Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



jueves, 31 de mayo de 2012

El faro de s'illa de l'Aire


Far de s'illa de l'Aire desde Punta Prima
Siguiendo con lo que explicábamos en esta entrada de 9/12/11, la idea es ir sustituyendo las fotos ajenas de los faros menorquines de nuestro blog por fotos de producción propia: será inevitable, no obstante, que la calidad de las fotos baje. Si no, compárese nuestra foto del faro de Favàritx en la parte superior izquierda del blog con la de Esteve Gallardo que se encontrará aquí.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Antología de buenas frases, I

Nihil tam absurde dici potest quod non dicatur ab aliquo philosophorum (Cicerón): No hay nada tan absurdo que no haya sido dicho ya por algún filósofo.

Les miroirs feraient bien de réflechir un peu plus avant de renvoyer les images (Jean Cocteau): Los espejos harían bien en reflexionar un poco más antes de devolver las imágenes (teniendo en cuenta un juego de palabras en francés: réflechir significa, a la vez, reflejar y reflexionar).

Hay vida antes de la muerte. (Eduardo Punset)

Perdona a tus enemigos pero nunca jamás olvides sus nombres. (Juego Call of duty para la PlayStation 3)

Soy tan viejo que alcancé a conocer los tiempos de los partidos de izquierdas. (No me acuerdo de quién la dijo)

martes, 29 de mayo de 2012

Apuleyo, Apología. Flórida

Apuleyo, Apología, Flórida (Gredos, Madrid: 1980)
Siguiendo esa manía de leer a los clásicos de Gredos, he pasado por este volumen de Apuleyo, del que ya leí El asno de oro, una de las fuentes del Lazarillo. En principio no tiene ningún interés actual porque una, la Apología, es una mera pieza de oratoria forense y la otra, la Flórida, un ramillete de ejercicios retóricos.
Ahora bien, merece la pena haberlo leído sólo por haber encontrado uno de esos complejos silogismos que me gustan, una paradoja, silogismo bicornudo o como se le quiera llamar.

lunes, 28 de mayo de 2012

Emma Suárez


Llevo meses esperando que por la tele den alguna película con Emma Suárez (Madrid, 1964) para poder sacar unas fotos que he ido guardando de ella. Puede que algún día dieran El perro del hortelano (1996), la adaptación cinematográfica de Lope de Vega, y que no tuviera oportunidad de verla. Y, de todas maneras, lo único de ella que recuerdo haber visto es, en su momento, alguna película de Julio Médem: o bien Vacas (1992) o bien Tierra (1996) o bien las dos si es que son diferentes.

sábado, 26 de mayo de 2012

Corsaris menorquins: laberints a la mar, VIII


LA BARQUETA
Un grup de fillets i al·lots rient i cridant caminen pel moll amb qualque cosa petita a la mà que sembla el seu centre d'atracció. S'aturen davant un gussi i tres d'ells salten dins mentre els altres seuen al moll. Havien fet una barca de llenya amb un pal al mig, la seua botavara i una vela de drap. La llencen a l'aigua, veuen com tremola i tot d'una es deixa endur pel vent. Els del gussi remen darrera i la barqueta vola cap a l'illa de'n Pinto.
En Joan Recasens se'ls mira i pensa que a la marina de Tarragona els fills dels pescadors, quan no surten a la mar amb els seus pares, deuen jugar amb barquetes semblants. I descalços també, no com ell, que s'hagués fet mal als peus i no va jugar mai a l'aire lliure. Tal vegada per açò, perquè fins que va entrar amb els jesuïtes no havia sortir mai tot sol de casa i sempre acompanyat de pares o criats, tal vegada per açò quan s'adonà, aquell primer diumenge, que els ulls verds de na Nina Femenias no eren una visió sinó reals va pensar que ell, de dones, no en sabia.
El desperta un crit del capità:
-Recasens, falta molta gent?
-Contant en Triay, qui ve caminant pel moll, en falten set.
-Idò, marca a tots es qui arribin desprès d'en Triay per posar-los pena.
Com esteia previst. Tots els que no siguin a bord tres hores després del tir de lleva tenen pena de 50 pesos de plata.

