Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 30 de enero de 2013

Glosas menorquinas, I

Un ejemplo del folclore menorquín, las glosas, que parece sacado de los programas andarines del malogrado José Antonio Labordeta (y apréciese el botijo y la botella de ginet). De momento presentamos el vídeo y, en la próxima entrada, procuraremos enmarcar las glosas dentro de la lírica popular porque, como se ve, se pueden relacionar con otras manifestaciones que van desde el flamenco hasta las improvisaciones de los versolaris vascos.



sábado, 26 de enero de 2013

Apuleyo, Apología. Flórida

Apuleyo, Apología, Flórida (Gredos, Madrid: 1980)
Siguiendo esa manía de leer a los clásicos de Gredos, he pasado por este volumen de Apuleyo, del que ya leí El asno de oro, una de las fuentes del Lazarillo. En principio no tiene ningún interés actual porque una, la Apología, es una mera pieza de oratoria forense y la otra, la Flórida, un ramillete de ejercicios retóricos.
Ahora bien, merece la pena haberlo leído sólo por haber encontrado uno de esos complejos silogismos que me gustan, una paradoja, silogismo bicornudo o como se le quiera llamar.

martes, 22 de enero de 2013

Albert Sánchez Piñol, Victus


Sánchez Piñol, Albert, Victus (La Campana, Barcelona: 2012)

No.
No es la primera vez que empiezo la crítica a una obra con la negación. Voy a poner ahora dos negaciones coordinadas:
no y no.

Resumiendo: es de lo peor que he leído en los últimos tiempos. Sin alcanzar el nivel de Entrevías de J. L. Clemente que ya reseñé en el blog pero de lo peorcito: tanto, que si yo fuera el autor me exiliaba hasta que se olvidaran de mí. Ah, bueno, ya se sabe que el éxito de público no implica calidad y ahí está la obra entera de un Marcial Lafuente Estefanía que, por lo menos, sabía escribir en castellano.

viernes, 18 de enero de 2013

Fernando Corbalán, La proporción áurea. El lenguaje matemático de la belleza




Corbalán, Fernando, La proporción áurea. El lenguaje matemático de la belleza (RBA, s.l.: 2010)
Un libro de quiosco, sí, pero va mucho más allá de lo meramente divulgativo. Lo compré porque sobre la proporción áurea (Φ) yo sabía poco más allá de que es aquella que guardan los lados del rectángulo de una tarjeta de crédito, de un D.N.I. o de un paquete de tabaco, o aquella a la que tienden los números de la sucesión de Fibonacci cuando se va dividiendo progresivamente cada uno por su anterior: así, 1/1 = 1; 2/1 = 2; 3/2 = 1,5; 5/3 = 1,666; (...); 21/13 = 1,615348; (...); 121393/75025 = 1,618339887... = Φ (1).

lunes, 14 de enero de 2013

Jonathan Swift, Los viajes de Gulliver

Swift, Jonathan, Los viajes de Gulliver (Los libros de Plon, Salsadella: 1982)
Con los años que tengo supongo que ya era hora de que leyera esta obra. ¿Y qué decir de ella o desde qué punto de vista hablar? Lo haré como otras veces, por puntitos:
  • En cuanto a la estructura habría que decir que es una novela concebida en sarta, esto es, por mera adición de aventuras o viajes con sus respectivos países. Se aproxima así a la novela primitiva, a géneros como el caballeresco en que los episodios son intercambiables sin que se resienta la estructura. Ahora bien, a diferencia de ese tipo de novela, aquí el protagonista evoluciona al vivir esos episodios y va cayendo progresivamente en una visión pesimista del hombre que le llevará, al final, a huir de su propia familia (303).

jueves, 10 de enero de 2013

domingo, 6 de enero de 2013

El traslado de mi biblioteca

Pues nada, que de aquí cuatro días, el 10 de enero, voy a trasladar parte de mi biblioteca, todo lo que me cabe en el coche, en el barco de la imagen, el Alhucemas de la compañía Balearia, a Menorca. Y es impresionante lo que abultan los libros porque, o yo tengo muchos o mi coche es pequeño. Estoy en proceso de cargarlo y por lo que llevo no me entra ni la quinta parte de todo lo que tengo. Es el último paseo que le doy a los libros, que ya antaño se estuvieron seis años en Ginebra; luego ya, que mi hijo decida lo que quiere hacer con ellos aunque no desecho que, llegado a la vejez, me dé por tirarlos a la basura en un acto de iconoclastia total acompañado de sus gotas de demencia senil.

miércoles, 2 de enero de 2013

El hobbit: un viaje inesperado

Cate Blanchett
El hobbit: un viaje inesperado (The Hobbit: An Unexpected Journey, Peter Jackson, 2012)
Pues nada, que el día 24 de diciembre mi niño me sacó al cine a ver El hobbit. Y, de momento, va a ser que no. Quizá cuando la vea media docena de veces... pero de momento, no y no.
Resumiendo la razón: todo lo que tenía que decirnos visualmente el director ya nos lo dijo -y muy bien- en la trilogía dEl señor de los anillos: valga como ejemplo que aquí el submundo de los orcos es eco del que ya nos había presentado en la torre de Saruman; o esas repeticiones de grandes estatuas flanqueando puertas que ya estaban en el río Anduin cuando la compañía llegaba a Gondor.
Para mi gusto sólo se salva Gollum, que es mi héroe particular y, si me pongo, el verdadero héroe de toda la serie porque es el único que sabe habitar el bien y el mal, no como Frodo, Gandalf, los orcos, que no ven más mundo que el suyo. Y de la película se salva también, por supuesto, la nena de arriba: pero ello no es mérito de Tolkien ni de Peter Jackson.
Por último, una pregunta. Vamos a ver, Peter Jackson, que yo me leí El señor de los anillos y El hobbit allá por los ochenta en las ediciones de Minotauro: si el grosor dEl hobbit es la mitad de cualquiera de los tres tomos dEl señor de los anillos, ¿no te parece un poco desproporcionado dividir El hobbit en dos partes de modo que dure el doble que cualquier parte de la trilogía?  Dicho de otra manera: guardando las proporciones, El hobbit tendría que durar la mitad y no el doble que, por ejemplo, La comunidad del anillo.