Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 28 de diciembre de 2013

Cataluña libre o la tierra prometida

Vamos a imaginar a alguien catalán de toda la vida. De 30 años, de nombre Jordi, por supuesto, y con sus dos apellidos catalanes. Nació y vive en alguno de esos rincones de la Cataluña profunda -Vich (sic), Ripoll, Calaf.... Recibió una educación normal, esto es, basada en la hispanofobia: la última guerra civil la convocaron los españoles con la sola intención de acabar con la lengua catalana; en Madrid lo único que quieren, por pura envidia, es acabar con Cataluña; meneársela no es pecado si uno lo hace pensando en la virgen de Montserrat... Supongamos también que decide casarse con una pubilla de su tribu de nombre Nuria y con otros dos apellidos catalanes. Mira sus ahorros, habla con el padre y su futuro suegro, y decide que, si quiere comprar un piso, ha de pedir una hipoteca. ¿A dónde acude a pedirla?: a la Caixa, por su convicción de que es un banco catalán por los cuatro costados; el pobrecito Jordi, llevado de su ignorancia, no sabe que el capital no tiene patria ni ideología y cree que el BBVA, Santander... son, por españoles, bancos fascistas. Pero a los efectos de lo que vamos a contar da lo mismo que solicite su hipoteca en la Caixa que en el ING Direct.
Llega el día del supereferéndum y él, al igual que otros Jordis de apellidos García y Martínez que piensan que votando que sí por fin les perdonarán que sus abuelos hubieran nacido en el sur y hubieran llegado en la patera de Almería, vota a favor de la independencia por sus mil razones personales: porque al día siguiente Cataluña será la Arcadia donde entonces sí se atarán los perros con longanizas de Olot, porque Messi correrá a cambiar su pasaporte sudaka por un D.N.I. con la cuatribarrada y la selección catalana podrá ser campeona mundial de fútbol con Guardiola de entrenador....
Supongamos ahora que por ese proceso o por decisión gratuita del dictadorcillo tribal, Cataluña pasa a ser independiente. Consecuencias:
-Se ha de adoptar una nueva moneda. Llámese pujolet, virolai o, como antes, peseta. Y la nueva moneda habrá de fluctuar -lo que antes llamaban la serpiente monetaria- con el resto de divisas. Y ya se avisó de que la depreciación que se le calcula a esa nueva moneda rondará el 30%. Y no digamos cuando emitan deuda pública cómo se pondrá la prima de riesgo y cuánto se divertirán los especuladores con un valor que, por estrecho, será pura volatilidad.
-Por lógica aplastante, en los días, semanas, meses anteriores se habrá producido, por el principio de que el capital es cobarde, una evasión de capitales del todo lícita: hacia España u otros países de la zona euro; o ilícita hacia Andorra, Suiza, paraísos fiscales... Por cierto dentro de la evasión lícita está mi familia: por pura humildad no voy a decir el dinero que hemos sacado estos dos últimos años mi familia y yo, pero sí diré que antes del verano sacaré otros 150.000 euros. Calcúlese, pues, el que estarán sacando los mismos convergentes, esto es, los nietos de aquellos que tanto rezaron para que, por fin, las tropas nacionales entraran en Barcelona y los liberaran de anarquistas y comunistas, y les devolvieran sus fábricas y palacetes expropiados.
-A todo ello se puede añadir que Cataluña se habrá de hacer cargo de la parte proporcional de la deuda española, que habrá de gastar todo lo necesario -y ya ha empezado a ello sin esperar al referéndum- para dotarse de estructuras de estado... (Y no voy a caer en el argumento fácil de los quirófanos cerrados mientras eso ocurre).
Y ahora la conclusión: ¿qué le pasará al pobrecito Jordi el primer fin de mes? Pues que su nómina de 1.000 euritos se habrá convertido en otra nómina de -pongamos- 200.000 virolais que, al cambio, serán 700 euros. Bien, no pasa nada hasta que al día siguiente le cae la hipoteca y se le queda la cuenta a cero. Acude a su agencia de la Caixa a pedir explicaciones y -¡oh sorpresa!- le dicen que, como la hipoteca la ha firmado en euros y su nómina ahora, con la nueva moneda, no alcanza... Llora, jura, perjura y se dice: pero si los malos son los españoles y los buenos, entonces, somos los catalanes, ¿cómo un banco catalán me puede hacer eso a mí, que llevo la cuatribarrada tatuada en el alma?
Corolario: el pobrecito Jordi con su fidelísima Nuria embarazada de un Oriolet deshauciados por el banco catalán en el que tanto confiaban.

martes, 24 de diciembre de 2013

Andrea Camilleri, La caccia al tesoro

Camilleri, Andrea, La caccia al tesoro (Sellerio, Palermo: 2010)
Hace ya más de un año que reseñamos en una misma entrada dos novelas de Camilleri de la serie dedicada al comisario Montalbano. Ahora volvemos con esta no sin antes explicar una anécdota: compré el libro en agosto del presente año en la librería Laie de Barcelona y lo empecé a leer en un viaje en barco de Barcelona a Ciudadela el día 14 de agosto, víspera de la Virgen porque por eso viajaba, para llegar a punto del santo de mi madre. Pero con las precipitaciones me lo olvidé en el barco; volví al día siguiente a la estación marítima y después de muchas gestiones acabé por dar el libro por perdido. Total, que hube de recomprarlo este pasado sábado en la misma librería y, como ya lo he leído, no creo que lo vuelva a perder en el barco en el que vuelva a Menorca hacia el 10 de enero.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Alessandro Baricco, Mr Gwyn

Alessandro Baricco (Turín, 1958)
Baricco, Alessandro, Mr Gwyn (Feltrinelli, Milán: 2013)
Esta novela es la propuesta del Ateneo de Mahón para discutir en la tertulia literaria correspondiente a este mes de diciembre. Y lo primero que diré es que es una novela bonita y extraña. Y no sé si es bonita porque es extraña o viceversa. Tampoco sé si he entendido todo lo que tenía que entender: bien se me escapado alguna clave por mi empeño en leerla en italiano cuando mi comprensión no es total, bien lo que ocurre es que la novela no tenga ninguna pretensión de trascendencia. De momento copio, de la página oficial de la editorial Feltrinelli, lo siguiente: Jasper Gwyn diceva che tutti siamo qualche pagina di un libro, ma di un libro che nessuno ha mai scritto.
Y de la misma fuente aporto el siguiente párrafo, que coincide con la contraportada y puede servir para dar una idea del argumento:
Jasper Gwyn è uno scrittore. Vive a Londra e verosimilmente è un uomo che ama la vita. Tutt’a un tratto ha voglia di smettere. Forse di smettere di scrivere, ma la sua non è la crisi che affligge gli scrittori senza ispirazione. Jasper Gwyn sembra voler cambiare prospettiva, arrivare al nocciolo di una magia. Gli fa da spalla, da complice, da assistente una ragazza che raccoglie, con rabbiosa devozione, quello che progressivamente diventa il mistero di Mr Gwyn. Alessandro Baricco entra nelle simmetrie segrete di questo mistero con il passo sicuro e sciolto di chi sa e ama i sentieri che percorre. Muove due formidabili personaggi che a metà romanzo si passano il testimone, e se a Mr Gwyn tocca mischiare le carte del mistero, la ragazza ha il compito di ricomporne la sequenza per arrivare a una ardita e luminosa evidenza.