Celtas Cortos, Hoy no queda casi nadie de los de antes

Pues eso, hoy toca un poco de música, Celtas cortos y lo de 20 de abril del 90:

jueves, 24 de mayo de 2012

Herman Melville, Moby Dick

Melville, Hermann, Moby Dick (Alianza, Madrid: 2010)
En primer lugar, Moby Dick (1851) es una novela. Marinera como la Odisea y, como ésta, de recorridos caóticos porque tan pronto doblamos el cabo de Hornos como estamos en el mar de China; y con naufragio final del que aquí se salva sólo el narrador, Ismael, como en la Odisea se salva sólo Ulises. Tiene también sus derivas simbólicas por las incontables veces en que se alude a Jonás o se compara a la ballena con una fuerza maléfica, Leviatán.
Pero la obra es mucho más: es también todo un tratado sobre la ballena en el que se nos explican sus tipos, sus costumbres, anécdotas antiguas sobre su captura, el tratamiento que se le ha dado en el arte... o su utilidad a partir de su grasa, sus huesos... Y también un tratado sobre su captura desde la función de las cofas en las que se sitúan permanentemente vigías para su avistamiento hasta las lanchas que, lanzadas al mar desde el barco principal, se acercarán a la presa con los arponeros.
Ya hemos dicho que está contada por Ismael en primera persona: de ese modo, al intercalar su conocimiento sobre las ballenas y su captura, el hilo central narrativo, si es que éste es la lucha personal del capitán Ahab contra la ballena blanca, queda diluido. Sea como fuere, el enfrentamiento de los hombres contra las fuerzas de la naturaleza y la victoria de estas últimas preludia lo que será la novela naturalista de la segunda mitad del XIX.

domingo, 20 de mayo de 2012

Corsaris menorquins: laberints a la mar, VII


A BORD
En Tomeu Moll i en Santiago Pons saluden el capità, pugen a bord i es limiten a fer un senyal a l'escrivent perquè marqui la creu corresponent al costat dels seus noms. Ja havien estat els dies anteriors ajudant a estibar i a donar sèu per una banda i l'altre. I encara que la seva única sortida en cors la varen fer amb el capità Vives, fa estona ja que coneixen el capità M.: amb ell varen fer el primer viatge amb el Sant Antoni Gloriós, curt, a Mallorca, tot just per veure com es comportava el xabec, per provar draps, cordam, fustes i l'ormeig sencer. Desprès varen ser Tunísia, Sicília, Càller, Liorna i Gibraltar amb faves, blat, vi, sal, ...
En M. va pensar en ells perquè era menester gent per la tripulació. Hi confiava, sabia que s'hi posaven i feien feina, que es movien bé a bord, que tot i que else agradava anar a la taberna, no cercaven mai baralla i feien prest amistat amb tothom. Com no els coneixia, peró, navegant en cors, va aprofitar un moment a casa de sa germana, la dona d'en Vives, per demanar-li per ells:
-Bona gent. De sa Raval nova peró com si fossin maonesos.
Va deixar, doncs, avís a la taverna i l'endemà ja else tenia al moll devant del xabec cridant el seu nom:
-I alerta que no 'nam a passejar.
-No serà sa primera vegada que mos encalcen a canonades.
Va ser a la península, entre L'Escala i les illes Medes. Desprès de fer una presa a mitges amb en Crispí Capó de Ciutadella, de mal nom Carabruta, la varen haver de deixar abandonada quan un navili de línia amb l'escut espanyol enmig de la bandera blanca va sortir tot d'una de darrera del cap Begur. Se separaren del ciutadellenc i no aturaren fins Mallorca on, allà sí, varen fer aquella presa declarada bona en arribar a Maó.
-I se pot sabre on 'nam?
-Ho decidiré fora d'es port.
És migdia, la coberta ja està plena de gent i el capità encara no ha pujat a bord.
-Creus que és ver açò de que no ha decidit encara on 'nam?
-No ho sé. Dependrà d'es vent. Pos messions que amb aquest llebeig cap a França.
En Riudavets else crida i else mana fer feina.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Solo en casa (Reloaded) (LXXXI concurso de relatos Bubok [tema: la soledad])


