Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 2 de abril de 2012

Benito Pérez Galdós, Napoleón en Chamartín, Zaragoza

Pérez Galdós, Benito Napoleón en Chamartín, Zaragoza (Hernando, Madrid: 1965, 1967)
Sigo leyendo los Episodios Nacionales ya no sé si porque me lo propuse de pequeñito o porque hice un voto a alguna Virgen olvidada. Pero lo cierto es que voy por la mitad de la primera serie y don Benito empieza a aburrirme. Di cuenta de las dos últimas novelitas aquí y vamos a ver qué más puedo decir:
Napoleón en Chamartín: ya se ve que volvemos a estar en Madrid. Tras la batalla de Bailén, Gabriel acude a Madrid siguiendo a Inés como también acuden otros personajes del episodio anterior, Santorcaz, padre secreto de Inés, y el condesito de Rumblar que, espoleado por su familia, la pretende para poder sacar a flote su arruinado patrimonio. Y todo ello se enmarca en la acción histórica del sitio de Napoleón a Madrid, en el que luchará Gabriel, y su posterior conquista. La trama amorosa entre Inés y Gabriel se complica: la condesa, madre de Inés, hace prometer a Gabriel que no intentará volver a verla pero como éste descubre una trama por la que Rumblar pretende raptarla para forzarla a casarse, Gabriel acude a ver a Inés para comunicárselo e incumple así su promesa. Al final, Gabriel es prendido por Santorcaz y desterrado de Madrid.
Alguna nota destacable:
-Otra vez homenajes al Quijote: hablando de las mujeres que frecuenta Rumblar dice el texto: tenía por nombre Zaina o Zunga, pues en este punto existe una lamentable discordancia entre autores, cronistas, historiógrafos... (6), que es eco de tenía el sobrenombre de "Quijada" o "Quesada", que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben... (Quijote, I,1).
-Toques costumbristas sobre todo tratando de las tertulias entre esas manolas madrileñas con nombres como la Pelumbres o la Primorosa (122) y sus pretendientes nobles.
-El mismo desprecio por el pueblo del que ya dejamos constancia al tratar El 19 de marzo y el 2 de mayo. Ahora se lo trata de vil plebe (165) a propósito de Mañara,  un apreciado caballero que frecuenta las tertulias antedichas y, poco después, acusado de ser espía francés, es linchado.
Agustina de Aragón

Zaragoza es repetitiva, con predominio de la acción militar a base de lo mismo, que si defendemos esta casa, que retrocedemos y defendemos la siguiente, que los franceses minan el subsuelo, que si cañonazos, que si hambre y epidemias...
Gabriel y otros han conseguido huir de la cuerda de presos que les alejaba de Madrid y acaban en Zaragoza. Va a parar a casa de don José de Montoria y se hace muy amigo de su hijo Agustín, seminarista, con el que estará constantemente en la batalla. Como contraste a la acción bélica se presenta una difícil historia de amor, la de Agustín, que quiere retirarse de la carrera eclesiástica, y María, hija del tío Candiola, enemigo acérrimo del padre de Agustín. La novela terminará en fracaso a los dos niveles: 1º) El bélico con la toma de Zaragoza por los franceses a pesar de la heroica resistencia de sus habitantes bajo el mando del histórico Palafox. 2º) El amoroso de modo entre folletinesco y melodramático: el tío Candiola es un avaro usurero y no quiere colaborar ni con víveres ni con dinero a la defensa de Zaragoza; despreciado por todos termina por ir al campo francés y mostrar al enemigo un paso subterráneo para tomar la ciudad; descubierto, es condenado a ser fusilado por un pelotón que ha de mandar Agustín; María suplica a Agustín por su padre y éste, tras debatirse entre el amor y el honor militar, termina ordenando a Gabriel que mande el pelotón; tras la muerte del tío Candiola encuentran a María muerta.
Algunas notas:
-Galdós intenta, como en otras novelas, calcar el habla popular. Pero mal: llevaron arrastrando el cañón hasta enfilarlo... pues (10); todas las casas volaron... pues (11). No es así el uso de pues en aragonés: se usa, sí, en posición final, pero en interrogación: ¿Qué pasa pues?
-Alguna frase rimbombante: Los zaragozanos, despreciando los bienes materiales como desprecian la vida, viven con el espíritu en los infinitos espacios de lo ideal (77); entre los escombros y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde (249), que me sabía de memoria por haberla visto en alguna inscripción y no sé exactamente dónde.
-Exageración en la caracterización negativa del tío Candiola dirigida, claro está, a su fusilamiento final: cuando especula con la carestía de alimentos y no quiere vender harina al precio que mandan las autoridades, le dice José de Montoria: tú no tienes alma ni eres hijo de Zaragoza, sino que naciste de un mallorquín con sangre de judío (98) siguiendo el tópico del chueta mallorquín. Más adelante su hija aclarará que es de Palma, cierto; pero no desciende de judíos sino de cristianos viejos (133) con lo que parece que estemos en las cuestiones de limpieza de sangre de la literatura áurea. Tan usurero y avaro es Candiola que, puesto que han muerto muchos que le deben dinero, viene a decir que éstos han muerto para no pagarle las deudas (208).
-Un detalle lírico. Véase este fragmento en el que Agustín, en compañía de Gabriel, ha estado hablando con María toda la noche y han se separarse al amanecer:
   -Despunta el día, Mariquilla -dijo Agustín-, y tenemos que marcharnos. [...]
   -No te vayas todavía -repuso la hija de Candiola-. Despunta el día; pero aún no hacéis falta en la muralla. [...]
   -Mira qué pájaros cruzan el espacio anunciando la aurora -dijo Agustín con amarga ironía. (137)
Pues estamos nada menos que en Shakespeare, Romeo y Julieta (III,5). También ahí Romeo insiste en marcharse y Julieta trata de evitarlo; también allí los pájaros anuncian la aurora:

Julieta: ¿Tan rápido te marchas? Todavía falta mucho para que amanezca. Es el canto del ruiseñor, no el de la alondra el que se escucha. Todas las noches se posa a cantar en aquel granado. Es el ruiseñor, amado mío.

Romeo: Es la alondra que advierte que ya va a amanecer; no es el ruiseñor. Observa, amada mía, cómo se van tiñendo las nubes de levante con los colores del alba. Ya se extinguen las teas de la noche. Ya se adelanta el día con veloz paso sobre las mojadas cumbres de los montes. Tengo que marcharme, de otra manera aquí me aguarda la muerte.

Julieta: No es ésa la luz del alba. Te lo puedo aseverar. Es un meteoro que de su lumbre ha despojado el Sol para guiarte por el camino a Mantua. No te vayas. ¿Por qué partes tan rápido?
Queda por añadir que estamos ante la antiquísima tradición de las albas, las canciones de separación de los amantes al amanecer como la medieval castellana que comienza Ya cantan los gallos, / amor mío y vete. / Cata que amanece y que llega hasta Al alba de Luis Eduardo Aute con aquello de Miles de buitres callados / van extendiendo sus alas. Y véase en todos los casos la presencia de los pájaros.

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