Analizaremos la obra a partir de los centros de interés:

lunes, 16 de diciembre de 2013

El hobbit: La desolación de Smaug

El hobbit: La desolación de Smaug (The Hobbit: The Desolation of Smaug, Peter Jackson, 2013)
Avanzo la conclusión, que va a ser la misma que el año pasado expliqué aquí a propósito de la primera parte dEl hobbit: vaserquenó.
Y me limito a repetir la mayoría de cosas que dije entonces:
  • Que también fue mi niño unigénito quien me llevó al cine a verla ayer 15 de diciembre.
  • Que si el texto dEl hobbit es la sexta parte del dEl señor de los anillos según se desprende al ver las ediciones de Minotauro, es un despropósito dedicar el mismo tiempo fílmico a los dos textos.
  • Que una de las maneras de hinchar la película es a base de falsificar el texto de Tolkien introduciendo personajes que no estaban en él como la elfa Tauriel o Légolas. Se supone que la primera aparece por lo de que siempre ha de aparecer una tía buena y el segundo como concesión al público menos exigente, que busca una mayor cohesión con El señor de los anillos. Más grave aún es la subintriga alrededor de ambos personajes: Tauriel oscilando amorosamente entre Légolas y el enano Kili.
  • Que la introducción de un personaje femenino gratuito conlleva un problema, el escoger a la actriz, en este caso la Evangeline Lilly de la foto. Por supuesto, no vamos a decir que no está buenísima pero sí que, a nuestro entender, no es la ideal. Porque si con las elfas dEl señor de los anillos nos acostumbró a las bellezas pluscuamperfectas y, a la vez, dulces y angelicales de Cate Blanchett y Liv Tyler, en Evangeline Lilly, si bien pluscuamperfecta, no vemos ni lo angelical ni la dulzura.
  • Que ya se ha agotado la fórmula: si ya se hizo un derroche de imaginación para presentarnos un Rivendel altamente preciosista lo lógico es que defraude con la pobre ciudad élfica del bosque. Lo mismo vale para los inframundos: por más que lo recubra de tesoros no alcanzará a superar ni las minas de Moria ni la torre de Sauron. Quizá se salve la ciudad del lago construida de un modo que a la vez sugiere Venecia, los palafitos, un zoco árabe y el Tenochtitlan que encontraría Hernán Cortés.
  • Que si lo de caracterizar a un enano como una mezcla de Astérix y Obélix es intencionado, mal: son mundos tan diferentes... y que nadie me salga con que es un guiño a qué se yo... Y si no es intencionado es falta de imaginación.
  • Que lo que sí se salva en la película es la música final que no pude acabar de oír porque a mi niño le dio la prisa por salir del cine. Resulta haber sido compuesta por el británico Ed Sheeran y tiene un fondo celta más que apropiado. La he encontrado en el yutú:


    Aunque lo que está claro es que la noticia cinematográfica del día es la muerte de otro de los grandes de antaño, Peter O'Toole. Reconozco -o presumo de- no haber visto Lawrence de Arabia (ni Casablanca ni Lo que el viento se llevó) pero siempre he considerado a Peter O'Toole un gran actor. Sí lo recuerdo en Adiós Mr. Chips (1969), que vi de estreno; y en la serie televisiva Masada haciendo de general romano (1981). Y hoy me acabo de enterar que participó en una versión de Calígula (1979) protagonizada por el gran Malcolm McDowell, el que alcanzó la eternidad con una de las últimas películas visibles de la historia, La naranja mecánica.

    jueves, 12 de diciembre de 2013

    Manuel Puig, Boquitas pintadas

    Puig, Manuel, Boquitas pintadas (Seix Barral, Barcelona: 1984)
    Otra obra leída para cumplir desafíos y, como la anteriormente reseñada, de la colección Literatura contemporánea Seix Barral.
    El argumento viene a consistir en una serie de historias de amor entrecruzadas y centradas alrededor de un personaje principal, Juan Carlos Etchepare; unas son sinceras, otras de conveniencia, otras por puro sexo... Y se nos cuentan en un tono que oscila entre la novela rosa y el melodrama.
    Desarrollo los aspectos de interés:

    domingo, 8 de diciembre de 2013

    Nelson Mandela: iconos e iconoclastias

    Hace cuatro días fue lo del aniversario del asesinato de Kennedy y ahora le ha tocado a Nelson Mandela. Aburre el modo que tienen de hinchar las noticias: hasta parece que le estén dedicando más tiempo a su muerte que la que dedicaron a Mikel Jackson (o como se escriba). Y hoy he oído por Radio Nacional no sólo que mañana le dedican por la tele un programa especial sino que hasta ahora no se podía dar por cerrado el siglo XX porque sobrevivía la que no dudaban en llamar su última gran figura.
    Yo, la verdad, no veo que sea para tanto pero pregunto: si aún no se ha podido superar la muerte de Amália Rodrigues ¿qué más da que haya muerto Nelson Mandela?

    Addenda del 10/12/13: era cierto lo de que a Nelson Mandela le iban a dedicar un superprograma, pero ha sido hoy por la radio. Cojo el coche a las 9:30 para hacer un recado y Radio Nacional ya estaba mareando con el asunto; vuelvo a coger el coche a las 12:45 y seguían. Han dicho, eso sí, que desde el fin del apartheid la diferencia económica entre blancos y negros es mayor. Sin comentarios.

    miércoles, 4 de diciembre de 2013

    Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel

    Bioy Casares, Adolfo, La invención de Morel (Seix Barral, Barcelona: 1985)
    Otra de las muchas novelas para avanzar en el cumplimiento de los desafíos explicados en otras páginas de este blog. ¿Y cuáles son las alternativas que se abren cuando, tras leer un texto, uno no entiende gran cosa?: 1ª) Releerlo cuantas veces sea menester; 2ª) Acudir a la red y, como quien pide auxilio, consultar -sin pasar por la güiquipedia, por supuesto- qué han dicho otros lectores de la obra. Opto por la primera alternativa y decido que ya volveré a leer más adelante la obra si tengo ganas.

    sábado, 30 de noviembre de 2013

    Raúl Dans, Un corrent salvatge

    Dans, Raúl, Un corrent salvatge (Arola, Tarragona, 2013)
    Debe de ser la única ocasión en que he leído un texto apenas 13 días después de haber salido de la imprenta. En efecto, entre el 27 y el 28 de noviembre he leído esta obra de teatro acabada de imprimir el 15 de noviembre. El único problema es que, contra natura, la he leído en la pantalla del ordenador y no sobre el papel. Mejor aún hubiera sido asistir a su representación teatral puesto que ya se sabe que en una obra de teatro no cuentan sólo las palabras sino otros muchos aspectos como puedan ser la iluminación, vestuario, sonidos...

    martes, 26 de noviembre de 2013

    Sinn sage (y III)


    Vuelvo, por tercera y -espero- última vez, con mi amada Sinn Sage: las otras dos entradas las publiqué el 27 de septiembre y el 25 de octubre de este año.
    Que es una ordinaria no hace falta decirlo pero ¡qué se le va a hacer!: que me horrorice una foto como la de encima no quita un ápice al cariño que le he cogido a la criatura. Además, no es ella quien comete la guarrada, son las otras dos. Ella es una señora que se limita a separar un tanto las piernas para ver hasta dónde es capaz de llevar la lengua la rubia que, como la morena, está reducida a la condición perruna mientras ella se mantiene erguida -o casi- como las personas. Ahora bien: cuando uno ve una foto así, que la ha sacado ella misma en Twitter para hacer publicidad de sus actuaciones, no puede sino pensar que la niña, como todo el mundo, tendrá padre y madre. Y si la ven así...
     
     Aquí a la izquierda, otra foto donde la vemos en una de sus facetas más cultivadas, el sadomasoquismo. Para que se vea lo completita que es la nena y los muchos palos que toca. De momento, algo es de admirar: la mata de pelo. Discretita pero la tiene, a diferencia de Aiden Ashley o esas otras actrices del ramo que, para el gusto español, parecen bebés o muñequitas de juguete. Apréciese también otro mérito, la blancura del cuerpo libre de tatuajes a diferencia de su compañera que no ha podido resistirse a marcar su brazo izquierdo con Dios sabe qué. ¿Y la expresión facial?: ojos cerrados y boca entreabierta como si ya estuviera recibiendo su dosis de placer cuando la otra parece que simplemente se limita a situarla.
    Supongo que las mentes sensibles y amantes del arte, al ver esa foto de Sinn Sage han caído rápidamente, como yo, en que la postura que adopta la niña está inspirada en la de uno de los iconos del orbe homosexual recibiendo su castigo. Nos referimos, por supuesto, a San Sebastián. Muchas son las pinturas que, reflejando su martirio, nos lo presentan en esa posición con los brazos hacia arriba. Véase, sin ir más lejos, ésta del boloñés Guido Renni y de principios del XVII.


