Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



miércoles, 28 de noviembre de 2012

Chrétien de Troyes, Erec y Enid

Chrétien de Troyes, Erec y Enid (Siruela, Madrid: 1993)
Es una buena labor editorial la que hizo -y no sé si sigue haciendo- Jacobo, el hijo sabio de la duquesa de Alba a través de Siruela. He aquí hoy uno de los libros de la colección Selección de lecturas medievales y de Chrétien de Troyes quien, a base de frecuentar el mundo artúrico, se convierte en uno de los fundadores de la novela moderna. Y este último aspecto yo, al menos, lo explicaba así: en un principio la épica, tanto la homérica como la medieval, trata de hechos históricos; pero al transmitirse oralmente esos hechos históricos se van llenando de exageraciones, fantasías... Hasta que el mismo protagonista es ya sólo personaje de ficción. Se habrá pasado así de héroes históricos como Mío Çid a héroes ficticios como Amadís o Erec, el protagonista de esta novela. Luego sólo faltará que la ficción caballeresca sea contestada, al modo hegeliano de tesis / antítesis, desde la más baja realidad por un Lázaro de Tormes o por un don Quijote. Habrá llegado así la novela moderna.

Entrando ya en Erec y Enid, lo primero que diremos es que, como tantos otros episodios del mundo artúrico, éste comienza en una fecha clave desde el punto de vista cristiano o también pagano: El día de Pascua, en primavera, el rey Artús había reunido la corte en Caradigán (3); y se cierra simétricamente con la coronación de Erec en otra fecha básica: El rey le respondió que se dispusiera pronto, pues serían coronados los dos, él y su mujer con él, la Navidad que llegaba (116). A ese respecto serían de notar las consideraciones de Jorge Luis Borges -creo que- en Literaturas germánicas medievales sobre la tensión entre el mundo cristiano y el pagano en el ciclo artúrico.
Por lo demás, la obra gira alrededor de la pareja protagonista que viene a encarnar las virtudes ideales: Erec era muy hermoso, valiente y gentil (5); Enid, por su parte, es presentada de manera bastante original: era muy gentil, pues la Naturaleza que la hizo, puso en ella todo su entendimiento; la misma Naturaleza se maravilló más de quinientas veces por haber podido hacer una criatura tan bella de una sola vez; pero luego no pudo evitar afligirse por no poder volver a hacer, de ningún modo, otra semejante (10).
Y el tema de la obra, más que el puramente caballeresco, es el triunfo del amor entre esa pareja protagonista que les lleva al matrimonio y, posteriormente, a la coronación. Véase el momento de culminación de ese matrimonio donde, según el eufemismo tópico que luego también aparecerá en el Amadís, Enid antes de levantarse perdió el nombre de doncella; por la mañana fue una dama novel (39). Pero previo al acto se introducen las siguientes imágenes que merecen comentario: ellos se encontraron, antes de solazarse, con mayor placer que el del ciervo perseguido, jadeante de sed, cuando llega a la fuente o que el del gavilán cuando, hambriento, se dirige hacia el señuelo (39); estructuralmente ambas imágenes recogen en el mismo orden las dos aventuras anteriores, la del ciervo blanco y la conquista del gavilán, como si la boda y su noche fueran el premio a Erec por haber participado en ellas; además, es de sobra conocido el simbolismo de la caza en relación al amor en lo que se refiere al gavilán o el del ciervo acudiendo al agua que viene de los Salmos (Como la cierva sedienta anhela la fuente... [42,2]) y llega por lo menos a la lírica gallego-portuguesa (Tardei, mia madre, na fontana fria / cervos do monte a áugua volviam).
Y quizá lo único que me quedaría por comentar es el locus amoenus de la aventura llamada "alegría de la corte". Está concebido con sus tópicos en lo que se refiere a la primavera eterna, el canto de los pájaros, flores, árboles y frutos...: Durante todo el verano y todo el invierno  había allí flores y fruta madura... No hay pájaro que vuele bajo el cielo, cuyo canto agrade, entretenga y alegre al hombre, del que no se pudieran oír allí varios de cada clase (103). Pues bien, ese espacio ideal se va a quebrar súbitamente con la consabida aventura de las picas con cabezas: Erec iba... cabalgando por medio del vergel, y se deleitaba mucho con el canto de los pájaros que cantaban allí dentro... pero ve... sobre agudas picas... yelmos brillantes y claros, y ve expuestas bajo los cercos de los yelmos... cabezas (103-104).

No hay comentarios:

Publicar un comentario