Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 30 de abril de 2012

El silencio de los corderos

El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs, Jonathan Demme, 1991)
Pues eso, que el lunes 16 de abril me propuse ver, por TVE1, esta película y hacer una lectura para el blog. Por supuesto, me quedé dormido más o menos cuando llevan a Hannibal Lecter (Anthony Hopkins) a Memphis para hablar con la senadora. Pero ello no es óbice porque esta película sí la he visto hasta el final y sé cómo acaba.
En general, como thriller bien. Y algún comentario:
Jodie Foster
  1. El juego de oposiciones y equivalencias entre los personajes encarnados por Jodie Foster y Anthony Hopkins: no creo que sea casual que los dos tengan los ojos de la misma tonalidad de azul. Pero es más interesante el contraste entre la presentación del personaje de Clarice Starling (Jodie Foster) y Hannibal Lecter: la primera aparece, al empezar la película, en chandal, sudorosa y antierótica; el segundo, pulcro y refinado a pesar de estar encarcelado y, al acabar la película, en traje colonial (si no recuerdo mal).
  2. Jodie Foster, la verdad, es que no. O sea, no. Quizá vive de rentas de cuando hizo de putilla en Taxi Driver pero no es ni un ideal de belleza ni de eros aunque, claro está, siempre queda el dicho de que para una carrera corta, cualquier bicicleta es buena. Aporto una de las fotografías que más le favorecen no sin añadir que tengo unas ganas locas de ver alguna película con Emma Suárez para traer al blog un par de fotos suyas y que se vea diferencia entre mujeres de la misma edad. Jodie Foster tiene una nariz difícil, piernas deformes y una estatura mínima. Lo digo porque no sé si su personaje es la mejor alternativa erótica a Hannibal Lecter: porque de eso se trata con lo del quid pro quo recurrente que le impone éste último y que no es otra cosa que una penetración en su cerebro. Por eso, por una cuestión de dominio de la hembra es por lo que mata al loco de la celda vecina: se ha atrevido a decir que podía olerle el coño y a salpicarle con semen, dos actos interpretables como una violación.
  3. Un detalle en la segunda entrevista entre Clarice Starling y Hannibal Lecter: éste último le habla escondido en  la penumbra en una escena clavada al momento en que Marlon Brando habla con Martin Sheen en Apocalypse Now.
  4. Supongo que si se juega explícitamente con la homofonía Hannibal / caníbal habrá que ver alguna referencia en el nombre de Clarice Starling a partir de la claridad y la estrella en el sentido de que quizá habrá de hacer la luz en el cerebro de Hannibal Lecter o en el de que para hacerla ha de sumergir su luz en el sótano oscuro donde éste está preso.
  5. Un detalle en el que entiendo que la película cojea: el personaje del psiquiatra director de la institución donde está preso Hannibal Lecter. Está construido de manera excesivamente plana de modo que se hace odioso: quizá sea para justificar lo que se sugiere al final, que Hannibal Lecter se lo va a comer.
  6. En realidad la historia, según cómo se mire, es una recreación del mito de Filoctetes, el héroe apartado de la guerra de Troya porque tiene una herida que huele mal y es confinado en una isla. Pero después -léase la tragedia de Sófocles del mismo nombre- han de volver a buscarlo porque es imprescindible para la conquista de la ciudad.
Anthony Hopkins

jueves, 26 de abril de 2012

Gomorra y Sodoma (LXXX concurso de relatos Bubok [tema: secretos])


Un invierno hacia 1870. El primero tras la muerte de su suegro. Por eso, para hacerle compañía, su suegra les ha invitado a pasar la Navidad en aquella vieja casona solariega.
El viaje en tren de toda la familia, él, su mujer, sus dos niños gemelos y aquel gato de Angora muerto poco después. El viejo jardinero les espera en la estación con el landó y, cargado el baúl, llegan a la casa tras media hora sorteando barrizales.
Al llegar, besos y abrazos. Después, su mujer le pide que, para que no estorben, se lleve a los niños mientras ella, con la doncella, vacía el baúl y distribuye la ropa por los armarios. Pero los niños ya se han perdido por alguna escalera y se oyen sus voces por la planta superior. Decide salir al jardín que da a la parte posterior.
Se sienta en un banco de la glorieta. La fuente con su Cupido está seca pero no así todas las palabras de amor que Ana y él se dijeron allí aquel verano en que acudió a pedir su mano. De pronto, los dos niños, que vienen corriendo, le sacan de su ensueño:
-Papá, papá, hemos descubierto una habitación secreta.
-Sí, ven y verás.
Cruzan el jardín y suben escaleras arriba hasta la última planta. El gato se les añade. Un pasillo de luz escasa con puertas a un lado equidistantes unas de otras. Nunca había subido allí pero sabe que son las habitaciones del servicio o cuartos a donde van a parar cachivaches que nunca más servirán. Casi al final los niños se paran:
-Es aquí.
Y señalan a la pared. Efectivamente, no hace falta medir las distancias entre las puertas para ver que falta una. O que había una que ha sido tapiada. El gato se sitúa enfrente y se sienta sobre sus patas traseras. Quieren comprobar si las habitaciones de ambos lados son más amplias y ocupan el espacio que ocuparía la habitación que falta pero, cuando intentan abrir las puertas, ven que están cerradas. Los niños no creen la explicación que les da su padre:
-Seguramente ahí nunca ha habido una puerta y las dos habitaciones de los lados son mayores que las demás.
Recorren el pasillo a la inversa para volver abajo y, ya en la escalera, se dan cuenta de que el gato sigue inmóvil donde estaba. Lo llaman tres veces hasta que acude.