    Una última foto de nuestra amadísima Sinn Sage en posición cuasiyacente. Porque parece como si, de tanto que sabe, hubiera olvidado posturas tradicionales de las de una encima, otra debajo y a ver qué pasa. Aquí casi lo consigue pero con su vertiente sádica no puede evitar, mientras escarba con la mano derecha entre las piernas de su compañera, ahogarla con la izquierda. Y apréciese el gesto de la compañera agarrando con fuerza la colcha no se sabe si en expresión de placer, de dolor o de una mesurada combinación de ambos.

    Y un vídeo con la nena haciéndose una pajilla escandalosa y sobreactuada mientras se inventa no sé qué historia galáctica. Lo único digno de comentario es cómo empieza hablando y, a medida que el placer la inunda, va perdiendo la capacidad de hablar. Definitivamente, no es lo suyo; está mucho mejor cuando otra mujer le da la réplica.

    viernes, 22 de noviembre de 2013

    Sylvia Plath, Ariel

    Plath, Sylvia, Ariel (edición bilingüe Hiperión, Madrid: 2010)
    Hemos leído este libro de poemas para discutirlo en el grupo de lectura del Ateneo de Mahón esta misma tarde de hoy, 22 de noviembre. Y nos viene como algo completamente nuevo porque jamás habíamos oído de esta poetisa (1).
    Acudiendo ya al texto, partiremos de una obviedad: que, sobre todo a partir del Romanticismo, el poeta busca su propia voz. Sin embargo, una cosa es que que el poeta busque su propia voz y otra cosa muy diferente que esa voz sea comprendida sólo por él. Algo de ello ocurre con Sylvia Plath: hermetismo, gusto por lo críptico... Que eso se cumple para otros muchos poetas, sí: ahí está el llamado trobar clus de los trovadores provenzales o el Góngora de sus poemas mayores. Pero unos y otro se insertan en una tradición y el mismo Góngora no se entiende si no es con la línea que, partiendo de esos mismos trovadores, pasa por el dolce stil nuovo, Petrarca, Garcilaso... Y a Sylvia Plath, en cambio, no la podemos encuadrar en niguna línea, al menos que conozcamos, de la tradición occidental, y de ahí que se no comprendamos buena parte de sus imágenes. Podríamos adscribirla a un surrealismo tardío a partir de versos como el que abre el poemario: El amor te echó a andar como un rollizo reloj de oro ("Canción matutina") del que, tras nuestra sorpresa, lo único que podemos decir es que la primera palabra de todo el libro es Love. Pero si estamos ante ese surrealismo, recordamos al Lorca de Poeta en Nueva York y recordamos también que sus símbolos -monedas, esquinas...- van adquiriendo sentido a base de recurrencias o por asociación de ideas. Ante esta poetisa el trabajo es mucho más difícil.
    Entrando ya de pleno en el comentario, intentaremos catalogar rasgos del conjunto de poemas que forman el libro:
    • Sustantivos seguidos, rasgo surrealista, de complementos o adjetivos inesperados y acompañados o no de otros más adecuados: en el mismo poema de ese rollizo reloj, grito calvo, rosas planas y rojizas ("Canción matutina); pantalla de lámpara nazi ("Señora Lázaro"); beso de ácidos serpentinos ("Olmo"); espuma de trigo ("Ariel"); densa sopa gris letal ("Carta de noviembre"); virgen / de acetileno puro ("Fiebre de 39,5º"); un aburrimiento buitrero que quizá se entienda a partir del título del poema ("El ahorcado"); palabras secas y sin jinete ("Palabras"). Quizá ello alcanza su cénit con la placenta de Platón ("Tótem").

    lunes, 18 de noviembre de 2013

    Petros Márkaris, Pan, educación, libertad

    Márkaris, Pan, educación, libertad (Tusquets, Barcelona: 2013)
    Leímos la novela a propuesta del club de lectura de Ciudadela y para discutir este pasado sábado 16 de noviembre. Y no es una novela que dé, como se demostró, para discutir ampliamente. Forma parte de una serie protagonizada por el comisario Kostas Jaritos pero no tiene ni punto de comparación con otras de la misma índole como las de Maigret o Montalbano.
    El argumento es simple: tres asesinatos, en el marco de una crisis griega que en ningún momento se muestra necesaria para la trama, resueltos por el comisario al modo clásico de la novela policíaca, es decir, tras ir descartando sospechosos.

