Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



sábado, 26 de enero de 2013

Apuleyo, Apología. Flórida

Apuleyo, Apología, Flórida (Gredos, Madrid: 1980)
Siguiendo esa manía de leer a los clásicos de Gredos, he pasado por este volumen de Apuleyo, del que ya leí El asno de oro, una de las fuentes del Lazarillo. En principio no tiene ningún interés actual porque una, la Apología, es una mera pieza de oratoria forense y la otra, la Flórida, un ramillete de ejercicios retóricos.
Ahora bien, merece la pena haberlo leído sólo por haber encontrado uno de esos complejos silogismos que me gustan, una paradoja, silogismo bicornudo o como se le quiera llamar.

Quizá el más conocido -y que corre por los manuales de lógica- sea el de Epiménides el cretense y que se plantea así:
Epiménides es cretense.
Epiménides dice: "Todos los cretenses mienten".
La pregunta es: ¿Epiménides miente o dice la verdad?
Y la respuesta: a) supongamos que miente (al decir que todos los cretenses mienten): si miente es que los cretenses dicen la verdad; por tanto él dice la verdad.
b) supongamos que dice la verdad: si dice la verdad, entonces los cretenses mienten y él, en tanto cretense, también miente. En los dos casos, lo que presupongamos se da la vuelta.
Otro ejemplo, en el del capítulo II,51 del Quijote, es uno de los casos espinosos que plantean a Sancho Panza cuando ejerce de gobernador en la ínsula Barataria:
Señor, un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío (y esté vuestra merced atento, porque el caso es de importancia y algo dificultoso). Digo, pues, que sobre este río estaba una puente, y al cabo della, una horca y una como casa de audiencia, en la cual de ordinario había cuatro jueces que juzgaban la ley que puso el dueño del río, de la puente y del señorío, que era en esta forma: "Si alguno pasare por esta puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar; y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna". Sabida esta ley y la rigurosa condición della, pasaban muchos, y luego en lo que juraban se echaba de ver que decían verdad, y los jueces los dejaban pasar libremente. Sucedió, pues, que, tomando juramento a un hombre, juró y dijo que para el juramento que hacía, que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa. Repararon los jueces en el juramento y dijeron: "Si a este hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y, conforme a la ley, debe morir; y si le ahorcamos, él juró que iba a morir en aquella horca, y, habiendo jurado verdad, por la misma ley debe ser libre".
Yendo ahora al caso de Apuleyo, está en la Flórida, XVIII y, referido al sofista Protágoras, es algo más retorcido y está enunciado así:
Protágoras es maestro de retórica de Evatlo y convienen en que el segundo sólo pagará sus emolumentos al primero si gana en su primera actuación judicial. Evatlo aprende pero, para no pagar a Protágoras, evita los juicios. Entonces Protágoras lo cita a juicio para cobrar diciéndole:
a) Si gano el juicio, me has de pagar por haber perdido.
b) Si ganas tú, también me has de pagar por la condición pactada al principio.
Pero Evatlo contesta:
a) Si gano el juicio, quedo absuelto.
b) Si pierdo, no he de pagar según la condición pactada.

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