Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 29 de diciembre de 2014

António Lobo Antunes, Auto dos danados


Lobo Antunes, António, Auto dos danados (Publicações Dom Quixote, Lisboa:1985 17ª)

En las páginas 32-33 del suplemento dominical del Expresso de fecha 29 de diciembre de 2007, hace justamente siete años, se recogía un balance de las publicaciones del año en portugués y se citaba una frase que Lobo Antunes había dicho sobre sí mismo: «Não tenho a menor dúvida de que não há, na língua portuguesa, quem me chegue aos calcanhares». No sé, no sé, que esta novela recuerda en muchos aspectos a La familia de Pascual Duarte no sólo por su ubicación en un pueblo del Alentejo junto al Guadiana lindando con Extremadura sino por algún detalle como la muerte de un perro y otras muertes gratuitas, o por lo primitivo y brutal de los personajes, una familia rural que narra al estilo polifónico, es decir, turnándose los protagonistas en la presentación de la acción siempre en primera persona. Por lo demás, intenta enmarcarse en los momentos de revueltas agrarias inmediatamente posteriores a la revolución de los claveles sin que ello sirva a la acción de algo más que de decorado.

jueves, 25 de diciembre de 2014

J. Pòrtulas, Introducció a la Ilíada. Homer entre la història i la llegenda

Pòrtulas, Jaume, Introducció a la Ilíada. Homer entre la història i la llegenda (Alpha, Barcelona: 2008)
Utilizaré uno de los tópicos de la retórica laudatoria: no hay palabras suficientes para alabar la labor, la sabiduría y erudición, el saber razonar, el verbo florido... de Jaume Pòrtulas en este texto. Se abra por donde se abra uno se queda boquiabierto. Porque, además de ser un verdadero edificio donde cada pequeño capítulo es como un fila de ladrillos que van subiendo hacia la cumbre, cada uno de esos capítulos es legible independientemente y otra vez queda uno boquiabierto. Por explicarlo de otra manera: esos que gustan de subrayar libros, y que incluso serían capaces de hacerlo con uno de la fundación Bernat Metge, subrayarían aquí desde la primera hasta la última palabra.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

P, Q, R y S

Los cuatro jugadores de dominó se reúnen cada tarde, hacia las seis, para su partida. Siempre los mismos: P, Q, R y S. Juegan por parejas, P con Q y R con S, y quienes pierden pagan la ronda que previamente les ha servido el camarero. Cuatro botellines de cerveza: Estrella Dorada para P y S, San Miguel para Q y R. Y así todos los días menos el domingo, que cierra el bar. Hay otro que sí abre el domingo en la misma calle pero, como los cuatro son de costumbres fijas, se mantienen fieles a su bar y el domingo se quedan en casa frente a la tele o van a pasear con la mujer o a ver a los hijos y nietos.
Juegan siempre dos partidas con sus dos rondas correspondientes. Son jugadores clásicos, de los de seguir un palo, pararse a pensar para mostrar al compañero que tienen más de una ficha para jugar, calcular constantemente… Y escandalosos, que con ellos no va el viejo dicho de que el dominó es callado porque lo inventó un mudo: ¿es que el mudo no tenía nada más que hacer? Ellos gritan, vociferan, R tiene costumbre de reñir al compañero cuando pierden y Q tiene muy mal perder, que es leyenda en el barrio cuando dio tal golpe a una ficha que saltó desde la mesa hasta la calle: “Y suerte que no pasaba nadie, que si pasa un crío le saca un ojo” añade alguno al recordarlo.
Ninguno de los cuatro ha pensado qué pasará el día en que uno de ellos falte. Quizá lo sustituya alguno de los que esporádicamente se acercan a mirar con la silla puesta del revés, los brazos apoyados en el respaldo y el palillo en la boca como es tradición.

Cuando acaban las dos partidas acuden a la barra y se invitan a más cerveza los unos a los otros. Pero antes uno de ellos, normalmente P, recoge el dominó como hay que recogerlo: va metiendo las fichas en la caja de siete en siete con el lado negro debajo y el blanco con el punto metálico mirando hacia él. Así, al día siguiente, al volcar el cajón sobre la mesa, las fichas aparecerán boca abajo y preparadas ya para barajar. P tiene la manía de fijarse siempre en qué ficha queda arriba a la izquierda. El sábado fue la blanca cuatro. Hoy, cuando deslice la tapa para abrir la caja, se olvidará de mirar si la blanca cuatro sigue donde la dejó. Y lleva así años: fijándose por la noche y olvidándose de mirar a la tarde siguiente. Por eso sufre insomnio, porque le preocupa saber si las fichas se mueven entre sí dentro de la caja mientras descansan en el estante de detrás de la barra.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Fred Vargas, Les jeux de l'amour et de la mort

Vargas, Fred, Les jeux de l'amour et de la mort (Éditions du Masque, París: 2015)
Compramos esta novela tras haber leído, quizá en algún Babelia, que la autora que firma con el seudónimo de Fred Vargas estaba de moda en Francia y había recibido varios premios de novela negra. De hecho, si la compramos fue aprovechando un pedido a Amazon y nos decidimos por ésta porque es su primera novela. Y quizá sea por eso, porque es la primera, la vemos floja por la razón que luego diremos. Pero ya avanzamos que no entendemos el título: en efecto, no vemos que el amor actúe como tema ni siquiera lateral en la obra; de ahí seguimos que la autora quizá ha querido jugar, aunque gratuitamente, con la paronomasia que se da en francés entre esas dos palabras l'amour / la mort y sobre la que ya en su momento trató Denis de Rougemont en su clásico L'Amour et l'Occident. También puede ser que intente imitar los juegos de palabras en los títulos de una colección clásica de novela negra francesa, Le Poulpe: J'aurai ta Pau, Un travelo nommé désir...

martes, 9 de diciembre de 2014

John le Carré, La gente de Smiley

Muro de Berlín
le Carré, John, La gente de Smiley (Bruguera, Barcelona: 1981)
Continuamos con la lectura del ciclo dedicado a Smiley y Karla cuya segunda novela reseñamos aquí, y damos por terminada la serie con ésta.
Quizá sea la obra, de entre las tres, con mayor suspense e intriga o, al menos, nos ha parecido la más entretenida o menos dedicada a presentarnos pesadas reuniones en las que se discute o se toman acuerdos que, si bien son imprescindibles para el desarrollo de la acción, lastran el contenido. Y también es la que presenta una mayor variedad de escenarios: París, Londres, Hamburgo, Berna, Berlín... Destacamos las siguientes notas:

viernes, 5 de diciembre de 2014

Waidi Mouawad, Anima

Mouawad, Waidi, Anima (Babel, Montréal: 2012)
Una novela que propone para discusión el club de lectura de la librería VaDllibres de Ciudadela a causa -sospechamos- de no sé qué premio recibido en Cataluña a causa -seguimos sospechando- de que, aunque canadiense, está escrita en francés, esto es, en una lengua minoritaria, oprimida, prohibida durante el franquismo... va savoir...
Temáticamente... bueno, la deriva temática es tal que lo que comienza siendo un thriller continúa por un roadmovie y culmina con el reencuentro y muerte del padre al estilo freudiano. De momento. Y todo ello en un ambiente que comienza siendo indio, aunque nadie aparezca hablando lenguas indígenas -seguramente a causa de su desaparición por la colonización francesa y/o inglesa- y termina siendo libanés.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Minidesafío 2014

Diremos que a la altura del 29 de noviembre, hemos culminado el desafío que, tal como explicamos más abajo, aceptamos en enero.

