Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 30 de abril de 2013

Ada Castells, Pura sang


Ada Castells, Pura sang (Edicions 62, Barcelona: 2012)
Otra de las novelas leídas y comentadas en el club de lectura que se reúne los terceros sábados de cada mes en la Casa de Cultura de Ciudadela de Menorca, y en este caso, el último 16 marzo.
Una novela bien construida en principio. Lo decimos así porque el final desconcierta. El argumento gira alrededor de una mujer de Barcelona que contrae matrimonio con un hijo de buena familia menorquina. Van a vivir al campo menorquín, tienen un hijo y, en seguida, el marido la deja de lado por sus negocios y por su relación con una prima. Ella intenta en vano salir adelante mediante su afición a la pintura pero irá hundiéndose más y más a medida que su suegra vaya monopolizando al niño; entra en relación con el jardinero, descubre que éste cría de forma semioculta a otro niño y volcará en él su instinto materno. La acción se acelerará cuando se sepa que el hijo biológico padece una enfermedad que sólo se puede curar mediante un trasplante del otro niño…
Está narrada en forma epistolar. La madre se dirige a su hijo biológico intentando justificar su comportamiento (tu ets l’únic que mereix una explicació [13]): su caída en el alcohol al sentirse marginada, su relación con el jardinero, su dedicación al otro niño, el regreso a Barcelona... La cuestión estriba en que, por el final abrupto, parece ponerse en cuestión la misma existencia de ese hijo y, por tanto, toda la novela. En efecto, hacia la zona final los personajes que rodean a la narradora le hacen ver que un personaje, Àngel, por el que ella se sentía acosada en Menorca y, luego, en Barcelona, no existe; pues bien, en el penúltimo párrafo de la novela aparecen reunidos todos los personajes, incluso ese Àngel (Noto una gelor inesperada. Han vingut tots. L’Àngel, també. [185]), apuntando a que todo ha sido un delirio. Recuerda, en cierto modo, el final de películas como El sexto sentido o Los otros en que se da la vuelta a todo lo que hasta entonces creíamos real. Quizá así adquieran sentido ciertos aspectos chocantes de la obra como la de las frases iniciales (Mai no tornaré a tenir fills. Durant quatre anys vaig viure un infern per culpa d’aquest error. [13]) en las que se le dice claramente a ese supuesto hijo que ha sido un error. Ocurre, no obstante, que a un lector poco avezado se le puede pasar por alto el detalle porque la narradora se va dirigiendo a un tú no específico (tu est l’únic [13]) y sólo después, dejada atrás la afirmación de que el haber tenido hijos es un error, sabemos que se está dirigiendo a un hijo suyo (Em sap greu dir-t’ho, fill [15]) y nunca a un hijo se le diría que es un eror; o los detalles que da de que se masturba (jo m’havia de consolar, a la nit, sola [88]; em vaig consolar sola [129]) o no se masturba (espero sense tocar-me [251]) o practica una felación (el vaig rebre amb la boca [212]), detalles, todos ellos, que una madre nunca explicaría a un hijo. Quiero con ello decir que tal hijo puede muy bien no existir y, en cadena, muchas otras cosas. Hay aspectos, incluso, que apuntan a esa sugerencia sobre el parecido con El sexto sentido y Los otros: la casa en la que vive la narradora em queia al damunt, (era) la meva llosa de marbre (21) y, así, puede decirse que escribe desde más allá de la muerte; a la misma dirección señalan motivos que rodean a ese personaje, Àngel, que la acosa (individu tan tètric [36], vestit de negre… es movia com si no entrésen contacte amb la materia… em va provocar un calfred [37], gelor [185]).
En cuanto a los elementos narrativos, el tiempo aparece muy marcado y medido a partir de su llegada a Son Blanc, la finca menorquina: els dos primers mesos (15), Després de quatre mesos a la finca (16), Feia mig any que érem a Menorca (23); o según la edad del hijo: El dia que vas fer els dos anys (38).
