Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 24 de diciembre de 2013

Andrea Camilleri, La caccia al tesoro

Camilleri, Andrea, La caccia al tesoro (Sellerio, Palermo: 2010)
Hace ya más de un año que reseñamos en una misma entrada dos novelas de Camilleri de la serie dedicada al comisario Montalbano. Ahora volvemos con esta no sin antes explicar una anécdota: compré el libro en agosto del presente año en la librería Laie de Barcelona y lo empecé a leer en un viaje en barco de Barcelona a Ciudadela el día 14 de agosto, víspera de la Virgen porque por eso viajaba, para llegar a punto del santo de mi madre. Pero con las precipitaciones me lo olvidé en el barco; volví al día siguiente a la estación marítima y después de muchas gestiones acabé por dar el libro por perdido. Total, que hube de recomprarlo este pasado sábado en la misma librería y, como ya lo he leído, no creo que lo vuelva a perder en el barco en el que vuelva a Menorca hacia el 10 de enero.

Volvemos a tener a Camilleri y su Montalbano en estado puro. Volvemos a encontrar a los personajes de siempre: el torpe Catarella, el meticuloso Fazio, el mujeriego Augello... Y los lugares comunes de Montalbano: la comida en el restaurante de Enzo y el paseo posterior para hacer la digestión; la enésima discusión con Livia; el sí pero no con Ingrid, lo que ahora se llama tensión sexual no resuelta cuando siempre se había llamado polvo pendiente; la llamada telefónica de Catarella con su peculiar lenguaje para despertar al comisario...
Y una buena intriga concebida, como otras veces, en una forma que se podría representar con la letra Y, esto es, con dos acciones completamente diferentes que acaban confluyendo: a) encuentran una antigua muñeca hinchable llena de rotos y remiendos en casa de un anciano medio loco y, al cabo de poco, otra muñeca abandonada en una caseta con los mismos rotos y remiendos; b) una hermosa muchacha es secuestrada. El resultado será el encuentro del cadáver de esa muchacha imitando en su cuerpo los desperfectos de las muñecas hinchables.

Ahora un par de detalles que pueden ser más:
  • Un toque poético en un amanecer de Montalbano: E fu accussì che inveci d’essiri, come al solito, arrisbigliato dalla prima luci del jorno, fu lui a vidiri il jorno che s’arrisbigliava (23).
  • También un toque de humor: Montalbano entra en la casa del supuesto asesino valiéndose de chiavi fàvuse che gli aviva rigalato un sò amico latro ritiratosi in pinsioni (257).
  • Léase la siguiente frase: s'appresentò con una facci accussì malincuniosa che pariva il dù di novembiro (210). Y recuérdese lo que dijimos aquí precisamente este último 2 de noviembre sobre la ignorancia generalizada. No podemos sino alegrarnos de que quede alguien que sepa que el día de Difuntos es el 2 de noviembre.
  • Ahora ésta: Ristò assitatto nella verandina a fumarisi 'na sicaretta (256). Y es Montalbano el que fuma. Ahora bien, en la serie de la R.A.I. Montalbano no fuma. Suena a lo estúpidamente correcto y lo mismo ocurrió con las últimas películas de James Bond en las que éste no sólo no fuma sino que, además, tiene una jefa que ha sustituido al jefe anterior. Y si es cierto que el fundamentalismo made in U.S.A. llegó a retirar de las bibliotecas públicas Tintín en el Congo por un quítame allá esas razas inferiores, no es de extrañar que veamos neoversiones de Humphrey Bogart sin que fume.

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