Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 22 de agosto de 2013

Repoblación forestal


Todo empezó en el gimnasio, en clase de aerobic. Voy dos tardes por semana, nos dan un buen tute y, luego, nos duchamos, nos vestimos y a casa. Más que en el gimnasio, el asunto empezó concretamente en el vestuario. La primera fue Paula y, al cabo de un tiempo, empezaron a seguirla las demás, Loli, Irene, Verónica... O sea, no es que yo me fijara, es que si todas salimos desnudas de la ducha, se ve a simple vista si una u otra lleva el perejil afeitado. Eso fue, que todas copiaron a Paula y yo tampoco tenía tanta confianza como para preguntarles por qué habían decidido llevarlo así. Para mí se lleva como se ha llevado siempre y luego, sobre todo en verano con el bikini, se recorta para que la pelambrera no asome.
Sin embargo, envidiosilla que es una, las miraba y pensaba si se lo habrían afeitado por capricho de sus novios o maridos o si por alguna moda moderna que yo tampoco me explicaba: ¿por qué va a afectar la moda a algo que no se suele ir enseñando por ahí? Pero caí en la tentación. No sé si por imitarlas y que no pensaran que yo era una antigua o si por Carlos, por lo de renovarse y buscar estímulos nuevos. Decidida, me lo afeité yo también.
Eso fue el jueves de la semana pasada. Y el viernes me dice Carlos a lo cursi que si cena romántica en mi casa. Llevamos dos años y ya desde el principio se lo dejé claro: lo que quieras, pero tú en tu casa y yo en la mía. O sea, que alguna noche se puede quedar a dormir. Porque, para él, cena romántica es comprar un par de platos preparados en el Delicatessen, cenar y polvete. Un día quiso que pusiera dos velitas para ambientar la cena y le dije que, habiéndose inventado las bombillas, para qué las velitas si además podía caer cera en el mantel.
Cenamos y al asunto. Entramos a la alcoba, él empieza a desnudarse en el lado que acostumbra y yo lo hago en el mío de espaldas. Acabo, me voy dando la vuelta despacio para echarle emoción y, cuando estoy ya completamente de frente, veo que me está mirando ahí con cara de tonto:
-¿Se puede saber qué ha pasado?
-Que quería darte una sorpresa?
-¿Y para eso has tenido que talar mi bosque preferido, el que anuncia el camino a Disneylandia?
-Las demás, en el gimnasio, lo llevan así.
-Pero yo no me acuesto con las demás. Me acuesto contigo. Y así soy incapaz.
-¿Por qué? Si no cambia nada…
-Pues porque así o me parecería que lo hago con una niña de diez años o con una puta de las que aparecen de noche por los canales porno, que todas lo llevan así.
-¿Y qué haces tú viendo los canales porno?
-No los veo, me salen solos haciendo zapping. Y ya te digo, yo así no lo hago porque, además, seguro que no armo.
Y venga con que seguro que él así no arma y yo venga a intentarlo con mil recursos que el pudor me impide detallar. Pero no, me dejó a dos velas porque ni armó el viernes a la noche ni el sábado al despertarnos, que volví a intentarlo por si lo cogía por sorpresa. Además, aunque siempre dormimos desnudos, me pidió que por favor me pusiera bragas no fuera a rozarme ahí con la pierna sin querer y luego tener pesadillas.
Al despedirse el sábado por la mañana mucho cuánto te quiero y mucho cariño por aquí y cariño por allá pero que las cosas eran así. Y aún me pidió, también con muchísimo por favor, que cada noche me hiciera ahí una foto con el móvil y se la mandara:
-Para ver cómo va progresando la repoblación forestal. Y cuando vuelvas a tener el bosque bien tupidito y frondoso…
Como soy sumisa y obediente, ya me tienes cada noche, y de momento sólo van cuatro y no veo avance alguno, enfocándome con el móvil y enviándole la foto. Dice que se las pasará al ordenador, las imprimirá y hará un álbum… Mientras tanto, yo a esperar. Y no, no se me ocurre buscarme otro novio con menos manías. Quiero a Carlos y más aún después de su argumento contundente:
-Con lo que me gusta a mí pasarte la lengua y después estar media hora escupiendo pelos…
Si en el fondo tiene razón, la culpa es mía por hacer caso a las del gimnasio y buscar aventuras. Pues eso, aquí estoy mirándome cada dos por tres a ver cómo avanza mi repoblación forestal.

4 comentarios:

  1. El relato es muy cachondo. Carlos un poco chapadito a la antigua, tampoco hay que dramatizar, pero me gusta. Me hizo mucha gracia el título y la comparación. No quiero quedar de retrógrada porque nada más lejos de mi condición, pero por una mera cuestión estética cambiaría la última foto por una un pelín más "artística" ;-) (ahora estarás pensando que soy peor que el tal Carlos jajajaja, pero sólo es para que te quede bonito compañero) Un saludo

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  2. Hola. Gracias por tu visita.
    Te he hecho caso y he decidido quitar la foto. Como yo la mayoría de entradas las programo con mucha antelación, ni me acordaba de haberla insertado. Y al verla, tampoco me ha convencido por demasiado explícita. De todas maneras, hay otras fotos de ese tipo programadas para más adelante.

    Y ahora me voy a devolverte la visita y pasear por tu blog.

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    1. Creo que has hecho bien ;) (guiño + sonrisa), lo justo es que el texto mantenga cierto estilo que creo que anulaba la imagen. Es usted muy cumplidor devolviéndome la visita caballero. Nos leemos

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  3. Además, ahora que te tengo como única lectora, he de cuidar algo más el blog. Aunque para esta noche a las 22:30 tengo programado un desnudo femenino precioso. Cosas mías, que me gusta alternar lo intelectual con lo lúdico (vaso de sidrina+sonrisa+otro vaso de sidrina).
    Y ahora sí que me voy a devolverte la visita, que ayer acabé liado con lo peorcito de mi pueblo y así me he despertado hoy.

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