El espacio está concebido en principio como ideal; al llegar a Menorca m’omplia els ulls d’aquella calma que encara ara se’m fa estranya (13); y el marido se lo presenta como el más idóneo para dedicarse a su afición, la pintura (allí tindràs llum, espai i tot el temps del món per dedicar-te a l’obra [15]). Se parte de un motivo, los campos de cereal (enmig dels camps d’ordi ([13]) al que luego se volverá cuando la narradora trate de plasmar su conflicto en la pintura y, así, cuando intente un cuadro con una mujer que huye, ésta era cap als camps d’ordi, però estaba massa sola enmig del quadre (36); por supuesto, la mujer pintada se convertirá en reflejo suyo: (jo) no era prou forta per fugir camps d’ordi enllà. Com la dona del quadre patia l’abisme (38); m’havia decidit a rascar la dona que fugia dels camps d’ordi per convertir-la en una figura mès viva (103), la dona fugint pel camp d’ordi era la prova que jo abandonaría Son Blanc (135), la dona del quadre… ara no semblava que fugia pels camps d’ordi, sinó que s’hi estaba palplantada (196)…  Quizá sería de resaltar la oposición entre Menorca y Barcelona en el sentido de que, si en Menorca la narradora está inmóvil y encerrada en la finca de Son Blanc, en Barcelona se moverá constantemente y de forma caótica.
Los personajes están presentados en paralelos y oposiciones: Arturo, el marido, no actúa prácticamente como padre de su hijo mientras que el jardinero sí que actúa de padre, sin serlo, del otro niño; y los dos tienen edades parecidas e incluso se sugiere que son hermanastros (el jardiner… Fill d’una antiga criada, tenia una edat similar a la del teu pare [19]). De ahí se llegará a que la narradora prácticamente sustituya su familia por la otra: M’havia pres la criatura del cobert com el meu nen Jesús, exclusiu per salvar-me de la culpa d’haver-te desatés (92); el nen del cobert era el meu Anselm. El jardiner era el meu Anselm. Jo era la seva Sílvia (102); em veía com una figura sagrada, una dona amb un fill malalt, la marededéu amb el futur crucificat entre els braços (211).
De otro modo se oponen la narradora y su suegra: no sólo por edad y carácter sino incluso por asociaciones a la pintura y, así, la suegra había pintado de joven unas naturalezas muertas que la nuera considera un horror (44) y, además, guarda sus joyas a la caixa forta camuflada rere el retrat més horripilant de tots (39) y que resultará ser de su madre.
Quizá sea de resaltar la evolución psicológica de la narradora que va hundiéndose en la depresión y caerá en el alcohol. Ello le llevará, incluso, a dialogar con la mujer del cuadro: amb l’eufòria del gin, pujaba a pintar… la dona em deia: “Sílvia, marxa d’aquí; t’estan destrossant, fuig amb mi” (60); Va  ser la dona del quadre qui em va fer un ultimátum: “O hi poses remei o desaparec” (63). Aunque, del lado positivo, será justamente la pintura su modo de aproximación al niño que cría el jardinero que, en principio, parecía autista: Cada matí jo li anava pintant una nova figura (88); Les setmanes següents vam repetir el ritual dels dibuixos (90).
No creo que la novela merezca mayor comentario. Ni pasará a la historia ni sirve para que nos movamos de nuestra convicción de que, tras el siglo XV, la literatura catalana no existe. Una última cosa, eso sí: que si esta foto de la autora no miente, ella sí que merecía un buen comentario de texto.


1 comentario:

  1. Casualmente veo que en el diario Menorca del 17/4/13 aparece un artículo escrito por Joan Pons de título "Romanial" (eso es una flor) dedicado a esta novela. Dice literalmenteque "havia d'haver estat, segons la modesta opinió del cronista, el llibre de l'any". Bueno, no sé. Pero pregunto: la autora, ¿se ha leído a los clásicos?

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