Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 30 de agosto de 2013

Marta y Ester, 103: Olisqueando



Marta ha ido besando a Ester mientras le desabotonaba la blusa y le quitaba el sostén. Ha acabado dejándola desnuda de cintura para arriba y le está besando los pechos mientras Ester le acaricia el pelo. Ester dice:
-¡Qué ganas tengo de que ya no nos duela para poder hacerlo a lo bruto y ponernos el dedito dentro!
Marta contesta:
-Al menos hoy y mañana lo hemos de hacer así. Y en adelante, a ver si no lo hacemos tan a lo bruto que luego ya ves, nos duele.
Ester se conforma. Marta le ha desabrochado el cinturón y los botones de los pantalones. Se levanta, le quita los zapatos y tira de los pantalones desde abajo. Ester levanta el culito del asiento y Marta le quita los pantalones con cuidado de no arrastrar también las braguitas. Marta dice:
-Lo más bonito para después.
Porque ha dejado a Ester con las bragas y los calcetines puestos. Los lleva a juego: de color blanco con cachorros de gato amarillos estampados. Ester sigue sentada, Marta vuelve a tumbarse y empieza a pasarle la lengua por el ombligo. Ester aprovecha un momento en que Marta para, le coge un mechón de pelo y, apartándose la goma de las braguitas, lo deja caer dentro. Marta acude a las braguitas de Ester, le mantiene la goma apartada del cuerpo y se pone a olisquearla. Ester dice:
-Lo tengo limpito, ¿no?
-Y muy rico.
Ester dice:
-Pues a ti, cuanto más deseosa te pones, mejor te huele.

lunes, 26 de agosto de 2013

V.V.A.A. Poetes de Menorca "De l'angoixa a l'esperança" (Associació Espanyola Contra el Càncer, s.l.: 2010)
Compré el libro el día 23 de abril, con motivo del día del libro por aquello del aniversario de la muerte de Cervantes, en una de las paradas que, para la ocasión, había en la plaça des Pins de Ciudadela. Y lo compré, claro, por hacer país y por colaborar por aquello de y si un día me pilla a mí.
Y no sólo lo compré sino que lo leí. Y lo miré, porque la antología de poemas que forma el libro se ve salpicada de no malas ilustraciones con motivos arbóreos emparentadas, si no yerro, con algunos cuadros que se suelen ver en las dos o tres galerías de arte locales.

