Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 29 de octubre de 2013

James Joyce, Dublineses

Joyce, James, Dublineses (Alianza, Madrid: 1990)
Leemos este libro con motivo del encuentro mensual que, bajo el título Temps de lectura, se celebró el pasado 25 de octubre en el Ateneo de Mahón y que tuvo este texto como tema.
Dublineses es un conjunto de relatos cortos que, en cierto modo, podrían considerarse excursos, aproximaciones, ensayos preparatorios del Ulises en tanto contienen retazos de la vida cotidiana en Dublín. Incluso aparecen personajes comunes a ambas obras como los Paddy Leonard o Flyn, del cap. 15 del Ulises, que ya habían aparecido en el relato "Duplicado" de Dublineses; o, en el mismo capítulo del Ulises, los Cunningham, M'Coy, Kernan y Power del relato "A mayor gracia de Dios". También hay personajes que pasan de un relato a otro si el Farrington del mismo "Duplicados" que responde ingeniosamente a su jefe (p. 87) es el Joe de "Polvo y ceniza" que se reía tanto con la respuesta que le dio al gerente (98). En realidad ese recurso había sido utilizado por grandes narradores del XIX como Balzac o Galdós.

viernes, 25 de octubre de 2013

Sinn Sage (II)

Volvamos a mi último descubrimiento en el terreno del porno lésbico, Sinn Sage, a quien ya dediqué una entrada el mes pasado. De momento, la foto con la que se presenta en Twitter; así, a lo terrorista intergaláctico, y no sé por qué sospecho que esas niñas que van de superhembras agresivas son, a la hora de la verdad, la encarnación de la dulzura.
Por cierto, también en Twitter exhibe su reverso: bien formado, apetitoso, diciéndo "muérderme mientras decides cuál de mis espacios eliges para darme placer". Y quién fuera mujer para ello, quién pudiera, como Tiresias, el adivino de Tebas, -y que se me perdone la alusión culta tan fuera de lugar- cambiar de sexo y poder gozar todos los recovecos de ese cuerpo de maravilla y ponerlo en tensión hasta el estallido. Pero ahí queda como fruto prohibido.
Véase ahora miradita tierna mientras nos quedamos dudando si mirarla a los ojos o a los pezones y nos preguntamos si es para nosotros que no se ha sabido ajustar el biquini.

¿Y en movimiento? Pues algún vídeo he encontrado de ella. Uno actuando con mi apreciada Aiden Ashley, de quien creo que prometí no volver a tratar pero, claro...:


 Y son varios los aspectos dignos de comentario:
  • La cara de sufrimiento de Sinn Sage en los momentos previos al  orgasmo que, en el minuto 14, le provoca Aiden Ashley.
  • La flexibilidad de Aiden Ashley en la abertura de piernas a partir del minuto 16 y su variedad de expresiones faciales cuando Sinn Sage le devuelve el juego de lengua combinado con la penetración del dedo. Tales expresiones no las encontrábamos en el vídeo de Aiden Ashley con Andy San Dimas aunque, igual que en esa ocasión, la primera se pone cariñosa tras el orgasmo y busca los besos de su compañera.
  • Por fin, lo que verdaderamente le va a Sinn Sage, cabalgar frotando bulto contra bulto. Véase a partir del minuto 19 cómo lleva a Aiden Ashley: cómo la sitúa de nuevo con las piernas completamente separadas, cómo le cambia luego la postura para pillarla en tijera y cómo Sinn Sage empieza a revolucionarse y arrastrar a Aiden Ashley, que no parecía muy convencida. Sin embargo, queda tan satisfecha que lo agradece situando a Sinn Sage de espaldas y llevándola de nuevo a la gloria con un juego de lengua que parece comenzar en zona heterodoxa
Y como considero que la niña lo merece, me reservo material para volverla a sacar el mes que viene.