Ana ha vaciado ya el baúl y está en la cocina. Él oye como su mujer y su suegra discuten sobre si, para la comida de Navidad, vale la pena abrir el gran salón, cerrado, con otras zonas nobles de la casa, desde la muerte de su suegro. Su mujer quiere ver la casa en todo su esplendor mientras su suegra alega el trabajo para adecentar el salón. Los niños entran corriendo:
-Abuela, abuela, hemos descubierto una habitación secreta.
-Los niños se callan cuando los mayores están hablando.
Él nunca ha entrado en la cocina. Sería como hollar un espacio en el que sólo las manos femeninas dan sentido a las cosas. Y como se acerca la hora de comer va hacia la alcoba a cambiarse. El gato tampoco entra en la cocina con los niños porque sabe que allí está el otro gato, el titular de la casa. Decide acompañarle a la alcoba y acaba sobre el edredón. Él se cambia y observa cómo Ana ha dispuesto todo ordenadamente y le ha dejado sobre la mesita de noche su Biblia. Cuando va a salir de la alcoba ve que el gato vuelve a estar sentado sobre sus patas traseras y con la vista fija en el techo. Él mira hacia allí y no ve nada, ni una telaraña, ni un pequeño insecto. ¿Qué estará mirando el gato?

Han cenado ya, han acostado a los niños, que no querían dormir sin el gato, y ahora él está en un sillón frente a la chimenea del comedor dispuesto a leer. Al otro extremo su mujer habla con su suegra, que al fin acepta abrir el salón para la comida navideña.
            Cuando, tiempo atrás, se propuso leer la Biblia fue por curiosidad, no por devoción. Es más, de lo que ha leído, y ya va muy avanzado, poco ha encontrado de edificante: ¿o es que la matanza de los primogénitos de Egipto lleva a algún lado?, ¿y el diluvio? Sin embargo, de esos episodios de destrucción el que mayor interés le despierta es el de Sodoma y Gomorra o, mejor, el caso de Gomorra. Por él no había abandonado la lectura y seguía intentando saber más.
            Apenas abre el libro por donde lo había dejado irrumpen, descalzos, los dos niños:
            -¡Papá, mamá, hemos oído un fantasma!
            Él ríe:
-¿Cómo sabéis que es un fantasma?
-Hemos oído ruidos extraños por arriba. Seguro, es un fantasma.
-Serían las criadas acostándose. Además, en todas las casas antiguas se oyen ruidos: el viento moviendo las tejas, cañizos crujiendo…
-El gato también los ha oído y se ha quedado quieto mirando hacia el sitio de donde venían.
Su mujer se levanta, coge de la mano a los niños y vuelve a acostarlos. Él empieza a leer por el libro de las Lamentaciones con todas las desgracias que caen sobre Jerusalén, otra ciudad castigada por su impiedad, como Sodoma y Gomorra... ¿Cómo Gomorra? Él no lo sabe exactamente y es lo que trata de averiguar recorriendo la Biblia en busca de alguna referencia al pecado de Gomorra.
Media hora después Ana vuelve, le dice que los niños duermen profundamente y le propone acostarse ya. Mientras se desnudan ella sugiere que, si amanece despejado, pueden ir al cementerio a visitar la tumba de su padre. Se mete en la cama y ella le abraza. Aún está dando vueltas a la destrucción de tantas ciudades cuando cree percibir sonidos en el piso superior. Aguza el oído y sí, un ruido rítmico, diríase el de una mecedora balanceándose. Y parece venir de la habitación tapiada. Sin preocuparse más, acaba por dormirse imaginando al gato, en la alcoba de los niños, mirando fijamente al techo.

