantes del pati. De mi. Va ser l’única persona que, en aquell temps, va saber de la meva vida. Notava que m’entenia els silencis (96). Esa mujer, a la que la familia considera només una boja y a la que, a su vez, había enterrado Sota feixugues capes de silenci, adquiere valor en varias direcciones: encarna el tópico del loco lúcido al estilo de don Quijote o del borracho que vaticina el destino a Edipo en Edipo rey; como confidente, enlaza explícitamente con la abuela Isabel: Enyorava l’àvia Isabel. Amb els mateixos cabells blancs; y, a través de ese rasgo de confidente, al hablar y escuchar a Dèlia rompiendo su silencio, la dota de palabra y prefigura al enterrador, ese confident inesperat al final del temps (121).
Ya se ha insinuado el papel de la música en relación con el silencio. Diremos que, lateralmente, son el abuelo Antonio y su hijo Mateu quienes sostienen el tema a lo largo de la novela. Y es por medio del abuelo como pasa a Dèlia por ejemplo cuando ésta evoca, a partir del cant dels ocells que habiten els arbres espessos del cementeri (180), la música de la harmónica de vint forats (179) que aquél le había entregado: Té, vull que me la guardis mentre jo no hi sigui (180). Ya se ve cómo más que un regalo la entrega de la armónica adquiere para el abuelo un carácter de prenda, algo que marca su intención de volver: se trata de volver para rescatar la prenda no por ella en sí sino por lo que conlleva encadenado, a Dèlia y al resto de la familia. Sin embargo no volverá y Dèlia se queda con la armónica: la vaig cuidar fins a la mort (180); y, en cierto modo, también se queda con el abuelo junto a sí hasta la muerte. Y como ya vamos de cara al final del comentario diremos que estamos en otro de esos momentos en que se van atando cabos, anudando hilos que corrían dispersos por la novela: si en el capítulo referido a 1932 su abuela materna quedaba marcada como dolorosa y su abuelo entraba como educand de música voluntari a l’exèrcit (78) y luego se le presentaba como aficionado a la zarzuela, Dèlia hereda esa combinación de dolor y música. No otra cosa son estas Vibracions y si estamos hablando de ellas en tanto lírica también es porque lo son desde el punto de vista etimológico, desde la lira como origen de la lírica. Y las cuerdas de la lira vibran como vibra la voz de Dèlia. Ya que estamos: se invita a cualquier lector al poco habitual ejercicio de leer las Vibracions en voz alta.
Dos notas más: 1ª) Diremos que hay un momento de tono mágico en el que Dèlia traspasa a las flores su capacidad de hablar: El meu gessamí va florir i em va parlar. Molts anys després. Belles paraules blanques que van saber vèncer el temps (126). 2ª) Hay otro momento, que marcamos como hito anunciando la liberación de Dèlia, en el que ésta consigue llegar a una idea positiva del silencio: Un silenci diferent del que ens envolta ara. Aquí. Calma i reflexió. Aquell silenci feia por (270).

3.1.2. Olores:
Pero no es sólo el sonido el que se recupera. Hay cierto correlato con el campo del olfato desde esa olor desconeguda (94) inicial que percibe Dèlia al entrar por vez primera en su casa menorquina hasta el olor de primavera con el que titula el mismo capítulo emitido desde la muerte (93); o el contraste entre l’olor agre de les medecines y l’olor tendra de la colònia infantil (124); o las flores de su cementerio –Roses, clavells i gessamins (13)-; o el olor de terra humida provocado por aquesta pluja de finals d’agost (236)… Y así, hasta invitar al enterrador a compartir los aromas de la infancia: Segur que tu, amic meu, també pots olorar el perfum de la terra mesclada amb el d’aquella figuera de brancam tortuós. Tanca els ulls i respira profundament. És l’olor dels darrers dies de la meva infantesa (152). Y observamos cómo ese percibir aromas lo mantiene más allá de la muerte.

3.1.3. Otros sentidos:
Baste con lo dicho para los sentidos del oído y del olfato aunque quizá quede algo pendiente a próposito de las flores. Podríamos continuar con el resto de sentidos pero lo que haríamos sería un mero catálogo de citas. Las limitaremos a dos semejantes de tipo negativo para el estado inicial de Dèlia:  Amb onze anys la vida havia tornat, de cop, d’una negror insuportable[3] (13); I jo tenia el meu futur traçat en una línia negra i fosca (39). Y otras tantas positivas para estados posteriores: La dolçor a la boca (153), la fresca del pati (179).

3.2 El tiempo:
Observaremos cómo la disposición temporal de estos capítulos es completamente diferente a la de los narrativos en dos aspectos:
1º) Contienen exteriormente un tramo reducido de tiempo, un año. Del número de los capítulos se sigue su disposición como un ciclo anual que se desarrolla según el año natural y, así, la Vibració II se refiere a febrero (Nit gélida de febrer) o la VIII a agosto (Pluja d’agost). Empieza, pues, en enero, y acaba en diciembre. En el terreno simbólico, en ese comenzar y acabar en invierno, se está sugiriendo un puente desde un lado de la muerte al otro, desde la muerte y entierro de Dèlia el primer vespre d’hivern (15) hasta el tránsito definitivo en diciembre: desde la muerte del cuerpo hasta la muerte del alma si se prefiere; desde su entierro hasta que emprende el camino definitivo en términos de la novela. O hasta que deja de vibrar. Y la asociación entre el invierno y la muerte es de sobra conocida en literatura: es el frío del hielo o del mármol, es el concebir la vida como ciclo asociado a las estaciones al modo de las Sonatas de Valle-Inclán, es el asociar la vejez al otoño como cualquier poeta simbolista o modernista que se precie…