jueves, 22 de agosto de 2013

Repoblación forestal


Todo empezó en el gimnasio, en clase de aerobic. Voy dos tardes por semana, nos dan un buen tute y, luego, nos duchamos, nos vestimos y a casa. Más que en el gimnasio, el asunto empezó concretamente en el vestuario. La primera fue Paula y, al cabo de un tiempo, empezaron a seguirla las demás, Loli, Irene, Verónica... O sea, no es que yo me fijara, es que si todas salimos desnudas de la ducha, se ve a simple vista si una u otra lleva el perejil afeitado. Eso fue, que todas copiaron a Paula y yo tampoco tenía tanta confianza como para preguntarles por qué habían decidido llevarlo así. Para mí se lleva como se ha llevado siempre y luego, sobre todo en verano con el bikini, se recorta para que la pelambrera no asome.
Sin embargo, envidiosilla que es una, las miraba y pensaba si se lo habrían afeitado por capricho de sus novios o maridos o si por alguna moda moderna que yo tampoco me explicaba: ¿por qué va a afectar la moda a algo que no se suele ir enseñando por ahí? Pero caí en la tentación. No sé si por imitarlas y que no pensaran que yo era una antigua o si por Carlos, por lo de renovarse y buscar estímulos nuevos. Decidida, me lo afeité yo también.
Eso fue el jueves de la semana pasada. Y el viernes me dice Carlos a lo cursi que si cena romántica en mi casa. Llevamos dos años y ya desde el principio se lo dejé claro: lo que quieras, pero tú en tu casa y yo en la mía. O sea, que alguna noche se puede quedar a dormir. Porque, para él, cena romántica es comprar un par de platos preparados en el Delicatessen, cenar y polvete. Un día quiso que pusiera dos velitas para ambientar la cena y le dije que, habiéndose inventado las bombillas, para qué las velitas si además podía caer cera en el mantel.
Cenamos y al asunto. Entramos a la alcoba, él empieza a desnudarse en el lado que acostumbra y yo lo hago en el mío de espaldas. Acabo, me voy dando la vuelta despacio para echarle emoción y, cuando estoy ya completamente de frente, veo que me está mirando ahí con cara de tonto:
-¿Se puede saber qué ha pasado?
-Que quería darte una sorpresa?
-¿Y para eso has tenido que talar mi bosque preferido, el que anuncia el camino a Disneylandia?
-Las demás, en el gimnasio, lo llevan así.
-Pero yo no me acuesto con las demás. Me acuesto contigo. Y así soy incapaz.
-¿Por qué? Si no cambia nada…
-Pues porque así o me parecería que lo hago con una niña de diez años o con una puta de las que aparecen de noche por los canales porno, que todas lo llevan así.
-¿Y qué haces tú viendo los canales porno?
-No los veo, me salen solos haciendo zapping. Y ya te digo, yo así no lo hago porque, además, seguro que no armo.
Y venga con que seguro que él así no arma y yo venga a intentarlo con mil recursos que el pudor me impide detallar. Pero no, me dejó a dos velas porque ni armó el viernes a la noche ni el sábado al despertarnos, que volví a intentarlo por si lo cogía por sorpresa. Además, aunque siempre dormimos desnudos, me pidió que por favor me pusiera bragas no fuera a rozarme ahí con la pierna sin querer y luego tener pesadillas.
Al despedirse el sábado por la mañana mucho cuánto te quiero y mucho cariño por aquí y cariño por allá pero que las cosas eran así. Y aún me pidió, también con muchísimo por favor, que cada noche me hiciera ahí una foto con el móvil y se la mandara:
-Para ver cómo va progresando la repoblación forestal. Y cuando vuelvas a tener el bosque bien tupidito y frondoso…
Como soy sumisa y obediente, ya me tienes cada noche, y de momento sólo van cuatro y no veo avance alguno, enfocándome con el móvil y enviándole la foto. Dice que se las pasará al ordenador, las imprimirá y hará un álbum… Mientras tanto, yo a esperar. Y no, no se me ocurre buscarme otro novio con menos manías. Quiero a Carlos y más aún después de su argumento contundente:
-Con lo que me gusta a mí pasarte la lengua y después estar media hora escupiendo pelos…
Si en el fondo tiene razón, la culpa es mía por hacer caso a las del gimnasio y buscar aventuras. Pues eso, aquí estoy mirándome cada dos por tres a ver cómo avanza mi repoblación forestal.

domingo, 18 de agosto de 2013

Nada, Ma che freddo fa

Hubo un tiempo en que Eurovisión era un festival serio a pesar de admitir a Israel sin que se sepa por qué si, gracias a Dios y a Yavhé, no está en Europa. Eran los tiempos de Rafael, Salomé, Massiel, Julio Iglesias... Tiempos tan serios que no se permitió a Serrat presentarse cantando el La, la, la en catalán: ¿alguien se imagina el La, la, la en catalán? En gallego o vasco todavía, pero ¿en catalán...?
Bien, pues no sólo era popular y prestigioso ese festival sino otros como el de la canción del Mediterráneo. O el de san Remo en el contexto italiano, otro modelo de seriedad, tanto que aún se recuerda a Luigi Tenco y su suicidio en 1967 al no serle admitida en el concurso su canción Ciao, amore, ciao.
Y ahí vamos a parar, a la inolvidable canción Ma che freddo fa que Nada Malanima, esa cara angelical que vemos arriba y que debe de andar ya por los sesenta, interpretó en ese festival en 1969:



miércoles, 14 de agosto de 2013

Stefan Zweig, Una partida de ajedrez. Una carta

Zweig, Stefan, Una partida de ajedrez. Una carta (Espasa-Calpe, Buenos Aires: 1945)
Hemos leído, en parte por recomendación personal y en parte porque está en la lista de los desafíos que explicamos en otras páginas de este blog, estos dos relatos del autor austríaco.
Una partida de ajedrez, que ha sido también publicada con otros títulos semejantes es, al parecer, su obra más famosa. El tema es el enfrentamiento sobre el tablero de dos personajes completamente distintos, Mirko Czentovic y el doctor B. Y se nos narra la acción desde una primera persona que, casualmente, asiste a ese enfrentamiento con motivo de un trayecto en barco hacia Buenos Aires. Ese narrador nos da cuenta, también, de la historia de ambos personajes en sendos flash back:

sábado, 10 de agosto de 2013

Antología del relato negro, I

Varios autores, Antología del relato negro, I (Ediciones Irreverentes, Madrid: 2009)
Autores noveles, en la red, los hay a puñados. Fuera de la red supongo que también. La ventaja de la red es que pueden hablar entre ellos, discutir, opinar mutuamente sobre sus producciones... Otra cosa es el nivel: la red facilita lo de "yo tengo una idea, la desarrollo, la cuelgo por cualquier página y a ver -con frecuencia haber- qué pasa". Pero, ¿desde qué presupuestos escribo?, ¿qué novelas he leído antes de atreverme a redactar la mía?, ¿conozco suficientemente la gramática y la ortografía? Sí, hay autores que conocen sus limitaciones y van tirando modestamente. Pero otros...

martes, 6 de agosto de 2013

H.G. Wells, La guerra de los mundos

Wells, H.G. La guerra de los mundos (Margen, Barcelona: 1959)
Otra de las obras que hemos leído porque está en los catálogos de los desafíos que explicamos en las páginas a las que remiten las pestañas de la parte superior de este blog. Y entendemos que es una obra que, si ha alcanzado alguna celebridad, ha sido por la adaptación radiofónica de Orson Wells y, sobre todo, por sus consecuencias. Porque no pasa de ser una temprana (1898) novela de ciencia ficción en la que se narra una invasión de la tierra por parte de los marcianos. Quizá en la pluma de un Julio Verne... Aunque tiene alguna relación, por el tratamiento lateral de la ciencia, con otra novela del autor, La isla del doctor Moreau, de cuya película hicimos una reseña hace tiempo.
La historia se nos presenta en primera persona narrada seis años después por alguien que asistió a los hechos: Hace ahora seis años que el cataclismo se abatió sobre nosotros (7). Con ello ya se nos anticipa que el final no fue, como se podría suponer por el desarrollo de los acontecimientos, catastrófico. En efecto, ya en el capítulo I,1 se observa por el telescopio una explosión en la superficie de Marte de la que se sigue lo que aparentemente es un meteoro que caerá sobre la Tierra en las cercanías de Londres. Tal meteoro resulta ser un cilindro del que salen marcianos que fabrican ingenios en forma de trípode semejantes al de la ilustración y alrededor de los que va creciendo una hierba roja que todo lo invade. La consecuencia va a ser la destrucción de cuanto encuentran los marcianos a su paso avanzando hacia Londres. El narrador busca refugio para su familia y luego, al regresar a su casa, ve cómo nada puede el ejército contra la invasión y huye hacia Londres, que se va evacuando. Al final ocurrirá algo semejante a la intervención de un deus ex machina que, por lo artificial, no acaba de convencer: tanto los marcianos como la hierba roja que todo lo impregna sucumben ante las bacterias terrestres.
De algún mérito son ciertas reflexiones que se reparten por la novela:
  • La relatividad del hombre y la idea de que puede no ser el centro de todo: sentí una sensación de destronamiento, una persuasión de que yo no era el amo, sino un animal más entre los otros animales bajo el talón de los marcianos (103).
  • La fragilidad de Inglaterra como potencia, y no hemos de olvidar que estamos en 1898: se han instalado en buenas condiciones y cortado los brazos y las piernas a la nación más poderosa del mundo (108).
  • La necesidad, ante una catástrofe de consecuencias imprevisibles, de salvar el saber: Lo que nos hace falta es salvar nuestro saber y aumentarlo. Prepararemos locales especiales en sitios muy profundos, y llevaremos allí todos los libros que podamos. Nada de novelas, ni de versos, nada de tonterías, sino ideas, libros de ciencia, de ese género (112; y véase la coincidencia con el papel que Platón concede a los poetas en La república).

viernes, 2 de agosto de 2013

Walter Scott, Ivanhoe

Walter Scott
Scott, Walter, Ivanhoe (GP, Barcelona: s.f.)
He leído Ivanhoe por cumplir los desafíos que aparecen en las páginas que, con esos títulos, presento en las pestañas de la zona superior del blog.
De hecho, no sé si he leído la novela o la he releído, porque el ejemplar que he utilizado procede de la biblioteca de mi abuelo Domingo y recuerdo que hará ya más de 40 años pasaba tardes y tardes de verano leyendo de esos librillos económicos y minúsculos de la Enciclopedia Pulga que sacó ya desaparecida editorial GP. He conseguido en la red una foto de un ejemplar semejante al mío que vendían de segunda mano y la adjunto a la derecha.