Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



viernes, 9 de noviembre de 2012

Henning Mankell, El chino (y II)

Esta entrada es continuación de ésta otra y no habrá más porque la conclusión es que la novela no merece más atención por mi parte.
Aquí me voy a dedicar sólo a mostrar uno de los grandes defectos de la novela, el tratamiento del espacio, y creo que podría hacer lo mismo con el de los personajes.

Empezaré diciendo que la variación espacial de la novela –Suecia, China, USA, Dinamarca, Zimbabwe, Mozambique, Londres- quizá deba algo al género. Me refiero a un cierto cosmopolitismo entendiendo por tal y en sentido etimológico el mundo como una pequeña ciudad en el que cualquier rincón está a un paso. De eso hace gala, por ejemplo y ahora que está de moda por su 50 aniversario, 007 que con cualquier excusa coge el avión en Londres y se planta en las Bahamas. Es lo de la jueza que se va hasta Copenhague para descifrar el folleto chino que ha encontrado en el hotel cuando al lado tiene un restaurante chino. Y la jueza no es 007. Entre paréntesis habría que notar que en la novela negra clásica (R. Chandler, Ch. Himes...) el espacio suele ser único y reducido.
Bueno, a lo que iba: leída la obra se observa una expedición de autoridades chinas a África. ¿Para qué?: si no entendí mal, para negociar el trasplante de cuatro millones de chinos a Mozambique. El disparate salta a la vista pero para llegar ahí voy otra vez a remontarme a cuestiones iniciales de narrativa.
Diremos que una narración (novela, cuento...) contiene tres ingredientes:
-Narración propiamente dicha, esto es, lo que decía en la otra entrada sobre los personajes moviéndose en el espacio o en el tiempo. O sea, acción
-Descripción de personajes, espacios... que supone una parada en el desarrollo de la acción. Puede ocurrir que la descripción abunde más o menos dependiendo de los presupuestos ideológicos del autor. Por ejemplo, Zola puede ponerse detallista al describir la miseria en el París de la segunda mitad del XIX.
-Diálogo: que puede reforzar todo lo anterior; mediante un diálogo podemos enterarnos de algo que ha ocurrido o de cómo es un personaje. Lo mismo que antes, puede abundar o no: diría que en alguna obra de Alejo Carpentier no hay diálogo y, en cambio, La Celestina es sólo diálogo con lo que, si no fuera porque es larguísima, estaríamos ante una obra de teatro.
Hasta aquí nada nuevo, claro. Sólo aspectos que hay que repasar de vez en cuando.
Porque, ¿puede una novela contener algo más?: en principio, sí pero con cuidado.
Ahí está el PRIMER ERROR: una novela puede contener una parte reflexiva, discursiva, una exposición de ideas que la aproxime al ensayo. Ocurre en ciertos momentos en que la narración se plantea el destino del ser o similar y ahí está El árbol de la ciencia de Pío Baroja, que por lo demás domina la pura acción en las novelas sobre el mar; o quizá las narraciones de Rousseau o Voltaire en el siglo de las luces donde se reflexiona sobre el papel de la razón. Pero se ve cómo ese ingrediente es el menos apropiado para una novela policíaca cuyo lector exige acción. Y aquí ocurre durante las nueve páginas (334-342) en las que se explica el discurso de Yan Ba.
SEGUNDO Y TERCER ERRORES: ¿A dónde va a parar todo el discurso de Yan Ba?: a la conclusión, en la p. 342, de que, para evitar problemas internos en China, hay que deshacerse de unos millones de campesinos. El segundo error consiste en que al autor se le ocurra semejante disparate: si no recuerdo mal son 4 millones de chinos, que viene a ser, si no yerro, la población de Madrid. ¿Ha pensado en cómo los llevarían?; ¿ha pensado en la cantidad de terreno necesario para colocarlos?: porque se supone que son campesinos que habría que distribuir horizontalmente, no en rascacielos; ¿ha pensado en la superficie necesaria para que puedan cultivar hasta conseguir una economía de subsistencia?
El tercer error es que eso no sólo se le ocurre al autor sino que se le ocurre atribuirlo a todo un investigador universitario de prestigio rodeado de un equipo de 30 colaboradores (332). El presidente de China le hace el encargo de investigar, le exime de la tarea docente y llega a esa conclusión (¡¿¡?).
Y el CUARTO ERROR y más grave es: ¿qué tiene que ver todo eso con la acción principal, el crimen en Suecia? Sólo muy tangencial e indirectamente. Todo eso sólo sirve para explicar el enfrentamiento entre los hermanos Ya Ru y Hong, que se oponen ideológicamente en el seno del partido comunista. De ahí se llegará al asesinato de Hong por parte de Ya Ru en Mozambique y una venganza, la del hijo de Hong al matar a Ya Ru que quizá sí tiene que ver porque refuerza el hilo central cuando Ya Ru es muerto por lo mismo que él ha matado, por venganza. Sólo que esta venganza es mucho más inteligible al ser llevada a cabo en el corto plazo y no con siglo y medio de distancia. Pero a lo que voy: todo ese capítulo ideológico sobra porque el enfrentamiento entre hermanos no necesita de tanto rollo y, tradicionalmente, se ha explicado de modo más sencillo. Es tema tan viejo en literatura que por eso se le llama el mito cainita: está en Caín y Abel, en menor medida en Jacob y Esaú, en Eteocles y Polinices los hijos de Edipo y hermanos de Antígona, en Rómulo y Remo... En general, lo que está ocurriendo es dedicar, proporcionalmente, demasiado texto a una subtrama muy lateral y atentando contra aquello de la unidad de acción que se decía del teatro. Claro que una novela policíaca puede tener acciones secundarias: muchas de ellas tratan la relación del detective con su mujer, novia... con que si ella le abandonó porque dedicaba demasiado tiempo al trabajo, o un Carvalho de Vázquez Montalbán que se lo monta con una prostituta. Pero eso ya está aquí con los problemas matrimoniales de la jueza. Si se añade lo de los chinitos en Mozambique, los problemas del partido comunista chino, la explotación en USA de los trabajadores,... el hilo central se va diluyendo.

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