Volvemos a aceptar un desafío sencillo que viene de esta página y que, en su variante máxima, consiste en leer 30 libros de 30 autores diferentes durante este año 2014 que ahora comienza. He aquí la relación:
1. Krauss, Nicole, La historia del amor (Salamandra, Barcelona: 2013). Terminado de leer el 13/1/14.
2. Cocteau, Jean, Oda a Picasso (José J. de Olañeta, Barcelona: 1981). Terminado de leer el 19/1/14. Aquí hay un brevísimo comentario.
3. Aristóteles, Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de historia natural (Gredos, Madrid: 1998). Terminado de leer el 25/1/14.  Aquí hay una reseña.
4. Monsó, Imma, La dona veloç (Planeta, Barcelona: 2013). Terminado de leer el 31/1/14. Aquí hay una reseña
5. Verne, Julio, La isla misteriosa (Molino, Barcelona: 1959). Terminado de leer el 10/2/14. Aquí hay una reseña.
6Priapeos, Grafitos amatorios pompeyanos, La velada de la fiesta de Venus, Reposiano, El concúbito de Marte y Venus, Ausonio, Centón nupcial (Gredos, Madrid: 1981). Terminado de leer el 11/2/14. Aquí hay un pequeño comentario.
7. Lluís, Juan-Lluís, Les cròniques del déu coix (Proa, Barcelona: 2013). Terminado de leer el 12/2/14. Aquí hay una reseña.
8. Carpentier, Alejo, Los pasos perdidos (Bruguera, Barcelona: 1980).Terminado de leer el 20/2/14. Aquí hay una reseña.
9. Foenkinos, Davis, La délicatesse (Gallimard, s.l.: 2009). Terminado de leer el 25/2/14. Hay una reseña aquí.
10. Nietzsche, Friedrich, Aurora (José J. de Olañeta, Barcelona, 1978). Terminado de leer el 14/3/14.
11. Orwell, George, 1984 (Debolsillo, Barcelona: 2013). Terminado de leer el 15/3/14.
12. Byatt, A. S. El libro negro de los cuentos (Alfaguara, Madrid: 2007). Terminado de leer el 17/3/14. Aquí hay una reseña de uno de los cuentos.
13. Mérimée, Prosper, Colomba (Librio, París: 1997). Terminado de leer el 26/3/14. Aquí hay una reseña.
14. Delibes, Miguel, La mortaja (Alianza, Madrid: 1995). Terminado de leer el 28/3/14. Aquí hay una reseña.
15.  Fowles, John, La mujer del teniente francés (Argos Vergara, Barcelona: 1982). Terminado de leer el 11/4/14. Aquí hay una reseña.
16. García Márquez, Gabriel, El coronel no tiene quien le escriba (Alianza, Madrid: 1993). Terminado de leer el 27/4/14.  Aquí hay una reseña.
17. Truyol, Tomeu, Llibre d'amorg (Arrela, Maó: 2014). Terminado de leer el 1/5/14. Aquí hay una reseña.
18. Woolf, Virginia, Orlando (Edhasa, Barcelona: 1999). Terminado de leer el 12/5/14. Aquí hay una reseña.
19. Márai, Sándor, La mujer justa (Salamandra, Barcelona: 2005). Terminado de leer el 17/5/14. Aquí hay una reseña.
20. López Casasnovas, Joan F. Caragols dels jorns (Eliteprint, Ciutadella de Menorca: 2014). Terminado de leer el 1/7/14. Aquí hay una reseña.
21. Benet i Jornet, Josep M. E.R. (Edicions 62, Barcelona: 2011). Terminado de leer el 20/7/14. Aquí hay una reseña.
22. Proust, Marcel, Du côté de chez Swann (Gallimard, s.l.: 1975). Terminado de leer el 31/7/14. Aquí hay una extensa reseña.
23. Haffner, Sebastian, Historia de un alemán (Destino, Barcelona: 2005). Terminado de leer el 24/8/14)
24. Salord, Maite, L'alè de les cendres (Arrela, Maó: 2014). Terminado de leer el 25/8/14. Aquí se remite a una extensísima reseña.
25. Luca, Erri de, Il peso della farfalla (Feltrinelli, Milán: 2009) Terminado de leer el 3/10/14.
26. Clarín, Leopoldo Alas, La Regenta (Espasa-Calpe, Madrid: 1984). Terminado de leer el 10/10/14.
27. Flaubert, Gustave, Madame Bovary (Gallimard, s.l.: 2001). Terminado de leer el 16/10/14.
28. Munro, Alice, Mi vida querida (Lumen, Barcelona: 2013). Terminado de leer el 25/10/14. Aquí hay una reseña.
29. Conrad, Joseph, El corazón de las tinieblas (519, s.l.: 2012). Terminado de leer el 10/11/14.
30. Mouawad, Wajdi, Anima (Babel, Montréal: 2012). Terminado de leer el 25/11/14. Aquí hay una reseña.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Gabriel de la S.T. Sampol, Vulgata

Sampol, Gabriel de la S.T., Vulgata (Moll, Palma: 2004)
Que conste que el libro me lo han regalado. Y no en plan cumpleaños o similar. Concretamente me lo regaló un intelectual de mi pueblo que seguramente lo compró en la liquidación de restos de la editorial. Y esa liquidación sí que es una lástima al menos en lo que se refiere a la Enciclopedia menorquina. El intelectual antedicho me lo regaló en plan 'no quiero tenerlo en mi biblioteca; léelo y dime si estás de acuerdo'.
Yo conocía a ese poeta mallorquín (Palma, 1967) sólo como autor de unos versos que Maite Salord, en su novela La mort de l'ànima, utilizaba de lema inicial y que concretamente aparecen en el quinto de los doce poemas de este libro: La vida dels morts és la continuïtat del camí...
Diré pocas cosas:
  • Que me sobra el prólogo por una razón que ya expuse a propósito de otro poeta balear, porque los pocos lectores de poesía ya son lo suficientemente inteligentes como para interpretarla y no necesitan guía. Además el prólogo peca de intelectualista o, mejor, de pedante: así lo entiendo cuando habla de polimorfisme refiriéndose a la Biblia (9) cuando de lo que quiere hablar es de la variedad de géneros literarios de ésta. Y qué decir de ciertas flores dedicadas al autor: els poemes... encara que utilitzen la Bíblia com a pretext temàtic... també la coneixen a fons des del punt de vista teològic (17); quizá la prologuista se refiera a algunas ideas como las del décimo poema en que se juega, a partir de Juan 1,1, con el logos y la realidad, pero esas ideas, que se pueden recorrer desde el nominalismo medieval hasta Wittgenstein, por ejemplo, no dejan de ser tópicas y, por supuesto, no reflejan ningún conocimiento teológico: El món que ha creat la paraula / esdevé el món real / ... / la mort i la vida / depenen del logos amb què són pensats i expressats / Allò que pensam i expressam / és allò que vivim (X).
  • De acuerdo en que los poemas son glosas a la Biblia, doce en concreto, supongo que en relación con las doce tribus de Israel o los doce apóstoles. Y doce glosas ordenadas desde el Génesis del primer poema hasta el Apocalipsis del último que, por lo demás, intenta cerrar el libro a dos niveles: 1) Volviendo simétricamente a esa materia críptica del primero, ¿la palabra?: aquest llibre / que sorgeix d'una matèria que s'hi oposa, / -que no vol mirar al cel ni sentir la terra (I); ahora la materia está frente al océano: un oceà de vidre i foc / es mostra devant la matèria (XII). 2) Recapitulando lugares y temas recorridos en los poemas intermedios: recorda l'Edèn, la terra inundada pel diluvi, Egipte, / el desert... / coloms, gaseles (XII).
  • Contiene alguna idea que pretende épater como la de Moisés en el monte Nebó (III) que no quiere entrar en la Tierra Prometida de leche y miel perquè la mel no li agradava gens y prefiere hacer del monte Nebó una terra que regalimava calvados. Dos detalles: 1º) Moisés viene a ser el héroe opuesto a Ulises: éste llega a Ítaca sin sus compañeros y aquél no llega a la Tierra Prometida aunque conduce allí al pueblo de Israel. 2º) No creo que mucha gente sepa que la miel de que se habla en la Biblia no es la de las abejas sino una sustancia que sale de ciertas rocas.
  • Me parece fatal la comparación que se sugiere entre el pueblo judío y el catalán en el poema IV: També el nostre poble ha conegut l'esclavatge / i el sotmetiment a gent estrangera. ¿Habrá que recordar las persecuciones a los judíos en la Catalunya del siglo XIV? Da igual, para la ideología dominante pancatalanista todo vale.
  • Usa y abusa de alguna figura de repetición como la anáfora que no sé bien si intenta imitar esos paralelismos bíblicos cuya función es mnemotécnica: que sorgeix... / que no vol... / que li fa mal (I); quina mena de pàtria... / quina mena de llibertat... / quina petita resta... / quin temple (IV); Fa mal conhortar-se... / És inútil... / És inútil.../ Fa mal conhortar-se (V); que es deleix... / que anhela... / que el banyi (IX).
  • En cambio, no se encuentran figuras no sólo propias sino constitutivas de la lírica como la metáfora o el símbolo. Y, de hecho, cuando aparecen, es para negarlos. Así ocurre en un poema basado en el Cantar de los cantares (VIII) en cuya primera parte se repasan símbolos amorosos como la gacela, el ciervo, la yegua o la tórtola para, acto seguido, alejarse dels conceptes hebraics para manifestarse amorosamente en lenguaje casi administrativo: és hora que faci constar en acta, Vull fer constar també; y suerte que el poema se salva culminando en otra imagen bíblica con connotaciones fálicas: els sagrats cedres del Líban que s'alcen sempre drets.
  • Cae por momentos en un prosaísmo rayano en la cacofonía. Véanse estos versos cuya base pretende ser un paralelismo y un juego de conceptos en antítesis: un diluvi / que va fer morir moltes de les poques coses que estimava / i sols algunes de les que estimava poc o gens (I). Y más prosaicao aún es en su totalidad un canto al agnosticismo (VI) que toma como base el salmo De profundis: Tanmateix, o per això, a Vós clam / (de mon no-res perdut dintre l'abisme... O el poema siguiente (VII) con referencias -entiendo- al Eclesiastés y que aparece enmarcado entre dos Potser que, por lo demás, se van repitiendo; léase el siguiente fragmento buscando musicalidad: fent abstracció del fet que per bé o per mal som vius, / fa mal decantar-se per una cosa o l'altre.
En fin, que la lírica, incluso la catalana, es algo más serio.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Michel Houellebecq, Plateforme

