Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 21 de julio de 2013

Ayer se me apareció Dios

Cala en Turqueta
Sí, ya sé que parece raro. Lo normal no es que se aparezca Dios sino la Virgen pero a mí -¡qué se le va a hacer!- se me apareció Dios. Sospecho que si no se me apareció la Virgen fue porque sólo se aparece -y me refiero exclusivamente a apariciones homologadas- a pastorcitos y yo ni lo soy ni he estudiado ningún módulo de F.P. pastoril. Dios, en cambio, se aparece pocas veces. Que yo recuerde sólo se aparece a Moisés en el Sinaí para decirle aquello tan famoso, al preguntar Moisés quién es la aparición, de Yo soy el que soy (Ex 3,14), burda imitación de lo que don Quijote responderá a su vecino Pedro Alonso cuando éste niegue que don Quijote es Valdovinos o Abindarráez: Yo sé quién soy (I,5).
Bueno, pues ya sin más pedanterías voy a explicar la aparición. El caso es que hoy, 21 de julio, en el barco de esta noche viene mi niño de 16 años a pasar unos días conmigo. Y como ya estoy harto de que cada vez que viene me haga ir a las mismas playas -sa Farola, cala Mesquida, Arenal d'en Castell- ayer me dije: "Voy a mirar las playas del sur de Ciudadela, que hace más de 20 años que no paso por allí, a ver cómo están -la distancia del aparcamiento hasta la playa, si hay o no chiringuito, cosas así- para ir con él"- Total, que hacia las 10 de la mañana, porque más tarde ya se llenan los aparcamientos de las playas, me cojo el camino de Sant Joan de Missa, que lleva a las playas del sur, y de entre todas las bifurcaciones escojo la que lleva a Cala en Turqueta. O sea, que podía haber ido a cala Macarella, a son Saura o a cualquier otro lugar, pero como el destino quería que se me apareciera Dios y Dios se iba a aparecer en cala en Turqueta, allá fui. Llego al aparcamiento y diez minutos -al menos- de camino para llegar a la playa que, como se ve en la foto de arriba, es un marco incomparable pero de los de verdad. Llego, escojo un buen sitio en la parte derecha junto a unas rocas, me monto la silla, extiendo la toalla, me baño y salgo del agua para echar un cigarrito y, como soy un intelectual, ponerme a leer, que llevaba -lo juro por esnupi- el Ulises de James Joyce y Du côté de chez Swann de Proust.
Y aquí viene la cuestión. Estoy sentado, llega un matrimonio con un niño de menos de dos años y se instalan a mi derecha. Miro y me quedo dudando si él es José Tomás. Me levanto, voy a la orilla que está llena de algas con medusas por debajo, él se acerca con el niño, le digo que cuidado y le pido a un crío de por allí una redecilla de esas que aquí llaman salabre para quitar una medusa que teníamos delante. Veo luego que la mujer le llama efectivamente Jose y me quedo convencido de que es José Tomás. Al cabo de un rato él está solo en el agua, me acerco y le entro: que si tú eres José Tomás, que si yo te vi dos veces en Barcelona y recordaré siempre la faena de la feria de la Merced del 2008 cuando te indultaron al toro Idílico, que si el que entiende de toros es mi padre y que a las dos comemos en un restaurante de Ciudadela y que, de parte de mi padre te invito porque si mi padre se entera de que he hablado contigo y no te he invitado a comer, me mata. Que si gracias pero van con el niño pequeño y tienen que volver al hotel en Punta Prima. Luego hablamos de lo triste que fue la abolición de los toros en Cataluña y cosas así.
Por cierto, haber asistido a la corrida del 2008 en Barcelona con la plaza a rebosar -claro, porque dicen que en Barcelona no había afición- es algo para contar a los nietos, algo así como haber estado subido en aquel tanque con el nombre de don Quijote escrito en la plancha y que fue el primero en entrar en París con los aliados, o haber estado en el festival de Woodstock fumando porros, o en el pelotón de fusilamiento de Companys... Porque hasta entonces, lo más emocionante que había vivido fue la evacuación de una ciudad en junio de 1987 y que me sirvió para aprender que el depósito del coche, mejor llenarlo cuando anda por la mitad.

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