lunes, 21 de octubre de 2013

Alejo Carpentier, Los pasos perdidos

Carpentier, Alejo, Los pasos perdidos (Bruguera, Barcelona: 1980)
Para empezar diré que es una novela de verdad. Me refiero a que, a diferencia de tantas debilidades como he leído llevado por propuestas de clubs de lectura, esto es una novela que sabe a tal por múltiples razones: por ser muestra clara de eso que se ha llamado barroquismo americano y donde también tiene cabida Paradiso de Lezama Lima, porque plantea la dicotomía civilización-cultura frente a naturaleza, porque su autor es un consagrado... O al revés: su autor ha llegado a los altares a base de obras como ésta (1953) u otras que le hemos leído como El siglo de las luces (1962) o El recurso del método (1974).
Poco importa el hilo argumental porque éste viene a ser sólo el soporte sobre el que se va a ir trenzando todo filigrana tras filigrana: el narrador, que nos habla en primera persona, es musicólogo preocupado por el origen de la música y dice tener al respecto una ingeniosa teoría del mimetismo-mágico-rítmico (23). Sea como fuere recibirá el encargo de buscar en las tribus amazónicas instrumentos musicales que puedan ser antecedentes de los conocidos en el mundo occidental.
A partir de ahí se juega con esa oposición entre la civilización y cultura de un lado y, del otro, una naturaleza que las desborda:
  • El protagonista viaja con su amante Mouche, una mujer a la que caracteriza, por ejemplo, por su dogmático apego a ideas y actitudes conocidas en las cervecerías de Saint-Germain-des-Près (27) o como el arquetipo de la burguesa (127), esto, es, del lado de la civilización; por eso Mouche, en la selva, entiende que aquí no había cosa de mérito que ver o estudiar (127). Y justamente en la selva el narrador la abandona por una mujer opuesta, Rosario, a la que asocia a la naturaleza: eran los mil libros leídos por mí, ignorados por ella; eran creencias de ella, costumbres, supersticiones, nociones, que yo desconocía y que, sin embargo, alentaban razones de vivir tan válidas como las mías (110).
  • Toda forma de cultura tiene cabida en la novela: La literatura: lo bíblico con la prosa del Eclesiastés (29); los versos Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves agora / campos de soledad, mustio collado (44, 52, 96), que se repiten en la parte inicial como un estribillo que lleva al protagonista a su lengua materna; la paráfrasis (no eran las del alba todavía [81]) del Quijote, cuyo comienzo cita poco después el narrador hasta las tres partes de su hacienda (85), orgulloso de recordarlo de memoria. La pintura: con la Venus de Cranach (33) o el Cronos de Goya (37). La música, por supuesto: son constantes, también en la zona inicial y como complementando los versos barrocos, las alusiones a la Novena Sinfonía de Beethoven (74, 89,91) cuyo coro asocia, al modo proustiano, a enfermedades de la infancia (18); o bien a la cumbre de la cultura europea: Las estrofas de Schiller... Eran la culminación de una ascensión de siglos... Montaigne,... Voltaire... (100). Y parece, al menos en lo que se refiere a la Novena o al Quijote, como si quisiera poner en un pedestal ambos monumentos culturales para luego ver como se diluyen o, al menos, pierden toda monumentalidad, en la selva. Algo así se expresa explícitamente: La cultura -afirmaba el pintor negro- no estaba en la selva (74).
  • Por supuesto es, como tantas, una novela de búsqueda y a varios niveles: 1) porque ésa es la intención del viaje, encontrar los instrumentos musicales cuya busca me era encomendada (127): y, efectivamente, los encuentra: Ahí estaban los juegos de caramillos, en su condición primordial de antepasados del órgano (177); incluso asiste a una ceremonia en que un hechicero le deja deslumbrado por la revelación de que acabo de asistir al Nacimiento de la Música (187); 2) porque al narrador se le abre, en la selva, un universo mucho mayor que lo que iba buscando y que le lleva, incluso, a la gran decisión de no volver allá (202), esto es, a la civilización; pero la rémora de la cultura le lleva aún a asociar esa decisión con el Prometeo desencadenado de Shelley: La liberación del encadenado, que asocio mentalmente a mi fuga de allá... (220).
  • No obstante, el narrador ha de volver a la civilización donde le espera su mujer Ruth. Por supuesto, ha sufrido un cambio: Toda una literatura que yo tenía por lo más inteligente y sutil que hubiera producido la época, se me viene abajo con sus arsenales de falsas maravillas (248). E intenta el regreso al mundo descubierto y a Rosario, tomando conciencia, ahora, de que no era el suyo; de Rosario le dice un griego buscador de oro que no le espera: Ella no Penélope. Naturaleza mujer aquí necesita varón (277). Y el narrador concluye: la gente de estas lejanías nunca ha creído en mí... Recuerdo ahora la rara mirada que me dirigía (Rosario), cuando me veía escribir febrilmente, durante días enteros, allí donde escribir no respondía a necesidad alguna. Los mundos nuevos tienen que ser vividos, antes que explicados. (277-278) Y esta última frase, del penúltimo párrafo, puede servir de conclusión.