    jueves, 14 de noviembre de 2013

    Patricia Highsmith, Carol

    Pues sí, ésta es Patricia Highsmith
    Patricia Highsmith, Carol (Anagrama, Barcelona: 1984)
    Una novela de ésas que uno encuentra un buen día por su casa y, ante la completa seguridad de no haberla comprado, se dice: 'alguna se la habrá dejado olvidada'. Y es una novela para la que el primer adjetivo que se me ocurre es preciosa. Y está muy alejada, en cuanto a la temática al menos, de otras novelas que le hemos leído a la autora como Ese dulce mal o Extraños en un tren; o de la serie de Ripley. Pero en otros aspectos se acerca a ellas: por ejemplo en ese dejar en tensión al lector a base de algo que no es intriga sino que se acerca bastante a la angustia. Por ilustrarlo de alguna manera: en el prólogo escrito por la autora ésta nos anuncia algo que a muchos disgustaría por lo que supone de anticipación, que tiene un final feliz (p. 12). Pues bien, tal como discurre la acción, dos páginas antes de acabar la novela se dan los siguientes pasos: 1º) no sólo no se ve el final feliz que espera el lector sino que se vislumbra un final tristísimo; 2º) se sugiere un final parcialmente feliz; 3º) se da el final feliz óptimo y el lector, por fin, acaba de sufrir.
    Porque, aún no lo hemos dicho, es una novela sobre la relación entre dos mujeres. La autora, en el prólogo, utiliza el término homosexual para decir que, a diferencia de la suya, en la década de 1950, en las novelas estadounidenses, los hombres y las mujeres homosexuales tenían que pagar por su desviación cortándose las venas, ahogándose en una piscina, abandonando su homosexualidad (al menos, así lo afirmaban), o cayendo en una depresión infernal (12). Y en el epílogo vuelve a utilizar la palabra y también gay: refiriéndose a la más joven de las mujeres dice que una chica con sus ambiciones y su nivel de percepción conocería el mundo gay desde los doce años de edad (316). Pues bien, a mi entender es una novela que trata de dos mujeres que tienen una relación amorosa y carnal, sí, homosexual también, pero ni son gays, ni homosexuales, ni lesbianas, ni -que nadie se asuste del arcaísmo- tortilleras. Son simplemente dos mujeres que, como tantas por no decir casi todas, han tenido experiencias amorosas heterosexuales fallidas y, en un momento determinado de sus vidas, se encuentran, se sienten atraídas y deciden vivir esa atracción.
    Por supuesto, leer una novela así conlleva el morbo -y como ya nadie sabe latín recuerdo que morbo significa enfermedad- de esperar que aparezca la primera escena tórrida y, sobre todo, de ver cómo se resuelve lingüísticamente. Pues bien, lo que uno de tantos neonarradores que pululan por la red convencidos de que están llamados a la gloria literaria expresaría con un Se comieron ávidamente el coño y se quedaría tan ancho dejándonos con el interrogante de dónde habría aprendido la palabra ávidamente, Patricia Highsmith, que nos hace esperar hasta la p. 208 (de 313), lo solventa de modo magistral. La escena está narrada desde la óptica de Therese, la más joven: Entonces Carol le deslizó el brazo alrededor del cuello y sus cuerpos se encontraron como si todo estuviera preparado. La felicidad era como una hiedra verde que se extendía por su piel, alargando delicados zarcillos, llevando flores a través de su cuerpo.
    Aún no hemos presentado el argumento pero es sencillo y le añadiremos algún comentario: Therese, la más entregada de las dos y que durante la novela pasa de los 19 a los 21 años, es dependienta temporal en unos grandes almacenes de Nueva York aunque suele trabajar preparando escenarios teatrales. A esos grandes almacenes acude como clienta Carol, más fría y distante, ya en la treintena y en proceso de divorcio. Se sienten atraídas, se encuentran, hablan, Therese va a casa de Carol... hasta que, acabado el contrato de Therese, deciden viajar a lo largo del país. Es entonces cuando viven plenamente su amor tanto en el terreno verbal como físico pero es también entonces cuando aparecen los fantasmas que sobrevuelan ese amor: un detective, por encargo del marido de Carol, las sigue para utilizar su relación en el proceso de divorcio y poder quedarse con la hija de ambos; Therese ve una amenaza en Abby, una antigua relación homosexual de Carol y con la que se mantienen en contacto telefónico; por su parte, Therese se deja rondar sin ningún entusiasmo por Richard, que le echa en cara su relación con Carol entendiendo tal relación como sórdida y patológica (273) y acaba por no querer saber más de ella; Therese había olvidado en casa de Carol un cheque que ésta le había firmado y, además, una carta en la que le confesaba su amor: no se había atrevido a entregársela y el marido de Carol encuentra ambos documentos y los utiliza en el proceso de divorcio. Por todo ello, tras pasar dudas y vaivenes sobre todo por parte de Therese y aunque en algún momento parece llena de fuerzas (sintió una repentina conciencia de la energía de su cuerpo, del vigor de las puntas de sus pies, de la sangre joven que caldeaba sus mejillas [287-8]) al volver a Nueva York se muestra reacia a proseguir con la relación a pesar de que Carol quiere mantenerla e incluso le pide que se vayan a vivir juntas; y ello durante un encuentro en el que, significativamente, Carol llevaba el mismo abrigo de piel, los mismos zapatos de ante negro que calzaba  el día en que Therese la vio por primera vez (300). Y ahí está el final: Therese cumple una serie de actos -mudarse de casa, ir a clases nocturnas, cambiar su guardarropa (296)- que apuntan a una ruptura con su vida anterior; luego, en una cita con Carol, rompe con ella e incluso esa separación se refuerza simbólicamente cuando Carol le pregunta por unos geranios que le regaló: -Las plantas que me regalaste... se murieron (307). Luego Therese acude a una fiesta de sociedad en la que conoce a una actriz que le propone asistir con ella a una fiesta privada en una habitación de hotel y que le produce, al conocerla, una sensación semejante a la que le había producido Carol: Therese vio su mirada posarse en ella un instante y le produjo un leve shock, algo parecido a lo que había sentido al ver a Carol la primera vez. En los ojos azules de aquella mujer vio el mismo relámpago de interés que había habido en los suyos -lo sabía- al ver a Carol (308-9); se insinúa así un final feliz pero sólo parcialmente para Therese que parece estar a punto de conseguir una nueva relación e incluso parece como si la novela fuera a cerrarse circularmente volviendo a la situación inicial con Therese ilusionada por esa nueva relación. Pero Therese reacciona, no acude a la fiesta privada a la que esa mujer la ha invitado y vuelve a la cafetería donde había dejado a Carol; la ve desde la puerta sentada en la mesa: Carol se echó el pelo hacia atrás. Therese sonrió: aquel gesto era de Carol. Era la Carol que siempre había amado y a la que siempre amaría. Oh, y ahora de una manera distinta, porque ella era distinta. Era como volver a conocerla, aunque seguía siendo Carol y nadie más. Sería Carol en miles de ciudades y en miles de casas, en países extranjeros a los que irían juntas, y lo sería en el cielo y en el infierno. Therese esperó. Después, cuando estaba a punto de avanzar hacia ella, Carol la vio. Pareció contemplarla incrédula un instante, mientras Therese observaba cómo crecía su leve sonrisa antes de que su brazo se levantara, de repente, y su mano hiciera un rápido y ansioso saludo que Therese nunca había visto. Therese avanzó hacia ella (313). Y en ese último párrafo se presenta el final feliz definitivo y contundente: Therese avanzando hacia Carol con la convicción de un amor que va a resistir todo tiempo y lugar.
    Ahora, otros aspectos dignos de interés:
    1º) El exceso de pudor entre las dos protagonistas a pesar de saberse enamoradas. Llevan varios días de viaje, duermen en la misma habitación y, aun así, su comportamiento es del máximo recato. Aunque quizá nuestra incomprensión venga de la distancia temporal -han pasado ya más de 60 años de su primera edición- o geográfica en tanto E.E.U.U. no deja de ser un país puritano. Véase la siguiente escena en que Carol, desde el cuarto de baño, pide una toalla a Therese: Therese la cogió y se la llevó, y en su nerviosismo, mientras ponía la toalla en las manos extendidas de Carol, sus ojos bajaron sin querer desde la cara de Carol a sus pechos desnudos y más abajo. Vio la rápida sorpresa en la mirada de Carol mientras se volvía. Therese cerró los ojos con fuerza... pero a través de sus párpados seguía viendo la imagen del cuerpo desnudo de Carol (200). Del mismo modo, no comparten cama en los hoteles en que pernoctan hasta que Therese se lo plantea en términos de duda: Si se lo pedía, pensó, Carol la dejaría que esa noche durmiera con ella en su cama. Más aún, quería besarla, sentir sus cuerpos uno junto al otro (...) ¿La rechazaría Carol con disgusto si sólo le pedía? ¿Desaparecería en aquel instante todo el afecto que Carol pudiera sentir hacia ella? (205-6). Por fin Therese se decide a solicitárselo a Carol: -Carol, te importaría..? (206); pero Carol la interrumpe porque está pensando en planificar qué harán al día siguiente. A la próxima oportunidad que tiene Therese de pedirlo, la situación se resuelve de manera natural y casi cómica: -¿Puedo dormir contigo? -le preguntó Therese. / -¿No has visto la cama? (208). Es decir, Therese no se había fijado en que iban a dormir juntas de todas maneras puesto que en la habitación sólo había una cama doble. Es en esa cama donde tendrá lugar el primer encuentro carnal entre ellas que antes mencionábamos y para el que, además, se ha preparado el ambiente adecuado -y por eso decíamos que la situación se resuelve de forma natural. Véase lo que ocurre antes de la solicitud de Therese y desde su óptica:
    Miró las manos de Carol y el mechón de pelo que caía sobre el pañuelo que llevaba atado a la cabeza (...) 
    -¿Qué haces ahí de pie? -le preguntó Carol-. Vete a la cama. Estás dormida.
    -Carol. Te quiero.
    Carol se irguió. Therese la miró con sus ojos intensos y adormilados (...) Se acercó a Therese y le puso las manos en los hombros. Se los apretó con fuerza como si le exigiera una promesa, o quizá intentando averiguar si lo había dicho de verdad. Luego la besó en los labios como si ya se hubieran besado millones de veces.
    -¿Tú no sabes que te quiero? -dijo Carol. (207-8)
    Lo que ha ocurrido, pues, ha sido la manifestación verbal mutua de su amor. La conclusión lógica va a ser sexual. Y a la mañana siguiente tendrán otra escena tierna en que se vuelven a manifestar amor y, como todo ello ha ocurrido en una ciudad llamada Waterloo, se nos dirá poco más adelante que No había habido ni un solo momento ordinario desde aquella mañana en Waterloo (217) o que Había algo parecido a aquella mañana en Waterloo (223).
    2º) La delicadeza y tonos líricos con los que se describe esa única -¿y para qué más?- escena sexual entre las protagonistas. Véase la continuación al fragmento que hemos copiado más arriba y en el que no se nos ahorra ni el orgasmo que Carol, que siempre se había mantenido más distante, le provoca a Therese: las palabras se borraban con el hormigueante y maravilloso placer que se expandía en oleadas desde los labios de Carol hacia su nuca, sus hombros, que le recorrían súbitamente todo el cuerpo. Sus brazos se cerraban alrededor de Carol y sólo tenía conciencia de Carol, de la mano de Carol que se deslizaba sobre sus costillas, del pelo de Carol rozándole sus pechos desnudos, y luego su cuerpo también pareció desvanecerse en ondas crecientes que saltaban más y más allá de lo que el pensamiento podía seguir. (...) Y en ese momento había una distancia y un azul pálido, un espacio creciente en el que ella echó a volar de repente como una larga flecha. La flecha parecía cruzar con facilidad un abismo, increíblemente inmenso, parecía arquearse más y más arriba en el espacio y no detenerse. Luego se dio cuenta de que aún estaba abrazada a Carol, de que temblaba violentamente y de que la flecha era ella misma. Vio el claro pelo de Carol, su cabeza pegada a la suya. Y no tuvo que preguntarse si aquello había ido bien, nadie tenía que decírselo, porque no podía haber sido mejor o más perfecto. Estrechó a Carol aún más contra ella y sintió sus labios contra los suyos, que sonreían. Se quedó echada mirándola, mirándole la cara sólo a unos centímetros de ella, los ojos grises serenos como nunca los había visto, como si contuvieran todavía algo del espacio del que ella había emergido. (...)
    -Mi ángel -le dijo Carol- Caída del cielo. (209).