A media mañana han salido camino al cementerio. Entran en el panteón familiar y Ana cambia el agua de los jarritos con flores mientras él lee las inscripciones de las lápidas. Ahí están su suegro y otros dos hermanos suyos muertos; dos hermanas, también fallecidas, reposan seguramente con las familias de sus maridos. Sin embargo, ¿dónde está el tío Sebastián?
            Él sabía de la familia de su mujer sobre todo por las cartas que ésta recibía regularmente de sus padres y, últimamente, de su madre. Ana se las leía y él se ponía al día de fallecimientos, matrimonios o nacimientos. Pero no recordaba haber oído que el tío Sebastián muriera. Es más, no recordaba haber oído nada de él desde hacía bastante tiempo.
El tío Sebastián, el hermano más joven, y soltero, de su suegro, había sido militar de carrera, de caballería, y había pasado la mayor parte de su vida destinado en la capital y frecuentando salones y teatros. Alguna aventura galante había tenido, pero poco más allá. Cuando él lo conoció, con motivo de la pedida de mano de Ana, vivía ahí en la casa familiar: una caída del caballo lo había dejado impedido y pasaba los días dormitando en la mecedora frente a la chimenea del salón.
Ninguna lápida contiene su nombre pero él no pregunta. Por miedo de que Ana conteste que ya le había contado esto o aquello pero lo que ocurre es que él no presta suficiente atención. O no pregunta porque, simplemente, no le interesa.
Vuelven a casa y, al entrar en la alcoba, se encuentran a los dos gatos, el suyo y el de su suegra, mirando fijamente al techo.

Por fin Navidad. Entran al salón, que ha quedado deslumbrante. Se sienta junto a Ana lleno de entusiasmo bien porque se lo han contagiado los niños bien porque el día anterior había encontrado otra cita de Sodoma en el libro de Ezequiel donde se decía que había sido castigada por abominación. Ya sabía él qué abominación era: en el Génesis dos ángeles en forma humana llegan a la casa de Lot y los habitantes de la ciudad los reclaman; Lot ofrece a sus hijas pero ellos quieren a los hombres. Sodomía. Yahveh castiga a Jerusalén por impiedad y a Sodoma por el pecado nefando pero, como sospechaba, tras el Génesis no ha encontrado ninguna alusión posterior a Gomorra. ¿Por qué, pues, fue castigada?
            Se sientan a la mesa y recuerda la primera vez que se sentó, el día de la petición de mano. Mientras la criada sirve mira el cuadro de enfrente: ¿es o no el mismo de aquel día? Entonces era un cuadro con esa misma mesa a lo ancho y los abuelos paternos de Ana sentados; a ambos lados, de pie, sus seis hijos simétricamente repartidos. Recuerda perfectamente que estaba el tío Sebastián con su uniforme y su sable. Ahora en ese mismo cuadro el tío Sebastián ya no está y el pintor que lo habrá retocado ha sustituido su espacio con un gato, sin duda antepasado del de la casa, sentado sobre sus patas traseras.
Apura una copa de vino mientras se fija en que la mecedora del tío Sebastián frente a la chimenea tampoco está. ¿Por qué borrar todo vestigio de él? Ni su imagen en el cuadro, ni su lápida en el cementerio en el caso de que esté muerto… ¿Qué extraño secreto hay detrás?, ¿guardará relación con la habitación tapiada?, ¿lo emparedarían allí vivo o muerto y será cierto lo del fantasma?, ¿será ese fantasma lo que los gatos ven a través del techo?, ¿será el vaivén de su mecedora el ruido que se oye por las noches?
¿Qué extraño secreto familiar encierra esa casa? Da igual, piensa, mientras bebe otra vez. Porque el único secreto que le interesa es ese que guarda la Biblia y, con ella, la historia entera, el de Gomorra. ¿Qué harían sus habitantes para merecer la lluvia de azufre y fuego?, ¿sería un pecado aún más nefando que el de Sodoma y de ahí ese secreto que pereció con la propia ciudad y nunca será desvelado?

