Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 2 de agosto de 2013

Walter Scott, Ivanhoe

Walter Scott
Scott, Walter, Ivanhoe (GP, Barcelona: s.f.)
He leído Ivanhoe por cumplir los desafíos que aparecen en las páginas que, con esos títulos, presento en las pestañas de la zona superior del blog.
De hecho, no sé si he leído la novela o la he releído, porque el ejemplar que he utilizado procede de la biblioteca de mi abuelo Domingo y recuerdo que hará ya más de 40 años pasaba tardes y tardes de verano leyendo de esos librillos económicos y minúsculos de la Enciclopedia Pulga que sacó ya desaparecida editorial GP. He conseguido en la red una foto de un ejemplar semejante al mío que vendían de segunda mano y la adjunto a la derecha.
Entrando ya en la obra, es un producto típico del Romanticismo: obsérvese el retrato del autor y compárese con otros de la juventud de Chateaubriand para deducir que poca diferencia va del uno al otro. En concreto Ivanhoe (1819) es resultado de ese gusto romántico por la novela histórica sea ésta producto de un deseo de indagar en el pasado en busca de lo que los alemanes dieron en llamar Volkgeist, sea resultado de un ansia por huir del propio tiempo añorando otros más heroicos y que tiene su correlato espacial en ese gusto por la huida, física o literaria, hacia el sur de Europa de un lord Byron, Hölderlin y tantos otros que convirtieron España, Italia o Grecia en los países románticos por excelencia.
Y el tiempo ideal es la Edad Media. También en España tenemos novela histórica romántica: piénsese en El señor de Bembibre (1843) de Enrique Gil y Carrasco o en la única novela de Larra, El doncel don Enrique el doliente (1834), que se hizo famosa no hace tanto porque la plebeya Leti se la regaló al príncipe Felipe antes de su enlace.
La trama de Ivanhoe interesa poco o, más bien, es la esperable y sonará a quienes hayan visto películas sobre Robin Hood o el regreso de las cruzadas del rey Ricardo: tensión entre sajones y normandos que solventará el rey Ricardo, intrigas amorosas que acabarán ordenándose, torneos, asaltos a fortalezas, bandidos de gran corazón, anagnórisis, ... Pero destacaré algunos aspectos:
  • La tópica en las dos descriptiones puellarum del texto: hay dos doncellas en el texto de muy diferente procedencia, la sajona lady Rowena y la judía Rebeca. Y se describen a partir de la oposición rubia / morena. Rowena era de elevada estatura, aunque de exquisitas proporciones, extremadamente rubia y de un perfil majestuoso. Realzaba el claro azul de sus ojos las graciosas pestañas... (25-26). Véase ahora a Rebeca: La perfecta simetría de sus formas lucía maravillosamente bajo el vestido oriental... Su turbante de seda armonizaba perfectamente con el color moreno de su rostro. El brillo de sus ojos, el airoso arco que dibujaban sus cejas, su bien moldeada nariz, sus dientes blancos... las profusas y negras trenzas que caían sobre su cuello (45). Y téngase en cuenta que poco antes se ha presentado a su padre con nariz aguileña (29) siguiendo ahora el tópico descriptivo para la nariz judía.
  • Una curiosa anagnórisis: ¿quién es el primero que reconoce a Ulises a su llegada a Ítaca?: su porquerizo Eumeo. Pues casi lo mismo ocurre aquí: Ivanhoe vuelve de las cruzadas y llega a casa de su padre de incógnito en atuendo de peregrino. Sabedor de que unos huéspedes normandos de su padre quieren apresar al judío Isaac, intenta que el porquerizo Gurth les abra un portillo para huir pero éste no le hace caso. Sin embargo, cuando le habla al oído en sajón, el porquerizo se levantó al punto, como si obedeciera a un poder irresistible, y obedeció; tras ello se inclinó para besarle la mano dando muestras del mayor respeto y veneración (38).
  • La figura del rey Ricardo Corazón de León: además de moverse por la trama sin darse a conocer como tal, al final se manifiesta como rey y aparece como el libertador frente a la tiranía de su hermano Juan Sin Tierra y como quien logra la fusión y armonía entre sajones y normandos. En realidad, la figura del rey paternal y protector es la misma que aparece, por ejemplo, en el teatro clásico español, y pensamos en Fuenteovejuna o en El alcalde de Zalamea. En el caso de Ivanhoe, sin embargo, nos queda una pregunta queda en el aire: ¿quién cuida de los celtas? Porque, que se sepa, estaban antes que los sajones y los normandos y a su cultura se debe toda la literatura artúrica.



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