Le gustaba estar solo en casa. No era que le gustase la soledad, no, era exactamente eso, que le gustaba estar solo en casa. Porque en la calle bien que le apetecía el rato en el bar y las cañas con los amigos. Pero en casa… por eso ni se había casado ni había llegado a ninguna de esas situaciones en las que dos personas se dicen aquello de podríamos irnos a vivir juntos. Aunque, claro, si alguna noche de fin de semana caía algo y no había otro lugar, acababa con alguna en casa. A la mañana siguiente, eso sí, le preparaba el desayuno por una cuestión de hospitalidad e incluso se lo llevaba a la cama. Pero en seguida procuraba deshacerse de ella con alguna fórmula de esas de ya te llamaré.
            Recordaba una frase de su amigo Alejandro una tarde de cervezas. En un bar por Antón Martín haría más de veinte años:
-Si una mujer se presenta en tu casa con la maleta, lo mejor que puedes hacer es preparar tú la tuya y marcharte.
De ahí la sensación de sentirse liberado cuando su amante ocasional cruzaba hacia fuera el umbral. Entonces ya volvía a estar solo y ya podía hacer lo que quisiera sin dar explicaciones a nadie. Ponía música de los setenta, se tumbaba en el sofá a leer a Lafuente Estefanía… Sí, porque una vez a una se le ocurrió, al verle sobre la mesita de noche una de esas novelas, comentar que eso lo leía su abuelo. ¿Y qué? A él le gustaba leer todas las semanas una novelita del oeste y el domingo acudía al Rastro donde había un puesto en que las cambiaban. Y si una mujer el primer día ya opina sobre lo que uno lee o deja de leer, el segundo te pondrá del revés todos los muebles de la casa.
Por eso lo de estar solo y tranquilo. Y sin entrar en esas tonterías sobre si uno es celoso de su propia intimidad o no sé qué de la privacidad. Él lo que quería era que no le marearan. Sin más.

Sin embargo…
Sin embargo, ese día se veía yendo hacia la estación de Atocha en un taxi que había cogido a toda prisa. Porque no se había despertado de la siesta como cada tarde a la hora del serial sino que había seguido durmiendo media hora más. ¡Qué casualidad! Todos los días abría los ojos con la sintonía del serial pero ese día que tenía que ir a esperar la llegada del AVE había seguido durmiendo y durmiendo. Sería lo que los  psicólogos llaman actos fallidos, eso de que pierdes las llaves del coche el día en que has de salir de vacaciones porque, en realidad, no quieres ir de vacaciones. Ahí estaba la cuestión. Porque él, en principio, sí quería ir a esperarla a Atocha. En principio.
Había saltado del sofá, se había remojado la cara para despejarse, había salido corriendo y había parado el taxi en el paseo Rosales. Estaban llegando a Atocha y aún le dolía la cabeza por ese despertar brusco; había estado unos segundos sin tomar conciencia de que no era un despertar como el de cada mañana sino a una hora diferente que aún tardó en situar en el día; luego, la imagen de ella en el cerebro, la mirada al reloj y que le entraran todas las prisas para ir a Atocha a recogerla.

La había conocido aquel verano en Ibiza y todo fue normal. Bueno, pero la historia es más larga porque en Ibiza había conocido muchísimas mujeres durante todos los años en que, sin fallar un mes de agosto, alquilaba un apartamento con los amigos, Alejandro inclusive, y, durante veinte días, ya se sabe: discoteca ya entrada la noche, dormir hasta las tantas, despertar con resaca y comer lo que admita el cuerpo, siesta en la playa, al apartamento a ducharse y cambiarse, copas, a la discoteca y vuelta a empezar. Ese ritmo, claro está, es soportable cuando uno no llega a los treinta pero empeñarse en mantenerlo a sus edades… Como que a veces lo enfocaba al revés y pensaba si no sería el resto del año el que, trabajando, descansaba de los excesos ibicencos.
Fue una de esas noches. En una discoteca frecuentada por gente que ya hace tiempo ha superado los veinte y, además, lo sabe. Y la conoció, como había ocurrido otras veces, en grupo: ellas eran tres, ellos otros tres y casi era inevitable. Que luego le tocara una u otra de ellas ya era cuestión de azar, de cómo se situaran en la barra para pedir las copas, de cómo se emparejaran en los coches para ir a tomar la penúltima…
Montse se llamaba y eso era ya un punto positivo. Un nombre normal, por lo demás de esperar en una mujer que tampoco era una cría, y que no admitía diminutivos tontos.
Ahí otra de las ocurrencias de su amigo Alejandro, que se dedicaba a la enseñanza, y hace también tiempo se puso con un catálogo de nombres de pila de sus alumnos:
-Los padres no ven que al llamar Yénifer a su hija la están predeterminando a que su máxima aspiración sea convertirse en peluquera.
Montse. Aunque a él lo que más le importaba de una mujer no era el nombre. Ni el color de los ojos. Ni siquiera las curvas que determinan que una mujer sea una mujer. O sí, eso sí importaba. Pero había algo que le importaba más y era el lugar de procedencia. Cuanto más lejos, mejor, y si era extranjera seguro que se enamoraba automáticamente a pesar de las dificultades de comunicación… Aún recuerda a aquella de Vigo que conoció un viernes por la noche en Madrid. Le dijo que había venido sólo para el fin de semana porque había rematado una discusión con su marido diciéndole:
-Necesito respirar, necesito espacio.
Y había cogido el avión para huir el fin de semana. Una mujer capaz de decir eso es capaz de cualquier cosa pero aun así estaba dispuesto a abrirle su corazón. Más aún cuando, avanzada la noche, además de decirle que tenía billete para volver el domingo por la tarde le contó que tenía dos hijos. O sea, que el lunes ya volvería a estar en el redil. Eso le decidió a invitarla a casa y vaya si necesitaba espacio… Como que, a pesar de que ella tenía habitación reservada en un hotel, desde que llegaron al piso el viernes a las tantas, que ya era sábado, hasta el domingo por la tarde dos horas antes de su vuelo, no salieron de casa. Que si llama al Telepizza, al chino, al kebab del barrio... Y de la cama salieron lo justo para ir al baño o para comer. Aún se puso algo tonta al despedirse:
-Si pudieras venir un fin de semana a Vigo encontraría una excusa…
Él se había enamorado pero, aun así, lo que verdaderamente le importaba era cerrar la puerta, dejarla al otro lado y quedarse solo con su música, su tele y sus cosas. Y lo de ir a Vigo… si eso está en el fin del mundo y sólo pisaba Barajas para ir a Ibiza.