domingo, 22 de abril de 2012

Sin perdón

Sin perdón (Unforgiven, Clint Eastwood, 1992)
Pues nada, que el pasado 9 de abril, lunes de Pascua, vi por TVE1 esta película dirigida y protagonizada por Clint Eastwood, uno de mis mitos. Por eso precisamente, porque es uno de mis mitos, nunca veré Los puentes de Madison: para mí, Clint Eastwood es Harry el sucio y sus sinónimos. Así evito lo que me ocurrió con Emma Suárez, una de las niñas de mis ojos hasta que salió en Interviu enseñando las tetas, preciosas por lo demás.
A lo que iba de esta película. Me voy a saltar lo del topicazo de western crepuscular diciendo que sí, que vale, que los personajes centrales están en el crepúsculo de sus vidas y que sale alguna bonita imagen de crepúsculo mientras cabalgan. Aunque me temo que cuando se habla de western crepuscular no es esa la referencia.
Dando por conocido el argumento, destaco:
  1. La aparición inicial de William Munny (Clint Eastwood) completamente desmitificado: tirado por el suelo y llenándose de barro mientras intenta coger unos cerdos que tienen fiebre; esa escena tendrá su paralelo más adelante cuando al llegar al pueblo de Big Whisky recibe una paliza de su sheriff Little Bill (Gene Hackman) en el saloon y acaba arrastrándose por el barro de la calle.
  2. La trayectoria inversa de William Munny y de Schofield Kid (Jaimz Woolvett). Éste propone a aquél un trabajo tras presentarse, a pesar de su juventud, como pistolero a sueldo con muertes a sus espaldas. William Munny, antiguo bandolero, empieza resistiéndose porque dice haberse regenerado tras su matrimonio; se ha vuelto, además, abstemio y se mantendrá fiel a su esposa muerta a pesar de las ofertas que le harán más tarde las prostitutas de Big Whisky. Al acabar la película la posición de uno y otro será la opuesta a la inicial: cada uno de ellos matará a uno de los dos vaqueros por cuya muerte las prostitutas ofrecen recompensa; William Munny incluso tendrá un último acto de piedad al oír que el vaquero al que ha disparado pide agua y promete que no disparará al que salga a dársela. Pero, muertos los dos vaqueros, Schofield Kid confiesa que, a diferencia de lo que había dicho al principio, nunca antes había matado a nadie, se arrepiente de haberlo hecho e incluso renuncia a su parte de la recompensa con lo que, por así decirlo, acaba redimiéndose. Con William Munny ocurre a la inversa: enterado de la muerte de su socio Ned Logan (Morgan Freeman) a manos del sheriff Little Bill sufre una especie de anagnórisis por la que se da  cuenta de que en realidad es Clint Eastwood y Rambo una vulgar imitación: por eso, rifle en mano y tras volver al whisky, se dice aquello de "se ha acabado aquí tanta tontería", entra en el saloon y mata a todo el mundo ordenadamente: primero al dueño, el único beneficiado por el daño infringido a la prostituta, luego al sheriff y, por fin, a todo el que se le pone por delante.
  3. Que el nombre del pueblo al que se desplazan sea Big Whisky puede ponerse en relación con esa trayectoria del bien al mal por parte de William Munny. En realidad viaja a los valores de su pasado y, entre ellos, al whisky.
  4. Por eso ciertos paralelos entre William Munny y su antagonista el sheriff Little Bill: los dos son unos zafios en el terreno doméstico, el primero porque es incapaz de capturar a los cerdos y el segundo porque se está construyendo una casa que resulta estar llena de goteras y de la que sus ayudantes dicen que no tiene ni un ángulo recto. Y los dos repiten significativamente una misma frase cuando conocen al escritor. Éste se presenta como tal ante Little Bill que pregunta: -¿Escritor de cartas? -No, de libros. Rato después se produce literalmente el mismo diálogo con William Munny. De ambos personajes quizá sea más coherente consigo mismo Little Bill, porque nunca ha abandonado el terreno de la maldad, que William Munny quien, tras haber conocido el bien gracias a su matrimonio, vuelve a degenerar.
  5. Es una exageración lo que le ocurre al pobre Richard Harris, otro mítico, al encarnar al personaje de English Bob. Vale que tiene su coherencia, que es un fanfarrón en paralelo con Schofield Kid y en mayor grado que éste; que recibe una paliza de Little Bill como William Munny de la que, en oposición a éste, no se podrá vengar... pero ponerle a Richard Harris, Un hombre llamado caballo, la cara como se la ponen... Y para más inri, cuando lo echan del pueblo y pide que le devuelvan su revólver, se lo devuelven, si no vi mal, con el cañón completamente doblado en lo que puede ser una alusión fálica.

miércoles, 18 de abril de 2012

La primavera


Pues nada, aquí estoy a ver si hago una pequeña demostración de lo que es la primavera. La planta de la izquierda es una buganvilla en una foto del 16 de abril de 2012. Véase lo tupido del follaje y las florecillas.
Encima, la misma planta, después de podar las ramas, fotografiada casi desde el mismo ángulo hace apenas dos semanas, el 31 de marzo.
Por fin, vista desde algo más atrás, la planta con las flores y el jardinero el 2 de octubre de 2011:

sábado, 14 de abril de 2012

Libros, libros, libros...

