Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 28 de julio de 2012

Crisis y tijeras

Aún se recuerda cuando Zapatero decía aquello de que no había crisis por ningún lado; peor aún, cuando por fin la aceptó pasó a ver brotes verdes por todas partes. Pero no sé si alguien recuerda la crisis del petróleo que empezó hacia el invierno del 73: es lo de la falta de memoria histórica, porque entonces aquí se decía que no nos iba a llegar la crisis mientras en Europa se estaban ya tomando medidas como la ausencia de iluminado navideño o, en Holanda, que un día circularan los coches con matrícula acabada en par y, al siguiente, en impar.
Todo eso como preámbulo para decir que, por si me alcanza la crisis, he decidido adoptar los siguientes recortes:
  1. Se ha acabado lo de recorrer en coche los 300 o 400 metros que separan mi casa del bar. Y de paso adquiero salud caminando.
  2. Lo de los quintitos también se ha acabado.
  3. Y lo de comprar libros, que tengo suficientes para leer el resto de mi vida y dos o tres reencarnaciones. Dejo así interrumpidas varias colecciones que iba haciendo: la de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós en la editorial Hernando; la de la Biblioteca de visionarios, heterodoxos y marginados de la editora Nacional; la de lecturas medievales de Siruela; y la de clásicos de Gredos. Ah, y la Recherche du temps perdu en francés.
  4. Por fin, en cuanto al tabaco, tengo en estudio la posibilidad de pasarme al Ducados liado o a alguna marca alternativa. A ver si Mariano va a conseguir lo que ninguna mujer antes, que yo deje de fumar.
Por cierto, y para que se vea nivel en los gobernantes: todas las campañas antitabaco no hacen sino ahondar en la crisis por la simple razón de que alargan la esperanza de vida y, con ella, prolongan el pago de pensiones. Alguien puede pensar que sí, que así el estado se ahorra en enfermedades del pulmón; bueno, pero si ahora la gente va a durar hasta los 85 o 90, ¿cuántas veces no irá al ambulatorio o entrará de urgencias en un hospital?, ¿y qué gasto farmacéutico hará?
Lo mismo se podría decir de las campañas de prevención de accidentes de carretera, del carnet por puntos... O sea, malthusianismo puro pero, ¿cuánto dinero se ahorra el estado, por ejemplo, si un parado muere por sobredosis?

Y con esto acabo: hace tiempo dijo Felipe González que lo peor de la crisis estaba por llegar. Hoy lo he oído corregido y aumentado: "¿Crisis?, ¿qué crisis?, si la crisis de verdad todavía no ha empezado".

Pues aún no acabo. Porque quiero decir que otro día hablaré de Sorayita. De un lado, Valladolid me ha parecido de siempre la ciudad española con las mujeres más elegantes. De otro, me gustaron aquellas fotos suyas que sacó El mundo. Y, por último, no suelo ver los telediarios pero me la imagino en el de los viernes, sonriente y aguda en su rueda de prensa anunciando recortes. Tiene su aquel de froidiano por lo de que te sodomice una mujer elegante y sonriente. Y seguro que Sorayita cuadra dentro de alguno de los arquetipos que imaginaba C. G. Jung cuando metía, si no recuerdo mal, a la madrastra, la bruja, la suegra... en el mismo saco.

martes, 24 de julio de 2012

Benito Pérez Galdós, Juan Martín el Empecinado, La batalla de los Arapiles

Juan Martín Díez, el Empecinado
Pérez Galdós, Benito Juan Martín el Empecinado, La batalla de los Arapiles (Hernando, Madrid: 1963, 1939)
Ya tenemos otra vez a nuestro héroe en el meollo de la historia española de principios del XIX, primero sirviendo en las filas del Empecinado, luego en otra de las grandes batallas contra los franceses.
En la primera página de Juan Martín el Empecinado se presenta ya al guerrillero desde la óptica romántica: aquellos ejércitos espontáneos, nacidos en la tierra como la hierba nativa, cuya misteriosa simiente no arrojaron las manos del hombre; voy a hablar de aquella organización militar hecha por milagroso instinto a espaldas del Estado, de aquella anarquía reglamentada que reproducía los tiempos primitivos (5). En efecto, el guerrillero es uno de los tipos que el Romanticismo pone de moda; como el torero o esas figuras marginales que corren por la lírica de Espronceda, el verdugo, el reo de muerte o ese pirata que ya viene de The Corsair de Lord Byron.

viernes, 20 de julio de 2012

Deep Purple, Smoke on the Water

Bueno, pues esta entrada es con motivo del fallecimiento el pasado 16 de julio del teclista de Deep Purple Jon Lord (1941-2012). Y que, como no soy un recién llegado al asunto, diré que tengo Smoke on the Water en elepé, lo que los modernos llaman vinilo. No sólo eso sino que me siento próximo al tema porque viví seis años a orillas del lago Leman y es sabido que Smoke on the Water está inspirada en un incendio habido en Montreux, en el extremo oriental del lago, el opuesto a Ginebra donde yo estaba.



Incluyo una fotito del lago Leman con el castillo de Chillon, junto a Vevey y muy cerca de Montreux. En él se inspira Lord Byron para su poema El prisionero de Chillon.

lunes, 16 de julio de 2012

Gregorio Marañón, Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo

Marañón, Gregorio Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo (Espasa-Calpe, Madrid: 1969)
Como complemento de esta entrada en la que trataba del libro de Luis Suárez, Enrique IV de Castilla: la difamación como arma política (Ariel, Barcelona: 2002), he leído ahora en la colección Austral este, más clásico, de Marañón, con primera edición en 1930, y más centrado en los aspectos médicos.

martes, 3 de julio de 2012

Benito Pérez Galdós, Gerona, Cádiz


Benito Pérez Galdós, Gerona, Cádiz (Hernando, Madrid: 1940, 1948)
Continuamos con nuestra lectura de los episodios nacionales de Galdós y, en concreto, esta entrada hay que entenderla como continuación de ésta que dedicábamos a los episodios anteriores. Y ya de momento diremos que cada vez nos da más la impresión de que, más que aquella clasificación académica de Galdós en novelas de tesis, la seguda mannera y obra simbólica o algo así, hay sólo dos galdoses, el de los episodios nacionales y el de verdad.