Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 17 de octubre de 2013

Stefan Zweig, Una partida de ajedrez. Una carta

Zweig, Stefan, Una partida de ajedrez. Una carta (Espasa-Calpe, Buenos Aires: 1945)
Hemos leído, en parte por recomendación personal y en parte porque está en la lista de los desafíos que explicamos en otras páginas de este blog, estos dos relatos del autor austríaco.
Una partida de ajedrez, que ha sido también publicada con otros títulos semejantes es, al parecer, su obra más famosa. El tema es el enfrentamiento sobre el tablero de dos personajes completamente distintos, Mirko Czentovic y el doctor B. Y se nos narra la acción desde una primera persona que, casualmente, asiste a ese enfrentamiento con motivo de un trayecto en barco hacia Buenos Aires. Ese narrador nos da cuenta, también, de la historia de ambos personajes en sendos flash back:
  • Mirko Czentovic: mientras el narrador está a bordo esperando que zarpe el barco, observa que están fotografiando a alguien y un amigo suyo le explica quién es el fotografiado. Czentovic es el campeón mundial de ajedrez. Y complementa su caracterización con otros muchos detalles: huérfano eslavo criado por el párroco del lugar; incapaz de aprender nada, de escribir sin faltas de ortografía o de contar sin los dedos; hábil en las tareas que se le encomendaban como cortar leña u ordenar la cocina; apático, indiferente y desinteresado por cuanto le rodea... (12-14). Pero cada tarde contempla callado la partida de ajedrez del cura contra el sargento de la gendarmería (14-15) hasta que un día, debiéndose ausentar el cura a media partida, Czentovic la acaba y derrota al sargento. A partir de ahí, juega contra otros aficionados de la villa y, progresivamente, acaba convirtiéndose en campeón mundial.
  • El doctor B: en el barco, al saberse que viaja Czentovic, ciertos aficionados le proponen jugar y son derrotados hasta que aparece el doctor B, les asesora y consiguen tablas. De nuevo el narrador nos caracteriza a ese doctor B a partir de una conversación que mantiene con él: trabajaba en un bufete de abogados de Viena que administraba fondos de grandes familias (48) hasta que es detenido por la Gestapo para que revele dónde están esos fondos (53); es recluido en soledad en la habitación de un hotel hasta que casualmente roba del bolsillo de un oficial un libro que resulta ser un manual de ajedrez (64); se refugia en el libro como único consuelo a su aislamiento, reproduce las partidas, aprende a jugar mentalmente sin tablero y así consigue no volverse loco (68-74).
Pues bien, aunque en algún lado se dice que el relato contiene una crítica al nazismo, entiendo que el eje está en la oposición de las dos personalidades y los valores que representan, independientemente de cuáles sean los resultados de las partidas que juegan: barbarie frente a civilización o, si se quiere y como gustaría a Nietzsche, civilización frente a cultura; intuición frente a raciocinio; acción frente a reflexión... Oposiciones esas que se pueden poner en paralelo con otras literarias o mitológicas: Sancho Panza frente a don Quijote, Epimeteo frente a Prometeo, Áyax  frente a Ulises...

La otra narración, Una carta, mucho más breve y, según el título, de tipo epistolar, cuenta la estancia de una dama, buscando reposo, en una posada del Tirol. Desde allí escribe a una amiga de la infancia para contarle cómo en esa posada ha topado casualmente con un viejo ídolo de ambas, el actor Pedro Sturtz, ya retirado. Sólo que sus convecinos ignoran sus antiguos éxitos y lo consideran un vulgar borrachín. Pero la dama se dirige educadamente a él en público, lo reconoce, le habla de sus viejas glorias y, a partir de ahí, será respetado por sus vecinos. El tema sería, pues, la relatividad de todo, la rueda de la fortuna...

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