Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



martes, 31 de julio de 2012

Benito Pérez Galdós, Juan Martín el Empecinado, La batalla de los Arapiles

Juan Martín Díez, el Empecinado
Pérez Galdós, Benito Juan Martín el Empecinado, La batalla de los Arapiles (Hernando, Madrid: 1963, 1939)
Ya tenemos otra vez a nuestro héroe en el meollo de la historia española de principios del XIX, primero sirviendo en las filas del Empecinado, luego en otra de las grandes batallas contra los franceses.
En la primera página de Juan Martín el Empecinado se presenta ya al guerrillero desde la óptica romántica: aquellos ejércitos espontáneos, nacidos en la tierra como la hierba nativa, cuya misteriosa simiente no arrojaron las manos del hombre; voy a hablar de aquella organización militar hecha por milagroso instinto a espaldas del Estado, de aquella anarquía reglamentada que reproducía los tiempos primitivos (5). En efecto, el guerrillero es uno de los tipos que el Romanticismo pone de moda; como el torero o esas figuras marginales que corren por la lírica de Espronceda, el verdugo, el reo de muerte o ese pirata que ya viene de The Corsair de Lord Byron.

viernes, 27 de julio de 2012

Crisis y tijeras

Aún se recuerda cuando Zapatero decía aquello de que no había crisis por ningún lado; peor aún, cuando por fin la aceptó pasó a ver brotes verdes por todas partes. Pero no sé si alguien recuerda la crisis del petróleo que empezó hacia el invierno del 73: es lo de la falta de memoria histórica, porque entonces aquí se decía que no nos iba a llegar la crisis mientras en Europa se estaban ya tomando medidas como la ausencia de iluminado navideño o, en Holanda, que un día circularan los coches con matrícula acabada en par y, al siguiente, en impar.
Todo eso como preámbulo para decir que, por si me alcanza la crisis, he decidido adoptar los siguientes recortes:
  1. Se ha acabado lo de recorrer en coche los 300 o 400 metros que separan mi casa del bar. Y de paso adquiero salud caminando.
  2. Lo de los quintitos también se ha acabado.
  3. Y lo de comprar libros, que tengo suficientes para leer el resto de mi vida y dos o tres reencarnaciones. Dejo así interrumpidas varias colecciones que iba haciendo: la de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós en la editorial Hernando; la de la Biblioteca de visionarios, heterodoxos y marginados de la editora Nacional; la de lecturas medievales de Siruela; y la de clásicos de Gredos. Ah, y la Recherche du temps perdu en francés.
  4. Por fin, en cuanto al tabaco, tengo en estudio la posibilidad de pasarme al Ducados liado o a alguna marca alternativa. A ver si Mariano va a conseguir lo que ninguna mujer antes, que yo deje de fumar.
Por cierto, y para que se vea nivel en los gobernantes: todas las campañas antitabaco no hacen sino ahondar en la crisis por la simple razón de que alargan la esperanza de vida y, con ella, prolongan el pago de pensiones. Alguien puede pensar que sí, que así el estado se ahorra en enfermedades del pulmón; bueno, pero si ahora la gente va a durar hasta los 85 o 90, ¿cuántas veces no irá al ambulatorio o entrará de urgencias en un hospital?, ¿y qué gasto farmacéutico hará?
Lo mismo se podría decir de las campañas de prevención de accidentes de carretera, del carnet por puntos... O sea, malthusianismo puro pero, ¿cuánto dinero se ahorra el estado, por ejemplo, si un parado muere por sobredosis?

Y con esto acabo: hace tiempo dijo Felipe González que lo peor de la crisis estaba por llegar. Hoy lo he oído corregido y aumentado: "¿Crisis?, ¿qué crisis?, si la crisis de verdad todavía no ha empezado".

Pues aún no acabo. Porque quiero decir que otro día hablaré de Sorayita. De un lado, Valladolid me ha parecido de siempre la ciudad española con las mujeres más elegantes. De otro, me gustaron aquellas fotos suyas que sacó El mundo. Y, por último, no suelo ver los telediarios pero me la imagino en el de los viernes, sonriente y aguda en su rueda de prensa anunciando recortes. Tiene su aquel de froidiano por lo de que te sodomice una mujer elegante y sonriente. Y seguro que Sorayita cuadra dentro de alguno de los arquetipos que imaginaba C. G. Jung cuando metía, si no recuerdo mal, a la madrastra, la bruja, la suegra... en el mismo saco.