jueves, 17 de octubre de 2013

Aristóteles, Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de historia natural

Aristóteles, Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de historia natural (Gredos, Madrid: 1998)
Otros de los muchos tratados de Aristóteles dedicados a la naturaleza en los que da un repaso, a modo de estado de la cuestión, a los conocimientos anteriores, los somete a crítica y, tras ello, expone su propia visión. Y siempre según un orden: presentando aquello de lo que va a tratar, desarrollándolo y recapitulando para cerrar la cuestión
Curiosidades, notas, comentarios presentados no globalmente sino según el orden en que aparecen en el texto:
  • Demócrito... afirma que el color no existe en realidad (316a). Al leerlo y entender que, en realidad el color es mero accidente, no podemos sino recordar algo muy parecido del Tractatus de Wittgenstein: Dicho sea de paso, las cosas carecen de color, que interpretamos en el sentido de que color y cosa son diferentes.
  • Hay un motor que para mover necesita ser él mismo movido, mientras que hay otro que es inmóvil (323a). Tal idea va a parar directamente al motor primero de Santo Tomás de Aquino en su demostración racional de la existencia de Dios.
  • Presenta la idea de los cuatro elementos y de las cualidades asociadas a ellos: ...los cuerpos de apariencia simple: fuego, aire, agua y tierra. En efecto, el fuego es caliente y seco, el aire seco y húmedo..., el agua fría y húmeda, la tierra fría y seca (320b).
  • Tiene alguna intervención genial como ésta: nadie tiene jamás frío en los párpados (438b). Recuerda aquella otra afirmación en la Historia de los animales de que los animales pueden tener patas o no; pero si las tienen, las tienen pares.
  • Se le desliza alguna idea que más tiene que ver con la magia: cuando las mujeres se miran en un espejo durante la menstruación, se produce en su superficie algo así como una nube sanguinolenta (459b).
  • Se detiene en la observación de que el hombre, por su posición erguida tiene la parte superior dirigida hacia la parte superior del universo (468a). De ahí derivará a que el sentido común está ubicado en el corazón por su situación hacia el centro del cuerpo pero, en desarrollos ulteriores y medievales, eso llevará a pensar que las zonas superiores del cuerpo tienden hacia Dios mientras que las inferiores, hacia el infierno.