Durante la última semana he adquirido los siguientes libros: en la FNAC francesa, el primer tomo del tiempo perdido, esto es, Du côté de chez Swann, de Marcel Proust, cuya traducción al castellano, de Pedro Salinas, estoy en proceso de lectura; y de Michel Houellebecq su penúltima novela, La Possibilité d'une île (2005); ya leí hace tiempo Les Particules élémentaires (1998) y por algún lado tengo la siguiente, Plateforme (2001) aún pendiente. Valor de los dos libros: 14,30 euros.
Bueno, claro, que como sigo intentando completar los Episodios Nacionales de Pérez Galdós en las ediciones de Hernando, he comprado en la plataforma Iberlibro los siguientes ejemplares: 7 de julio y Un faccioso más y algunos frailes menos, de la Segunda serie; y La primera República, de la Última Serie. Valor de los tres libros: 21,54 euros.
Todo ello en papel, se sobreentiende, que a mí eso de ir con un aparatillo con libros dentro me parece demasiado moderno. Dicho de otra manera: para mí un libro es volumen, es decir, tridimensional; para los que lo leen ahí es superficie bidimensional (y efímera).

martes, 10 de abril de 2012

Corsaris menorquins: laberints a la mar, VI


Maó: detall de Santa Maria
EN JOAN RECASENS
És llarga l'historia de l'escrivent. Devia fer uns dotze o tretze anys, quan el capità encara navegava amb son conco en Simó, esteien un dia esperant vent al port de Bastia quan se va acostar un jove parlant peninsular i demanant on anaven:
-A Maó.
Va mostrar unes poques monedes d'or, totes les que tenia:
-M'hi podeu dur? Os ho pago i a més a més puc treballar.
No semblava gent de mar perquè no ho era. Va fer, emperò, la feina que li van manar i, en arribar a Maó, va anar a donar las gràcies pel viatge a en Simó M.:
-El meu nom és Joan Recasens, sóc de Tarragona i m'agradaria tornar-hi. Si vostè sap d'algú que precisi d'un escrivent... Jo sé de lletres i números.
Perquè un bon dia, quatre mesos abans, el van despertar i amb tots els companys el van dur a la sala capitular. Va sentir com llegien el decret d'expulsió per tots els jesuïtes a tots el territoris de Carles III, es varen mirar els uns als altres amb una barreja de por i sorpresa i desprès va anar tot molt ràpid sense que es pogués fer una idea clara del seu futur: el camí a peu fins Salou amb l'escorta militar, els navilis fins Civitavecchia on van ser rebuts a cops de canó perquè el Papa no volia que desembarcassin als Estats Vaticans, el camí enrere a Còrsega, les malalties i les morts a bord, nova prohibició de desembarcar a Bastia, ocupada pels francesos, mentre els superiors -deien- tractaven de resoldre la situació per la via diplomàtica amb Gènova, França i els Estats Vaticans, la misèria al posar peu a terra, per fi i desprès de dos mesos de navegar al voltant de l'illa. I ara què? Se li obriren els ulls quan, passejant pel moll, va sentir aquells mariners que parlaven català amb música.
Era fill de bona família de Tarragona i, de fet, va tornar-hi mig amagat mesos desprès. Però s'acostava cada dia a trenc d'alba, quan ningú el podia reconèixer, a la platja del Miracle i mirava l'horitzó. Darrera aquell horitzó esteien els ulls verds de na Nina Femenies que no podia oblidar. Va ser a missa, a la Verge de Gràcia, per la festa de setembre. Perquè encara hi creia i el seu cap sabia discernir entre Déu i tots els homes als que, tal vegada perquè havien oblidat Déu, havia entrar qualque cuc al cervell i per açò es barallaven i ara el rei d'Espanya feia fora els jesuïtes, ara el Papa, suposadament del seu bàndol, no else deixava entrar al seu territori, ara el rei, del bàndol contrari, pregava al Papa per ells... I Jesucrist mai no havia sigut rei, ni Papa, ni jesuïta, ni tan sols maonès. Per aquesta raó anava regularment a l'església; o pel costum des-de fillet. I així va ser aquell dia: va girar el cap i va veure els ulls de na Nina Femenies, tan sols els ulls perquè la resta de la cara s'amagava darrera el ventall.

