Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



domingo, 28 de octubre de 2012

Henning Mankell, El chino (I)



Mankell, Henning: El chino (Tusquets, Barcelona: 2008)
Lo que voy a presentar aquí es una visión de esta novela sugerida por  un club de lectura organizado en los foros de Bubok como se puede ver en este hilo. Ello supone que ideas propias se mezclan con otras sugeridas por los participantes en ese foro.
El balance global de la novela será negativo a pesar de que, al parecer, fue un éxito. Es sabido que nada tiene que ver la calidad con los top ten de ventas. Si a alguien de mediana cultura se le pregunta por los novelistas españoles de la segunda mitad del XIX seguramente contestará que Galdós o Clarín cuando el de mayor éxito es un tal Manuel Fernández y González completamente olvidado. Y lo mismo cabría decir de Corín Tellado o Marcial Lafuente Estefanía.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Un futuro mejor (XC Concurso de relatos Bubok [tema: reality shows])



Tenían el país pendiente de ellos. Y aunque desde el espacio donde él estaba encerrado con el resto de concursantes no podía saberlo, en ese momento alcanzaban el 89,4% de cuota de pantalla, un 5% por debajo del que solía conseguir diariamente la cadena rival cuando, a las diez de la noche, retransmitía las imágenes que fijaban ante la pantalla al país entero y motivaban a todos para ir a trabajar felices al día siguiente. Pero el 89,4% era un verdadero éxito.
Todos los concursantes estaban atentos a la azafata del programa esperando la prueba que les iba a proponer. Él sabía que no podía despistarse un solo segundo. Por eso la miraba a los ojos, porque tantos otros antes de él se habían entretenido mirándole el escote y las piernas o imaginando el aroma y el sabor del espacio donde esas piernas se unen. Y despistarse un segundo, no prestar la debida atención podía suponer... Más valía no pensarlo.
Ni siquiera miraba al resto de los diez concursantes, desesperados de la vida como él, aventurero uno, heroinómano otro y que daría ya la vida por perdida, dos ludópatas que, con tal de jugar... Y él, ¿a qué categoría pertenecía? A la de padres responsables que quieren asegurar el futuro de sus hijos. Porque en eso consistía el premio al ganador, en un sueldo millonario para él y todos sus descendientes hasta la tercera generación. Y valía la pena arriesgar: con diez concursantes, por cálculo de probabilidades –eso le dijeron sus amigos- tenía el diez por ciento de ganar, otro tanto de perder quedando el último y el ochenta por ciento de salir como había entrado. Y él se había fijado sobre todo en las pocas probabilidades de quedar último. Aunque... aunque también eran mínimas las probabilidades de haber quedado al margen de las nuevas medidas del gobierno para reactivar la economía y ahí estaba él, con diez plazos de hipoteca impagados, la amenaza de desahucio y la mujer fregando escaleras.
Tras la octava prueba estaba en sexta posición y con pocas probabilidades ya de ganar; el objetivo era, pues, no quedar último. En esa prueba habían entregado a cada concursante un mapa mudo de Europa y le habían pedido que situara diez países; él había fallado con Bulgaria y Austria, y confundido Suecia con Suiza. ¿Qué culpa tenía él si en el instituto sólo le habían enseñado la geografía de su comunidad?
¿Y que había hecho él para quedar al margen de la recuperación económica? Se veía a todas luces: en los bares, a partir de las siete de la tarde sólo se oía lo de “ponnos otra ronda” y quien antes tenía un utilitario paseaba ahora orgulloso su Audi. Y eso que él lo había intentado, había cursado dos solicitudes para que le admitieran, como albañil o como administrativo, en la medida estrella del gobierno, la construcción del puente entre Tarifa y Ceuta. Y sí, todo había cambiado desde el golpe de Estado dado por el combinado mercenario siciliano-marsellés financiado por la Confederación Bancaria. Habían derrocado todos los órganos de gobierno desde las Cortes hasta los ayuntamientos: se confiscaron los bienes de los políticos; sus mujeres, amantes e hijos fueron reducidos a esclavitud sexual low cost dirigida a emigrantes que no usaban jabón ni condones; y a los mismos políticos se les confinó en prisiones. Fue el comienzo de los reality shows de última generación por cuya retransmisión las cadenas pagaron cantidades astronómicas. Cada noche, en horario de prime time, se sacaban de la cárcel mil políticos y se llevaban al Santiago Bernabéu, se les mandaba formar como en una parada militar y se les aplicaba el viejo procedimiento de diezmar. Se iba contando por las filas y al que hacía el número diez, se le apartaba; al final, se fusilaba a los cien escogidos y los novecientos restantes eran enviados a la isla de Cabrera. Un líder ecologista protestó porque se entorpecería el paso de aves migratorias y fue también recluido. En la última conexión en directo se le vio comiéndose cruda una gaviota. Porque, una vez acabados los fusilamientos de políticos, el reality show estrella consistía en la conexión en directo con la isla en el momento, también en prime time, en que les lanzaban un saco de chuscos desde un helicóptero.
La azafata había entregado a los concursantes un folio en blanco y un lápiz. Él seguía atento mirándola sólo a los ojos. Era ya tarde porque el concurso había tenido que esperar para su comienzo que acabara el programa desde la isla de Cabrera, pero a pesar de la hora el índice de audiencia no bajaba. El país entero estaba pendiente de quién sería el ganador pero, sobre todo, de quién sería el perdedor. Por fin la azafata saca una cartulina y lee:
-En el folio que han recibido calculen ustedes la raíz cuadrada de dos y vayan sacando decimales hasta que se acabe el tiempo.
Los concursantes se miran entre ellos y sólo hay uno, el de mayor edad, que ya está escribiendo. También es mala suerte, piensa él, y recuerda el momento en que firmó la hipoteca en el notario: estaba claro que, con sus conocimientos de matemáticas, si el banco le dejaba cien mil euros al tres por ciento en treinta años, él tenía que devolver ciento tres mil euros; ¿o no? Es cierto que se distrajo un poco porque, mientras el notario hablaba, él andaba jugando por debajo de la mesa con el móvil y enviándole mensajitos eróticos a un ciberligue que había hecho hacía poco en twitter. Pero aun así nadie le podía negar que el tres por ciento de cien es tres. ¿De dónde, pues, esa deuda tan inmensa que le achaca el banco? Algo fallaba y quizá sí eran sus conocimientos matemáticos, porque la raíz cuadrada de dos... Le sonaba que en alguna máquina de calcular antigua había una tecla para calcularla pero con papel y lápiz sin saber siquiera qué es una raíz cuadrada. Y los decimales, ¿qué son?
Había intentado salir a flote con lo de la construcción del puente intercontinental porque había sido el revulsivo que el país necesitaba para salir de la crisis. Y conocía familias enteras que habían emigrado al sur con éxito. Según dijo la televisión, se crearían un millón de puestos de trabajo directos e indirectos entre trabajadores de la construcción, fábricas de cemento, camioneros... hasta un poblado de prostitutas subvencionadas al cincuenta por ciento por el conglomerado de empresas constructoras. Había sido una idea genial cuyo autor recibió el premio príncipe de Asturias; y se le había ocurrido viendo en un telediario una manifestación marroquí reivindicando Ceuta y Melilla: ¿y por qué no invadirlos nosotros? De momento construimos una autopista con cualquier excusa y luego cruzamos con los tanques. Se consultó la idea con la Comunidad Europea y pareció genial porque podía ser un modo de contener al Islam y a toda la morisma por su flanco occidental; además, tras invadir Marruecos, se podía llenar de parques temáticos, casinos, campos de golf, centrales nucleares, vertedero de residuos de todo tipo e incluso una zona para prueba de bombas atómicas; en resumidas cuentas, la salida de la crisis económica para Europa entera. Sólo Al Qaeda, al enterarse, puso alguna objeción que, sin embargo, fue neutralizada con una sustanciosa cantidad de dinero que abonó la patronal de mayoristas de tráfico de drogas a cambio de la promesa de dedicar en el puente un carril en cada sentido para uso exclusivo de sus camiones. Hasta la legión se mandó volver de sus inútiles misiones humanitarias para dedicarla a labores de seguridad con la consiguiente alegría de mandos y tropa al verse restituidos a la labor para la que la legión fue fundada, esto es, matar moros.
Decidido, pues, a encontrar trabajo en el gran proyecto se presentó ante la empresa de recursos humanos que reclutaba personal. Intentó las pruebas para administrativo y, cuando le situaron frente a un ordenador, se dijo: “Ésta es la mía”. Pero cuando le dieron una hoja donde se explicaba el salario bruto de un trabajador, el porcentaje que pagaba de IRPF y de Seguridad Social, y le pidieron que dedujera el neto en una hoja de cálculo Excel se preguntó que qué era eso. Porque para él el ordenador se reducía a internet y chatear pero ¿meter números y calcular? Peor le fue en la prueba para albañil a la que se presentó como último recurso: una simple entrevista personal en la que le empezaron preguntando la diferencia entre el cemento y el yeso, y acabaron con que para qué servía una plomada. O sea, preguntas intelectuales para un trabajo puramente manual. El resultado: acudir al concurso televisivo como última salida.
Y ahí está ante la última prueba, la definitiva: sus hijos seguramente están ya acostados pero mañana, en horario infantil, podrán ver el resumen que ofrece la cadena desde que una asociación de telespectadores se quejó de un montón de programas desde caducos y trasnochados prejuicios pseudocatólicos. La azafata les entrega otro folio y él no le mira, pero le huele, el escote:
-Verán cuatro nombres de pueblos –vikingos, moros, romanos y bárbaros- y sólo tres de ellos invadieron la península. Escriban cuáles son esos tres y el orden cronológico en que llegaron aquí.
Ahora están en el intermedio publicitario y él se dice: de los demás sí he visto películas, pero ¿de bárbaros?, ¿cómo podía yo imaginar que hubiera un pueblo que se llamara así? Además, yo sé de historia lo que me explicaron en el instituto: que mi comunidad autónoma era ya una nación antes de Adán y Eva pero, como los de Madrid no tienen playa y son unos envidiosos, nos invadieron y nos sometieron a la más humillante esclavitud.
Acababa de descender hasta la última posición. Era el perdedor. La azafata se aproxima para colocarle un babero con el logo del patrocinador del programa y ahora sí, él le mira las piernas y el escote. La azafata le pide que sonría ante la cámara y obedece. Luego la azafata aprieta un botón y una cuchilla cae y corta longitudinalmente su sonrisa en dos.

