Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 14 de enero de 2013

Jonathan Swift, Los viajes de Gulliver

Swift, Jonathan, Los viajes de Gulliver (Los libros de Plon, Salsadella: 1982)
Con los años que tengo supongo que ya era hora de que leyera esta obra. ¿Y qué decir de ella o desde qué punto de vista hablar? Lo haré como otras veces, por puntitos:
  • En cuanto a la estructura habría que decir que es una novela concebida en sarta, esto es, por mera adición de aventuras o viajes con sus respectivos países. Se aproxima así a la novela primitiva, a géneros como el caballeresco en que los episodios son intercambiables sin que se resienta la estructura. Ahora bien, a diferencia de ese tipo de novela, aquí el protagonista evoluciona al vivir esos episodios y va cayendo progresivamente en una visión pesimista del hombre que le llevará, al final, a huir de su propia familia (303).
  • Supongo, intuyo sin poder aportar nada en el texto que lo sostenga, que alguna deuda tendrá el autor con la literatura utópica, al menos la inglesa con la Nueva Atlántida de F. Bacon (1627).
  • Son curiosas las costumbres que el autor concibe en los exóticos espacios visitados por Gulliver y que podrían servir de crítica actual. Así por ejemplo, el modo en que en Liliput se accede a empleos en la corte: el que salta a mayor altura se lleva el empleo (37). O, también allí, las normas del todo arbitrarias que dicta el emperador: publicó un edicto mandando a todos sus súbditos que, bajo penas severísimas, cascasen los huevos por el extremo más estrecho. ...han estallado seis revoluciones por ese motivo... once mil personas han preferido la muerte a cascar los huevos por el extremo más estrecho (48). O los arbitristas de Balnibarbi con el ingeniosísimo arquitecto que había discurrido un nuevo método de edificar casas empezando por el tejado y trabajando en sentido descendente hasta los cimientos (182).
  • Son de notar las interpretaciones que dan los monarcas de los países visitados de la historia de Inglaterra que les cuenta Gulliver; el rey de Brobdingnag dice que aquello era sólo un montón de conjuras, rebeliones, asesinatos, matanzas, revoluciones y destierros, justamente los efectos peores que pueden producir la avaricia, la parcialidad, la hipocresía, la perfidia, la crueldad, la ira, la locura, el odio, la envidia, la concupiscencia, la malicia y la ambición (131-132); y concluye que cualquiera que hiciese nacer dos espigas de grano... hacía más esencial servicio a su país que toda la casta de políticos junta (136). Y lo mismo ocurre en el país de los houyhnhnms cuyo rey, oída también la historia de Inglaterra, nos miraba como una especie de animales a quienes había correspondido... una pequeña porcioncilla de razón, de la cual no usábamos sino tomándola de ayuda para agravar nuestras naturales corrupciones (263).
  • Es bonita la reflexión sobre la relatividad de todo a propósito del viaje a Brobdingnag cuyos habitantes son gigantes: nada es grande ni pequeño sino por comparación. Pudiera cumplir a la suerte que los liliputienses encontrasen alguna nación cuyos pobladores fuesen tan diminutos respecto de ellos como ellos respecto de nosotros (85); estamos ante una mise en abîme como en el caso de las muñecas rusas. Como también es preciosa la frase que desliza sin pretensión ninguna -a lo que creo- de convertirla en sentencia: No hay cosa tan irracional y extravagante que no haya sido sostenida como verdad alguna vez por un filósofo (189).
  • Ya se ha dicho que, a medida que avanza la obra, el protagonista va cayendo en un pesimismo que llegará la misantropía. Parte, por ejemplo, de un visión venal de la justicia que recuerda a Quevedo: es para ellos (los jueces) tan necesario favorecer el fraude, el perjurio y la vejación, que yo he sabido de varios que prefirieron rechazar un pingüe soborno de la parte a que asistía la justicia a injuriar a la Facultad haciendo cosa impropia de la naturaleza de su oficio (255). Y culmina con la inversión de papeles en el país de los houyhnhnms (caballos), que se sirven de los yahoo (hombres) con el añadido de que los primeros son racionales y los segundos, no. De ahí su aversión a la raza yahoo (292), su autocompasión al darse cuenta de que por cópula con un ser de la especie yahoo me había convertido en padre de otros (297), y su deseo de que fueran los houyhnhnms quienes se decidieran a civilizar a Europa, instruyéndonos en los elementales principios del honor, la justicia, la verdad, la templanza,  el espíritu público, la fortaleza, la castidad, la amistad, la benevolencia y la fidelidad (301).
  • Pero de ese pesimismo le salva la razón de la cual se hace apología con motivo del país de los houyhnhnms cuya principal máxima es cultivar la razón y dejarse gobernar enteramente por ella (273); si atendemos a que el autor acaba la obra en 1720 veremos que está en línea con la Ilustración y el siglo de las luces.
  • El afán de verosimilitud de cuanto se cuenta recuerda al Quijote: no me he cuidado tanto del adorno como de la verdad. Hubiera podido tal vez asombrarte con extraños cuentos inverosímiles pero he preferido relatar llanamente los hechos (298).
  • No entiendo muy bien el comienzo del capítulo 2,1: llegamos al cabo de Buena Esperanza donde tomamos tierra... e invernamos allí... hasta fines de marzo (81). ¿No habíamos quedado en que en el hemisferio sur el invierno se corresponde con el verano del hemisferio norte?
  • Como dato curioso aparece el desprecio por los pelirrojos que veíamos al reseñar La rama dorada de sir James Frazer: los yahoo de pelo rojo son más perversos que los demás (272).

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