Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 18 de noviembre de 2013

Petros Márkaris, Pan, educación, libertad

Márkaris, Pan, educación, libertad (Tusquets, Barcelona: 2013)
Leímos la novela a propuesta del club de lectura de Ciudadela y para discutir este pasado sábado 16 de noviembre. Y no es una novela que dé, como se demostró, para discutir ampliamente. Forma parte de una serie protagonizada por el comisario Kostas Jaritos pero no tiene ni punto de comparación con otras de la misma índole como las de Maigret o Montalbano.
El argumento es simple: tres asesinatos, en el marco de una crisis griega que en ningún momento se muestra necesaria para la trama, resueltos por el comisario al modo clásico de la novela policíaca, es decir, tras ir descartando sospechosos.
Pocos aspectos de interés:
  • Cuando leímos ese título nos vino a la mente su semejanza con otros como el Escuela y despensa que creo de Joaquín Costa; o el contrario a éste, el clásico Panem et circenses. Sólo que este título contiene un tercer elemento y nos olió a anarquista. La novela, en cambio, no contiene ningún ingrediente de ese tipo. Esos tres elementos del título apuntan simplemente a los tres asesinatos: el primer muerto se corresponde con el pan y así sucesivamente. Y no cabe relacionar ese componente ternario con la llamada ley indoeuropea del tres, la de los tres hermanos de los que el menor salva a la princesa, los tres cerditos o el dicho A la tercera va la vencida.
  • La crisis griega que sirve de trasfondo ha llegado al punto de que Grecia vuelve al dracma en 2014 y se dice que también España. Funcionarios como el comisario ven sus pagas recortadas, el índice de desempleo es altísimo, el descontento social lleva a una Atenas en que las manifestaciones y el desorden callejero están al orden del día, la extrema derecha quiere expulsar a los emigrantes... Se puede comparar la situación, por supuesto, con la española. Y no sólo en la actualidad sino en el pasado: las tres víctimas habían formado parte de la generación que había luchado contra el régimen de los coroneles, habían sufrido represión y tortura pero, al caer los coroneles, habían ocupado puestos clave en el mundo político y empresarial formando clanes que se ayudaban y enriquecían los unos a los otros especialmente con motivo de las obras para los juegos olímpicos de Atenas. Algo parecido a lo que ocurrió aquí cuando, a finales de los setenta, aparecieron de la nada un P.S.O.E. o una U.G.T.; ahora que me acuerdo: cuando este sindicato sacó unas pegatinas que rezaban UGT, 100 años de lucha obrera, en el metro de Barcelona le añadían debajo ...y 40 años de vacaciones. Más tarde, al menos en España, se fueron desideologizando los partidos que tenían ideología y han acabado acercándose zafiamente a los lobbys anglosajones. Todo ello no es causa de la crisis, por supuesto, pero sí de la falta de reacción ante ella: sin partidos de izquierdas, sin capacidad crítica... Y ya digo que en la novela la crisis no es necesaria sino mero trasfondo: lleva a que una de las hipótesis sobre el culpable, luego desechada, sea la extrema derecha; provoca que el comisario tenga que abandonar su coche e ir a la comisaría en transporte público... Y un buen detalle, un personaje episódico, Arguiris Nikópulos, que se entretiene mirando desde su ventana a los transeúntes intentando adivinar, por su manera de caminar y por la cara que ponen, quiénes tienen trabajo y quiénes no, y, a pesar de que ronda los cincuenta, dice al modo de un español de treinta: vivo en casa de mis padres y no tengo que pagar alquiler (193).
  • Por último, el novelista parece tener una fijación con las calles de Atenas de modo que el narrador, en este caso el comisario, nos detalla hasta el aburrimiento los recorridos con el coche patrulla. A nuestro juicio consigue redimirse cuando pasa por la calle de los Santos Incorpóreos (79) que casi supera denominaciones como la salmantina costanilla del silencio. o la vallecana calle del payaso Fofó.

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