sábado, 20 de octubre de 2012

Leonard Cohen, Suzanne

Pues ahí va a quedar, impresionante, Suzanne:
Suzanne takes you down to her place near the river / You can hear the boats go by...

martes, 16 de octubre de 2012

Jonathan Swift, Los viajes de Gulliver

Swift, Jonathan, Los viajes de Gulliver (Los libros de Plon, Salsadella: 1982)
Con los años que tengo supongo que ya era hora de que leyera esta obra. ¿Y qué decir de ella o desde qué punto de vista hablar? Lo haré como otras veces, por puntitos:
  • En cuanto a la estructura habría que decir que es una novela concebida en sarta, esto es, por mera adición de aventuras o viajes con sus respectivos países. Se aproxima así a la novela primitiva, a géneros como el caballeresco en que los episodios son intercambiables sin que se resienta la estructura. Ahora bien, a diferencia de ese tipo de novela, aquí el protagonista evoluciona al vivir esos episodios y va cayendo progresivamente en una visión pesimista del hombre que le llevará, al final, a huir de su propia familia (303).

viernes, 12 de octubre de 2012

ESPAÑA (y lo demás son tonterías)

Nada, hoy sólo una afirmación de españolidad aprovechando eso del independentismo. Estoy convencido, y cada día más, de que hablando el catalán peninsular uno se vuelve maricón.

lunes, 8 de octubre de 2012

Chrétien de Troyes, Erec y Enid

Chrétien de Troyes, Erec y Enid (Siruela, Madrid: 1993)
Es una buena labor editorial la que hizo -y no sé si sigue haciendo- Jacobo, el hijo sabio de la duquesa de Alba a través de Siruela. He aquí hoy uno de los libros de la colección Selección de lecturas medievales y de Chrétien de Troyes quien, a base de frecuentar el mundo artúrico, se convierte en uno de los fundadores de la novela moderna. Y este último aspecto yo, al menos, lo explicaba así: en un principio la épica, tanto la homérica como la medieval, trata de hechos históricos; pero al transmitirse oralmente esos hechos históricos se van llenando de exageraciones, fantasías... Hasta que el mismo protagonista es ya sólo personaje de ficción. Se habrá pasado así de héroes históricos como Mío Çid a héroes ficticios como Amadís o Erec, el protagonista de esta novela. Luego sólo faltará que la ficción caballeresca sea contestada, al modo hegeliano de tesis / antítesis, desde la más baja realidad por un Lázaro de Tormes o por un don Quijote. Habrá llegado así la novela moderna.

jueves, 4 de octubre de 2012

J. G. Frazer, La rama dorada

Frazer, J. G., La rama dorada (F.C.E., México D. F.: 1991)
Impresionante, por supuesto, el clásico libro de Frazer, aunque sea en su versión reducida (¡de 800 páginas!). Dada esa vastedad, lo abordo por puntitos en los que destaco los centros de interés:
-Las explicaciones sobre los dos tipos de magia que obran por simpatía (magia simpatética): la magia homeopática, que actúa por semejanza; y la magia contaminante, que opera por contacto (34ss.). Y ello con curiosos ejemplos como la cura de la ictericia a base utilizar animales o materiales de color rojo para eliminar la amarillez de esa ictericia (39); o untar los ojos con bilis de águila para aguzar la vista (57). O la división entre magia positiva, que busca que ocurra un acontecimiento, y la magia negativa, que busca evitarlo (43) con el ejemplo de no quedarse indeciso ante la puerta de la casa de un cazador porque, en caso contrario, también la caza será indecisa (44-45). De ahí, normas sobre alimentación y, así, en Madagascar los guerreros no comen gallos muertos en pelea por miedo de morir ellos mismos en la batalla (46); o no comen corazón de gallina por miedo a volverse cobardes del mismo modo que comen corazón de león para volverse bravos (562).