2º) A diferencia de los capítulos narrativos en los que, dado el presupuesto de una línea temporal que discurre desde 1925 hasta 1947, el narrador externo la quiebra calculadamente con retrospecciones y anticipaciones, aquí estamos ante una distribución del tiempo que, si a primera vista puede resultar caótica, responde, en realidad, al discurso emocional de Dèlia; y queda bien expresado con una imagen durante una confidencia al enterrador: Ja ho veus, amic meu, les històries que es poden remoure dins un poal d’aigua tèrbola (40). Dos muestras:
1ª) El comienzo de la Vibració I nos sitúa en el presente de Dèlia, muerta, con una marca temporal que lo lleva a un momento impreciso pero relativamente cercano[4]; son esos poals de plàstic gastat (37) que enlazan por detrás con el anorac (14) del enterrador y por delante con gerros i flors de plàstic (151) y otra vez con el anorac (65). Rápidamente, por asociación de ideas, se salta a la llegada de Dèlia a Menorca que, según la cronología interna de la obra, ocurre en 1940: Ciutadella. Una adolescent de quinze anys (38); y la asociación de ideas se puede justificar mediante la yuxtaposición de sintagmas como los siguientes: remor de la mar, l’aigua que tragines, abisme profund (37); al modo proustiano, el agua de los cubos evoca el mar que, cual abismo, ha atravesado para situarse a salvo en Menorca. Pero al poco, tras ir encadenando una impresión tras otra, nos vamos, a partir del dato de que Dèlia no puede seguir estudiando, a 1936: Mai més no vaig tornar a estudiar. Només tenia onze anys i aquell estiu va esclatar la guerra (38). Caemos así súbitamente en lo que podemos llamar el punto de inflexión de Dèlia, la guerra civil y, sobre todo, la irrupción de ésta en su entorno familiar con la prisión de su padre: de ahí que en algún momento esos onze anys se conviertan en estribillo (13, 125, 126, 128, 151, 182[5], 236).
2ª) En la Vibració III, con motivo del primer parto de Dèlia para el que su madre acude desde Mallorca, se evoca, por asociación simple, el nacimiento de Dèlia en 1925. Pero la responsable de tal asociación no es Dèlia, claro está, que no puede recordar su nacimiento, sino Pepa. Y con ese salto temporal se consiguen al menos dos objetivos: Primero, un efecto de pluriperspectivismo al presentarse aquí la misma acción que el narrador externo había presentado en el capítulo referido a 1925 pero vista a través de Pepa o, más aún, de lo que Dèlia, en tanto narradora, recuerda haber oído a Pepa. Y segundo, un efecto de contraste porque, dados dos momentos simétricos, Dèlia naciendo y Dèlia pariendo, la evocación se va a dirigir hacia quienes, presentes en el primer momento, ya han muerto: En Joan i na Lola van entrar a l’habitació […] Cap dels dos ja no hi era (98); muerte, de otro lado, frente a vida.
De paso diremos que ese modo de presentar el tiempo a partir de las emociones de Dèlia refuerza lo dicho acerca de la adscripción de esta zona de texto a la lírica. Se puede explicar, incluso, a partir de la clásica oposición cerebro / corazón: si en la parte narrativa el narrador externo actuaba con orden y cálculo, aquí el narrador interno, Dèlia, se deja llevar por lo que viene a ser tema de la lírica, el mundo interior, los sentimientos.

(Continúa aquí)


[1] Cf. Espronceda: arrullado por el mar (verso último de la Canción del pirata); o Unamuno: la tierra habla, la mar murmura, el cielo calla. Por cierto que la expresión se repite, como cerrando un círculo, a cinco líneas del final de la novela: Torn a sentir la remor de la mar (341).
[2] Algo más allá aparece una imagen, que ilustra ese contraste: Com una caixa  delicada amb la música espanyada (155).
[3] Confesando nuestro limitado conocimiento de la sintaxis catalana, sospechamos que esa frase no funciona. Aplicando por analogía sintaxis castellana y, en concreto, la posibilidad de la partícula se para provocar variación semántica en el verbo (acordar / acordarse) intuimos que el verbo tornar tiene, al menos, dos valores sin la partícula: movimiento (Tornar a casa) e introducción de perífrasis reiterativa (Tornarem a lluitar). Pero para conseguir el valor de variación de estado, como es el caso, precisa de la partícula: ?s’havia tornat d’una negror.
[4] Si no entendemos mal, por datos posteriores deducimos que estamos en 1992: Fa vint anys […] la vida em va concedir una treva. Tenia quaranta-set anys (121-122). El cálculo es: 1925 (nacimiento de Dèlia) + 47 (edad en que dice recibir una tregua) + 20 (tregua concedida) = 1992.
[5] En esta última cita queda aún más patente lo que hemos llamado punto de inflexión de Dèlia: Dos homes amb fusell es van venir a endur el pare. Amb ell s’en va anar tot el viscut fins els onze anys […] la perplexitat. La por. La pena. A partir de ahí, la pérdida prematura de la infancia: Un matí vaig començar a treballar […] No havia fet feina mai […] hauria hagut de tornar a l’escola […] me n’anava a treballar. Per ajudar a la família. Per poder menjar cada dia (235).