viernes, 6 de abril de 2012

Albert Camus, L'étranger

Camus, Albert L'étranger (Gallimard, París: 2011)
Esto no pretende ser más que un conjunto de notas. Así, en vez de redactar una visión de la obra con idea unitaria como otras veces, me limitaré a esbozar ideas sueltas que, en un momento posterior, ensamblaré entre sí y con las resultantes de la lectura de La peste del mismo autor:
1º) Año de publicación: 1942. Casualmente como La familia de Pascual Duarte de C. J. Cela con la que, además, guarda curiosas coincidencias:
  • La condena a muerte de los dos protagonistas. Sin embargo, en Pascual Duarte se cuenta la ejecución del protagonista mientras que en L'étranger la novela se cierra con el protagonista esperando la ejecución o el indulto.
  • La forma pseudoautobiográfica. Con diferencias: en Pascual Duarte el narrador pretende justificarse y, para ello, cuenta toda su vida desde sus orígenes y desde la perspectiva de esa condena a muerte. L'ètranger, en cambio, está más bien planteada en forma de diario y los hechos se cuentan inmediatamente después de ocurridos; y el narrador en ningún momento pretende justificarse de nada.
  • La muerte de la madre: a manos del narrador-protagonista en Pascual Duarte y por la edad en L'étranger. En ambos casos la relación madre/hijo es peculiar: de odio en Pascual Duarte y de indiferencia en L'étranger cuyo protagonista, por lo demás, siente indiferencia por todo.
2º) A pesar de publicarse en 1942 sobre el texto de la obra no pesa en ningún momento la guerra. La acción transcurre en una Argelia bajo dominación francesa completamente pacificada y la misma visión se da de la metrópoli cuando al protagonista le ofrecen trasladarse a trabajar a París.
3º) Siendo el autor descendiente de menorquines el único rastro de ello en la novela es el apellido de uno de los  amigos del protagonista, Sintès, grafía francesa del linaje menorquín Sintes, que es el de la propia madre del autor. Dos detalles: Raymond Sintès está caracterizado como maquereau (p. 59), voz equivalente al español macarra; y será, de forma indirecta, el causante del asesinato que conllevará la condena a muerte del protagonista.
4º) La insistencia en el sol y el calor: el día del entierro de la madre del protagonista le soleil... commençait à chauffer mes pieds (23) y en la carretera por donde avanza el coche fúnebre le soleil avait fait éclater le goudron (28); mientras que el día en que va a la playa con su amiga Marie Le soleil de 4 heures n'était pas trop chaud (55), momentos antes de cometer el asesinato la sensación de calor en la playa se vuelve obsesiva: Le soleil tombait presque d'aplomb sur le sable et son éclat sur la mer était insoutenable (83), le sable surchauffé me semblait rouge maintenant (84), le soleil était maintenant écrasant (87), je suis resté devant la première marche, la tête retentissante de soleil (89), la chaleur était telle qu'il m'était pénible de rester immobile (89), je sentais mon front se gonfler sous le soleil (89), La brûlure du soleil gagnait mes joues (91), C'était le même soleil que le jour où j'avais enterré maman (92); cuando está declarando ante el juez recuerda el momento del asesinato y j'ai revu la plage rouge et j'ai senti sur mon front la brûlure du soleil (104); insiste en la cuestión durante el proceso: Je savais qu'avec la montée des premières chaleurs surviendrait quelque chose de nouveau pour moi (125), La chaleur montait et je voyais dans la salle les assistants s'éventer avec des journaux (132), la chaleur était beaucoup plus forte (134); por fin, cuando el juez le pregunta el motivo del asesinato, J'ai dit rapidement, en mêlant un peu les mots et en me rendant compte de mon ridicule, que c'était a cause du soleil (156).
5º) La indiferencia del protagonista ante todo: cuando la empresa en la que trabaja le propone trasladarse a París contesta que oui mais que dans le fond cela m'était égal (66); el mismo día su amiga Marie le pregunta si quiere casarse con ella y responde que cela m'était égal et que nous pourrions le faire si elle le voulait (67); Marie le pregunta entonces si él la ama y la respuesta es que cela n'avait aucune importance et que si elle le désirait, nous pouvions nous marier (67, pero antes lo mismo: elle m'a demandé si je l'aimais. Je lui ai répondu que cela ne voulait rien dire, mais qu'il me semblait que non [57]); cuando el juez le pregunta por qué, tras haber matado al árabe, dispara aún cuatro veces sobre el cadáver, responde que ce dernier point n'avait pas tellement d'importance (105) aun cuando al narrar el hecho había dicho, tras disparar la primera vez, que J'ai compris que j'avais détruit l'équilibre du jour, le silence exceptionnel d'une plage où j'avais été heureux (93).
6º) Otras sensaciones extrañas del protagonista: la novela se abre con el protagonista ignorando el día exacto de la muerte de su madre, que acaba de ocurrir: Aujourd'hui maman est morte. Ou peut-être hier, je ne sais pas (9); durante el velatorio y el entierro tiene sensaciones positivas: J'ai encore pris du café au lait, qui était très bon (22), C'était une belle journée qui se préparait (22), l'odeur de la terre fraîche (22); su deseo sexual por su amiga Marie se basa en que elle avait une belle robe à raies rouges et blanches et des sandales de cuir (55); cuando el juez le pregunta si se arrepiente de sus actos, contesta que plutôt que du regret véritable, j'éprouvais un certain ennui (107) y luego, reflexionando, dice que je n'avais jamais pu regretter vraiement quelque chose (153); cuando, momentos antes de pronunciarse su condena a muerte, su abogado hace el alegato final, él va recordando les plus pauvres et plus tenaces de mes joies : des odeurs d'été, un certain ciel du soir, le rire et les robes de Marie (158-159) para acabar diciendo que su único deseo es qu'on en finisse et que je retrouve ma cellule avec le sommeil (159); y, tras ser condenado a muerte, como su padre había asistido a una ejecución y, luego, había pasado media mañana vomitando, decide que, si consigue salir de la prisión, j'irai voir toutes les exécutions capitales y esa idea le produce un flot de joie empoisonnée (166).
7º) Es curiosa una de las conclusiones a las que llega el protagonista en prisión: proyecta leyes para dar oportunidades a los condenados a muerte y propone algo parecido a lo que será mucho después la inyección letal, qu'on pouvait trouver une combinaison chimique dont l'absorption tuerait le patient (je pensais : le patient) neuf fois sur dix (167).
8º) Algunas sugerencias:
  • A algún lugar ha de conducir la frase, referida a momentos antes del asesinato C'était le même soleil que le jour où j'avais enterré maman (92): pone en relación la muerte de la madre con la del árabe. Efectivamente hay otro detalle que une ambos acontecimientos: el comportamiento indiferente del protagonista el día de la muerte de su madre indispondrá contra él al jurado y provocará su condena a muerte por el asesinato.
  • Al comienzo de la obra y siguiendo el cortejo fúnebre de la madre, una enfermera dice a propósito de caminar bajo el sol: "Si on va doucement, on risque une insolation. Mais si on va trop vite, on est en transpiration et dans l'église on attrape un chaud et froid" y el narrador concluye que Il n'y avait pas d'issue (30). Mucho después, cuando el protagonista está en prisión a la espera de juicio, recuerda las palabras de la enfermera y vuelve a la frase il n'y avait pas d'issue (124). Algún sentido ha de tener esa retrospección.
  • Quizá se saca algo poniendo la obra en relación con dos de Kafka, La condena (1912) y El proceso (1925); y más aún con La nausée de Sartre (1938). Pero yo no lo pienso hacer.

