Como nunca he tenido máquina de fotos, confieso que casi ninguna de las fotos de este blog es mía, todas las he sacado de la güé.



lunes, 20 de agosto de 2012

Andrea Camilleri, Il giro di boa y La pazienza del ragno

Camilleri, Andrea Il giro di boa y La pazienza del ragno (Sellerio, Palermo: 2010)
Las dos novelitas presentan sendos casos investigados por el comisario Montalbano cuyo nombre -hay que recordarlo- es un homenaje de Camilleri a Manuel Vázquez Montalbán y su serie del detective Carvalho con el que Montalbano comparte el gusto por la buena cocina.
Quizá el argumento, que no deja de mantener en vilo al lector, sea cuestión secundaria: en la primera se trata de la explotación de niños entrados clandestinamente en Sicilia y en la segunda, de un secuestro que luego resulta no ser tal. El centro de las novelas quizá radique en esos personajes entrañables que rodean a Montalbano: el seductor Mimì Augello, el fiel Fazio, el zafio y pueblerino Catarella, la novia Livia tan distante, la sensual Ingrid...; o en un cierto costumbrismo siciliano.
Ahora bien: en ciertos momentos no basta con tener unos ciertos conocimientos de italiano para entender el texto pues el autor usa, según criterios que no acabamos de ver, el siciliano: a veces no hay problema de comprensión: Unu, dù, tri e quattru (La pazienza del ragno, [PR], 19); otras veces hay que echar mano del latín o de las leyes de evolución fonética: il nìvuro che si era messo a chiangiri ([el negro que se había puesto a llorar] Il giro di boa [GB], 58); o non va cchiù pi mari ([ya no va al mar], GB, 73); nenti ti fazzu (GB, 59), que en  italiano sería non te faccio niente; o esta conversación entre Fazio y Montalbano:
-...il medico ha voluto fare una gnizione calmante...
-Non si voleva far far l'iniezione ? (PR, 60)
Pero de todas maneras, el comentario no puede ser sino positivo: por los curiosos tipos sicilianos, por sus discusiones llenas de esas expresiones -cornuto, buttana- tan italianas, por una intriga en la que Montalbano acaba por descubrir a los culpables por intuición como en la segunda novela en la que descubre la verdad -y de ahí el título- observando la paciencia que tiene una araña para tejer su tela.

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