Houellebecq, Michel, Plateforme (Flammarion, París: 2001)
Es ésta una de las primeras novelas del controvertido autor francés contemporáneo nuestro (n. 1956) y de él ya reseñamos una posterior, La possibilité d'une île.
La tratamos a partir de los aspectos que consideramos dignos de ser destacados:

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Stephan Zweig, Relatos

Zweig, Stephan, Relatos (S.A. de Promoción y Ediciones, Madrid: 1984)
Forma este libro un conjunto de pequeños relatos como otros que, del mismo autor, hemos comentado aquí y también aquí.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Dámaso Alonso y José Manuel Blecua, Antología de la poesía española. Lírica de tipo tradicional

Dámaso Alonso
Alonso, Dámaso y Blecua, José Manuel, Antología de la poesía española. Lírica de tipo tradicional (Gredos, Madrid: 1978)
Un libro bonito que encontré en una librería de viejo tan moderna que se hacía llamar outlet. Y ya expliqué en otro lugar que lo compré porque  en la Universidad de Barcelona había visto montones de veces a José Manuel Blecua, uno de los antólogos, con él en la mano.
El prólogo de Dámaso Alonso sirve de rápido repaso a toda la historia de la lírica española: parte de la nueva visión de la lírica popular a partir del Romanticismo, pasa por la introducción del metro italiano durante el Renacimiento y va a parar a Bécquer.

martes, 11 de noviembre de 2014

John Dos Passos, Manhattan Transfer

Dos Passos, John, Manhattan Transfer (Bruguera. Barcelona: 1980)
El autor (1896-1970), como es sabido, está encasillado, con Scott Fitgerald, Hemingway... en la generación perdida norteamericana. Y ésta es quizá su obra más representativa. Se podría decir que es la antiepopeya de Nueva York, o que intenta disolver esa novela urbana del XIX que quizá comenzaría con Balzac y pasaría por Dickens, Galdós, los rusos... Pero empezaremos el comentario de otro modo, por comparación con otra novela que toma a ésta como referente, La colmena de Camilo José Cela. Al aparecer ésta en 1951 ha transcurrido ya un cuarto de siglo desde la novela que nos ocupa (1925), pero son numerosos los puntos en común entre una y otra: sobre todo, la multitud de personajes; su deambular caótico por la ciudad; la presentación del texto en fragmentos cortos saltando de unos personajes a otros. Ahora bien, quizá La Colmena presenta un mayor equilibrio que Manhattan Transfer en lo que se refiere a los elementos narrativos. En efecto, mientras en ésta a la multitud de personajes hay que añadir la cantidad de tiempo que se abarca, en aquélla se compensa la cantidad de personajes con una gran concentración del tiempo en no más de tres días; y en cuanto al espacio quedan ambas novelas unidas por la reducción de éste a un escenario exclusivamente urbano: Madrid y Nueva York respectivamente. De otro lado, en Manhattan Transfer notamos también la ausencia de espacios de cohesión, como el café de doña Rosa al que acuden regularmente los personajes que antes y después actúan de forma dispersa.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Los filósofos presocráticos, II

Los filósofos presocráticos, II (introducciones, traducciones y notas por Néstor Luis Cordero, Francisco José Olivieri, Ernesto La Croce y Conrado Eggers Lan; Gredos, Madrid: 1979)
Ya he dejado constancia de mi afición por la Biblioteca Clásica de Gredos. Por eso, he leído el tomo II de los fragmentos de filósofos presocráticos dedicado a Zenón de Elea, Meliso de Samos, Empédocles de Agrigento y Anaxágoras de Clazómenas. Y aprovecho la ocasión para leer -e intentar entender- el tomo I de la Historia de la Filosofía de Felipe Martínez Marzoa (Istmo, Madrid: 1994) que, en una versión anterior, empecé en 1974. Dividiré, pues, la exposición a partir de los cuatro filósofos antedichos:

lunes, 3 de noviembre de 2014

John le Carré, El honorable colegial

John le Carré
le Carré, John, El honorable colegial (Bruguera, Barcelona: 1981)
Proseguimos aquí con la lectura de la serie del autor dedicada a Smiley y Karla que iniciamos con esta reseña de El topo. Y en esta novela de lo que se trata es, por decirlo de algún modo, de recoger las sobras que han quedado del Circus tras la identificación de Bill Haydon como el topo de Moscú que, si bien es mérito de George Smiley, éste nunca lo concibe como una victoria sino casi al contrario.
Destaco algunos aspectos:
  • Si en la anterior novela Smiley actuaba oficiosamente desde fuera del Circus, aquí ya está plenamente integrado y va a ser el cerebro total de una compleja operación en la que se tratará de averiguar la causa por la que desde Moscú Karla envía grandes cantidades de dinero a Hong Kong. Del mismo modo, personajes que en El topo tenían carácter secundario aquí alcanzan mayor categoría: así Connie Sachs, verdadero archivo viviente; o Jerry Westerby, que pasará a ser el protagonista o, al menos, a tener bajo su cargo la verdadera acción.
  • A partir de ello podíamos decir que es una novela concebida a partir de dos ejes: el de la reflexión y el de la acción. Así, de la parte de la reflexión, la labor en Londres alrededor de Smiley y otros personajes: Connie Sachs, Oliver Lacon, Peter Guillam, di Salis..., los políticos de Whitehall, los llamados 'primos americanos' de la CIA...: su labor consiste en el análisis de documentos, la búsqueda en archivos, las reuniones para decidir. Del lado de la acción, el trabajo casi en solitario de Jerry Westerby en Hong Kong pero con rápidos viajes a Camboya, Laos, Tailandia, con sus paisajes bélicos, para acosar y acorralar a un multimillonario chino: ahí, chantajes, asesinatos, atentados... Y curioso es uno de los reflejos de esos dos ejes de la novela: mientras los de Londres no paran de beber té, Jerry Westerby y los personajes con los que se relaciona se enfrentan a alcoholes duros como el coñac o el whisky.
  • No falta, porque no puede faltar en ninguna novela con Smiley -cuyo nombre nos preguntamos si está irónicamente motivado- el característico modo que tiene de limpiarse las gafas: tenía el vicio de limpiar distraídamente los cristales de las gafas con el extremo más ancho de la corbata (65); se quitó las gafas, y... volvió a dar vida a su leyenda de limpiar los cristales con el extremo ancho de la corbata (357); Smiley limpiaba los cristales de sus gafas utilizando al efecto el extremo ancho de la corbata (407); los observadores habían advertido que Smiley dedicaba mucho tiempo a... limpiar los cristales de las gafas con la corbata (664). Incluso se toma nota si una vez no es así: se quitó las gafas y limpió los cristales, y, por una vez en la vida, no lo hizo con el extremo ancho de la corbata sino con un pañuelo de seda (88).
  • Hay un momento previo a la acción final en el que un agente de la CIA, Murphy, está describiendo sobre un mapa cómo van a desarrollarse los acontecimientos. Dice el texto: Parecía que Murphy estuviera describiendo la maquinaria de una aspiradora, lo cual, a juicio de Guillam, daba mayor fuerza hipnótica a su actuación (571). Pues bien, a quien conozca Nuestro hombre en La Habana (1958) de Graham Greene no se le escapa el guiño u homenaje porque en esa novela se trata precisamente de un espía británico que envía planos de aspiradoras haciéndolos pasar por planos de bombas y merece crédito por parte de los servicios secretos.

jueves, 30 de octubre de 2014

Marta y Ester

A partir de ahora, la primera parte de la historia de Ester y Marta, es decir, sus aventuras en el tren, ha sido enviada a otro blog, en concreto aquí y en forma de página, es decir, con un texto continuado; y sin ilustraciones. Sin embargo, he mantenido en este blog aquellas entradas que merecieron comentario. Y ello por respeto a los comentaristas.
Ello supone que hay una segunda parte correspondiente a las aventuras ya fuera del tren y de la que ya están elaboradas unas 400 secuencias. Seguramente, aparecerá también en ese otro blog.