lunes, 23 de julio de 2012

Gregorio Marañón, Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo

Marañón, Gregorio Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo (Espasa-Calpe, Madrid: 1969)
Como complemento de esta entrada en la que trataba del libro de Luis Suárez, Enrique IV de Castilla: la difamación como arma política (Ariel, Barcelona: 2002), he leído ahora en la colección Austral este, más clásico, de Marañón, con primera edición en 1930, y más centrado en los aspectos médicos.

jueves, 19 de julio de 2012

Deep Purple, Smoke on the Water

Bueno, pues esta entrada es con motivo del fallecimiento el pasado 16 de julio del teclista de Deep Purple Jon Lord (1941-2012). Y que, como no soy un recién llegado al asunto, diré que tengo Smoke on the Water en elepé, lo que los modernos llaman vinilo. No sólo eso sino que me siento próximo al tema porque viví seis años a orillas del lago Leman y es sabido que Smoke on the Water está inspirada en un incendio habido en Montreux, en el extremo oriental del lago, el opuesto a Ginebra donde yo estaba.




Incluyo una fotito del lago Leman con el castillo de Chillon, junto a Vevey y muy cerca de Montreux. En él se inspira Lord Byron para su poema El prisionero de Chillon.

domingo, 15 de julio de 2012

Hesíodo, Obras y fragmentos

Hesíodo, Obras y fragmentos (Gredos, Madrid: 1978)
Hemos releído la obra de Hesíodo en la colección de clásicos de la editorial Gredos y en una edición mucho más completa que la posterior en Alianza (Madrid: 1986) con sus incómodas notas al final y no a pie de página como en la de Gredos. Además esta edición, a cargo de Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Díez, contiene un extenso prólogo en el que se incide en aspectos tales como la influencia de Fenicia, Egipto o Mesopotamia en la obra hesiódica (30-41).
Comentarios dispersos sobre la Teogonía:
  1. El primer verso del cuerpo de la obra una vez cerrada la invocación a las musas es el conocido En primer lugar existió el Caos (116: ἤτοι μὲν πρώτιστα Χάος γένετ᾿). De ahí, a otros comienzos semejantes, el del evangelio de Juan (Al principio fue el Verbo) o, más modernamente, el de la primera novela de Hermann Hesse, Peter Camenzind (En un principio fue el mito).
  2. Seguramente en Hesíodo está la primera asociación entre la misión del poeta y el laurel: (las musas) me dieron un cetro después de cortar una admirable rama de florido laurel. Infundiéronme voz divina... (31-32). De ahí, por ejemplo, a las coronas de laurel que marcan la gloria poética de Petrarca, laureado por tratar de Laura.
  3. Se encuentra material de sobra para Freud: el odio de Cronos hacia su padre Urano (138) al que acaba castrando (181) y que luego tiene su continuación al ser derrotado el propio Cronos por su hijo Zeus (71-74).
  4. En el terreno de las mitologías y religiones comparadas destaca el parto del Ponto por parte de Gea sin mediar el grato comercio (131).
Comentarios dispersos sobre Trabajos y días:
  1. La Teogonía presentaba una progresión desde el caos original hacia la ordenación del mundo a partir de la justicia divina de Zeus. Ahora parece seguirse el esquema inverso: a partir de los mitos de Prometeo, de Pandora y de las edades, se sigue que el origen del mal radica en la naturaleza humana y que los hombres sufren un proceso de degradación que sólo puede salvarse cuando Zeus restablezca la justicia entre los hombres (274).
  2. Es impresionante la datación de la vida de Hesíodo que se explica en la nota 45 a propósito de un pasaje (565ss) en el que se recomienda comenzar los trabajos agrícolas de primavera dependiendo de los días que, según dice, transcurren entre el solsticio y la aparición de la estrella Arturo: como hoy en día transcurren menos días, los cálculos llevan a situar a Hesíodo en el siglo IX aC. con 850 como fecha post quem.
De otro lado, nos enteramos a partir de uno de los fragmentos sueltos, el 176, de algo curioso: Tindáreo, padre de, entre otros hijos, Clitemnestra y Helena, hace un sacrificio a los dioses y olvida a Afrodita; ésta, como represalia, convierte a Clitemnestra y Helena en bígamas. De ahí, por supuesto, la guerra de Troya o la venganza de Orestes matando a su madre.
Por fin, diría que en la traducción se desliza algún laísmo: Fílaco fundó una ciudad y la puso por nombre Fílace (fr. 62).
Goya: Cronos devorando a sus hijos