domingo, 13 de octubre de 2013

Prosper Mérimée, Colomba

Mérimée, Prosper, Colomba (Librio, París: 1997)
Una novelita publicada en Francia por Librio que, en los 90 y como hizo aquí Alianza, publicó clásicos de forma económica, diez francos en este caso.
Si situamos a Mérimée (1803-1870), sí el de Carmen, en su tiempo y leemos la obra desde paralelos españoles vamos a dar, sin mucho margen de error, en el costumbrismo, en novelas como La gaviota de Fernán Caballero o Peñas arriba de Pereda en las que parece como si la intriga amorosa sirviera de excusa para la exhibición de tipos o escenas regionales. En efecto, aquí asistimos a una historia de amor entre un heredero de una vieja familia corsa y una joven aristocrática irlandesa; todo ello salpicado de bandoleros y aderezado con una trama de viejas rencillas entre familias que van a dar en la venganza.
Notas:
  • Es patente la admiración del autor por el modo de vida de los bandoleros y sus códigos de honor. Dice uno de ellos: Il y a plus d'assassinats chez nous... que partout ailleurs ; mais jamais trouverez une cause ignoble á ses crimes. Nous avons, il est vrai, beaucoup de meurtriers, mais pas un voleur (23). Y más adelante: L'argent fait tout dans ce monde... mais dans le maquis on ne fait cas que d'un coeur brave et d'un fusil qui ne rate pas (149). Es terreno conocido: de un lado, y teniendo en cuenta el origen parisino del autor, estamos ante esa admiración romántica por el sur que afecta a Goethe, Hölderlin, Sthendal, Byron...; de otro -y véase la proximidad de los personajes con los siete niños de Écija, Diego Corrientes, Luis Candelas pero también con el Robin Hood de Ivanhoe (1820)- estamos también ante la admiración romántica por los aquellos que viven al margen de la ley y que incluye al corsario de Byron y su colega de Espronceda, al mismo don Juan, al jorobado de Víctor Hugo (1831).
  • No obstante lo anterior, la visión del autor es -digámoslo así- etnocéntrica al estilo típicamente francés en el sentido de que entiende entre la Francia peninsular y Córcega una oposición del tipo de la que se da entre civilización y barbarie. El protagonista masculino, Orso della Rebbia, encarna no muy convincentemente esa oposición puesto que, de un lado, ha estudiado en Pisa y ha servido en el ejército napoleónico, y, del otro, vuelve a Córcega donde el ambiente le exige que cumpla una venganza sobre una familia enemiga. La contradicción entre los dos mundos le lleva a un conflicto interior a la hora de llevar a cabo la venganza y acaba planeándola en términos incomprensibles en Córcega: Un seul espoir lui restait dans ce combat entre sa conscience et ses préjugés, c'était d'entamer, sous un prétexte quelconque, une querelle... et de se battre en duel... Le tuer d'une balle ou d'un coup d'épée conciliait ses idées corses et ses idées françaises (71).
  • En cuanto a la Colomba que da título a la obra es la hermana de Orso della Rebbia. Es ella quien mantiene, en ausencia de su hermano, el rencor hacia la familia enemiga y quien presiona a éste, cuando regresa, para que lleve a cabo la venganza. Está caracterizada también con rasgos que la inscriben del lado de la barbarie. Es una buena voceratrice que, según el texto, viene a ser -y volvemos al costumbrismo romántico- entre una plañidera y una improvisadora de cantos populares si bien éstos tienen como tema la venganza. Al final de la obra, sin embargo, y reforzando el final feliz, se decantará del lado de la civilización cambiando la navaja por el abanico: Adieu les stylets... ; maintenant j'ai un éventail (151); aún así, al encontrar casualmente al cabeza de la familia enemiga al que su hermano ha matado dos hijos, le canta: Il me faut la main qui a tiré, l'oeil qui a visé, le coeur qui a pensé (153).
  • La intriga amorosa central está encarnada por Orso della Rebbia y Miss Lidia, una joven irlandesa de formación aristocrática que viaja por placer acompañada por su padre. En algún momento se opone a Colomba en la relación antes citada: si ésta, que insta a su hermano a llevar a cabo la venganza y va siempre armada de navaja, encarna los valores corsos del lado de la barbarie, aquélla representa la civilización europea y opera en sentido contrario. Por lo demás, en algún momento, por el contexto de venganzas en que se desarrolla, parece como si la trama amorosa fuera a acabar trágicamente: Vous avez une amie qui será désolée... de... vous savoir pendu (50) dice lady Lidia a Orso della Rebbia en frase que a primera vista podría parecer anticipatoria. Sin embargo, la frase la pronuncia tras haberle entregado un anillo: Voyez-vous cette bague ? c'est un scarabée égiyptien (51). Por supuesto, el anillo adquiere carácter simbólico y poco después él lo besa: Il prit l'anneau égyptien...  et le porta à ses lèvres(53). A partir de ese momento, la relación avanza hacia el final feliz.
  • En resumen, la novelita está estructurada en dos historias paralelas, relativas, respectivamente, a la venganza y a amor. Cada figura femenina tiene a su cargo una de las acciones: Colomba, la relativa a la venganza, y lady Lidia, la del amor. Y entre las dos está Orso della Rebbia de modo que la estructura de personajes centrales queda simétrica.