domingo, 26 de octubre de 2014

Stefan Zweig, Las hermanas

Zweig, Stefan, Las hermanas (Quaderns Crema, Barcelona: 2011)
Un relato corto de Stefan Zweig, autor de otra obra de la que ya publicamos aquí una reseña.
El argumento es sencillo: es la historia de dos hermanas gemelas, Helena y Sophia, de caracteres opuestos y heredados respectivamente de sus padres: Helena es desmesurada como su padre y Sophia, virtuosa como su madre.
Destacaremos varias notas:
  • La historia se presenta a partir de dos narradores internos. Mejor explicado: un narrador interno de resonancias cervantinas (En algún lugar en una ciudad meridional, cuyo nombre preferiría no mencionar, me sorprendió [5]) topa con un edificio coronado por dos torres gemelas y, curioso, interroga al respecto a un ciudadano de rojas mejillas que en aquel preciso instante tomaba un vaso de vino del color de la paja en la terraza de un pequeño café (5). Éste último será quien cuente la historia de las dos hermanas. Véase  la frase final del relato: el pueblo... no quería olvidar la indecorosa leyenda de las dos hermanas iguales-desiguales que me contó aquel honrado ciudadano a la luz de la luna de medianoche, puede que un poco animado por el vino (61). Dos notas al respecto: 1ª) Los dos narradores están insertos uno en otro o, más bien, el segundo dentro del primero en una estructura como de muñecas rusas. 2ª) El motivo del vino, pesente simétricamente al principio y al final del relato e incluso como palabra última sugiere que parte o todo el contenido del relato puede haber sido mera invención del segundo narrador.
  • Las dos hermanas gemelas, Helena y Sophia -¿por qué no Sofía si el autor se llama Stefan y no Stephan?- se caracterizan opuestamente a partir de sus nombres: Helena en referencia a la de Troya  y su belleza, que la lleva a la perdición; Sophia, desde un rasgo interior, la sabiduría que, en este caso, se traduce en sensatez. Se emparentan así con pares de hermanos opuestos, gemelos o no: Caín y Abel, Jacob y Esaú, Eteocles y Polinices, Rómulo y Remo...
  • El comportamiento de una y otra es opuesto: Helena vende su cuerpo por dinero, regalos, lujo; Sophia se dedica a la caridad. Aparte de dar juego para la confusión y que quienes gozan a la primera quieran también gozar a la segunda, tal oposición lleva quizá al tema del Doppelgänger, del doble, del desdoblamiento. En tanto gemelas se les puede puede atribuir una misma personalidad desdoblada como la del doctor Jekyll y Mr. Hyde, o Superman y el tímido periodista Clark Kent...
  • Es significativa la prueba a que se somete Sophia en exceso confiada en su castidad y cuyo resultado es el que espera Helena: sustituye a ésta segura de no caer en brazos de un galán y, sin embargo, cae. La idea que subyace es la fragilidad de todo pero por fin va a darse un final en doble dirección: en primer lugar, con esa victoria del vicio; en un segundo tiempo, con una vuelta de tuerca a base del arrepentimiento de las dos hermanas y la victoria de la virtud; de ahí ese edificio del principio con las dos torres y en el que las dos hermanas se gastan todo lo que habían ganado.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Julio Cortázar, Rayuela, IV (El viaje, II)

Ya en la anterior entrada tratamos de la rayuela entre otros motivos en relación con el viaje y apuntábamos cómo la novela podía leerse como un viaje en dirección a la Maga. Ahora intentaremos mostrar cómo también se puede entender como viaje por dentro de la rayuela e incluso como viaje hacia la rayuela. En efecto, el mismo hecho de la segunda lectura de Rayuela dando saltos da idea del juego, de un moverse por una inmensa rayuela: saltos laterales, saltos hacia atrás... Pero además, el objetivo es llegar precisamente a esa rayuela que está en el capítulo 56 o último. Dicho de otra manera: se viaja por la rayuela para llegar a la rayuela.
¿Cuándo aparece citada por primera vez la rayuela?: habían empezado a andar por un París fabuloso... deteniéndose en las placitas confidenciales para... mirar las rayuelas, los ritos infantiles del guijarro y el salto sobre un pie para entrar en el Cielo (4). La cuestión es si ése, el viaje al Cielo, será el mismo viaje de Oliveira. Más bien será al contrario. Dos notas al respecto:
  • Se conoce como nekya el descenso a los infiernos. Es abundante en mitología y literatura: bajan a los infiernos Orfeo para rescatar a Eurídice, Ulises para hablar con sus compañeros, Jesucristo antes de resucitar, Dante acompañado de Virgilio, don Quijote en la cueva de Montesinos... Y Oliveira en el capítulo 36, que contiene el episodio con la clocharde Emmanuelle, ya anunciado por su paseo nocturno con Berthe Trépat en el capítulo 23. Se puede entender como nekya porque: a) bajo el puente: A
  • En el capítulo 54 hay una comparación explícita con la nekya de Orfeo: (Oliveira) estaba en su pequeño, cómodo Hades refrigerado, pero no había ninguna Eurídice que buscar (54).
Dejamos en la anterior entrada algunas notas dispersas para la presente:
  • A veces Oliveira y la Maga viajan: nos íbamos en bicicleta a Montparnasse, a cualquier hotel, a cualquier almohada (1) sin que de ello se siga que la posesión física de la Maga sea, como ya dijimos en la anterior entrada, alcanzar el último destino, su posesión total.
PARÍS:
NEKYA
BUENOS AIRES
París, Maga,

Viaje a París que no acaba cuando se ha llegado: París es un centro, entendés, un mandala que hay que recorrer sin dialéctica, un laberinto donde las fórmulas pragmáticas no sirven más que para perderse. Entonces un cogito que sea como respirar París, entrar en él dejándolo entrar, neuma y no logos (93).



 de ahí el juego con el nombre de su doble Traveler (37) y sus implicaciones irónicas: Traveler gruñía y hacía un elogio insincero del patio con geranios, el catre y el no te salgás del rincón donde empezó tu existencia (37)
Traveler Traveler está triste y piensa que nunca ha viajado (37)

sábado, 18 de octubre de 2014

Aiden Ashley: otro paseo por su cuerpo

Hace ya casi dos años que prometí no volver a Aiden Ashley. Y desde entonces he vuelto a ella otras tres veces: bien comparándola con otras, bien junto a mi también admiradísima Sinn Sage, bien hablando de la mitad inferior de su cuerpo comparado a la mitad inferior de esta última.
Vuelvo, pues, a Aiden Ashley, que anda ya - o aún, por los veinticinco años. ¿A que tiene una cara angelical? Véasela en la foto de la izquierda: niña buena, natural, y ese cutis tan blanco...
Bueno, pero se le puede ver un poquito más. Aún da más de si antes de entrar en sus desnudeces totales. Ahora, a la izquierda una foto decente de su mitad superior en actitud de quitarse la blusa. Perfecta: lisa de vientre, cuerpo bien presentado para el posado, pechos de tamaño suficiente... Y se le disculpa el color Cuaresma de los sostenes porque, al parecer, le hacen juego con la blusa. La conclusión provisional no puede ser otra: cara perfecta y perfecta de cadera hacia arriba. Permite, incluso, plantear la hipótesis de que todo lo demás que le encontremos seguirá siendo perfecto.
Avancemos: se cumple la expectativa. Coloración de la piel uniformemente blanca. Pies bonitos. Brazos y piernas bien contorneados. Pechos bonitos. Y, sobre todo, culo pluscuamperfecto en el sentido etimológico del término: mejor acabado no podría estar. Como que alguien que tuviera el privilegio de observarla así dudaría si situarse debajo de ella y agarrarla o encima y montarla. Y en ese segundo caso se repetiría la duda: si penetrarla por el conducto correcto o ensayarle lo que las Glosas Silenses llaman sodomitico more.
Y ahí vamos a dar a la principal virtud de la muchacha, a su rechazo de todo varón. Así se sitúa a la altura de la donna angelicata de la lírica renacentista italiana; y doblemente: por su cara angelical y por inalcanzable. Y es inalcanzable, ya lo hemos insinuado, porque es lesbiana: apréciese en la foto de la derecha cómo, mientras con una mano se acaricia el pecho, con la otra se mantiene abierta la flor para la chupada correspondiente.
Luego está su otra vertiente, la de exhibicionista, que gusta de abrir las piernas con la sola intención de mostrar todo el puturrú en plan niña traviesa como en la foto de la izquierda. Y la de pajillera, aunque, en los vídeos, le sale mucho mejor cuando lo hace al natural que cuando lo hace con esquema. Por fin diremos que tiene un solo fallo y es el afeitado del pubis, porque esta hembra adornada con una mata de pelo negro contrastándole sobre la piel del vientre...

