Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 2 de mayo de 2013

César, La guerra civil

Cayo Julio César
Julio César, Guerra Civil. Autores del corpus cesariano, Guerra de Alejandría, Guerra de África, Guerra de Hispania (Gredos, Madrid: 2005)
Hace años escribí no recuerdo dónde que, para los momentos de tribulación, mi mejor receta es la lectura de los clásicos. Por eso ando releyendo La guerra civil de César, que traduje en bachillerato, en la edición, relativamente nueva, de los clásicos de Gredos que, además, aporta otros textos históricos que narran los hechos de la guerra inmediatamente posteriores a los presentados por César.
Cneo Pompeyo Magno
Y no hay lectura que no aporte algo nuevo. Así, si bien sabía que entre César y Pompeyo se daba una relación de parentesco por la que César era suegro de Pompeyo, lo que no sabía era que Julia, la mujer de Pompeyo hija de César, había muerto de parto en el 54 a. C. De ahí sólo va un paso a intuir que algo tendría eso que ver en las causas de la guerra entre ambos: a partir de los mitos de Edipo, Electra o lo que sea.
Otros aspectos curiosos se contienen en el libro:
  1. La reforma del calendario llevada a cabo por César en el año 46 a. C. y que por eso se llamará juliana. En efecto, a la altura de ese año, el calendario romano presentaba un desfase de 67 días.
  2. Los números de la impresionante batalla de Farsalia: cuarenta y siete mil hombres del lado pompeyano (III,8,5) frente a veintidós mil del cesariano (III,89,2). Siempre con números del propio César, sus bajas serán de doscientos soldados (III,99,1) frente a quince mil muertos y veinticuatro mil prisioneros pompeyanos (III,99,4).
  3. El tópico del moro traidor y mentiroso, que en literatura española está, al menos, en el romance de Abenámar (moro que en tal signo nace no debe decir mentira [de donde se sigue que los que nacen en otro signo las dicen]) y en las repetidas veces en que en el Quijote se dice que su narrador, Cide Hamete Benengueli, miente: se veían en África enfrentados a grandes tropas y a la incalculable caballería de una nación, encima, traidora (Guerra de África, 10,3).
  4. El uso de los elefantes en la guerra al modo de carros de combate como los que ya había visto Alejandro en la India: (Escipión) formó delante una línea con los treinta elefantes armados con torretas (Guerra de África, 30,2).

  

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