    3º) Esa delicadeza y lirismo no sólo se da en la voz del narrador sino también en la de Therese, la más entregada de las dos. Véase la carta que escribe y no acaba de entregar a Carol: Siento que estoy enamorada de ti (...) y debería ser primavera. Quiero que el sol caiga sobre mi cabeza como coros musicales. Imagino un sol como Beethoven, un viento como Debussy, y cantos de pájaros como Stravinsky. Pero el ritmo es totalmente mío. (140). Frases de esa carta se van repitiendo a lo largo de la novela: Siento que estoy en un desierto con las manos extendidas y tú estás lloviendo sobre mí. (...) Te acariciaré como música atrapada en las copas de los árboles del bosque (171). Hay otros momentos en que Therese se vuelve a expresar en forma epistolar con frases que, a pesar de ser más tópicas, están llenas de sinceridad: Me gusta esta ciudad porque me recuerda a ti (268); Pienso en tu voz, en tus manos y en tus ojos cuando me miras de frente (269). Y otra comparación: la belleza de Carol la impresionó como si vislumbrara la alada Victoria de Samotracia (197). O pensamientos llanos cargados de sentido: levantar la cabeza de la almohada y ver el rostro de Carol (272). También Carol se expresa en tonos parecidos: Me gusta verte andar. Cuando te veo a lo lejos, siento como si andaras sobre la palma de mi mano y midieras unos centímetros (288); y, asimismo, por carta: Nunca nos hemos peleado, nunca hemos llegado a descubrir que no había nada más, ningún otro deseo ni en el cielo ni en el infierno que el de estar juntas. (...) Yo te digo que siempre te querré, que te quiero como eres y como serás  (279). Y ambas en conversaciones telefónicas:
    Carol quería saber (...) si llevaba el pijama amarillo o el azul.
    -Me va a costar mucho dormir esta noche sin ti. (264)

    4º) Aparte de todos esos símbolos que intentan expresar los sentimientos amorososo o las sensaciones sexuales hay otros más sutiles: el cepillo de dientes que, como acto fallido, Therese olvida en casa de Carol (176); la figura de la Virgen que Therese, en una discusión en la que Richard la interroga sobre su relación con Carol, lanza contra el suelo y se rompe (177); el vestido blanco -Parece un vestido de novia (189)- que Therese se pone una noche en casa de Carol a solicitud de ésta; el sorbo de Therese a la taza de café que ha dejado Carol por la parte donde había un resto de carmín (192); el gesto de Carol, mientras conduce, de coger la mano de Therese y, acto seguido, detener el coche para enfrentarse al detective que, por encargo de su marido, las viene siguiendo (249); el solo nombre de Carol que, cuando Therese oye pronunciado por un tercero, le produce un extraño resentimiento (268); los geranios ya citados que Carol regala a Therese (274) y que, a pesar de que ella los riega (Tus plantas siguen creciendo en el jardín de atrás. Las riego cada día [281]), acaban secándose (307).

    5º) Hay algún detalle anecdótico como la cantidad de alcohol que con toda naturalidad ingieren las protagonistas. Y no sólo beben cócteles sino que a veces, a pesar de su clase y delicadeza, ingieren coñac a un ritmo que superaría al más curtido albañil español. Véase por ejemplo: encontraron un bar desierto en el hotel más grande. El brandy estaba delicioso y pidieron dos más (217).

    6º) Hay alguna buena frase suelta: Un clásico (...) una obra clásica es la que contiene una situación humana básica (179).

    7º) En el lado contrario, un defecto, pero no de la autora sino de la traducción: Quedaban, pues, cuatrocientos cuarenta kilómetros hasta Omaha (253). Se supone que en el original la distancia está marcada en millas: ¿a santo de qué traducirlas a kilómetros si, aparte de que todo el mundo tiene noción de lo que es una milla, la milla es una medida más latina que anglosajona como su nombre indica al proceder del latín milia passuum (1000 pasos)?; por la misma razón habría que traducir de dólares a pesetas.
    Todo lo mudará la edad ligera (Garcilaso, soneto XXIII, 13)




    domingo, 10 de noviembre de 2013

    Soldado de Nápoles


    Ya iba tocando un poco de música y, mientras acabo la reseña de una de las pocas novelas de las que he leído en los últimos años y que puedo decir que vale la pena, dejo aquí unos fragmentos de la zarzuela La canción del olvido con música del maestro José Serrano y libreto de Federico Romero Sarachaga y Guillermo Fernández-Shaw estrenada en 1916. Traigo el fragmento sobre todo por el Soldado de Nápoles pero va también incluida la serenata previa.


    miércoles, 6 de noviembre de 2013

    Mark Twain, Aventuras de Huck

    Twain, Mark, Aventuras de Huck (Acme Agency, Buenos Aires: 1944)
    Otro de los muchos libros que hemos leído para cumplir con los desafíos que se explican en los enlaces de la zona superior de este blog.
    Si no recuerdo mal, en un estudio clásico sobre la picaresca de título Itinerario de la novela picaresca española, su autor, Alberto del Monte, incluía esta obra entre otras muchas tardías con algunos de los rasgos que caracterizaban la picaresca española (Lazarillo, Guzmán de Alfarache, Buscón...). Y sí, las Aventuras de Huck cumplen al menos tres de ellos: 1º) la pseudoautobiografía puesto que estamos ante una narración en primera persona; 2º) la genealogía negativa con un padre alcohólico y una madre desaparecida; 3º) la itinerancia en tanto Huck y otros personajes se van moviendo por donde les lleva el río Misisipi que, dicho sea de paso, es otro de los verdaderos protagonistas de la novela.
    Ahora bien, el tono y los acontecimientos alejan nuestra obra de la picaresca tradicional para aproximarla a las novelas de niños traviesos como, por ejemplo, las de la serie de William Brown de Richmal Crompton; otra de las novelas del autor, Las aventuras de Tom Sawyer, también lo es y se emparenta con ésta tanto por personajes comunes (Tom Sawyer, la tía Polly) como porque ésta narra hechos inmediatamente posteriores a los de aquélla. Ahora trataremos la obra por apartados en los que anotaremos los aspectos que creemos merecen interés:
    • Ya en el primer capítulo, el narrador, Huckleberry Finn, menciona al autor, Mark Twain, para decir que, a la hora de contar la historia puede figurar entre las personas poco mentirosas (9). No podemos, entonces, sino recordar el Quijote donde, aparte de insistirse constantemente en que Cide Hamete Benengeli miente, también en I,2 el protagonista menciona al supuesto autor que narrará sus aventuras; o el pasaje de I,8 en el que el propio Cervantes aparece como autor de una de las novelas que posee don Quijote en su biblioteca.
    • La relación entre nuestra obra y el Quijote va más allá y alcanza el nivel de lo explícito. En el capítulo 3 y en el marco de las travesuras de Tom Sawyer y su pandilla, deciden atacar a lo que, según su imaginación, es una caravana de mercaderes árabes y españoles; cuando luego resulta ser un grupo de chicas asistentes a la clase de catecismo dominical, Tom Sawyer da la siguiente explicación a Huckleberry Finn: Tú no has leído las aventuras de don Quijote. Si las conocieras, sabrías la causa. Hay encantadores que hacen cosas extraordinarias. Allí había soldados, mulas y elefantes, pero los encantadores transformaron la caravana en un montón de chicas para darnos un mal rato (22-23).
    • Puestos ya en la clave de nuestra literatura clásica, hay ciertos capítulos que nos recuerdan otros tantos pasajes de la picaresca: en los capítulos centrales de la obra el protagonista y su compañero el negro Jim, durante su descenso por el Misisipi, se ven eclipsados por personajes que se hacen pasar por aristócratas y viven del engaño: apuntan así a la cofradía de pícaros en Rinconete y Cortadillo o a los caminantes con quienes se topa don Pablos en su viaje de Segovia a Madrid. Incluso al buldero del Lazarillo que, como en este caso, pasa a primer plano y deja eclipsado al protagonista.