martes, 14 de octubre de 2014

Camilo José Cela, Viaje a la Alcarria

Cela, Camilo José, Viaje a la Alcarria (Espasa-Calpe, Madrid: 1967)
Curiosa la versatilidad del autor que sabe tocar, y bien, palos tan dispares como esa novela tremendista con toques picarescos que es La familia de Pascual Duarte en 1942 para, pasando por el cuaderno de viajes que nos ocupa en 1948 ir a parar a una obra de signo rupturista como La Colmena en 1951 y a otros muchos lugares después. Quizá sea así como se trabaja un premio Nobel.
En cuanto al Viaje a la Alcarria es exactamente eso, la descripción del recorrido, casi siempre a pie y después de haberse apeado del tren en Guadalajara, desde ahí hasta Pastrana. Curiosidades en el texto las hay a montones:
  • Que el autor, a imitación de César, hable de sí mismo en tercera persona: El viajero sigue, con su morral a costillas, carretera adelante (45). Con lo cual estamos ante una narración autobiográfica en tercera persona. Y nótese la curiosidad de que La familia de Pascual Duarte, en cierto modo, había estado en el punto opuesto, esto es, era una pseudoautobiografía en primera persona.

viernes, 10 de octubre de 2014

John le Carré, El topo

le Carré, John, El topo (Bruguera, Barcelona: 1981)
En algún lugar de mi blog se dice que esta novela es una de mis cuatro lecturas preferidas. Porque, efectivamente, lo es. Y es un buen recurso para lo que, a lo cursi, llamo momentos de tribulación. ¿Qué hacer si el cerebro se le aleja a uno de sus derroteros?: quizá lo más útil sea jugar al dominó y, a base de calcular y recalcular fichas, volver a poner el cerebro en orden. Pero ¿qué hacer si, además, uno no tiene ganas de ver a nadie ni, por tanto, de jugar a dominó? Puede leer y traducir a los clásicos, y así lo empecé a hacer traduciendo el principio de la Apología de Sócrates, la de Platón, hasta acabar harto de ver participios o de oír a Sócrates llorar sobre que si él no habla bien sino que se limita a decir la verdad: lo que se reiría Nietzsche al leer tanta mariconada. Y el recurso final, para esos momentos de tribulación, digo, es volver a Le Carré, sobre todo al ciclo de Smiley y Karla. Y ya que estoy: apreciable la labor de la editorial Bruguera, en su tiempo, para la difusión de absolutamente todo.
Hablaba de volver a Le Carré. Y al ir leyéndolo, que llegue un momento en que uno se dé cuenta de que no sólo está pendiente de la intriga sino que está actuando como si se tratara -y ello no es falta de respeto- del mismísimo Quijote e ir buscando paralelismos y recurrencias en la arquitectura de la novela. Así por ejemplo, el comienzo lateral con la llegada de Jim Prideaux al colegio Thursgood sirve para introducir, de forma casi subrepticia, el tema de la infidelidad: Seis años atrás, poco antes de que súbitamente el padre de Thursgood se fugara con una recepcionista del hotel Castle... (15). Esa infidelidad anuncia el eje central de la novela, la infidelidad de Bill Haydon que, en tanto topo, pasa los secretos ingleses a los rusos. Pero infidelidad parecida la hay en el plano conyugal del protagonista George Smiley cuya mujer, coleccionista de amantes (5) en resumen de Carlos Pujol en la breve introducción, mantiene también una relación con el topo. Y a la inversa: cuando Jim Prideaux, que es quien sufre en sus propias carnes el doble juego del topo, llega a Thursgood, establece una estrecha relación con el alumno más aislado, Bill Roach, que se mantiene hasta el párrafo final de la novela cuando éste ayuda a Jim en sus ocupaciones. Fidelidad, pues, entre ambos, opuesta a la infidelidad anterior. Y no creo casual que tanto el traidor como este niño se llamen Bill: mismo nombre para opuesta caracterización. Ni casual es tampoco que en la última página el niño crea que Jim Prideaux ocupe su tiempo en cosas sin importancia (408) como remendar las redes de las porterías de fútbol (409); es metáfora de la labor de George Smiley tras el descubrimiento del topo: remendar las redes de espionaje que han quedado deshechas. Y fidelidad la hay también cuando Smiley, a pesar de que han prescindido de sus servicios en el servicio secreto, sigue siendo fiel a éste y se hace cargo de toda la investigación que llevará a desenmascarar al topo.
Y la intriga... No es una novela de espionaje a lo James Bond o Frederick Forsyth con acción y cambios continuos de espacio para deslumbrar al lector: a lo sumo, los episodios que hacen saltar las alarmas sobre la existencia de un topo, la estancia de Tarr en Hong Kong y la misión frustrada de Jim Prideaux en Checolovaquia. Lo demás, labor de despacho, de lectura de expedientes o interrogatorio para ir tirando del hilo. Y sin que se haga pesado, manteniendo constante la tensión.
Karla: ése va a ser el antagonista, más que el enemigo, de George Smiley en Moscú. Y aquí se produce su primer encuentro en forma de flash back: es en la prisión de Delhi. Smiley acude a ofrecerle cambiar de bando porque lo más seguro es que, si vuelve a Rusia, lo fusilen y Karla no le contesta una sola palabra. Pero hay un detalle: Smiley le ofrece tabaco, Karla no lo acepta pero cuando se marcha se lleva el mechero de Smiley, que era un regalo de su esposa: En circunstancias normales jamás le hubiera permitido que se llevara mi encendedor. Pero aquéllas, no eran circunstancias normales (238). Y el mechero actuará como prenda, como lazo de unión entre ambos porque volverá a aparecer en la última de las novelas de la serie, La gente de Smiley.
Y otros detalles curiosos como la forma en que Smiley se limpia las gafas con la corbata cuando está interrogando a alguien. O el robo de la correspondencia en Thursgood: primero el niño ve a su admirado Jim robar una carta dirigida a otra persona en la sala de profesores y mucho más tarde el narrador nos hace saber que es un procedimiento de Jim para verificar si su correspondencia está vigilada: éste echa a un buzón dos cartas simultáneamente, la una dirigida a sí mismo y la otra a otro profesor; si llegan al mismo tiempo es que su correspondencia no está vigilada.
En resumen, es una buena novela y espero que Le Carré ocupe ya un buen puesto en la historia de la literatura inglesa.