miércoles, 9 de octubre de 2013

Miguel Delibes, La mortaja

Delibes, Miguel, La mortaja (Alianza, Madrid: 1995)
Un relato corto que contiene algunos de los ingredientes que solía transitar Delibes: la naturalez, la infancia, la muerte...
Y, en tanto relato corto, algo próximo al cuento, el ritmo ternario o lo que en algún lugar -y recuerdo dónde- he oído llamar la ley indoeuropea del tres. En efecto, el relato parte de la muerte de Trino. Y, como muere desnudo, el desarrollo consiste en el problema de su hijo, el Senderines, para vestirlo: de ahí, el título.
Observaciones:
  • Partimos pues, de un número 3 en el nombre del padre, realmente llamado Trinidad: mis amigos me llaman Trino para evitar confusiones (7).
  • Se da una oposición entre la naturaleza y la civilización. Ésta está representada por varios elementos que amenazan a aquélla a los ojos del protagonista masculino, el niño Senderines, alrededor del cual está focalizado el relato: la C.E.S.A. que montó una fábrica río arriba. El Senderines sólo había ido allá una vez... y cuando observó cómo la máquina aquella trituraba entre sus feroces mandíbulas troncos de hasta un metro de diámetro,... empezó a temblar (13); la central eléctrica en la que trabaja su padre y sus amigos, y que también visita el Senderines: se encontró con unos torvos cilindros negros adornados de calaveras por todas partes y experimentó un imponente pavor y rompió a llorar (17). Y, en el lado contrario, la naturaleza: Del ribazo llegó el golpeteo de la codorniz dominando el sordo estruendo de la Central (37). Uno de los rasgos cruciales del Senderines será el vivir del lado de la naturaleza gracias a su padre: todos los padres que él conocía habían truncado la libertad de sus hijos enviándolos al taller o a la escuela. El suyo no le privó de su libertad (28).
  • El intento de tránsito de la infancia a la edad adulta reprentado por el duro trance que para el niño supone estar ante su padre muerto y el trámite de vestirlo. Al principio siente miedo: evitaba pasar la mirada por el cuerpo desnudo. Acababa de descubrir que metiéndose de un golpe en el miedo, cerrando los ojos y apretando la boca, el miedo huía como un perro acobardado (24); pero poco más tarde lo ha superado: introdujo el pie por la pernera y repitió la operación con la otra pierna... Ya no experimentaba temor alguno (26).
  • El ritmo ternario del relato se desarrollará a partir de los tres intentos del niño por vestir al padre. Acudirá primero a dos amigos: Goyo no quiere acudir porque esa misma tarde ha discutido con Trino por una cuestión en una partida de cartas: Me he jurado no dar un paso por él y esto es sagrado, ¿comprendes? (35). Es significativa también la opinión de la Ovi, su mujer, que, frente a la superación del temor a los muertos por parte del niño, afirma: Cuando hay muertos en las casas suceden cosas muy raras y a mí me da miedo (37). Conrado, el segundo amigo de Trino, se niega también porque está trabajando: estaba amarrado al servicio como un perro, puesto que de todo lo que ocurriese en su ausencia era él el único responsable (39). Por supuesto será la tercera persona a la que acuda, el Pernales, alguien que sólo acude a la zona una vez al año a fabricar piedras para los trillos (41), quien le ayude. Será, eso sí, a cambio de ropas de su padre y otros utensilios. Y tiene una buena reflexión: La vida es eso. Unos viven para enterrar a los otros que se mueren. Lo malo será para el que muera el último (44).
  • Y es curiosa una anécdota que enmarca el camino del niño en busca de los amigos de su padre: cuando acude hacia casa de Goyo y la Ovi encuentra una luciérnaga y la guarda en una caja: "Oh, una luciérnaga" -se dijo con una alegría desproporcionada (30). Y poco después, al volver de ver a Conrado, su preocupación, a pesar de no haber conseguido ayuda para vestir a su padre, sigue siendo la luciérnaga: arrancó unas briznas de hierba y las metió en la caja. "Este bicho tiene que comer -pensó-, si no se morirá también (40). Y ello no deja de ser una apuesta por la vida frente a la muerte.

