Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 28 de diciembre de 2013

Cataluña libre o la tierra prometida

Vamos a imaginar a alguien catalán de toda la vida. De 30 años, de nombre Jordi, por supuesto, y con sus dos apellidos catalanes. Nació y vive en alguno de esos rincones de la Cataluña profunda -Vich (sic), Ripoll, Calaf.... Recibió una educación normal, esto es, basada en la hispanofobia: la última guerra civil la convocaron los españoles con la sola intención de acabar con la lengua catalana; en Madrid lo único que quieren, por pura envidia, es acabar con Cataluña; meneársela no es pecado si uno lo hace pensando en la virgen de Montserrat... Supongamos también que decide casarse con una pubilla de su tribu de nombre Nuria y con otros dos apellidos catalanes. Mira sus ahorros, habla con el padre y su futuro suegro, y decide que, si quiere comprar un piso, ha de pedir una hipoteca. ¿A dónde acude a pedirla?: a la Caixa, por su convicción de que es un banco catalán por los cuatro costados; el pobrecito Jordi, llevado de su ignorancia, no sabe que el capital no tiene patria ni ideología y cree que el BBVA, Santander... son, por españoles, bancos fascistas. Pero a los efectos de lo que vamos a contar da lo mismo que solicite su hipoteca en la Caixa que en el ING Direct.
Llega el día del supereferéndum y él, al igual que otros Jordis de apellidos García y Martínez que piensan que votando que sí por fin les perdonarán que sus abuelos hubieran nacido en el sur y hubieran llegado en la patera de Almería, vota a favor de la independencia por sus mil razones personales: porque al día siguiente Cataluña será la Arcadia donde entonces sí se atarán los perros con longanizas de Olot, porque Messi correrá a cambiar su pasaporte sudaka por un D.N.I. con la cuatribarrada y la selección catalana podrá ser campeona mundial de fútbol con Guardiola de entrenador....
Supongamos ahora que por ese proceso o por decisión gratuita del dictadorcillo tribal, Cataluña pasa a ser independiente. Consecuencias:
-Se ha de adoptar una nueva moneda. Llámese pujolet, virolai o, como antes, peseta. Y la nueva moneda habrá de fluctuar -lo que antes llamaban la serpiente monetaria- con el resto de divisas. Y ya se avisó de que la depreciación que se le calcula a esa nueva moneda rondará el 30%. Y no digamos cuando emitan deuda pública cómo se pondrá la prima de riesgo y cuánto se divertirán los especuladores con un valor que, por estrecho, será pura volatilidad.
-Por lógica aplastante, en los días, semanas, meses anteriores se habrá producido, por el principio de que el capital es cobarde, una evasión de capitales del todo lícita: hacia España u otros países de la zona euro; o ilícita hacia Andorra, Suiza, paraísos fiscales... Por cierto dentro de la evasión lícita está mi familia: por pura humildad no voy a decir el dinero que hemos sacado estos dos últimos años mi familia y yo, pero sí diré que antes del verano sacaré otros 150.000 euros. Calcúlese, pues, el que estarán sacando los mismos convergentes, esto es, los nietos de aquellos que tanto rezaron para que, por fin, las tropas nacionales entraran en Barcelona y los liberaran de anarquistas y comunistas, y les devolvieran sus fábricas y palacetes expropiados.
-A todo ello se puede añadir que Cataluña se habrá de hacer cargo de la parte proporcional de la deuda española, que habrá de gastar todo lo necesario -y ya ha empezado a ello sin esperar al referéndum- para dotarse de estructuras de estado... (Y no voy a caer en el argumento fácil de los quirófanos cerrados mientras eso ocurre).
Y ahora la conclusión: ¿qué le pasará al pobrecito Jordi el primer fin de mes? Pues que su nómina de 1.000 euritos se habrá convertido en otra nómina de -pongamos- 200.000 virolais que, al cambio, serán 700 euros. Bien, no pasa nada hasta que al día siguiente le cae la hipoteca y se le queda la cuenta a cero. Acude a su agencia de la Caixa a pedir explicaciones y -¡oh sorpresa!- le dicen que, como la hipoteca la ha firmado en euros y su nómina ahora, con la nueva moneda, no alcanza... Llora, jura, perjura y se dice: pero si los malos son los españoles y los buenos, entonces, somos los catalanes, ¿cómo un banco catalán me puede hacer eso a mí, que llevo la cuatribarrada tatuada en el alma?
Corolario: el pobrecito Jordi con su fidelísima Nuria embarazada de un Oriolet deshauciados por el banco catalán en el que tanto confiaban.

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