Y ahora Montse, otra que le había llegado al corazón. Por causa parecida, porque con ese nombre era de Barcelona. Así que la primera noche ya estaba enamorado y, por eso, a lo de mezclar sus carnes le añadió ternuras al oído. Cuatro días duró el romance porque ellas ya se volvían y acabaron intercambiándose los números de móvil y el imeil. Sin peligro porque en su mundo Barcelona estaba tan lejos como Vigo y el hecho de que hubiera más aviones no era excusa suficiente: que si el metro a Barajas, que si súbete al avión, que si al aeropuerto de Barcelona no llega el metro, ufff, todos esos obstáculos con los que repentinamente se desvanece cualquier amor estival.
Sin embargo cuando se despidió de ella tuvo la extraña sensación de haber cometido algún error y no sabía cuál. También tuvo la intuición de que para Montse el intercambio de móviles e imeils no había sido puro formulismo. Acertó: el 15 de setiembre recibió un correo suyo que le dejó sorprendido porque le recordaba un paseo nocturno por la playa; y se extrañó porque no esperaba que una mujer de carrera como ella, que lo era, le saliera con esos romanticismos del brillo de la luna y los dos de la manita: para él ese paseo fue una excusa para despejarse de las últimas copas y poder cumplir después medianamente. Dos días tardó en pensar qué contestaba y dos más en contestarle con el tópico de que guardaba buen recuerdo de todo. Así mensaje va mensaje viene hasta que no sabe cómo se ve a mediados de octubre diciéndole que lo mejor no fue sentir la piel de ella contra la suya sino saberla ahí al despertar. Cuando se arrepintió su frase ya volaba por el ciberespacio. La respuesta no tardó: que si aprovechando el puente de Todos los Santos…

El taxi está ya llegando a Atocha. Mira y lo primero que le viene a la mente es que ahí falta algo, el scalextric, aquella serie de calzadas superpuestas como las que salen en las películas americanas pero en pequeño, a la española. ¿Cuánto tiempo hace que quitarían el scalextric de Atocha? Y una sensación, la de vivir con la cabeza veinte años atrás. Veinte o más porque seguro que el scalextric lo quitarían mucho antes, cuando en Madrid los taxis aún eran negros y con una franja roja. Y entonces cae en el error que cometió al enamorarse de Montse. Porque en parte de su cerebro no habían transcurrido esos veinte años y, al conocerla, sólo pensó en las mil barreras que les separaban por avión y no en el AVE, que en un ratito te deja ahí mismo.
Entra en la estación pensando no en lo poco que va a tardar en sentir en su cuerpo el de Montse sino en el trayecto contrario cuando, ya con ella de regreso a Atocha, pueda volver a casa y estar completamente solo.