lunes, 2 de abril de 2012

Benito Pérez Galdós, Napoleón en Chamartín, Zaragoza

Pérez Galdós, Benito Napoleón en Chamartín, Zaragoza (Hernando, Madrid: 1965, 1967)
Sigo leyendo los Episodios Nacionales ya no sé si porque me lo propuse de pequeñito o porque hice un voto a alguna Virgen olvidada. Pero lo cierto es que voy por la mitad de la primera serie y don Benito empieza a aburrirme. Di cuenta de las dos últimas novelitas aquí y vamos a ver qué más puedo decir:
Napoleón en Chamartín: ya se ve que volvemos a estar en Madrid. Tras la batalla de Bailén, Gabriel acude a Madrid siguiendo a Inés como también acuden otros personajes del episodio anterior, Santorcaz, padre secreto de Inés, y el condesito de Rumblar que, espoleado por su familia, la pretende para poder sacar a flote su arruinado patrimonio. Y todo ello se enmarca en la acción histórica del sitio de Napoleón a Madrid, en el que luchará Gabriel, y su posterior conquista. La trama amorosa entre Inés y Gabriel se complica: la condesa, madre de Inés, hace prometer a Gabriel que no intentará volver a verla pero como éste descubre una trama por la que Rumblar pretende raptarla para forzarla a casarse, Gabriel acude a ver a Inés para comunicárselo e incumple así su promesa. Al final, Gabriel es prendido por Santorcaz y desterrado de Madrid.
Alguna nota destacable:
-Otra vez homenajes al Quijote: hablando de las mujeres que frecuenta Rumblar dice el texto: tenía por nombre Zaina o Zunga, pues en este punto existe una lamentable discordancia entre autores, cronistas, historiógrafos... (6), que es eco de tenía el sobrenombre de "Quijada" o "Quesada", que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben... (Quijote, I,1).
-Toques costumbristas sobre todo tratando de las tertulias entre esas manolas madrileñas con nombres como la Pelumbres o la Primorosa (122) y sus pretendientes nobles.
-El mismo desprecio por el pueblo del que ya dejamos constancia al tratar El 19 de marzo y el 2 de mayo. Ahora se lo trata de vil plebe (165) a propósito de Mañara,  un apreciado caballero que frecuenta las tertulias antedichas y, poco después, acusado de ser espía francés, es linchado.
Agustina de Aragón