    sábado, 2 de noviembre de 2013

    2 de noviembre

    ¿Qué día es hoy?: 2 de noviembre.
    ¿Qué día fue ayer?: 1 de noviembre.
    Hasta aquí, incluso un niño de la E.S.O. lo sabe. Y si no sabe qué día es hoy, al menos sabe que un calendario se lo dirá.
    Ahora, un par de preguntas ya para intelectuales:
    ¿Qué festividad se celebró ayer?: el día de Todos los Santos.
    ¿Qué se celebra hoy?: el día de los Fieles Difuntos.
    Ahora otra pregunta para quienes gozan de sentido común: ¿es lo mismo un santo que un difunto?
    Por fin, una pregunta a modo de conclusión: ¿qué día hay que ir al cementerio diga lo que diga la tele?
    Y no hago más que repetir lo mismo que, por estas fechas, dije en este blog el año pasado donde, además, hablaba de Jalogüín. Este año no voy a hablar de eso porque queda en el recuerdo la desgracia del Madrid Arena: la culpable, como siempre, la sufrida Ana Botella mientras algunos quedarían pensando que, si quienes fueron a esa fiesta de Jalogüín se hubieran quedado en casa comiendo castañas y m/boniatos, ahora ya no estarían entre esos difuntos que se celebran hoy.
    Por fin: una cita, que es como una joya, para explicar la relación entre Todos los Santos y los Fieles Difuntos. La frase es nada menos que de fray Justo Pérez de Urbel O.S.B. extraída del volumen IV p. 215 del Año Cristiano (Fax, Madrid: 1940, con dos Nihil obstat y un Imprimi potest nada menos que del abad de Silos):
    El día escogido (para los Fieles Difuntos) fué este que sigue a la festividad de Todos los Santos, para de este modo ofrecer el homenaje de nuestro recuerdo a esas dos muchedumbres de hermanos nuestros que se llaman la Iglesia Triunfante y la Iglesia Purgante.

    martes, 29 de octubre de 2013

    James Joyce, Dublineses

    Joyce, James, Dublineses (Alianza, Madrid: 1990)
    Leemos este libro con motivo del encuentro mensual que, bajo el título Temps de lectura, se celebró el pasado 25 de octubre en el Ateneo de Mahón y que tuvo este texto como tema.
    Dublineses es un conjunto de relatos cortos que, en cierto modo, podrían considerarse excursos, aproximaciones, ensayos preparatorios del Ulises en tanto contienen retazos de la vida cotidiana en Dublín. Incluso aparecen personajes comunes a ambas obras como los Paddy Leonard o Flyn, del cap. 15 del Ulises, que ya habían aparecido en el relato "Duplicado" de Dublineses; o, en el mismo capítulo del Ulises, los Cunningham, M'Coy, Kernan y Power del relato "A mayor gracia de Dios". También hay personajes que pasan de un relato a otro si el Farrington del mismo "Duplicados" que responde ingeniosamente a su jefe (p. 87) es el Joe de "Polvo y ceniza" que se reía tanto con la respuesta que le dio al gerente (98). En realidad ese recurso había sido utilizado por grandes narradores del XIX como Balzac o Galdós.

    viernes, 25 de octubre de 2013

    Sinn Sage (II)

    Volvamos a mi último descubrimiento en el terreno del porno lésbico, Sinn Sage, a quien ya dediqué una entrada el mes pasado. De momento, la foto con la que se presenta en Twitter; así, a lo terrorista intergaláctico, y no sé por qué sospecho que esas niñas que van de superhembras agresivas son, a la hora de la verdad, la encarnación de la dulzura.
    Por cierto, también en Twitter exhibe su reverso: bien formado, apetitoso, diciéndo "muérderme mientras decides cuál de mis espacios eliges para darme placer". Y quién fuera mujer para ello, quién pudiera, como Tiresias, el adivino de Tebas, -y que se me perdone la alusión culta tan fuera de lugar- cambiar de sexo y poder gozar todos los recovecos de ese cuerpo de maravilla y ponerlo en tensión hasta el estallido. Pero ahí queda como fruto prohibido.
    Véase ahora miradita tierna mientras nos quedamos dudando si mirarla a los ojos o a los pezones y nos preguntamos si es para nosotros que no se ha sabido ajustar el biquini.

    ¿Y en movimiento? Pues algún vídeo he encontrado de ella. Uno actuando con mi apreciada Aiden Ashley, de quien creo que prometí no volver a tratar pero, claro...:


     Y son varios los aspectos dignos de comentario:
    • La cara de sufrimiento de Sinn Sage en los momentos previos al  orgasmo que, en el minuto 14, le provoca Aiden Ashley.
    • La flexibilidad de Aiden Ashley en la abertura de piernas a partir del minuto 16 y su variedad de expresiones faciales cuando Sinn Sage le devuelve el juego de lengua combinado con la penetración del dedo. Tales expresiones no las encontrábamos en el vídeo de Aiden Ashley con Andy San Dimas aunque, igual que en esa ocasión, la primera se pone cariñosa tras el orgasmo y busca los besos de su compañera.
    • Por fin, lo que verdaderamente le va a Sinn Sage, cabalgar frotando bulto contra bulto. Véase a partir del minuto 19 cómo lleva a Aiden Ashley: cómo la sitúa de nuevo con las piernas completamente separadas, cómo le cambia luego la postura para pillarla en tijera y cómo Sinn Sage empieza a revolucionarse y arrastrar a Aiden Ashley, que no parecía muy convencida. Sin embargo, queda tan satisfecha que lo agradece situando a Sinn Sage de espaldas y llevándola de nuevo a la gloria con un juego de lengua que parece comenzar en zona heterodoxa
    Y como considero que la niña lo merece, me reservo material para volverla a sacar el mes que viene.