sábado, 12 de mayo de 2012

Marcel Proust, En busca del tiempo perdido 1. Por el camino de Swann

Proust, Marcel En busca del tiempo perdido 1. Por el camino de Swann (Alianza, Madrid: 1980)
He leído, porque lo tenía por alguna estantería, el primer tomo de En busca del tiempo perdido. Pensaba tratar aquí del contenido pero lo voy a dejar para más adelante. De hecho, he empezado a leer el mismo texto en su original francés y, cuando acabe, ya hablaré largo y tendido. De momento casi me limitaré a decir que esta traducción es horrible.
Lo sorprendente es que la traducción es de Pedro Salinas, uno de los poetas más finos e intelectuales de la generación del 27. De hecho, no llegó a traducir toda la obra sino sólo los tres primeros volúmenes.
Hay que decir, no obstante, que la traducción era, por fuerza, difícil por el modo de construir las oraciones por parte de Proust con subordinadas incrustadas o encabalgadas en otras subordinadas hasta el punto de que el lector olvida de dónde viene el sentido de la frase.
Salinas, entre Lorca y Alberti
Ahora bien, el mérito de enfrentarse a tal texto no compensa los errores, que se centran en el tratamiento de los complementos directos e indirectos pronominales de tercera persona. Es, claro está, el llamado leísmo y sus derivados. Antes de poner ejemplos diré que, a la hora de traducir del francés esos pronombres, como no existe en esa lengua nada parecido al leísmo, la traducción ha de ser clara de modo que las partículas francesas le, la, les, complementos directos, sólo pueden volcarse como lo, la, los/las. Y una traducción al español como le, les sólo puede proceder del complemento indirecto francés, es decir, lui, leur.
Pondremos sólo tres ejemplos diferentes y prescindiendo del leísmo de persona, el único -diría- admitido por la Academia:
  1. Leísmo de cosa, consistente en el uso de le/les por complemento directo masculino: ¡Si se hubiera usted dejado el corazón! Entonces no se le habría devuelto (267). El texto francés dice: Que n'y avez-vous oublié aussi votre cœur, je ne vous aurais pas laissé le reprendre. El francés le es el complemento directo referido a cœur, masculino, de modo que la traducción exigiría: no se lo habría devuelto.
  2. Laísmo, esto es, la utilización, para el complemento indirecto, de la por le: las perturbaciones que la causaba la música (249) donde el texto francés dice: les troubles que la musique lui donnait con un lui referido a Mme. Verdurin. El resultado correcto sería: las perturbaciones que le causaba la música.
  3. Loísmo, que es el último grado de todo lo anterior y consiste en el uso de lo/los como indirecto: y no sacaría un sacrílego gusto en profanar la virtud, el respeto a los muertos y el cariño filial, porque nunca habría sabido guardarlos culto (198). Aunque el texto español conserva el espíritu del francés éste es, sintácticamente, diferente: et la vertu, la mémoire des morts, la tendresse filiale, comme elle n'en aurait pas le culte, elle ne trouverait pas un plaisir sacrilège à les profaner. En realidad el texto francés, literalmente, dice: ella no tenía culto (de la virtud...); pero al traducir como guardar culto, culto es, por fuerza, complemento directo de modo que aquello a lo que se guarda culto (la virtud, el recuerdo de los muertos, el cariño filial) es complemento indirecto sólo traducible por les. Así, el resultado sería: nunca habría sabido guardarles culto. 
La cuestión, en realidad, no estriba en lo que diga la academia sobre la corrección o incorrección del leísmo o sus derivados; ni en que sean de sobra conocidas las causas históricas y estructurales de que ocurra. La cuestión es cómo suena el texto: y para eso véase sólo el último ejemplo.
Y lo dicho: ya cuando acabemos la lectura del texto francés trataremos del contenido con las referencias constantes a la diferencia entre ir a pasear du côté de Guermantes o de chez Swann, o las veleidades lesbianas de algunos personajes, o los rasgos de Swann...

