Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 8 de enero de 2013

El traslado de mi biblioteca

Pues nada, que pasadomañana, jueves 10 de enero, voy a trasladar parte de mi biblioteca, todo lo que me cabe en el coche, en el barco de la imagen, el Alhucemas de la compañía Balearia, a Menorca. Y es impresionante lo que abultan los libros porque, o yo tengo muchos o mi coche es pequeño. Estoy en proceso de cargarlo y por lo que llevo no me entra ni la quinta parte de todo lo que tengo. Es el último paseo que le doy a los libros, que ya antaño se estuvieron seis años en Ginebra; luego ya, que mi hijo decida lo que quiere hacer con ellos aunque no desecho que, llegado a la vejez, me dé por tirarlos a la basura en un acto de iconoclastia total acompañado de sus gotas de demencia senil.
Ah, bueno: no sé si nadie con biblioteca abundante se ha hecho la pregunta de si le queda tiempo de vida suficiente para leer todos los libros que tiene por las estanterías. La conclusión sería, en buena lógica, no comprar más. Pero uno siempre cae en la tentación.
Lo otro, claro, es lo de los libros virtuales que no ocupan espacio físico. Pero supongo que quedamos aún muchos que pensamos eso de que para que un libro lo sea tiene que tener volumen. Yo, que gusto de estirar la cabeza, cuando veo a alguien leyendo en un transporte público, para enterarme de qué lee, me encuentro incapaz de hacerlo si lee en un tableta o como se llame: allá él.
También podría ser que el barco naufragara y los libros se fueran al fondo del mar: una vez imaginé algo así con una novela que caía al agua y sus letras se desprendían del papel combinándose luego al azar para ir formando una y otra vez novelas nuevas. Casi idea de Borges si se me permite la inmodestia.

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