Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 4 de diciembre de 2013

Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel

Bioy Casares, Adolfo, La invención de Morel (Seix Barral, Barcelona: 1985)
Otra de las muchas novelas para avanzar en el cumplimiento de los desafíos explicados en otras páginas de este blog. ¿Y cuáles son las alternativas que se abren cuando, tras leer un texto, uno no entiende gran cosa?: 1ª) Releerlo cuantas veces sea menester; 2ª) Acudir a la red y, como quien pide auxilio, consultar -sin pasar por la güiquipedia, por supuesto- qué han dicho otros lectores de la obra. Opto por la primera alternativa y decido que ya volveré a leer más adelante la obra si tengo ganas.

Me limitaré, pues, a explicar qué es lo que he entendido al leerla y, si consigo llegar a esa segunda lectura, ya añadiré algo. Pero antes recordaré -y para ello la foto de la izquierda- la gran labor que muchas editoriales llevaron a cabo hacia los años 80 en la difusión de la literatura y a precios económicos. En este caso fue Seix Barral con su colección titulada Literatura Contemporánea.
  • La invención de Morel recuerda, porque la acción se desarrolla en una isla, obras como Robinson Crusoe de Daniel Defoe, La isla misteriosa de Verne o, y  parece aludirse a ella en el título, La isla del Doctor Moreau de H.G. Wells, de una de cuyas versiones cinematográficas hicimos aquí una reseña.
  • Además, como parecen mezclarse dos realidades o superponerse dos mundos, también muestra semejanzas con películas como El sexto sentido de M. Night Shyamalan o Abre los ojos y Los otros de Amenábar. Por supuesto es el territorio de La vida es sueño de Calderón y del mito de la caverna platónico. Véase una muestra de todo ello en la siguiente frase: este refugio (...) pone a prueba el equilibrio mental: los ecos de un suspiro hacen oír suspiros, al lado, lejanos, durante dos o tres minutos (25); es decir, son los ecos del suspiro los que producen suspiros y no al revés. De hecho, cuando el protagonista se percata de la existencia de esos dos mundos, se plantea varias hipótesis para explicarlos y dos de ellas coinciden con las de algunas de las películas citadas: Quinta hipótesis: los intrusos serían un grupo de muertos amigos; yo, un viajero, como Dante (65); ¡Que yo estuviera muerto! (66).
  • Aunque hay varios personajes en esa isla, el protagonista se acerca al de Robinson Crusoe por su soledad, porque, debido a la existencia de esos dos mundos, a pesar de aproximarse a los demás, éstos lo ignoran completamente. Unos y otro no comparten el mismo plano físico. En realidad parece que a ello alude el título: la invención de Morel parece ser un artefacto que permite esa superposición de realidades; Morel ha ideado el modo de crear algo así como una película en tres dimensiones que luego se superpone a la realidad y, por eso, por ejemplo, hay dos lunas y dos soles, los reales y los filmados.
  • Lo que ocurre, además, es que los personajes a quienes no puede acceder el protagonista se mueven en una realidad que se va repitiendo: las palabras y los movimientos de Faustine y del barbudo coincidieron con sus palabras y movimientos de hacía ocho días. (...) Como en el teatro, las escenas se repiten (50); por esa misma razón un fonógrafo va repitiendo las canciones Valencia y Té para dos (43, 75).
  • De ahí se llega a que, el protagonista, fascinado por una mujer de ese otro plano, Faustine, se enamora de ella de forma imposible: Tal vez porque la idea me parezca tan poéticamente desgarradora -buscar a una persona que ignoro dónde vive, que ignoro si vive-, Faustine me importa más que la vida (104).

No hay comentarios:

Publicar un comentario