martes, 8 de mayo de 2012

Albert Camus, La peste

Albert Camus
Camus, Albert La peste (Gallimard, París: 2011)
En la novela, de 1947, se narra una epidemia de peste en Orán; la acción girará alrededor de las reacciones de un grupo de personajes que tratan de enfrentarse a la epidemia en una ciudad que ha sido cerrada al mundo exterior.
Notas sueltas:
-Al comienzo, un narrador que se siente identificado con la ciudad (notre ville [11], notre population [13]) se propone narrar en forma de crónica unos hechos que, en la primera frase de la novela se calificarán de curieux événements (11) para convertirse en seguida en graves événements (13).
-La acción propiamente dicha, con el paso del tiempo bien marcado, comienza con la aparición esporádica de ratas muertas el 16 de abril de un año cualquiera de la década de 1940 (11, 15); el 25 de abril la cantidad de ratas muertas recogidas será ya de 6.231 (22) y ése se convertirá ya en el acontecimiento que en seguida se relacionará con el comienzo de la epidemia. Empieza a morir gente tras accesos de fiebre, bubas, vómitos, delirios... y síntomas en general que los médicos, ante su propia sorpresa, no dudan en calificar de peste. La epidemia irá en aumento a medida que avance el año, las autoridades decidirán cerrar la ciudad al exterior y declarar el toque de queda, y los personajes reaccionarán diferentemente ante esa medida. Por fin, poco después de Navidad la epidemia remite hasta desaparecer; y, simétricamente, vuelven a verse ratas, muertas todas con el principio de la peste.
-Es el comportamiento de los diferentes personajes el eje de la obra:
  1. El doctor Rieux: prácticamente el protagonista y quien centrará todas sus acciones en luchar contra la peste. Sólo al final de la novela (273) sabremos que es él el narrador.
  2. Tarrou, prácticamente doble de Rieux. También él llevará  a su modo una crónica de los hechos. Apoyará constantemente a Rieux pero acabará muriendo por causa de la epidemia cuando ésta ya está remitiendo.
  3. Joseph Grand, un empleado del ayuntamiento que dedica su tiempo libre a escribir una novela y, a lo largo de todo el texto, no pasa de la primera frase, que va continuamente variando (99, 127, 237, 277).
  4. Cottard, vecino de Grand que pretende suicidarse al principio de la novela. Grand, sin embargo, lo impide. Formará parte de quienes sacan partido de la peste y, al final, se volverá loco, disparará a la gente desde su ventana y acabará detenido por la policía. 
  5. Rambert, periodista parisino que al principio (84) sólo quiere salir de Orán para volver con su novia a París; pero, a pesar de hacer gestiones con el hampa local para poder huir, acaba comprometiéndose con el problema de la ciudad: J'ai toujours pensé que j'étais étranger a cette ville et que je n'avais rien a faire avec vous. Mais maintenant que j'ai vu ce que j'ai vu, je sais que je suis d'ici, que je le veuille ou non (189).
  6. Otros personajes son: el jesuita Paneloux, que al principio interpreta la peste como plaga divina y acaba muriendo también; el doctor Castel, que trabaja constantemente en busca de una vacuna...
-Se analiza el cambio de valores humanos y sociales bajo la peste:  ...la peste avait enlevé a tous le pouvoir de l'amour et même de l'amitié. Car l'amour demande un peu d'avenir, et il n'y avait pour nous que des instants (168).
-Se observa la variación de preferencias a medida que avanza la epidemia: si al principio se procura enterrar decententemente a los muertos, más tarde la dificultad material de encontrar comida deja de lado esa preocupación (161); aparte de que empiezan a escasear los ataúdes o la tela para amortajar...
-Se denuncia la agudización de las contradicciones sociales: mientras que de un lado la muerte provocada por la epidemia alcanza por igual a ricos y pobres (y ese era el mensaje de las Danzas de la muerte medievales), de otro lado la supervivencia se hace más dura para los pobres porque no pueden acceder a los alimentos a causa de sus precios desorbitados provocados por la especulación (214).
-Como nota curiosa, el autor hace alusión a otra de sus obras, L'étranger, de la que ya dimos cuenta aquí: celle-ci avait parlé d'une arrestation qui avait fait du bruit à Alger. Il s'agissait d'un jeune employé de commerce qui avait tué un Arabe sur une plage (56-57).
-Lo anterior lleva a consideraciones sobre la pena de muerte, paralelas a las que había en L'étranger, por boca de Tarrou cuyo padre había sido abogado y asistido a ejecuciones: en un largo excurso (224ss) Tarrou compara los condenados a muerte con los afectados por la peste.


viernes, 4 de mayo de 2012

Ruptura (XXXVIII Concurso de microrrelatos Bubok [Frase inicial obligatoria: "Se alejó dignamente"])

Se alejó dignamente. Acababa de discutir con su novio:
-Hasta aquí hemos llegado.
Luego, se dio media vuelta y comenzó a andar con sus mejores artes. Al cabo de diez pasos se giró y, como él no estaba mirando el movimiento de sus caderas, se dijo para sus adentros:
-He tomado la decisión correcta.