Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 6 de noviembre de 2013

Mark Twain, Aventuras de Huck

Twain, Mark, Aventuras de Huck (Acme Agency, Buenos Aires: 1944)
Otro de los muchos libros que hemos leído para cumplir con los desafíos que se explican en los enlaces de la zona superior de este blog.
Si no recuerdo mal, en un estudio clásico sobre la picaresca de título Itinerario de la novela picaresca española, su autor, Alberto del Monte, incluía esta obra entre otras muchas tardías con algunos de los rasgos que caracterizaban la picaresca española (Lazarillo, Guzmán de Alfarache, Buscón...). Y sí, las Aventuras de Huck cumplen al menos tres de ellos: 1º) la pseudoautobiografía puesto que estamos ante una narración en primera persona; 2º) la genealogía negativa con un padre alcohólico y una madre desaparecida; 3º) la itinerancia en tanto Huck y otros personajes se van moviendo por donde les lleva el río Misisipi que, dicho sea de paso, es otro de los verdaderos protagonistas de la novela.
Ahora bien, el tono y los acontecimientos alejan nuestra obra de la picaresca tradicional para aproximarla a las novelas de niños traviesos como, por ejemplo, las de la serie de William Brown de Richmal Crompton; otra de las novelas del autor, Las aventuras de Tom Sawyer, también lo es y se emparenta con ésta tanto por personajes comunes (Tom Sawyer, la tía Polly) como porque ésta narra hechos inmediatamente posteriores a los de aquélla. Ahora trataremos la obra por apartados en los que anotaremos los aspectos que creemos merecen interés:
  • Ya en el primer capítulo, el narrador, Huckleberry Finn, menciona al autor, Mark Twain, para decir que, a la hora de contar la historia puede figurar entre las personas poco mentirosas (9). No podemos, entonces, sino recordar el Quijote donde, aparte de insistirse constantemente en que Cide Hamete Benengeli miente, también en I,2 el protagonista menciona al supuesto autor que narrará sus aventuras; o el pasaje de I,8 en el que el propio Cervantes aparece como autor de una de las novelas que posee don Quijote en su biblioteca.
  • La relación entre nuestra obra y el Quijote va más allá y alcanza el nivel de lo explícito. En el capítulo 3 y en el marco de las travesuras de Tom Sawyer y su pandilla, deciden atacar a lo que, según su imaginación, es una caravana de mercaderes árabes y españoles; cuando luego resulta ser un grupo de chicas asistentes a la clase de catecismo dominical, Tom Sawyer da la siguiente explicación a Huckleberry Finn: Tú no has leído las aventuras de don Quijote. Si las conocieras, sabrías la causa. Hay encantadores que hacen cosas extraordinarias. Allí había soldados, mulas y elefantes, pero los encantadores transformaron la caravana en un montón de chicas para darnos un mal rato (22-23).
  • Puestos ya en la clave de nuestra literatura clásica, hay ciertos capítulos que nos recuerdan otros tantos pasajes de la picaresca: en los capítulos centrales de la obra el protagonista y su compañero el negro Jim, durante su descenso por el Misisipi, se ven eclipsados por personajes que se hacen pasar por aristócratas y viven del engaño: apuntan así a la cofradía de pícaros en Rinconete y Cortadillo o a los caminantes con quienes se topa don Pablos en su viaje de Segovia a Madrid. Incluso al buldero del Lazarillo que, como en este caso, pasa a primer plano y deja eclipsado al protagonista.

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