Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 3 de julio de 2012

Benito Pérez Galdós, Gerona, Cádiz


Benito Pérez Galdós, Gerona, Cádiz (Hernando, Madrid: 1940, 1948)
Continuamos con nuestra lectura de los episodios nacionales de Galdós y, en concreto, esta entrada hay que entenderla como continuación de ésta que dedicábamos a los episodios anteriores. Y ya de momento diremos que cada vez nos da más la impresión de que, más que aquella clasificación académica de Galdós en novelas de tesis, la seguda mannera y obra simbólica o algo así, hay sólo dos galdoses, el de los episodios nacionales y el de verdad.
Dicho esto nos iremos a Gerona, que viene a ser una prolongación del episodio anterior, Zaragoza, por los temas tratados, lo militar y sus consecuencias de hambre. La novedad de Gerona es que ya no está protagonizado Gabriel como los anteriores; quizá Galdós se dio cuenta de que era mucha casualidad que una misma persona hubiera asistido a tantos hechos históricos básicos para entender la España de comienzos del XIX, y es que Gabriel había estado en las batallas de Trafalgar y Bailén, había asistido al motín de Aranjuez, había estado a punto de ser fusilado en la Moncloa...; y luego estará en Cádiz cuando las cortes y militará bajo las órdenes del mismísimo Empecinado.
Laureano Barrau, La rendición de Gerona
Así pues, aquí Gabriel se limita a ser mero oyente del episodio narrado por Andresillo Marijuán, un personaje muy parecido a él al que se encuentra durante la retirada de una acción militar en Andalucía y que ha asistido al sitio de Gerona. Ya digo que se vuelve al tema del hambre ya tratado en el episodio anterior solo que aquí se insiste mucho más: Llegó el mes de octubre, y se acabó todo, señores: se acabó la harina, la carne, las legumbres (97); Yo les llevé a la biblioteca, dándoles permiso para que sacaran el vientre de mal año con los libros (197); y el hambre es tal que llega a afectar a las ratas que, en el capítulo XVIII, luchan unas con otra para comerse; o se insinúa el canibalismo: D. Pablo Nomdedeu... quiso hacer con nosotros un guisote (193).
Por lo demás, el protagonista Andresillo, en paralelo con Gabriel, vive su propia historia de amor con Siseta, una huérfana con varios hermanos que tratan de susbsistir en medio de la miseria, y a quienes Andresillo pretende llevarse, tras la guerra, a sus tierras aragonesas.
Quizá sea también de notar la figura histórica del general Álvarez de Castro, que manda las fuerzas defensoras de Gerona: al final de la obra se narra el mal trato que sufrió por parte de los vencedores. Causa risan, por lo demás, esos derroches de inteligencia catalanes por los que el nombre del hospital de toda la vida de Gerona, General Álvarez de Castro, pasó a llamarse Doctor Trueta.

En cuanto a Cádiz, ya hemos dicho como Gabriel, por su don de la oportunidad, estará en la ciudad con motivo de las cortes de 1812. Y no sólo él sino su amada Inés con su madre la condesa, que por esas mismas casualidades estaba en Aranjuez cuando el motín, junto a Bailén cuando la batalla y en Madrid cuando el dos de mayo.
Ya al final del episodio anterior se sitúa a Gabriel en Cádiz e incluso, como el protagonista es natural de allí, aprovecha para una exaltación de la ciudad como cuna de la constitución: la moderna civilización española... Ambos nacimos en los mismos días, pues al fenecer el siglo se agitó el seno de la ciudad de Hércules con la gestación de una cultura que hasta mucho después no se encarnó en las entrañas de la madre España (Gerona, 244).
Entrando ya en Cádiz, varios son los temas que recorren la novela:
  1. El político con la celebración de las cortes. Galdós es consciente de su importancia: Cuando la última palabra expiró en sus labios (los de Muñoz Torrero)... el siglo décimoctavo había concluido (87). Y entiende cómo las posturas que allí se enfrentan van a ser el germen de lo que alguno llamó la guerra de los dos siglos: la gran reyerta y cachetina que en el resto del siglo se había de armar entre los dos fanatismos que ha tiempo vienen luchando y lucharán por largo espacio todavía (163). Es curioso cómo algunos de los personajes femeninos de clase aristocrática, inconscientes de lo que suponen las cortes, asisten a ellas como a un espectáculo: ¿Sabe usted, Sr. de Araceli, que esto es muy bonito? Me gusta tanto como los toros (176).
  2. El amoroso, siguiendo la historia con Inés: ¡Dios mío, qué guapa estaba, pero qué guapa! No recuerdo si en el libro anterior hablé a ustedes de la soltura, de la elegancia, de la armoniosa proporcionalidad que el completo desarrollo había dado a su bella figura  (104). Vive bajo la protección de doña María, la madre del conde de Rumblar (12), aún pretendiente de ella. Y es compañera de las dos hijas de doña María, Asunción y Presentación, y ello dará lugar a celos y enredos. Lord Gray, trasunto de Lord Byron cuya presencia en Cádiz está ya anunciada al final del libro anterior, llega a raptar (248ss.), por medio de las artes de la celestina Alacrana (221), a Asunción, y acaba muriendo en duelo a manos de Gabriel, que ha de huir de Cádiz y lo hace con Inés.
  3. El romanticismo, con la ya citada presencia en Cádiz de Lord Byron (17); o de Martínez de la Rosa moviéndose, junto a Quintana (47), por los salones (48); o Böhl de Faber (169), el cónsul alemán en Cádiz y padre de Fernán Caballero, cuyo papel en el germen del romanticismo español es bien conocido. Del mismo lado hay que apuntar el personaje literario de Lord Gray, cuya presencia en España responde a esa moda europea de entender como románticos los países del sur y a la que responden autores como Stendhal, Víctor Hugo, Washington Irving o Hölderlin: Hermoso país es España... Huí de Inglaterra... y aquí encontré las mayores delicias, porque no hay fábricas ni fabricantes panzudos sino graciosos majos; ni polizontes estirados sino chusquísimos ladrones y contrabandistas; porque no hay boxeadores, sino toreros; porque no hay generales de academia sino guerrilleros... (150).


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