Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 13 de septiembre de 2012

Benito Pérez Galdós, El equipaje del rey José y Memorias de un cortesano de 1815


José Bonaparte
Pérez Galdós, Benito: El equipaje del rey José y Memorias de un cortesano de 1815 (Hernando, Madrid: 1969 y 1948)
Reseñamos ahora las dos primeras novelas de la segunda serie de los Episodios Nacionales y nos va pareciendo que Pérez Galdós, don Benito, se limita a ir cumpliendo sin más.
El equipaje del rey José trata, como su nombre sugiere, de la salida de José Bonaparte, por lo demás cargado de botín, y de la última batalla, la de Vitoria, contra los franceses. Todo ello del lado histórico. Del novelesco tenemos el triángulo amoroso formado por: el joven Salvadorcillo Monsalud, alistado en el ejército francés como remedio a sus miserias y que marchará hacia Francia con el rey pasando por su pueblo natal; Genara, su novia, que, al verlo en el pueblo y comprobar que efectivamente se ha afrancesado, renegará de él como hace su madre; y el guerrillero Carlos Garrote, nuevo novio de Genara. A ello se añade el toque folletinesco de que Salvador y Carlos son hijos, ilegítimo el primero y legítimo el segundo, del cacique Fernando Garrote. Se funden así historia y ficción, acciones guerreras y vida cotidiana y el autor toma conciencia de lo que luego Unamuno llamará intrahistoria: ¡Si en la historia no hubiera más que batallas; si sus únicos actores fueran las personas célebres, cuán pequeña sería! Está en el vivir lento y casi siempre doloroso de la sociedad, en lo que hacen todos y en lo que hace cada uno...; las acciones culminantes... son batallas, carnicerías horrendas o empalagosos cuentos de reyes y dinastías, que agitan al mundo con sus riñas o con sus casamientos; y, entretanto, la vida interna permanece oscura, olvidada, sepultada. (58)

Algunas notas a destacar:
1ª) Reaparecen personajes de la primera serie como el licenciado Lobo y Mauro Requejo (29) o el francés Jean Jean (209); de modo parecido introduce personajes que aparecerán en otras de sus novelas como la familia Sanahuja de El Audaz (228).
2ª) Vuelve a sonar la misma misantropía y desprecio por la plebe que ya veíamos en El 19 de marzo y el 2 de mayo de la primera serie: El populacho es algunas veces sublime. Tiene horas de heroísmo, por extraordinaria y súbita inspiración que de lo alto recibe; pero fuera de estas ocasiones, muy raras en la Historia, el populacho es bajo, soez, envidioso, cruel y, sobre todo, cobarde. (38)
3ª) Rinde homenaje a Cervantes en algún calco como el siguiente, inspirado en el momento en que don Quijote inicia su primera salida: La Puebla de Arganzón, como lugar campestre, había dejado las ociosas plumas (60).
4ª) La intuición del autor que ya preve, en la guerra de la Independencia, lo que serán los futuros enfrentamientos que se producirán entre el pueblo español durante los dos siglos siguientes: al mismo tiempo que expiraba la lucha internacional, daba sus primeros vagidos la guerra civil; del majestuoso seno ensangrentado y destrozado de la una salió la otra, cual si de él naciera (209). Y pone en boca del cacique don Carlos lo que prácticamente será el ideario de la España tradicionalista: los que por favorecer hipócritamente a Bonaparte introducen en España caprichosas leyes y constituciones que son lazos tendidos a los pueblos por la herejía, por la licencia, por el democratismo, por la soberbia de los pequeños que quieren parecerse a los grandes, gritando y metiendo bulla... Pero Dios está con nosotros, hija mía, Dios es español (251).
5ª) Deja un final abierto en tanto que de los dos antagonistas, Salvador cae prisionero y Carlos es herido. Todo ello suponemos, porque no hemos leído más de dichos personajes, en pro de la intriga.

En Memorias de un cortesano de 1815 el tema es muy diferente: Juan Bragas, un personaje que se relaciona indirectamente con el protagonista del episodio anterior a su inicio cuando éste está en Madrid, narra sus anécdotas como covachuelista, como personaje que lo único que pretende es medrar y enriquecerse a partir de sus relaciones en el círculo del rey Fernando VII.
Pocas notas a destacar:
1ª) Si la novela anterior partía de un narrador externo, ésta vuelve al narrador interno, el mismo protagonista, como ya ocurría con el Gabriel de la primera serie. La diferencia estriba en las ínfulas que se da el narrador: ...llegando mi fama como escritor hasta el punto de que un Padre de la Merced, el venerable Salmón, dijese de mí que allá me iba con Cervantes en el manejo de la pluma (15). Y dicha opinión será hábilmente corregida por el mismo Gabriel Araceli que en ningún momento había mostrado tales pretensiones: Don Gabriel Araceli, a quien lo mostré (el manuscrito de las memorias)... me dijo que los lectores de él, si por acaso lograba tener algunos, no podrían menos de ver en mí un personaje de las mismas mañas y estofa que Guzmán de Alfarache, D. Gregorio Guadaña o el Pobrecito Holgazán (190).
2ª) Vuelve a aparecer la familia Rumblar de la primera serie y será precisamente Presentacioncita quien logre poner en ridículo al protagonista ante la corte en una especie de justicia poética y porque éste pretendía ejercer de alcahuete ante el rey.
3ª) La última frase de la novela contiene un hecho histórico significativo: Napoleón ha vuelto de la isla de Elba (230).

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