Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 27 de febrero de 2013

Miquel Àngel Casasnovas, Història de Menorca

Casasnovas, Miquel Àngel, Història de Menorca (Moll, Palma: 2005)
Impresionante la labor del historiador menorquín al compendiar en un volumen asequible la historia de la isla desde los primeros datos hasta prácticamente la actualidad. Y partiendo de los antecedentes que se suponen: la historiografía anterior o estado de la cuestión y las condiciones geográficas, sobre todo el hecho insular, que condicionarán el devenir histórico y el carácter de los habitantes. Curiosas de momento son las notas sobre los patrones de medida menorquines por los que la distancia de Barcelona a Zaragoza se calcula como seis veces la de Mahón a Ciudadela (32); o la ignorancia para un menorquín de lo que ocurre en las otras baleares (36) aunque añadiré de cosecha propia que esa ignorancia también impera entre zonas de Menorca: ¿o es que los de Ciudadela están pendientes de lo que pasa en Mahón o viceversa?

Por lo demás, multitud de datos y notas curiosas ya desde la prehistoria: la posibilidad de que ciertos espacios subterráneos hayan sido utilizados como escenario de viajes iniciáticos en los que se encendían hogueras (63); la ausencia de vid y olivo en época talayótica (74) aunque más tarde Plinio alaba el vino balear (121); las consabidas tropas mercenarias de honderos baleáricos ya desde el siglo V a.C. (99); el hecho de que, con la conquista musulmana, la mayoría de cristianos se convierten al Islam para liberarse del pago de impuestos (136); el fuerte dispositivo de vigilancia de los musulmanes para controlar las naves que se aproximaban a la isla (168); la producción lírica de los poetas arábigos, en línea con la poesía arábigo-andaluza publicada en su tiempo por Emilio García Gómez, y donde destaca Sa'id ibn Hakam: Si jo fos porter d'una de les portes del Paradís, diria: Entrau, oh gents de Menorca i instal·lau-vos a la part més alta! (174); la aniquilación de la sociedad musulmana con motivo de la expansión militar catalana (175; y nótese el dispar tratamiento que suele dar la historiografía: la conquista será válida depende de quién conquiste y quien sea el conquistado; es decir, que utilizando por analogía según qué criterios, la lengua propia de las Baleares es el árabe); la presencia de judíos como en el resto de la península: en núcleos urbanos, dedicados a actividades mercantiles y financieras y con imposibilidad de participar en las instituciones políticas (202); la introducción del ganado porcino tras la conquista cristiana (204); los datos sobre el primer corsario menorquín, Llorenç Bertran, ya en 1323 (206); la economía de la Baja Edad Media con la dedicación a pastos de terrenos dedicados al cultivo o el comienzo de la industria textil y zapatera (221-222); las tensiones entre banderías, comunes con el resto de la península, en el siglo XIV, que culminan con los episodios antijudíos de 1391 (231) de modo que el edicto de expulsión de 1492 no tendrá efectos en la isla por no quedar ya judíos (243); el episodio del saqueo de Mahón por parte de Barbarroja en 1535 y, como consecuencia, la idea de San Felipe para proteger la entrada al puerto (245-249); el posterior ataque a Ciudadela en 1558 (256-263) con una visión antiheroica del hecho histórico haciendo mención de la apropiación, por parte de quienes se habían salvado, de las posesiones de los cautivos, o con el caso DE Joan Seguí, que se dedicaba a la redención de esclavos, datos estos últimos que parecen inspirar la novela Els herois de la nit de Josep Maria Quintana, que reseñábamos aquí; la habilitación, durante el siglo XVI, de un sistema de vigilancia de la costa consistente en atalayas para protección de las incursiones corsarias (274).
Es interesante, al llegar al XVIII, el distingo establecido por el autor entre dominaciones y ocupaciones militares (312) como paso previo a la historia de la isla bajo bandera inglesa, francesa o española. Así aparece ya el quasimítico gobernador Kane: en noviembre pasado, por cierto, con motivo del tercer centenario de la llegada de Kane a la isla, el autor escribió un conjunto de artículos en la prensa menorquina en la que trataba de desposeerle de esa cierta aureola mítica lo que provocó cierta polémica; del mismo modo aquí observa cómo ciertas medidas adoptadas por Kane, como la importación de ganado o la introducción de nuevas especies de frutas, iban más encaminadas a la provisión de las tropas que al desarrollo de la economía menorquina (326). Es de notar también el dato del  envío a Menorca, por parte de la corona británica, de Henry Neal para elevar un informe sobre la situación de la isla: el resultado será un informe con un mapa, noticias sobre economía, población... (316);  ese trabajo, que por lo demás se puede enmarcar en la la literatura de la época sobre descripciones geográficas, nos parece comparable al Voyage pittoresque et historique en Espagne (1806-1820) de Alexandre de Laborde que de algo sirvió para la invasión napoleónica. En cuanto al propio Kane se resaltan sus tensiones con las instituciones municipales (universitats) menorquinas (318) así como las de sus sucesores (322), pero también su obra pública de tipo militar: refuerzo de San Felipe con el fuerte Malborough y el conocido camino d'en Kane para movimiento de tropas entre Ciudadela y San Felipe (324). Sea como fuere, el período británico será económicamente positivo para la isla: estimulará la agricultura para proveer a las tropas y se moverá el dinero de su paga y de las inversiones en el puerto de Mahón que, a su vez, atraerán comerciantes extranjeros, sobre todo griegos y judíos (327). Es a su vez el período de auge del corsarismo menorquín sobre el que ya se han comentado aspectos en el presente blog; el motivo será la guerra entre la Gran Bretaña de un lado y Francia y España del otro a propósito de la independencia americana; se armaron multitud de naves corsarias sobre todo con base en Mahón y se llegaron a capturar 225 presas en tres años (344).
Y hasta aquí nuestra lectura que, sin querer, se ha ido convirtiendo en resumen. Por supuesto el texto abarca hasta prácticamente la actualidad, pero la Menorca contemporánea es época que no nos interesa tanto.
Por último, notaremos alguna cuestión de tipo estilístico o formal como la siguiente argumentación, que parece tautológica: Les dades a l'abast no permeten identificar a Menorca la presència de comunitats clarament neolítiques, si bé aixó pot ser atribuït al fet que no s'ha localitzat cap jaciment d'aquestes característiques (54); o una minucia como les circumstàncies d'aïllament en què es trobava l'illa (454).
Y un detalle: mientras que primero se citan las ciudades menorquinas en época romana bajo los nombres de Mago, Iamo (113), después se dice que apareixen amb el nom feminitzat durant el Baix Imperi (133), esto es, en las formas Magona, Iamona: intuyo que la razón puede estar en el uso del nombre de la ciudad como aposición de los sustantivos femeninos urbs, civitas en la forma urbs Magona, civitas Iamona.

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