Zaragoza es repetitiva, con predominio de la acción militar a base de lo mismo, que si defendemos esta casa, que retrocedemos y defendemos la siguiente, que los franceses minan el subsuelo, que si cañonazos, que si hambre y epidemias...
Gabriel y otros han conseguido huir de la cuerda de presos que les alejaba de Madrid y acaban en Zaragoza. Va a parar a casa de don José de Montoria y se hace muy amigo de su hijo Agustín, seminarista, con el que estará constantemente en la batalla. Como contraste a la acción bélica se presenta una difícil historia de amor, la de Agustín, que quiere retirarse de la carrera eclesiástica, y María, hija del tío Candiola, enemigo acérrimo del padre de Agustín. La novela terminará en fracaso a los dos niveles: 1º) El bélico con la toma de Zaragoza por los franceses a pesar de la heroica resistencia de sus habitantes bajo el mando del histórico Palafox. 2º) El amoroso de modo entre folletinesco y melodramático: el tío Candiola es un avaro usurero y no quiere colaborar ni con víveres ni con dinero a la defensa de Zaragoza; despreciado por todos termina por ir al campo francés y mostrar al enemigo un paso subterráneo para tomar la ciudad; descubierto, es condenado a ser fusilado por un pelotón que ha de mandar Agustín; María suplica a Agustín por su padre y éste, tras debatirse entre el amor y el honor militar, termina ordenando a Gabriel que mande el pelotón; tras la muerte del tío Candiola encuentran a María muerta.
Algunas notas:
-Galdós intenta, como en otras novelas, calcar el habla popular. Pero mal: llevaron arrastrando el cañón hasta enfilarlo... pues (10); todas las casas volaron... pues (11). No es así el uso de pues en aragonés: se usa, sí, en posición final, pero en interrogación: ¿Qué pasa pues?
-Alguna frase rimbombante: Los zaragozanos, despreciando los bienes materiales como desprecian la vida, viven con el espíritu en los infinitos espacios de lo ideal (77); entre los escombros y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde (249), que me sabía de memoria por haberla visto en alguna inscripción y no sé exactamente dónde.
-Exageración en la caracterización negativa del tío Candiola dirigida, claro está, a su fusilamiento final: cuando especula con la carestía de alimentos y no quiere vender harina al precio que mandan las autoridades, le dice José de Montoria: tú no tienes alma ni eres hijo de Zaragoza, sino que naciste de un mallorquín con sangre de judío (98) siguiendo el tópico del chueta mallorquín. Más adelante su hija aclarará que es de Palma, cierto; pero no desciende de judíos sino de cristianos viejos (133) con lo que parece que estemos en las cuestiones de limpieza de sangre de la literatura áurea. Tan usurero y avaro es Candiola que, puesto que han muerto muchos que le deben dinero, viene a decir que éstos han muerto para no pagarle las deudas (208).
-Un detalle lírico. Véase este fragmento en el que Agustín, en compañía de Gabriel, ha estado hablando con María toda la noche y han se separarse al amanecer:
   -Despunta el día, Mariquilla -dijo Agustín-, y tenemos que marcharnos. [...]
   -No te vayas todavía -repuso la hija de Candiola-. Despunta el día; pero aún no hacéis falta en la muralla. [...]
   -Mira qué pájaros cruzan el espacio anunciando la aurora -dijo Agustín con amarga ironía. (137)
Pues estamos nada menos que en Shakespeare, Romeo y Julieta (III,5). También ahí Romeo insiste en marcharse y Julieta trata de evitarlo; también allí los pájaros anuncian la aurora:

Julieta: ¿Tan rápido te marchas? Todavía falta mucho para que amanezca. Es el canto del ruiseñor, no el de la alondra el que se escucha. Todas las noches se posa a cantar en aquel granado. Es el ruiseñor, amado mío.

Romeo: Es la alondra que advierte que ya va a amanecer; no es el ruiseñor. Observa, amada mía, cómo se van tiñendo las nubes de levante con los colores del alba. Ya se extinguen las teas de la noche. Ya se adelanta el día con veloz paso sobre las mojadas cumbres de los montes. Tengo que marcharme, de otra manera aquí me aguarda la muerte.

Julieta: No es ésa la luz del alba. Te lo puedo aseverar. Es un meteoro que de su lumbre ha despojado el Sol para guiarte por el camino a Mantua. No te vayas. ¿Por qué partes tan rápido?
Queda por añadir que estamos ante la antiquísima tradición de las albas, las canciones de separación de los amantes al amanecer como la medieval castellana que comienza Ya cantan los gallos, / amor mío y vete. / Cata que amanece y que llega hasta Al alba de Luis Eduardo Aute con aquello de Miles de buitres callados / van extendiendo sus alas. Y véase en todos los casos la presencia de los pájaros.