lunes, 6 de octubre de 2014

jueves, 2 de octubre de 2014

Paul Auster, El palacio de la Luna


Auster, Paul, El Palacio de la Luna (Anagrama-RBA, Barcelona: 2009, 1ª de 1989 en inglés):
Bajo una historia que mezcla elementos de saga familiar, roadmovie, viaje iniciático... se notan diversos niveles de significación que, desde lo más formal, la palabra, hasta el plano del contenido o sentido de la novela, pueden ser los siguientes:
1º) Una línea nominalista que corre desde el Cratilo de Platón hasta El nombre de la rosa de Umberto Eco. Quizá un lector común capte el juego de palabras que se da en mi compañero de cuarto se llamaba Zimmer (p. 26) o incluso en una nota de derrota en las palabras de Víctor (p. 28), pero si ignora la letra pequeña del santoral no verá otra ironía, la de la frase me encontré a una prostituta delgada... que se llamaba Agnes (p. 30), porque Santa Inés es la adolescente romana obligada a vivir en un prostíbulo y, a pesar de ello, muere virgen. A veces el mismo autor explica el juego de palabras: el padre del protagonista es un calvo que se apellida Barber (p. 247) y, profesor de universidad, tiene como nombre de pila Solomon, el sabio rey de los hebreos, abreviado en Sol, palabra antigua que significaba sol... y que en francés [...] quería decir suelo. Le intrigaba pensar que él pudiera ser a la vez el sol y la tierra (256). Muchas veces el juego de palabras llega a tal complejidad que requiere la explicación del autor y así, el nombre del protagonista, Marco Stanley Fogg (pp. 16-17) alude a su capacidad viajera a partir de Marco Polo; Stanley, el que buscaba en África al doctor Livingstone; y Fogg, procediendo del alemán Vogel, pájaro, o aludiendo al Phileas Fogg que protagoniza La vuelta al mundo en ochenta días de Verne.
Queda claro que esos juegos de palabras no van a ser gratuitos y quedarse en lo meramente formal: alguna relación guardan con el nivel del contenido por el principio de la solidaridad entre las diversas partes del texto, no en vano texto es participio fuerte del verbo tejer y, en una buena novela, todo debe quedar bien entretejido, entrelazado. Así, el nombre de algún personaje como el del protagonista va a marcar su destino viajero igual que el del tío Víctor va a marcar por ironía el de su derrota vital. Además, en un nivel superior, el libro, en tanto conjunto de palabras, corre paralelo a la suerte del protagonista: éste tiene como único mobiliario en su apartamento las cajas de libros heredadas del tío Víctor y tendrá que desproveerse paulatinamente de ellos hasta tocar su punto más bajo al quedarse sin la biblioteca familiar (cap. I). Pero luego se recuperará al conseguir trabajo como lector de todos los libros del ciego Effing, que luego resultará ser su abuelo; de este modo recuperará, por así decirlo, la biblioteca familiar (cap. III).
2º) Un desarrollo del argumento consistente, a su vez, en el desarrollo de diversos temas entremezclados:
La trayectoria vital del protagonista consistente en constantes cambios de fortuna: de la ruina inicial en sus tiempos de estudiante, que le lleva a dormir en Central Park de Nueva York, pasa a recuperarse trabajando para Effing, a cuya muerte heredará un pequeño capital que gastará con su novia Kitty; tras ello pasará a buscar, por encargo de Effing, al hijo de éste que, resultando ser su padre, morirá dejándole otro capital que le robarán del coche.
La saga familiar frustrada: la novela se va a convertir en una historia de una familia de la que, cronológicamente, forman parte el ciego Effing, el abuelo; el padre Solomon Barber; el protagonista E.S. Fogg. Pero no se da ningún reconocimiento entre ellos: el abuelo muere ignorando que quien trabajaba para él era su nieto y éste sólo con la muerte de su padre Solomon sabrá que éste y Effing eran sus antepasados. Además, la descendencia del protagonista queda frustrada por el aborto de Kitty.
Un viaje constante: la luna actúa como emblema de la novela en tanto ésta comienza el verano en que el hombre pisó por primera vez la luna (p. 11) y termina con el protagonista mirando la luna en el Pacífico; hay otras muchas referencias a la luna como el restaurante chino el Palacio de la Luna donde tienen lugar sus encuentros con Kitty, la fijación con el viaje a la luna de Cyrano de Bergerac o el hecho de que venda su último libro el mismo día en que los astronautas llegan a la luna (p. 41). Pero siendo la luna un destino imposible, el protagonista viajará hacia el oeste repitiendo un viaje ya efectuado por su abuelo, que buscaba espacios para pintar, y por su padre, que había huido tras cometer estupro con una alumna.
3º) Una estructura mítica que recubre todo el argumento:
La nekya: la trayectoria descendente inicial del protagonista tras perder a su familia y los libros está concebida como una nekya o descenso a los infiernos como los de Ulises para ver a sus compañeros de armas, Orfeo para rescatar a Eurídice, Jesucristo antes de resucitar, Dante de la mano de Virgilio, don Quijote a la cueva de Montesinos... Queda explícito en el texto (mi regreso al mundo de los vivos [p.107]) y, tras salir de ese infierno de la mano de Kitty –en inversión del mito de Orfeo y Eurídice-, volverá a recuperar, aunque sin saberlo, a su familia. Si se nota además que el punto más bajo de la trayectoria se da en su época de homeless en Central Park, resultará que el infierno estará ubicado irónicamente en el locus amoenus de la literatura clásica (jardín de Alcínoo en la Odisea, Bucólicas de Virgilio, poesía pastoril de Sannazzaro o Garcilaso...). Además, tras esa resurrección, sufrirá un aprendizaje de la mano del ciego Effing, su abuelo, semejante al de Lázaro de la mano del ciego en el Lazarillo, no en vano citado en el texto (p. 71) y según la tópica del sabio ciego (Tiresias, Homero, Borges...).
La telemaquia y Edipo: tras la muerte de Effing, éste le encarga la búsqueda de su hijo Solomon; el protagonista parte para ello al oeste para encontrarlo del mismo modo que Telémaco parte en busca de Ulises. Reunidos, irán al encuentro de la madre, como en el mito, porque el protagonista propone visitar la tumba de su madre ignorando aún que Solomon es su padre. Ante la tumba y al ponerse a llorar el padre se produce la anagnórisis -o reconocimiento- por parte del hijo que, avergonzado de su padre, le empuja provocándole la muerte como en el mito de Edipo porque, en realidad, está celoso de que Solomon llore también a la madre.
El viaje al oeste: tras ello el protagonista prosigue viaje al oeste hasta llegar al Pacífico, su finis terrae, pero repitiendo tantos otros viajes míticos en esa dirección: a las islas de los bienaventurados en Hesíodo, a la isla de san Brandán en la mitología celta, a Avalon en el mundo artúrico, al lugar de retiro de los elfos en El señor de los anillos.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Maite Salord, L'alè de les cendres, y XI: conclusión