sábado, 5 de octubre de 2013

Julio Verne, La isla misteriosa

Verne, Julio, La isla misteriosa (Molino, Barcelona: 1959)
Bien por la capacidad del autor de combinar narración de aventuras con conocimientos científicos que, aquí, servirán para que el ingeniero Ciro Smith sea capaz de aprovechar los recursos naturales de la isla para hacer más confortable la vida de los náufragos. En efecto, junto a explicaciones de tipo físico o químico se crea una intriga -hechos inexplicables que sugieren la presencia de alguna figura misteriosa que les está ayudando, ataque de piratas- que acaba resolviéndose con la intervención de personajes salidos de otras novelas de Verne como el capitán Nemo, que era quien velaba a escondidas por los náufragos, o uno de los hijos del capitán Grant, que acaba salvándolos in extremis ante la destrucción de la isla debida a la erupción del volcán.
De ello no se sigue, sin embargo, que no haya momentos en que el autor no esté, ni de lejos, a la altura:
  1. Se lía, al intentar hablar de Oceanía como continente, entre lo que es una isla y lo que es un continente: -Es muy singular -observó Gedeon Spilett- que esta isla, relativamente pequeña presente un suelo tan variado. Esta diversidad de aspecto no pertenece lógicamente más que a los continentes de cierta extensión (...) -Tiene usted razón, mi querido Spilett -respondió Ciro Smith- (...) Encuentro muy extraña esta isla, tanto en su forma como en su naturaleza; parece un resumen de todos los aspectos que presenta un continente, y no me sorprendería que hubiese sido continente en tiempos antiguos (...) ¿Por qué Australia, Nueva Irlanda, todo lo que los geógrafos ingleses llaman la Australasia, reunidas a los archipiélagos del Pacífico no habrían formado en otro tiempo una sexta parte del mundo (...)? Mi entendimiento no se niega a admitir que todas las islas que sobresalen de este vasto océano no sean sino cimas de un Continente sumergido (120-1). Espero se vea el error en la argumentación: se parte de que la diversidad de clima de la isla es propia de un continente extenso y se concluye con la hipótesis, seguramente cierta, de que la isla formaba parte de un continente. Pero ni de la diversidad de clima se sigue que la isla formara parte de un continente ni lo contrario, que la isla formara parte de un continente no explica la diversidad de clima.
  2. Los náufragos cazan en una trampa un animal llamado pecari, de tres meses, y, al ir a comerlo, le encuentran un perdigón que no han disparado ellos. La conclusión será que hay alguien más en la isla pero del siguiente modo: De este incidente debemos deducir las siguientes consecuencias: o la isla estaba habitada antes de que nosotros llegásemos o ha habido un desembarco de uno o más hombres hace a lo sumo tres meses (131). Es parecido al punto anterior en lo que se refiere a las deducciones: 1º) Porque las conclusiones son opuestas puesto que lo que se dice es que ya había gente en la isla, la que ha disparado al pecari, o que esa gente lleva como mucho tres meses en la isla, el tiempo máximo que el perdigón lleva alojado en el pecari. 2º) Porque no se contempla la posibilidad de que quien haya disparado haya llegado a la isla en el tramo de tiempo comprendido entre la llegada de los náufragos y el nacimiento del pecari. En rigor, un perdigón en un animal sólo demuestra algo de perogrullo: que se ha disparado sobre ese animal después de su nacimiento. A mayor abundamiento se vuelve sobre la cuestión páginas después para insistir sobre la misma conclusión: Hace tres meses, a lo más, que un buque, voluntaria o involuntariamente ha venido a estos sitios (158). Y sigue sin caerse en que un buque puede llegar a la isla cuatro meses atrás, dejar a alguien y que ese alguien, dos meses después, dispare sobre un pecari de un mes.
  3. Un error flagrante se da con la confusión entre los hemisferios austral y boreal. La isla está en el primero de ellos y el narrador insiste varias veces en que la sucesión de estaciones es diferente y que, por ejemplo, el marzo austral equivale al noviembre boreal y viceversa. Pues bien, léase: Los colonos (...) pudieron esperar sin temor el invierno de 1866 a 1867. Los grandes fríos comenzaron verdaderamente a sentirse hacia el 20 de junio (194). Si el frío empieza a finales de junio por estar en el hemisferio austral, el invierno no podrá estar encabalgado, como en el boreal, entre dos años; es decir que el invierno acaba el mismo año que comienza.
  4. Siempre se ha dicho, a propósito sobre todo de Viaje a la luna, que Verne es un visionario. Véase, sin embargo, la siguiente predicción en relación con el cambio climático: Los lapones y los samoyedos encontrarán las condiciones climatéricas del mar Polar en las orillas del Mediterráneo (122).

martes, 1 de octubre de 2013

Marta y Ester, 111: Caricias con los pies.



El tren sigue atravesando el túnel mientras Ester y Marta siguen tumbadas. Llevan más de una hora sin pasar a mayores, sólo mirándose y diciéndose palabras de amor. Han estado dos días esperando para hacerlo sin limitaciones y ahora, conscientes de que ya no las tienen, parece como si quisieran esperar y disfrutarse en la espera.
Llevan cinco minutos calladas, mirándose a los ojos y acariciándose los pies con los pies. Marta rompe el silencio y dice:
-También es muy bonito lo que nos decimos sin hablar.
Ester se para a pensar y contesta:
-Sí, yo veo que me quieres sólo mirándote a los ojos.
-Y yo veo que me quieres aunque estemos las dos con los ojos cerrados.
-Tú también sabes decir cosas muy bonitas.
-Pues a ver si sabes de quién las aprendo.
La muñeca rubia ha estado un buen rato tumbada boca arriba y abrazando a la morena, que estaba encima. Ahora están las dos sentadas con las manos juntas y parecen mirar a Marta y Ester.
El tren sigue en el túnel y Ester y Marta continúan mirándose y acariciándose los pies con los pies.