    jueves, 17 de octubre de 2013

    Stefan Zweig, Una partida de ajedrez. Una carta

    Zweig, Stefan, Una partida de ajedrez. Una carta (Espasa-Calpe, Buenos Aires: 1945)
    Hemos leído, en parte por recomendación personal y en parte porque está en la lista de los desafíos que explicamos en otras páginas de este blog, estos dos relatos del autor austríaco.
    Una partida de ajedrez, que ha sido también publicada con otros títulos semejantes es, al parecer, su obra más famosa. El tema es el enfrentamiento sobre el tablero de dos personajes completamente distintos, Mirko Czentovic y el doctor B. Y se nos narra la acción desde una primera persona que, casualmente, asiste a ese enfrentamiento con motivo de un trayecto en barco hacia Buenos Aires. Ese narrador nos da cuenta, también, de la historia de ambos personajes en sendos flash back:

    domingo, 13 de octubre de 2013

    H.G. Wells, La guerra de los mundos

    Wells, H.G. La guerra de los mundos (Margen, Barcelona: 1959)
    Otra de las obras que hemos leído porque está en los catálogos de los desafíos que explicamos en las páginas a las que remiten las pestañas de la parte superior de este blog. Y entendemos que es una obra que, si ha alcanzado alguna celebridad, ha sido por la adaptación radiofónica de Orson Wells y, sobre todo, por sus consecuencias. Porque no pasa de ser una temprana (1898) novela de ciencia ficción en la que se narra una invasión de la tierra por parte de los marcianos. Quizá en la pluma de un Julio Verne... Aunque tiene alguna relación, por el tratamiento lateral de la ciencia, con otra novela del autor, La isla del doctor Moreau, de cuya película hicimos una reseña hace tiempo.
    La historia se nos presenta en primera persona narrada seis años después por alguien que asistió a los hechos: Hace ahora seis años que el cataclismo se abatió sobre nosotros (7). Con ello ya se nos anticipa que el final no fue, como se podría suponer por el desarrollo de los acontecimientos, catastrófico. En efecto, ya en el capítulo I,1 se observa por el telescopio una explosión en la superficie de Marte de la que se sigue lo que aparentemente es un meteoro que caerá sobre la Tierra en las cercanías de Londres. Tal meteoro resulta ser un cilindro del que salen marcianos que fabrican ingenios en forma de trípode semejantes al de la ilustración y alrededor de los que va creciendo una hierba roja que todo lo invade. La consecuencia va a ser la destrucción de cuanto encuentran los marcianos a su paso avanzando hacia Londres. El narrador busca refugio para su familia y luego, al regresar a su casa, ve cómo nada puede el ejército contra la invasión y huye hacia Londres, que se va evacuando. Al final ocurrirá algo semejante a la intervención de un deus ex machina que, por lo artificial, no acaba de convencer: tanto los marcianos como la hierba roja que todo lo impregna sucumben ante las bacterias terrestres.
    De algún mérito son ciertas reflexiones que se reparten por la novela:
    • La relatividad del hombre y la idea de que puede no ser el centro de todo: sentí una sensación de destronamiento, una persuasión de que yo no era el amo, sino un animal más entre los otros animales bajo el talón de los marcianos (103).
    • La fragilidad de Inglaterra como potencia, y no hemos de olvidar que estamos en 1898: se han instalado en buenas condiciones y cortado los brazos y las piernas a la nación más poderosa del mundo (108).
    • La necesidad, ante una catástrofe de consecuencias imprevisibles, de salvar el saber: Lo que nos hace falta es salvar nuestro saber y aumentarlo. Prepararemos locales especiales en sitios muy profundos, y llevaremos allí todos los libros que podamos. Nada de novelas, ni de versos, nada de tonterías, sino ideas, libros de ciencia, de ese género (112; y véase la coincidencia con el papel que Platón concede a los poetas en La república).

    miércoles, 9 de octubre de 2013

    Walter Scott, Ivanhoe

    Walter Scott
    Scott, Walter, Ivanhoe (GP, Barcelona: s.f.)
    He leído Ivanhoe por cumplir los desafíos que aparecen en las páginas que, con esos títulos, presento en las pestañas de la zona superior del blog.
    De hecho, no sé si he leído la novela o la he releído, porque el ejemplar que he utilizado procede de la biblioteca de mi abuelo Domingo y recuerdo que hará ya más de 40 años pasaba tardes y tardes de verano leyendo de esos librillos económicos y minúsculos de la Enciclopedia Pulga que sacó ya desaparecida editorial GP. He conseguido en la red una foto de un ejemplar semejante al mío que vendían de segunda mano y la adjunto a la derecha.

    martes, 1 de octubre de 2013

    Erri de Luca, Il giorno prima della felicità

    Luca, Erri de, Il giorno prima della felicità (Feltrinelli, Milán: 2011)
    Copio la sinopsis de lo que parece una página oficial de la editorial Feltrinelli y que coincide con la contraportada del libro:

    Don Gaetano è uomo tuttofare in un grande caseggiato della Napoli popolosa e selvaggia degli anni cinquanta: elettricista, muratore, portiere dei quotidiani inferni del vivere. Da lui impara il giovane chiamato “Smilzo”, un orfano formicolante di passioni silenziose. Don Gaetano sa leggere nel pensiero della gente e lo Smilzo lo sa, sa che nel buio o nel fuoco dei suoi sentimenti ci sono idee ed emozioni che arrivano nette alla mente del suo maestro e compagno. Scimmia dalle zampe magre, ha imparato a sfidare i compagni, le altezze dei muri, le grondaie, le finestre – a una finestra in particolare ha continuato a guardare, quella in cui, donna-bambina, è apparso un giorno il fantasma femminile. Un fantasma che torna più tardi a sfidare la memoria dei sensi, a postulare un amore impossibile. Lo Smilzo cresce attraverso i racconti di don Gaetano, cresce nella memoria di una Napoli (offesa dalla guerra e dall’occupazione) che si ribella – con una straordinaria capacità di riscatto – alla sua stessa indolenza morale. Lo Smilzo impara che l’esistenza è rito, carne, sfida, sangue. È così che l’uomo maturo e l’uomo giovane si dividono in silenzio il desiderio sessuale di una vedova, è così che l’uomo passa al giovane la lama che lo dovrà difendere un giorno dall’onore offeso, è così che la prova del sangue apre la strada a una nuova migranza che durerà il tempo necessario a essere uomo.
    Y ahora trato la obra a partir de varios ejes de interés:
    • Es una novela de aprendizaje: desde la infancia de Smilzo cuando acude a la escuela, juega a fútbol y se enamora de la vecina hasta la llegada a la edad adulta donde toma conciencia de su pasado y ha de repetir los viajes a la Argentina de su padre biológico, que mató a su madre por encontrarla con un soldado americano tras la liberación de Nápoles, y de don Gaetano, que ejerce de su verdadero padre. Y se produce una cierta inversión con respecto a su padre y a su triángulo amoroso: la vecina ha crecido y mantiene relaciones con Smilzo mientras está comprometida con un miembro encarcelado de la Camorra; al salir éste libre se enfrenta a Smilzo, muere y Smilzo ha de huir de la justicia y de la Camorra.
    • Es una novela basada en lo que en francés llaman la relación maître / valet o señor y criado: es la que se da entre don Quijote y Sancho, Phileas Fogg y Passepartout... Y a la vez en la relación, variante de la anterior, puer / senex (que ya sé que se emplea también para otra cosa): la del ciego y Lázaro, Iturrioz y Andrés en El árbol de la ciencia de Baroja, o, invertida, el niño Jesús discutiendo en el templo con los ancianos. Así, es don Gaetano quien va introduciendo a Smilzo en el mundo de los adultos a base de frases que parecen sentencias: cuando Smilzo empieza a tener, antes de tiempo, aspiraciones propias de la edad adulta recuerda un consejo que le daba don Gaetano jugando a las cartas: Prima impara a giocare (24). Y, simbólicamente, es con el juego de cartas como se marca la llegada de Smilzo a la madurez; extrañado de ganar por primera vez a su maestro le pregunta si ha jugado distraído y éste responde: Sono lo stesso giocatore di tutte le sere, tu sei cambiato e non te ne accorgi (118). Efectivamente, al día siguiente Smilzo se enfrenta y mata a su rival amoroso y don Gaetano le explicita el final de su aprendizaje justo antes de embarcarlo a la Argentina: Ieri hai vinto a scopa. Hai finito di imparare da me (132).
    • Es también una novela de amor y, ya se ha anunciado, sin final feliz. Anna, la amada infantil de Smilzo, desaparece y vuelve al cabo de los años. Impresionantes las palabras que se dicen tras el reencuentro: "Anna, è passata una eternità." "È finita. Ora incomincia il tempo, che dura momenti." (62); "Non sono al tuo fianco, Anna. Io sono il tuo fianco." (63); pure le mani se baciano e si abbracciano." "Hai palpebre che sono curve come le chiglie delle barche, Anna." "Ho palpebre che non dormono e non piangono." (64); "sono fatta di foglie come un albero e riconosco un vento anche se non è mai venuto." (65)
    • Contiene otros temas secundarios como la guerra y la liberación de Nápoles con el comportamiento de las gentes. De ahí, con la liberación, la frase que no sólo da título al libro sino que lo recorre como lema. Por eso Smilzo piensa que ancora non era arrivato per me il giorno prima della felicità (37); y cuando, jugando a fútbol, el adversario acude a excusarse por haberle roto la nariz, Smilzo responde: "Sono cose che capitano il giorno prima". "Il giorno prima di che?" "Il giorno prima della felicità" (73).
    • Aparecen personajes de corte costumbrista como el conde que, cual hidalgo español, presume de que mai uno della mia stirpe ha lavorato (43), si gioca le propietà ai tavoli del circolo (38) y causa en el narrador la impresión de que los señores tienen diferente visión del mundo: Loro vedono solo quello che vogliono vedere (38). O la viuda insaciable de extracción felliniana: como don Gaetano y Smilzo tienen a su cargo la portería y el mantenimiento de una comunidad de vecinos, don Gaetano, en su papel de maestro, cede a Smilzo cuanto compete a la vecina viuda; es de imaginar lo que ocurre y curiosa la despedida: "Se ho bisogno ti chiamo." "Sì signora." E questa fu la mia prima riparazione (53). Mejor aún el capo de la Camorra: la primera vez que el novio camorrista de Anna acude a pedir cuentas y no encuentra a Smilzo rompe un cristal; al poco se presenta el capo, abraza a don Gaetano, deja el dinero en la mesa y dice en napolitano: Nun pozzo fa' niente, 'o bbrito se pava, l'anore no e se lava (119, que yo traduzco: No puedo hacer nada. El cristal se paga, el honor, no, y se lava).
    • Pero hay mucho más: 1) Una alabanza de la escuela y del maestro desde un punto de vista que convence por lo ingenuo: un uomo che spiegava ai bambini i numeri, gli anni della storia, i posti della geografia. C'era una carta collorata del mondo... I continenti e le isole erano di genere femminile, i mari e i monti maschili (11); Mi divertiva il latino, lingua escogitata da qualche enigmista... Non mi piaceva il caso accusativo, aveva un brutto nome... La storia era una cucina di ingredienti, si cambiavano dosi e ne usciva tutt'un'altra pietanza (68-69). 2) Una exaltación de la lectura: Smilzo descubre, en lo que había sido un depósito de contrabando y luego el refugio de un judío perseguido por los nazis, los libros que éste había abandonado al salir, y los lee: La bibbia no. Dio mi faceva impressione. Così presi il vizzio di leggere. Il primo si chiamava I tre moschettieri, ma erano quattro (13); ello le lleva a conocer a un librero, don Raimondo, que le presta un libro diario durante el verano y así puede suplir la falta de escuela: Sceglievo quelli sottili. Presi il vizio d'estate, per mancanza del maestro che insegnava le cose nuove. Non erano libri per bambini, molte parole in mezzo non le capivo, però la fine sì, la fine la capivo (14).
    • Y el regionalismo napolitano ponderando, sobre todo, el habla como ya se ha visto antes con la Camorra: Il napoletano è fatto aposta, dici una cosa e ti credono. In italiano c'è il dubbio (25). Divertida es la idea de que Nápoles está en Italia por error: città... monarchica e anarchica. Voleva un re però nessun governo. Era una città spagnola. In Spagna c' è sempre stata la monarchia ma pure il più forte movimento anarchico. Napoli è spagnola, sta in Italia per sbaglio (95); hay que recordar que parte del casco antiguo de Nápoles sigue llamándose Quartieri spagnoli y traer a colación un dicho italiano que viene a decir que toda ciudad africana tiene un barrio europeo; excepto Nápoles.
    • Tiene momentos de tierna delicadeza como la reflexión del librero don Raimondo cuando acude a comprar la biblioteca que liquidan los herederos de un difunto: Più di vestiti, e scarpe, i libri portano l'impronta. Gli eredi se ne liberano per esorcismo... Il vuoto in faccia a un muro, lasciato da una libreria venduta, è il più profondo che conosco... la seconda vita di un libro è la migliore (38). También don Gaetano, hablando a Smilzo de los incendios causados por los bombardeos durante la guerra, cuenta cómo el fuego trataba con dulzura a los libros: (il fuoco) Lo guardavo sfogarsi, spegnersi lasciando in piedi i muri e pure i libri. Un po' di copertina bruciacchiata, non consumava più del titolo. Il libro è un riccio, se sta chiuso e compatto regge il fuoco (46). De don Gaetano es también -recuérdese su papel de maestro- una hermosa reflexión sobre los viajes: I viaggi sono quelli per mare e con le navi, non coi treni. L'orizzonte dev'essere vuoto e deve staccare il cielo dall'acqua. Ci dev'essere niente intorno e sopra deve pesare l'immenso, allora è viaggio (72).
    • Y muchos otros momentos buenos como la reflexión de Smilzo sobre los zurdos jugando a fútbol: Hanno nel piede un estro che non dipende dal cervello, ma dal piede stesso (70); o sobre el mismo Platón: Platone imbrogliava, metteva in bocca al suo maestro e agli altri quello che pareva a lui. Lui se ne stava nascosto dietro di loro. È così che fa uno scritore? (76); o, ya maduro, sobre la escuela pública: La scuola dava peso a chi non ne aveva, faceva uguaglianza. Non aboliva la miseria, però tra le sue mura permetteva il pari (125). O las apreciaciones de don Gaetano sobre cualquier cosa como la diferencia entre la taberna y el teatro: L'osteria è meglio del teatro, ogni tavolo è una commedia. Tragedie no, all'osteria si fanno solo recite leggere, chi tieni guai pesanti non ci va (74); o sobre su estancia en la Argentina: Viaggiavo a cavallo in compagnia delle farfalle. Milioni di farfalle volano basse sulla superficie per farci correre sopra la loro ombra (47). O las ancianas que, al ver por primera vez a un negro con motivo de la liberación de Nápoles por los aliados, si facevano il segno della croce ogni momento (89).
    En resumen, un buen libro de un gran autor de peso en Italia al que hay que respetar no sólo por los preciosos títulos que escoge para sus novelas -véase, además de ésta, I pesci non chiudono i gli occhi o Il peso della farfalla- sino por sus muchas traducciones de libros paleotestamentarios como Éxodo, Eclesiastés, Rut... Y para eso hace falta una sólida cultura.

    domingo, 29 de septiembre de 2013

    Marta y Ester, 111: Caricias con los pies.



    El tren sigue atravesando el túnel mientras Ester y Marta siguen tumbadas. Llevan más de una hora sin pasar a mayores, sólo mirándose y diciéndose palabras de amor. Han estado dos días esperando para hacerlo sin limitaciones y ahora, conscientes de que ya no las tienen, parece como si quisieran esperar y disfrutarse en la espera.
    Llevan cinco minutos calladas, mirándose a los ojos y acariciándose los pies con los pies. Marta rompe el silencio y dice:
    -También es muy bonito lo que nos decimos sin hablar.
    Ester se para a pensar y contesta:
    -Sí, yo veo que me quieres sólo mirándote a los ojos.
    -Y yo veo que me quieres aunque estemos las dos con los ojos cerrados.
    -Tú también sabes decir cosas muy bonitas.
    -Pues a ver si sabes de quién las aprendo.
    La muñeca rubia ha estado un buen rato tumbada boca arriba y abrazando a la morena, que estaba encima. Ahora están las dos sentadas con las manos juntas y parecen mirar a Marta y Ester.
    El tren sigue en el túnel y Ester y Marta continúan mirándose y acariciándose los pies con los pies.