(La presente entrada es continuación de esta otra)
6. Conclusión:
Vamos a acabar el comentario por pura convención. Queremos decir que lo acabamos porque en algún momento lo hemos de acabar. Queremos también decir que tenemos la seguridad de que si abriéramos la obra por cualquier página al azar encontraríamos algo que añadir. Y eso es literatura, el sugerir y seguir sugiriendo.
Por supuesto, eso implica que también tenemos la convicción de que hemos olvidado detalles, de que hay aspectos que hemos pasado por alto por falta de atención o por lo que sea. Un ejemplo: sólo a última hora hemos caído en la conseguida elaboración de un episodio de la Vibració VIII relacionado con su título, Pluja de agost. Es el momento en que Dèlia siente haberse liberado de parte de su dolor y lo expresa con la lluvia deslizándose sobre las lápidas del cementerio. En primer lugar descripción: La pluja cau damunt les làpides […] el cementeri sota la pluja […] Només el renou prim de les gotes d’aigua. Alliberador (238). Luego insistencia sobre la lluvia: El cel és gris […] La pluja es només un parèntesi (242); I la pluja que cau. Sense defallir (243). Por fin, la integración del paisaje en el personaje trascendiendo la lluvia y yendo también al viento y el sol: El pes és cada vegada més lleuger. Es desfa entre els rierols d’aigua de pluja. Se l’endú el vent. L’evapora el sol. El meu record també s’alleugereix. Ho puc percebre. Pluja. Llàgrimes d’enyor (245)[1].
De otro lado, para analizar la novela habíamos partido del presupuesto metodológico de separar los capítulos narrativos de los líricos y luego tratar el conjunto pero, a partir de un cierto momento del análisis, no hemos podido seguir sosteniendo tal principio y nos hemos visto en la necesidad de ir intercalando y comentando detalles de las Vibracions en apartados dedicados a la zona narrativa. Ello, ese invalidar nuestro presupuesto inicial, es una mera demostración práctica de que la novela está bien ensamblada, de que no se puede separar la narración general de la voz de Dèlia.
En cuanto la interpretación de la novela ya se han ido dando sobradas lecturas: vuelve a ser lo de sugerir y seguir sugiriendo. Y todas esas lecturas superpuestas, que intentaremos resumir a continuación, nos llevan al axioma inicial de la literatura, la plurisignificación. Ello quiere decir, trivializando, que, leído un prospecto de un electrodoméstico sólo entendemos que nos está dando instrucciones para su uso, pero al leer L’alè de les cendres vamos pasando desde una interpretación inmediata de la mera trama hacia otras más profundas; y ello, sobre todo, mediante el uso de uno de los recursos básicos del lenguaje literario, el símbolo, y de ahí otra vez la sugerencia. Ilustrado lo que acabamos de decir con un ejemplo sencillo, Menorca empieza siendo un simple espacio geográfico; luego puede entenderse como prisión de la que no puede salir Ramon para reunirse con su familia en Mallorca, y más tarde en espacio-refugio para Dèlia.
Retomando, resumiendo o reorganizando todo lo que se ha dicho, entendemos que en la novela son posibles, al menos, las siguientes lecturas:
1ª) La saga en el sentido clásico no hollywoodiano del término: la historia de varias generaciones de una familia. Tal historia aboca en la guerra y tiene sus puntos críticos en cómo la viven o, mejor, sufren, los diferentes personajes. Dos de ellos destacan: Joan Escandell y su hija Dèlia, personaje que adquirirá la categoría de conclusión, de punto donde todo va a converger. Incluso adquiere cierta categoría, como enseguida se dirá, de prolongación de su padre.
2ª) La recuperación de la palabra: si la guerra supone acallar a los vencidos, en la novela eso va a traducirse en un tratamiento simbólico de ese silencio y son esos dos personajes, Joan y Dèlia, derrotados, quienes mejor lo van a encarnar. Se da una doble trayectoria entre palabra y silencio que, ordenada temporalmente, se puede esquematizar así: Joan Escandell pasa de la palabra al silencio, un silencio físico y, luego, con la muerte, total; confluye así con el silencio de su hija Dèlia que recorrerá a partir de ahí la trayectoria inversa del silencio a la palabra. Sin embargo, textualmente el efecto será diferente porque mediante la superposición de los episodios narrativos a los líricos –o viceversa- se consigue una visión en contraste: al mismo tiempo que Joan Escandell avanza de la palabra al silencio, su hija Dèlia avanza del silencio a la palabra. Y eso es sólo una pequeña muestra de lo que decíamos acerca de la solidaridad entre episodios narrativos y episodios líricos. Por cierto: esta interpretación nos lleva a decir que la novela es un comentario o perífrasis de un texto tan corto como crucial: En el principio fue la palabra (Jn I,1). Lo decimos positivamente, claro está, porque la novela añade la coletilla y al final también fue la palabra. Si observamos, además, que el texto original, griego, utiliza, para palabra, el término Λóγος y sabemos que entre los muchos sentidos de Λóγος está el de orden –de donde lógica- frente a caos, la conclusión es más rica: Dèlia queda libre cuando recupera la palabra y reordena su mundo interno.
3º) A medida que avanzábamos en el comentario íbamos detectando una relación entre Joan Escandell y su hija Dèlia que iba más allá de lo paterno-filial. Lo decíamos primero tímidamente y luego, a medida que íbamos encontrando y ahondando en episodios que nos parecían sustentar nuestra lectura, lo íbamos diciendo de forma más clara. En rigor los tres episodios básicos son el olvido del dibujo por parte de Pepa, el rasgado del vestido de novia por parte de Joan y -ahora lo comentaremos- la marginación final de la madre. Podemos seguir añadiendo argumentos: uno mínimo, la frase No vam parlar del pare. Ni una paraula (98) referida al momento en que Pepa y Dèlia se reencuentran en Menorca con motivo del embarazo de la segunda y en la que parece que Joan se ha convertido en zona tabú entre ellas. Y uno máximo detectado a partir de diversos episodios dispersos en el texto que, a nuestro juicio, reproducen el mito de dos amantes, Orfeo y Eurídice, con inversión de sexos. Véase: Dèlia desciende a los infiernos / se pone a trabajar para rescatar a su padre (a partir de su relación con l’encarregada del menjador de Santa Catalina [279] que intercede por él). Se impone a Joan la prohibición, so pena de volver a los infiernos, de mirar atrás: Vés viu, Joan […] Hauries de ser més prudent. Pensa en la família (283); t’arrisques massa i si et passàs res, jo… (302). Joan no cumple la prohibición y vuelve a los infiernos / celda de la comisaría.
En última instancia, tal lectura sólo llevaría a matizar el grado de fusión entre Dèlia y Joan con el que culmina la novela en la Vibració XII: desde la mera recuperación del padre añorado hasta el nivel que se quiera o permita la interpretación simbólica. Por ejemplo, se insiste en la mano –Agafats de la mà […] La teva mà. Pare. Dins la meva (341)- y la mano es símbolo asociado al matrimonio desde la expresión pedir la mano hasta algún texto como la escena final de Don Juan Tenorio de Zorrilla en que doña Inés tiende la mano a don Juan en un gesto que marca a la vez la salvación de éste y el matrimonio de ambos tras la muerte. Y si a ello se añade que aquí la mano de Dèlia es la que contiene a la del padre y no al revés como sería de esperar… Y, como hemos anunciado, habrá también que tener en cuenta la marginación explícita de la madre: La mare ens veu partir […] Només tu i jo (341). En todo caso se reestablece también algo que había quedado pendiente: por fin Dèlia entrega el dibujo a su padre. Y otra lectura de la novela muy sugerente desde otro desorden a otro orden: desde el dibujo tirado y roto por Pepa hasta la reconstrucción del mismo por Dèlia en la Vibració final.
4º) Nos queda cierta conciencia de no haber hablado suficientemente del papel de las flores en la obra máxime cuando ya en una prelectura nos fijamos en su presencia en la Obertura. Para compensarlo vamos a intentar utilizarlas para llegar a nuevas lecturas de tipo más bien lúdico pero que ilustrarán a las claras lo que hemos dicho sobre la capacidad sugeridora de los símbolos. La primera la centraremos en los crisantemos. Véase la apreciación inicial de Dèlia de un conjunto de flores: Roses vermelles i clavells blancs. També hi havia un gessamí. No vull crisantems quan em mori. No m’agradan, són tristos i fan olor de mort (13). Rosas y claveles quedan resueltos con un adjetivo cromático frente a los crisantemos, que se presentan por negación - No vull […] No m’agradan–, con un adjetivo, tristos, que supone una valoración negativa, y con otra asociación olfativa negativa - fan olor de mort -. Saltemos ahora a la Vibració XI: Tot és plé de flors. Encara. De crisantems damunt les tombes […] Em cobreixen roses i clavells i gessamins. Festejar els morts (315). Aunque Dèlia no se acabe de cubrir con crisantemos como con el resto de flores, ahora ha desaparecido la valoración negativa y los cuatro tipos de flores han sido convocados para Festejar els morts. ¿Y qué ocurre en esa Vibració XI?: lo que entendemos como el paso previo e inmediato a la apoteosis final de la unión con su padre, su fusión con el resto de seres queridos y consecuente serenidad de cara a la marcha definitiva con éste, a ese continuar el camino: Em sé dins els pensaments dels meus estimats. Cada vegada més còmoda . Amb cada alè seu. Em vaig transformant. Lentament. La lleugeresa del que ja no m’habita. Tot ha canviat […] Ja no som una. M’he multiplicat en tots aquells que em pensen. Sense esforç. Serenament. Y ¿qué hemos querido decir?: que la simple apreciación de los crisantemos por parte de Dèlia desde esa aprensión inicial hasta esa visión neutra final marca los puntos inicial y último de su trayectoria liberadora.
5º) Ahora, rosas y claveles. Sólo iniciar la lectura subrayamos ese conjunto floral recién citado de Roses vermelles i clavells blancs (13) convencidos de que de algo serviría. Y sirve, al menos esa oposición rojo / blanco, porque nos invita a una nueva lectura de tipo estructural[2]. Ya dijimos a propósito de la Obertura que ésta sirve como núcleo que se abre y se bifurca en los capítulos narrativos y los líricos. Lo mismo podríamos decir del rojo y el blanco: el rojo impregna todas las Vibracions en tanto emitidas desde el corazón de Dèlia mientras el blanco adquiere forma de racionalidad cerebral en manos del narrador que construye calculadamente los capítulos narrativos. De igual modo, y también se ha insinuado, las mujeres se decantan hacia el rojo: esa virgen dolorosa que desde Sevilla va desplazándose, encarnada en Isabel, Pepa y Dèlia, hasta Menorca, siempre se ha representado con sus cuchillos en el corazón, esto es, sangrando: ahí están las mujeres sufriendo y también amando; los hombres, por su parte, se mueven en discursos políticos que no dejan de ser cerebrales aunque luego desemboquen en sangre. Por fin, también podría remitirse esa oposición, a partir de esa sangre, a la oposición guerra / paz entendiendo paz no como ausencia de conflicto bélico sino como la paz interior que busca Dèlia.

Nada más. O sí, que agradecemos a la autora no sólo la novela sino la invitación a comentarla, que nos ha sido de gran estímulo intelectual. Dicho en llano: si un día nos atrapa el Alzheimer, este comentario nos habrá obligado a mover las suficientes neuronas como para retrasarlo. Ese es ya motivo suficiente para que, queriéndolo retrasar aún más, invitemos a la autora a que escriba su próxima novela prometiéndole ya que si, cómo ésta, incluye su foto, la har



[1] Ese asociación última entre pluja y llàgrimes nos recuerda un conocido poema de Verlaine que, jugando con el efecto de aliteración y paronomasia que se da en francés entre los verbos pleurer y pleuvoir, empieza así: Il pleure dans mon coeur / comme il pleut dans la ville. Y, ya que estamos, la asociación lluvia, lágrimas, muerte nos lleva a una de las escenas finales de Blade Runner cuando el último replicante dice aquello de He visto cosas que jamás creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.
[2] Hemos de confesar que tal interpretación está sugerida por otras lecturas que suelen hacerse de al menos dos textos clásicos españoles. El soneto XXIII de Garcilaso comienza En tanto que de rosa y d’azucena; a partir de esas dos flores que en principio sirven para describir el rostro de la amada, el texto irá generando oposiciones: pasión / contención amorosa, primavera / invierno, juventud / vejez; y culminará en carpe diem. Algo más compleja es la interpretación de la Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández, a la luz también del contraste de rojos y blancos en versos como Tu corazón, ya terciopelo ajado / llama a un campo de almendras…A las aladas almas de las rosas / del almendro de nata… pero apunta en la dirección dolor / contención del dolor.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Maite Salord, L'alè de les cendres, X: temas generales, la lengua

El Atlante
(La presente entrada es continuación de esta otra)
4. Temas generales:
Amor, guerra y sus derivados -dolor, recuerdo, añoranza- son los temas predominantes de la novela. Ya hemos insinuado cómo amor y guerra alternan equilibradamente: por ejemplo, al encuadrar la muerte de Marià entre las escenas de entrega y recogida de ropa entre Pepa y Joan (segundo capítulo de 1936); o al presentar a continuación del capítulo centrado en el odio de Salom (el último de 1936) otro dedicado al amor familiar como queriendo absorber ese odio (1937). Por lo demás, como ya se han ido repartiendo de forma dispersa apreciaciones de todo tipo, ahora nos centraremos sólo en aspectos puntuales:

4.1 El amor:
Sólo dos notas:
1ª) Es impresionante la escena, personalmente de lo mejor de la novela, en la que Pepa ama a Joan a través de la ropa de éste que le dan a lavar. Primero se da una idea de su suciedad: la brutor s'anava fent insoportable. Encara duien la mateixa roba de la nit que els van anar a treure de casa (142). Luego se expone la reacción de Pepa al recibirla: Na Pepa s'abraçava al bolic que duia entre el braços [...] li van retornar la roba que havia tocat la pell de l'home. Un feix que, en ser a casa, va abraçar entre llàgrimes [...] El revivia a través del tacte i l'olor de camises i calçons [...] Na Pepa esperava el darrer dia per posar-ho en remull [...] Sabia que, al cap d'uns instants, ja no quedaria res del marit [...] Enyorava en Joan amb desesperació i s'havia de conformar a tenir-lo entre la roba mastegada (161). Más tarde vendrá la reacción semejante de Joan al recibir la ropa limpia: Va ensumar profundament l'olor de la roba neta, com si així pogués omplir-se de les presències que tant enyorava. Es va atracar una camisa a la cara. Va tancar els ulls. Hi va enfonyar el rostre. Durant uns segons que no el deixaren respirar. Les mans de na Pepa que l'havien rentada, estesa i plegada, li acariciaven els ulls, el nas, la boca (173). Ya se ha dicho antes que ambos momentos conforman un sucedáneo de acto sexual. Aunque no creemos necesario justificarlo, diremos que en el cancionero popular castellano abundan hasta la saciedad muchachas lavando camisas y pañuelos de sus novios, e interpretaciones amorosas y sexuales, a partir del proceso de sinécdoque o metonimia, en el sentido de que actuar sobre la ropa es actuar sobre el novio que ha estado en contacto con la camisa o abrigado en ella; un ejemplo: Un día llegará / en que tu ropita y la mía / vayan juntas a lavar. Ahora bien, en el caso que nos ocupa la lectura va más allá de lo sexual o del amor conyugal para alcanzar el filial. En efecto, Dèlia, que emite sus Vibracions instalada en los sentidos, no puede sino evocar el olor de la ropa de su padre: La roba estesa. Al pati. La roba del pare. Com si fos a casa. [...] Amagar el rostre dins la camisa humida. Jugar amb els camals gastats del calçons. Olor de net. De vida[1] (215). Y lo mismo ocurre cuando Pepa ve el abrigo de su padre, del que no se tienen noticias: Al penjador de l’entrada, l’abric de n’Antonio. La filla el va acariciar amb la punta dels dits (251). Y volviendo a Pepa con su marido hay que notar que repite el gesto incluso la noche que muere de celos: va enfonsar el cap dins el coixí d’ell. El va respirar fins que gairebé es va ofegar (311); y, de forma parecida, cuando él vuelve a estar preso: passava la mà per la bata d’en Joan (332). Por fin, también Dèlia repite un gesto de valor simbólico parecido cuando, en el tranvía, acaricia el papel que envuelve su vestido de novia: vaig acariciant, una vegada i un altre, el paper sedós que el cobreix (66).
2ª) A nuestro parecer se da un exceso de armonía familiar sobre todo alrededor del matrimonio entre Antonio e Isabel, cuyas figuras parecen idealizadas: l’avi tenia sempre l’emoció als ulls. Quan sentía les rialles dels néts. […] O quan l’avia Isabel l’abraçava. Em sembla, amic meu, que mai no el vaig veure enfadat. Mai una paraula més alta que l’altra (179). Bien es cierto que la cita se corresponde a un recuerdo de infancia de Dèlia y puede haberse dado un proceso de deformación. Pero hay otros detalles como la sonrisa ya citada de Isabel al morir; o la visión de Antonio como un home temerós de Déu[2], que els havia ensenyat a estimar i a respectar la seva paraula (282) que, si bien no tiene nada que objetar, no nos acaba de cuadrar con su formación militar por más que su ingreso en el ejército fuera por su afición a la música. Sea como fuere, a mayor armonía y felicidad familiar mayor efecto producirá en el lector su quiebra al irrumpir la guerra y, de este modo, tal lector vendrá a confluir, en última instancia, con la impresión que una y otra vez nos comunica Dèlia desde sus once años. Más aún: esta visión nos sugiere una nueva lectura de la novela en términos de anticlímax / clímax / anticlímax o, mejor aún, orden inicial / desorden producido por la guerra / reordenación del mundo interior de Dèlia.

4.2 La guerra:
Otros dos detalles:
1º) Asistimos al peor aspecto de la guerra. En efecto, salvo la presencia de Lluís en la batalla del Ebro, la novela trata de la guerra oculta, de retaguardia. Nos referimos a que, en el frente, el enemigo es visible y está situado. Aquí, en cambio, el enemigo está al acecho, se sabe quién es -y no siempre como en el caso de los cuatro muchachos refugiados en la zapatería- pero de ningún modo se sabe cuándo, dónde, cómo y ni siquiera por qué, en el caso de Marià o incluso Mateu, se va a presentar. De ahí el miedo, la inseguridad, la angustia de no ser dueño de su propio destino… y lo que, más bien por impresión personal, se nos antoja una separación de los personajes por sexos: mientras los hombres –Joan, Antoni, Ramon, Lluís- tienden más bien a anclarse en convicciones ideológicas, las mujeres –Isabel, Pepa, Lola, Dèlia- quedan sometidas a una fuerte tensión interior entre su capacidad para amar y su capacidad para sufrir.
2º) La acción principal transcurre en una de las dos zonas en conflicto, Mallorca. Sin embargo, se intenta contrapesar mediante la visión de la otra zona con la presencia de Ramon Guerrero en Menorca, hacia donde ya hemos dicho que tiende a bascular la novela. Allí tiene conocimiento de la misma violencia en una página donde de lo que se trata no es de bandos sino de la guerra como horror: en Ramon també va viure la tragèdia, des de una perspectiva inversa però igualment dolorosa (197); por eso se presenta el conocido episodio del metrallament massiu de presos al pati de la fortalesa de la Mola (197) y se cita El vaixell Atlante [...] utilitzat, també, com a presó (197) en paralelo, respectivamente a las matanzas  en Mallorca y al uso allí del barco Jaime I como prisión en la que está Antoni.

5. La lengua:
Un tópico tal como que si la riqueza de la lengua o similar no sabemos decirlo y, además, para justificarlo necesitaríamos hacer un análisis de frecuencias por ordenador. Así, nos limitaremos a un par de apreciaciones sobre recursos retóricos aunque… para que no se diga, sí, vamos a decir algo de la lengua y, además, lo vamos a decir a la ligera y desde un cierto desconocimiento de la dialectología del catalán. Vayamos a la p. 127 con Dèlia hablando en su Vibració IV: El bòtil verdós […] es barregen. Vamos ahora a p. 158, esta vez con Dèlia en su Vibració V: no us hi mescleu. Es una apreciación parecida a otra que ya le hicimos a la autora acerca de la alternancia És clar / Esclar en La mort de l’ànima. No es una cuestión de normativa sino de idiolecto: si Dèlia se instala lingüísticamente en el menorquín (bòtil) por qué usa el verbo barrejar si tiene mesclar?
Poco importa si lo que en este apartado queríamos es detenernos en el que nos parece uno de los momentos más logrados de obra. El siguiente: Enyor el pare. Enyor la meva vida. Plàcida. D’anar i venir de la barberia a casa dels avis. A casa de les cosinas. D’aigua de mar i llibretes de cal·ligrafia. De la música del avi. De les històries de l’àvia. On és. On és tot allò que han fet desaparèixer de cop (127). Una recreación explícita - On és. On és- del tópico del Ubi sunt. Y mucho más: véanse las repeticiones en anáfora (Enyor / Enyor) o en epifora (avi / àvia). O la cópula caótica aigua de mar i llibretes de cal·ligrafia
Podríamos, claro, rastrear recursos retóricos aquí o allá y ya antes nos hemos detenido en la aliteración remor de la mar que, además, es una aliteración motivada en el sentido de que quiere sugerir el rumor del mar. Y lo dicho: no vamos a presentar un catálogo de recursos retóricos sino sólo a detenernos en una antítetis tal como vestida de blanc. Nua de blanc (94): antítesis semántica superpuesta a simetría sintáctica. Y sirve para ilustrar un principio básico del comentario de textos: si un recurso retórico no sirve para nada, no es un recurso retórico. Y aquí sirve: como que llega a ser un eufemismo, en un sentido positivo del término, porque sabe concentrar en sólo seis palabras toda la noche de bodas de Josep y Dèlia.
(Por último, recordamos al autora lo poco adecuado del eucaliptus en el cementerio: Llorers i eucaliptus ombregen les tombes (129 cf.: Només llorers i xiprers [153])
(Continúa aquí)




[1] Una segunda lectura con detención en detalles como hundir la cara en la camisa o jugar con las perneras de los pantalones lleva a la lectura en clave de incesto que llevamos rato sugiriendo. Además, compárese, en relación con ese hundir la cara en la camisa, la expresión referida al padre (enfonyar el rostre) y a la hija (amagar el rostre).
[2] Hay una errata en el acento de Déu.